Chechenia Año III — Jonathan Littell / Chechnya Year III by Jonathan Littell

Este es un interesante breve documento que trabajó como periodista a finales del s.XX, el documento es interesante en cuanto a conocer cómo vivía el país, sumido en corrupción, violencia y con esperanzas de vida…

Trabajó como periodista primero en 1996 y luego alrededor de quince meses, nada más empezar la segunda, en otoño de 1999, y siempre he conservado allí contactos de primera mano; así que, igual que lo recuerdan los chechenos, yo también recuerdo muy bien aquellos años en que la vida de un checheno no valía un copec, cuando un hombre podía desaparecer, y podían torturarlo y luego matarlo porque se le había cruzado la mirada con la de un soldado borracho en un control; cuando a las chicas violadas las mataban después, igual que se tira un trasto roto; cuando aparecían cadáveres de muchachos, detenidos durante las zachistki de gran alcance —las operaciones de limpieza de los Federales—, atados a alambradas y quemados vivos; cuando las familias aterradas se apresuraban con desesperación a reunir unos cuantos miles de dólares para rescatar a los hombres detenidos antes de que fuera demasiado tarde y tenían, pese a todo, cuando ys era demasiado tarde, que gastarse ese dinero en rescatar los cadáveres mutilados; cuando los niños crecían en campos repugnantes, casi sin educación, y eso cuando no los mataban o no los mutilaban una bomba, una mina o un francotirador ocioso; cuando las shajidki, las «viudas negras», que se suicidaban con explosivos llevándose por delante a unos cuantos rusos, lo hacían no por creencias religiosas, sino por pura desesperación, porque ya no les quedaba ni un hombre, ni uno solo, ni tampoco ningún niño. Para la mayor parte de los chechenos, que no han olvidado nada de todo esto, no cabe duda de que las cosas van «mejor». E incluso muchos de ellos, incluso los que sienten aún gran simpatía por la independencia, odian a los rusos y opinan que los Kadírov son unos traidores, están dispuestos a concederles cierto crédito por esa «mejoría».

Memorial es la única organización que recopila estadísticas sistemáticas acerca de las desapariciones y los asesinatos en Chechenia; aunque son muy inferiores a la realidad de los hechos —«Creemos que tenemos información acerca de alrededor del 30% de los casos», apunta Orlov—, proporcionan una idea bastante precisa de la evolución de las tendencias. En 2006, último año en que estuvo en el poder Alu Aljanov, el presidente interino que nombró Putin tras el asesinato de Ajmad-Jadzhi Kadírov, Memorial tuvo constancia de 187 secuestros, 11 de cuyas victimas aparecieron muertas y 63 desaparecieron definitivamente (a las demás las liberaron, las más de las veces eras torturadas; y otras volvieron a aparecer, dentro del sistema de justicia oficial, cuando las juzgaron); en 2007, supieron de 35 casos de secuestros, con un muerto y 9 desapareados.
No obstante, no es posible separar en Chechenia el fenómeno global de la corrupción de algo que podríamos llamar «circuitos de financiación pública extra presupuestarios», un sistema impositivo paralelo. Pues, con parte al menos del dinero que mueve, desvía o estafa, Ramzán hace obras útiles para los habitantes de su reino: carreteras, escuelas, hospitales y otras infraestructuras. Pasé una noche en un pueblo perdido entre montañas que llevaba sin electricidad desde 1989; ahora hay luz y funcionan los móviles; y, algo más allá, pueblos que nunca tuvieron gas, ni siquiera en la etapa soviética, están conectados ahora a la red de distribución. Ramzán ordenó hace poco que se edificasen doscientas casas en las aldeas que rodean el Lago Azul, una comarca más arriba de Vedeno arrasada durante la deportación de 1944 y que estaba abandonada desde entonces; por primera vez desde hace sesenta y cíñco anos, unos cheberloitsi, que pertenecen al grupo de teips de la zona, van a poder afincarse de nuevo en los pueblos de sus antepasados. Por supuesto que todo ello lo ha hecho posible el dinero ruso, cantidades considerables previstas en los presupuestos y entregadas desde hacía varios años para la reconstrucción de Chechenia.

Históricamente, desde Catalina la Grande, el poder ruso siempre se decantó por el apoyo a los mulás fundamentalistas, pero leales, y en contra de los innovadores, potencialmente subversivos, o incluso contrarios al gobierno. Los baremos de análisis rusos se basan en la lealtad al poder, no en el contenido de la prédica». Peskov, cuando le pregunté cómo definiría a un islamista radical, me confirmó instintivamente el análisis de Roy: «Un hombre dispuesto a violar las leyes para obligar a los demás a adoptar su fe, o dispuesto a matar para eso a la gente, o a empuñar las armas para eso… a cometer acciones terroristas». Creed en lo que os dé la gana, pero obedeced, tal es el mensaje de Moscú.
La nueva islamización de Chechenia progresa de forma muy desigual; ya lo hemos visto en el caso del alcohol, que se encuentra con facilidad y se consume mucho, pese a los intentos de prohibirlo. En el Yaponski Dvor no sirven con el sushi ni cerveza ni sake, pero tienen mojitos, de lo más infames por cierto, y se avinieron sin demasiada dificultad a servirme uno sin Sprite, sin menta, sin limón y sin azúcar; y aunque el Baccardi no encaje muy bien que digamos con el sushi, menos da una piedra. En cuanto a los bares en donde se toman shashliki, no tienen vodka, pero saben dónde encontrarla para el cliente que la pida.
Pero son sobre todo las mujeres las que pagan el pato del «regreso a la tradición» de Ramzán, de sus siloviki y de sus imanes. «La dictadura que está cuajando se basa también en la humillación de las mujeres».

This is an interesting brief document that worked as a journalist in the late twentieth century, the document is interesting in terms of knowing how the country lived, plunged into corruption, violence and hopes for life …

He worked as a journalist first in 1996 and then around fifteen months, as soon as he started the second one, in the autumn of 1999, and I have always maintained first-hand contacts there; So, as the Chechens remember, I also remember very well those years when a Chechen’s life was not worth a coin, when a man could disappear, and they could torture him and then kill him because he had crossed his eyes with the of a drunken soldier in a control; when the raped girls were killed afterwards, just as a broken suit is thrown; when the bodies of boys appeared, detained during the powerful zachistki -the cleaning operations of the Federals-, tied to barbed wire and burned alive; when the terrified families rushed in desperation to raise a few thousand dollars to rescue the arrested men before it was too late and they had, despite everything, when it was too late, to spend that money on rescuing the mutilated corpses; when the children grew up in disgusting fields, almost without education, and that when they were not killed or mutilated by a bomb, a mine or an idle sniper; when the shajidki, the “black widows”, who committed suicide with explosives taking a few Russians ahead, did so not because of religious beliefs, but out of sheer desperation, because they did not have a single man left, nor a single one. no child For most Chechens, who have not forgotten anything about all this, there is no doubt that things are “better”. And even many of them, even those who still feel great sympathy for independence, hate the Russians and believe that the Kadyrov are traitors, are willing to give them some credit for this “improvement”.

Memorial is the only organization that collects systematic statistics about disappearances and killings in Chechnya; although they are far inferior to the reality of the facts – “We believe that we have information about about 30% of the cases,” says Orlov, “provide a fairly accurate idea of ​​the evolution of trends. In 2006, the last year in which Alu Aljanov, the interim president who appointed Putin after the assassination of Ajmad-Jadzhi Kadyrov, was in power, the last record was of 187 kidnappings, 11 of whose victims were found dead and 63 disappeared definitively (to the others they freed them, most of the times they were tortured, and others reappeared, within the official justice system, when they were judged); in 2007, they learned of 35 cases of kidnappings, with one dead and 9 unpaired.
However, it is not possible to separate the global phenomenon of corruption in Chechnya from what we might call “extra budgetary public financing circuits”, a parallel tax system. For, with at least part of the money that moves, deflects or swindles, Ramzan makes useful works for the inhabitants of his kingdom: roads, schools, hospitals and other infrastructures. I spent one night in a town lost among mountains that had been without electricity since 1989; now there is light and the mobiles work; and, something beyond, towns that never had gas, not even in the Soviet stage, are now connected to the distribution network. Ramzan recently ordered the construction of two hundred houses in the villages surrounding Lago Azul, a district above Vedeno destroyed during the deportation of 1944 and which had been abandoned since then; For the first time since sixty and one hundred years ago, cheberloitsi, who belong to the group of teips from the area, will be able to settle down again in the villages of their ancestors. Of course, all this has been made possible by Russian money, considerable amounts foreseen in the budgets and handed over for several years for the reconstruction of Chechnya.

Historically, since Catherine the Great, Russian power has always opted for support for fundamentalist mullahs, but loyal, and against the innovators, potentially subversive, or even against the government. The scales of Russian analysis are based on loyalty to power, not on the content of preaching. ” Peskov, when I asked him how he would define a radical Islamist, instinctively confirmed Roy’s analysis: “A man willing to break the law to force others to adopt his faith, or willing to kill people for that, or to wield the weapons for that … to commit terrorist actions ». Believe in whatever you want, but obey, such is the message of Moscow.
The new Islamization of Chechnya progresses very unevenly; we have already seen it in the case of alcohol, which is easily found and consumed a lot, despite attempts to ban it. In the Yaponski Dvor they do not serve sushi or beer or sake, but they have mojitos, most infamous indeed, and they agreed without much difficulty to serve me one without Sprite, without mint, without lemon and without sugar; and although the Baccardi does not fit very well that we say with sushi, less gives a stone. As for the bars where shashliki is taken, they do not have vodka, but they know where to find it for the customer who asks for it.
But it is mainly women who pay for the duck of Ramzan’s “return to tradition”, his siloviki and his imams. “The dictatorship that is curdling is also based on the humiliation of women.”

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