Nostalgia De La Muerte — Xavier Villaurrutia / Nostalgia for Death by Xavier Villaurrutia

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Magnífica breve obra. El poeta da muestra de rigor, inteligencia y sensualidad en Nostalgia de la muerte, publicada por primera vez en 1938 y que es considerada unánimemente su obra magistral. A pesar del título, no es un canto elegíaco, sino poesía del sueño y del insomnio, que explora el confuso y mágico territorio de la noche. El conflicto entre el soñador y el yo soñado, entre el delirio y la lucidez.

NOCTURNO MIEDO

Todo en la noche vive una duda secreta:
el silencio y el ruido, el tiempo y el lugar.

Inmóviles dormidos o despiertos sonámbulos
nada podemos contra la secreta ansiedad.

Y no basta cerrar los ojos en la sombra
ni hundirlos en el sueño para ya no mirar,
porque en la dura sombra y en la gruta del sueño
la misma luz nocturna nos vuelve a desvelar.

Entonces, con el paso de un dormido despierto,
sin rumbo y sin objeto nos echamos a andar.

La noche vierte sobre nosotros su misterio,
y algo nos dice que morir es despertar.

¿Y quién entre las sombras de una calle desierta,
en el muro, lívido espejo de soledad,
no se ha visto pasar o venir a su encuentro
y no ha sentido miedo, angustia, duda mortal?

El miedo de no ser sino un cuerpo vacío
que alguien, yo mismo o cualquier otro, puede ocupar
y la angustia de verse fuera de sí viviendo
y la duda de ser o no ser realidad.

NOCTURNO GRITO

Tengo miedo de mi voz
y busco mi sombra en vano.

¿Será mía aquella sombra
sin cuerpo que va pasando?

¿Y mía la voz perdida
que va la calle incendiando?

¿Qué voz, qué sombra, qué sueño,
despierto que no he soñado,
serán la voz y la sombra
y el sueño que me han robado?

Para oír brotar la sangre
de mi corazón cerrado,
¿pondré la oreja en mi pecho
como en el pulso la mano?

Mi pecho estará vacío
y yo descorazonado,
y serán mis manos duros
pulsos de mármol helado.

NOCTURNO PRESO

Prisionero de mi frente
el sueño quiere escapar
y fuera de mí probar
a todos que es inocente.

Oigo su voz impaciente,
miro su gesto y su estado
amenazador y airado.

No sabe que soy el sueño
de otro: si fuera su dueño
ya lo habría libertado.

NOCTURNO MUERTO

Primero un aire tibio y lento que me ciña
como la venda al brazo enfermo de un enfermo
y que me invada luego como el silencio frío
al cuerpo desvalido y muerto de algún muerto.

Después un ruido sordo, azul y numeroso,
preso en el caracol de mi oreja dormida
y mi voz que se ahogue en ese mar de miedo
cada vez más delgada y más enardecida.

¿Quién medirá el espacio, quién me dirá el momento
en que se funda el hielo de mi cuerpo y consuma
el corazón inmóvil como la llama fría?

La tierra hecha impalpable silencioso silencio,
la soledad opaca y la sombra ceniza
caerán sobre mis ojos y afrentarán mi frente.

NOCTURNO EN QUE HABLA LA MUERTE

Si la muerte hubiera venido aquí, conmigo, a New Haven,
escondida en un hueco de mi ropa en la maleta,
en el bolsillo de uno de mis trajes,
entre las páginas de un libro
como la señal que ya no me recuerda nada;
si mi muerte particular estuviera esperando
una fecha, un instante que sólo ella conoce
para decirme: “Aquí estoy.

Te he seguido como la sombra
que no es posible dejar así nomás en casa;
como un poco de aire cálido e invisible
mezclado al aire duro y frío que respiras;
como el recuerdo de lo que más quieres;
como el olvido, sí, como el olvido
que has dejado caer sobre las cosas
que no quisieras recordar ahora.

Y es inútil que vuelvas la cabeza en mi busca:
estoy tan cerca que no puedes verme,
estoy fuera de ti y a un tiempo dentro.

Nada es el mar que como un dios quisiste
poner entre los dos;
nada es la tierra que los hombres miden
y por la que matan y mueren;
ni el sueño en que quisieras creer que vives
sin mí, cuando yo misma lo dibujo y lo borro;
ni los días que cuentas
una vez y otra vez a todas horas,
ni las horas que matas con orgullo
sin pensar que renacen fuera de ti.

Nada son estas cosas ni los innumerables
lazos que me tendiste,
ni las infantiles argucias con que has querido dejarme
engañada, olvidada.

Aquí estoy, ¿no me sientes?
Abre los ojos; ciérralos, si quieres”.
Y me pregunto ahora,
si nadie entró en la pieza contigua,
¿quién cerró cautelosamente la puerta?
¿Qué misteriosa fuerza de gravedad
hizo caer la hoja de papel que estaba en la mesa?
¿Por qué se instala aquí, de pronto, y sin que yo la invite,
la voz de una mujer que habla en la calle?

Y al oprimir la pluma,
algo como la sangre late y circula en ella,
y siento que las letras desiguales
que escribo ahora,
más pequeñas, más trémulas, más débiles,
ya no son de mi mano solamente.

AMOR CONDUSSE NOI AD UNA MORTE

Amar es una angustia, una pregunta,
una suspensa y luminosa duda;
es un querer saber todo lo tuyo
y a la vez un temor de al fin saberlo.

Amar es reconstruir, cuando te alejas,
tus pasos, tus silencios, tus palabras,
y pretender seguir tu pensamiento
cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.

Amar es una cólera secreta,
una helada y diabólica soberbia.

Amar es no dormir cuando en mi lecho
sueñas entre mis brazos que te ciñen,
y odiar el sueño en que, bajo tu frente,
acaso en otros brazos te abandonas.

Amar es escuchar sobre tu pecho,
hasta colmar la oreja codiciosa,
el rumor de tu sangre y la marea
de tu respiración acompasada.

Amar es absorber tu joven savia
y juntar nuestras bocas en un cauce
hasta que de la brisa de tu aliento
se impregnen para siempre mis entrañas.

Amar es una envidia verde y muda,
una sutil y lúcida avaricia.

Amar es provocar el dulce instante
en que tu piel busca mi piel despierta;
saciar a un tiempo la avidez nocturna
y morir otra vez la misma muerte
provisional, desgarradora, oscura.

Amar es una sed, la de la llaga
que arde sin consumirse ni cerrarse,
y el hambre de una boca atormentada
que pide más y más y no se sacia.

Amar es una insólita lujuria
y una gula voraz, siempre desierta.

Pero amar es también cerrar los ojos,
dejar que el sueño invada nuestro cuerpo
como un río de olvido y de tinieblas,
y navegar sin rumbo, a la deriva:
porque amar es, al fin, una indolencia.

Magnificent brief work. The poet shows rigor, intelligence and sensuality in Nostalgia de la muerte, published for the first time in 1938 and which is unanimously considered his masterpiece. Despite the title, it is not an elegiac song, but the poetry of sleep and insomnia, which explores the confused and magical territory of the night. The conflict between the dreamer and the dreamed I, between delirium and lucidity.

NOCTURNAL FEAR

Everything in the night lives a secret doubt:
silence and noise, time and place.

Motionless asleep or awake sleepwalkers
nothing we can against the secret anxiety.

And it is not enough to close your eyes in the shade
nor sink them in the dream to stop looking,
because in the harsh shade and in the grotto of sleep
the same night light reveals us again.

Then, with the passage of a sleeping awake,
without direction and without object we start walking.

The night pours over us its mystery,
and something tells us that to die is to wake up.

And who among the shadows of a deserted street,
on the wall, livid mirror of loneliness,
he has not seen himself pass by or come to meet him
and he has not felt fear, anguish, mortal doubt?

The fear of being nothing but an empty body
that someone, myself or anyone else, can occupy
and the anguish of being outside of himself living
and the doubt of being or not being a reality.

NOCTURNAL SHOUT

I’m afraid of my voice
and I look for my shadow in vain.

Will that shadow be mine?
without body that is happening?

And mine the lost voice
What is the street burning?

What voice, what shadow, what dream,
I wake up that I have not dreamed,
they will be the voice and the shadow
and the dream that I have been robbed?

To hear the blood sprout
of my closed heart,
Will I put my ear in my chest
like in the pulse the hand?

My chest will be empty
and I disheartened,
and they will be my hard hands
pulses of frozen marble.

NIGHT PRISONER

Prisoner of my forehead
the dream wants to escape
and out of me try
to everyone who is innocent.

I hear his impatient voice,
I look at his gesture and his state
threatening and angry.

He does not know that I am the dream
from another: if it were its owner
I would have freed him already.

DEAD NOCTURNAL

First a warm and slow air that clings me
as the bandage to the sick arm of a sick
and that I invade then like the cold silence
to the helpless and dead body of some dead person.

After a dull, blue and numerous noise,
imprisoned in the snail of my sleeping ear
and my voice that drowns in that sea of ​​fear
increasingly thinner and more inflamed.

Who will measure the space, who will tell me the moment
in which the ice of my body melts and consumes
the immobile heart like the cold flame?

The earth made silent impalpable silence,
the opaque solitude and the ash shadow
they will fall on my eyes and will confront my forehead.

NIGHT IN WHICH DEATH SPEAKS

If death had come here, with me, to New Haven,
hidden in a hole of my clothes in the suitcase,
in the pocket of one of my suits,
between the pages of a book
like the signal that does not remind me of anything anymore;
if my particular death was waiting
a date, a moment that only she knows
to tell me: «Here I am.

I followed you like the shadow
that it is not possible to leave just like that at home;
like a little warm and invisible air
mixed with the hard, cold air you breathe;
as the memory of what you love most;
like oblivion, yes, like oblivion
that you have dropped on things
that you would not want to remember now.

And it is useless to turn your head in my search:
I’m so close you can not see me
I’m outside of you and at one time inside.

Nothing is the sea that as a god you wanted
put between the two;
nothing is the earth that men measure
and why they kill and die;
nor the dream in which you would like to believe that you live
without me, when I draw it myself and erase it;
nor the days that you count
once and again at all hours,
nor the hours that you kill with pride
without thinking that they are reborn outside of you.

Nothing is these things nor the innumerable
ties you laid out for me,
nor the childish tricks you’ve wanted to leave me with
cheated, forgotten.

Here I am, do not you feel me?
Open your eyes; Close them, if you want. »
And I wonder now,
if nobody entered the next room,
Who closed the door cautiously?
What mysterious force of gravity
Did he drop the sheet of paper that was on the table?
Why is it installed here, suddenly, and without my invitation,
the voice of a woman who speaks on the street?

And by pressing the pen,
something like the blood beats and circulates in it,
and I feel that the unequal letters
what I write now,
smaller, more tremulous, weaker,
they are no longer my hand only.

LOVE CONDUSSE NOI AD UNA MORTE

Loving is an anguish, a question,
a suspended and luminous doubt;
It’s a want to know everything about you
and at the same time a fear of finally knowing it.

To love is to rebuild, when you move away,
your steps, your silences, your words,
and pretend to follow your thought
when at my side, at last immobile, you shut up.

Loving is a secret anger,
a frosty and devilish pride.

Loving is not sleeping when in my bed
you dream in my arms that gird you,
and hate the dream in that, under your forehead,
perhaps in other arms you abandon yourself.

Loving is listening on your chest,
until filling the greedy ear,
the rumor of your blood and the tide
of your rhythmic breathing.

To love is to absorb your young sap
and join our mouths in a channel
until the breeze of your breath
they will impregnate my insides forever.

To love is a green and mute envy,
a subtle and lucid greed.

To love is to provoke the sweet instant
in which your skin searches for my skin wakes up;
satiate at the same time the nocturnal greed
and die again the same death
Provisional, heartbreaking, dark.

Amar is a thirst, the one with the sore
that burns without being consumed or closed,
and the hunger of a tormented mouth
who asks more and more and is not satisfied.

Loving is an unusual lust
and a voracious gluttony, always deserted.

But to love is also to close your eyes,
let sleep invade our body
like a river of forgetfulness and darkness,
and navigate aimlessly, adrift:
because to love is, finally, an indolence.

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