Esto No Es Una Novela — David Markson / This is Not a Novel and Other Novels by David Markson

Libro en fragmentos, sin desperdicio, estimula la curiosidad con sus mini-informes de anécdotas, de las causas de muerte de personajes famosos casi tan breves como el titular de una noticia, con citas para guardar. Se lee sin sentir mientras se pretende recordar cada dato.

Si algo es Esto no es una novela, es eso. Una serie de citas entrecomilladas, tomadas de episodios biográficos y anécdotas irónicas, con un mismo horizonte: la cultura occidental, presentada como profusión de nombres propios –Ezra Pound, Homero, Diego Rivera y así. Una colección en la que el principio de organización se escapa todo el tiempo, ya que Markson lleva el procedimiento más allá en dos sentidos.
En primer lugar, reduce sus intervenciones al mínimo. Si en La soledad… aparecían dos personajes –el Lector y el Protagonista– y dos escenarios como cimientos de una novela posible, acá apenas sobrevive, como ruina, el tercer vértice de ese triángulo que se insinuaba: el Escritor, que se hace presente bajo la forma de indicaciones de método que son profecías autocumplidas: “Sin acción, la quiere el Escritor. Es decir, sin sucesión de eventos”.
En segundo lugar, porque si bien también acá, entre los temas que los pasajes abordan, están las impresiones de un lector erudito y la injuria, desde la primera página hasta la última, una y otra vez, se vuelve sobre lo mismo: la muerte. Los diagnósticos médicos, las causas aparentes y legendarias retornan sin cesar en Esto no es una novela, y ocupan la mayor parte de su espacio. No se trata de la celebración obvia de la muerte del autor (o del Escritor, para el caso), sino del señalamiento de ese referente como un lugar vacío que nunca termina de llenarse, por más minuciosas que sean las informaciones que se den o por más arbitrarias que sean las indicaciones que de él provienen. “Este es un retrato de Iris Clert si yo lo digo. Dijo Robert Rauschenberg en un telegrama a una galería de arte en París”, leemos primero; y después: “Esto es una novela si el Escritor o Robert Rauschenberg lo dicen”.
El efecto es el de estar frente a una especie de vórtice temporal que cumple con lo prometido. Lo que el lector percibe no es una cadena de hechos, es decir, no el paso del tiempo, sino algo más excepcional: el tiempo todo junto. La sensación que nos queda es de una desolación hipnótica: si, como sugiere Markson, “la vida consiste en lo que un hombre está pensando”, los nombres que convoca en sus páginas están todos igualmente vivos, todos igualmente muertos.

Book in fragments, without waste, stimulates curiosity with its mini-reports of anecdotes, the causes of death of famous people almost as brief as the headline of a news, with appointments to save. One reads without feeling while trying to remember each piece of information.

If something is This is not a novel, that’s it. A series of quoted quotations, taken from biographical episodes and ironic anecdotes, with the same horizon: Western culture, presented as a profusion of proper names -Ezra Pound, Homero, Diego Rivera and so on. A collection in which the principle of organization escapes all the time, since Markson takes the procedure further in two senses.
First, reduce your interventions to a minimum. If in The Solitude … two characters appeared-the Reader and the Protagonist-and two scenarios as foundations of a possible novel, here barely survive, as a ruin, the third vertex of that triangle that was insinuated: the Writer, who is present under the form of method indications that are self-fulfilling prophecies: «Without action, the Writer wants it. That is, without succession of events. »
Secondly, because although also here, among the themes that passages address, are the impressions of a scholarly reader and insult, from the first page to the last, again and again, it becomes about the same: death . The medical diagnoses, the apparent and legendary causes return incessantly in This is not a novel, and occupy most of its space. It is not about the obvious celebration of the death of the author (or of the Writer, for that matter), but of the pointing out of that referent as an empty place that never finishes filling, no matter how detailed the information given or by more arbitrary than the indications that come from it. «This is a portrait of Iris Clert if I say it. Robert Rauschenberg said in a telegram to an art gallery in Paris «, we read first; and then: «This is a novel if the Writer or Robert Rauschenberg says so.»
The effect is to be in front of a kind of temporary vortex that fulfills what was promised. What the reader perceives is not a chain of events, that is, not the passage of time, but something more exceptional: time all together. The sensation that remains is of a hypnotic desolation: if, as Markson suggests, «life consists of what a man is thinking», the names he summons in his pages are all equally alive, all equally dead.

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