Llamadme Alejandra — Espido Freire

Tras leer el más que interesante libro del gienense Juan Eslava Galán, sobre la revolución rusa, este libro me ha gustado, me parece de los mejores que he leído de la autora , sin embargo el único pero es se trata de un libro difícil de evaluar. Por un lado está bien escrito y resulta amena su lectura; además, sabemos desde la primera página que la narradora es la propia zarina y, en consecuencia, la imagen que se va a mostrar de ella es benévola y carente de imparcialidad. Pero por otro lado, esa tremenda carga de subjetivismo hace que el personaje se aleje de la Alejandra histórica…Recomiendo, como contrapunto necesario, complementar esta lectura con alguna de las biografías “realistas” de los Romanov.

La novela tejida a base de sus recuerdos, construida como si de un relato interior se tratara, está narrada en primera persona por la propia Alejandra por lo cual todo lo que vamos a conocer de su historia está relatado bajo su punto de vista y como lo ha vivido. Todo a excepción de unas notas o cartas de sus hijas, la declaración de una mujer encargada de la limpieza de la última casa que ocuparon, y el frío informe del comisario responsable del asesinato de la familia imperial.
Una narración en la que también conoceremos aspectos más íntimos de la familia, anécdotas de su vida, cómo era el comportamiento y su relación con la amplia familia Romanov, cómo se empeño en criar ella misma a sus hijos (una decisión muy criticada por la nobleza rusa), así como su empeño en que recibieran una educación a la inglesa; También nos da razón de encuentros con otros personajes históricos, como por ejemplo el que tuvo con Sissi; la necesidad de reclamar su derecho a elegir a sus amigos ante la intromisión de la familia real rusa o una visión bastante distinta a la que conocemos sobre Rasputín y su relación con él, entre otras cosas.
Alejandra es un personaje muy bien perfilado, aunque la autora tampoco se olvida del resto, nos muestra a una mujer no muy distinta a otras si no fuese porque se trata de la Zarina. Una mujer que ama a su familia, que hace planes para el futuro de sus hijos, que reivindica el papel de su marido con el que además tiene gran complicidad, que sufre por la enfermedad del heredero y porque puedan separarlo de ella, que quiere llevar una vida normal y que quiere ser madre y esposa antes que zarina.
En Llamadme Alejandra, Espido Freire esconde bajo un relato en apariencia sencillo, una novela bastante más compleja de lo que a simple vista puede parecer, en la que a través de la figura de Alejandra hace un recorrido por la historia de la Rusia en los prolegómenos de la revolución, hasta el momento en que asesinaron a los Romanov. Una novela en la que la autora va a lo esencial, lo que no impide que en ocasiones se detenga en descripciones más amplias como es el caso de la ceremonia de coronación y la posterior fiesta organizada por los tíos del zar que acabó con un triste resultado, narrada con más detalle.

Tras la muerte de Rasputin, su albacea me hizo llegar esta carta. Estaba dictada por él y firmada con sus inconfundibles garabatos.
 Escribo esta carta, la última, que quedará tras de mí en San Petersburgo. Tengo la premonición de que moriré antes del primero de enero (1917). Le escribo al pueblo ruso, a Papá [el zar Nicolás], a Mamá [la zarina Alejandra] y a sus hijos, a toda la Patria Rusia, aquello que ellos deben saber y comprender. Si he de morir por la mano de gente ordinaria, especialmente por mis hermanos —los campesinos rusos—, entonces tú, zar de Rusia, no has de preocuparte por tus hijos: ellos gobernarán Rusia por los siguientes cien años.
Pero si he de morir por la mano de los nobles y los aristócratas, si son ellos quienes riegan mi sangre y mi muerte queda en sus manos, entonces veinticinco años pasarán antes de que puedan lavar mi sangre de sus almas. Tendrán que abandonar Rusia; los hermanos matarán a sus hermanos, las personas se matarán y odiarán unas a otras. En veinticinco años no quedará una gota de sangre noble en Rusia.
Zar de las tierras rusas, si tú escuchas la campana funeraria la muerte de Grigori y sabes que uno de tus parientes es culpable por mi muerte, entonces te digo que ningún miembro de tu familia, de tus hijos y parientes, vivirá más de dos años. Y si viven rogarán a Dios la muerte, pues verán la desgracia y la vergüenza de la tierra rusa, la llegada del anticristo, la pestilencia, la pobreza: serán profanados los templos y escupirán en los santuarios donde todos se volverán cadáveres. Tres veces veinticinco años los bandidos de negro, sirvientes del anticristo, destruirán al pueblo ruso y la fe ortodoxa. Y la tierra rusa perecerá. Y yo pereceré, es más, yo ya he muerto, no estoy más entre los vivos. Reza, sé fuerte, piensa en tu familia bendecida.
 
La suerte estaba echada. Los asesinos eran de nuestra sangre. Ha pasado un año y medio. Los santos profetizan, los santos aciertan. Pero también perdonan.

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