Conectados Al Vacío — Sergio Sinay / Vacuum Connected by Sergio Sinay (spanish book edition)

Un muy interesante libro sobre Internet y la información que nos es dada en contra del clasicismo de las relaciones humanas, lo interesante es la cantidad de cuestiones para reflexionar.

La comunicación no nos es dada: debemos construirla. Y, a la luz de lo que sostengo hasta aquí, esa construcción es, para mí, un deber moral. El deber de reconocer al otro, de respetarlo como alguien diferente, el deber de mirarlo (no sólo de verlo), de escucharlo (no sólo de oírlo), de hablarle (no sólo de dirigirle palabras), de registrar su presencia y de estar presente ante él y, en fin, el deber de establecer, más allá de lo formal, un puente emocional de persona a persona. Lo que digo, en síntesis, es que la comunicación se construye, no es un plato que se consigue precocinado. No venimos a la vida comunicados, venimos a comunicarnos. No venimos con la comunicación instalada, pero venimos con todos los recursos, las habilidades y las condiciones para construirla. Cuando lo hacemos, cuando la fundamos y nos comunicamos de Yo a Tú, de un ser real, singular y único a otro ser real, singular y único, es cuando podemos empezar a experimentar el amor, la empatía, la comprensión, la piedad, la compasión, la cooperación.
De hecho cuanto más me conecte es probable que menos me comunique, pues la comunicación real con una persona real requiere tiempo, presencia, escucha, mirada, reclama palabras cargadas de sentido (no patéticas abreviaturas que trozan y destrozan el idioma hasta quitarle entidad y contenido). La comunicación humana es un proceso artesanal, delicado, complejo, que requiere, insisto, tiempo, atención, dedicación y cuidado. Cuanto menos comunicados estemos, más insatisfechos nos sentiremos. No importa la frecuencia con que cambiemos de auto o de vivienda, no importa lo mucho que viajemos, no importa las adicciones que desarrollemos…

No es lo mismo sufrir por la soledad y la incomunicación cuando no existen medios físicos y tecnológicos para contactarse con otros, que padecer por aquello en un mundo en el que la tecnología nos proporciona conexión instantánea, masiva e ilimitada, pero es incapaz de comunicarnos en el sentido más trascendente de la palabra.
La tecnoadicción ya empieza a ser un vocablo de uso común en el ámbito de las patologías psíquicas y sociales. Los adictos a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), que personalmente prefiero llamar Tecnologías de la Información y la Conexión, presentan los mismos síntomas y características que otros adictos (a drogas, alcohol, trabajo, sexo, comida, juego y demás). Parten de un vacío interior, se ilusionan con la idea de que ese vacío puede ser llenado desde afuera por algo o alguien (objetos, sustancias, personas, actividades) que contienen aquello que a ellos les falta.
Como esto no es así, la calma que produce el consumo resulta siempre provisoria y cada vez más fugaz, lo cual lleva a aumentar las dosis en procura del mismo efecto, pero la porción crece, la satisfacción decrece y el vacío se hace más hondo.

El modelo del Gran Hermano se extiende más allá de las pantallas. A mediados del siglo XX se empezaron a desarrollar los que hoy se conocen como sistemas de videovigilancia o CCTV (siglas del inglés Closed Circuit TV). Tenían como objetivo la vigilancia de los bancos. El sistema alcanzó tal desarrollo que hoy se usa con fines domésticos, con él se vigilan calles, centros comerciales, hogares, escuelas, aeropuertos, estadios, salas de espectáculos, autopistas, estacionamientos, barrios cerrados. Se calcula (lo hace la organización de defensa de derechos civiles Liberty) que sólo en Gran Bretaña hay instaladas cuatro millones de estas cámaras, una cada quince habitantes, y que un habitante de Londres es observado (lo sepa o no) al menos 300 veces por día.La paranoia desatada en Estados Unidos y contagiada al mundo a partir del 11 de septiembre de 2001 dio el espaldarazo definitivo y legalidad a un sistema que lleva al punto de la asfixia el control sobre el ciudadano y su privacidad, que hace de las personas verdaderos cobayos en una jaula y que permitió al Ministerio del Interior británico publicar, ya en 1994, un informe que, sin miramientos, tituló Looking out for you (Vigilando para usted/ espiando para usted).

Las nuevas tecnologías se dirigen, desde el punto de vista de sus productores, vendedores y fomentadores intelectuales o publicitarios, a usuarios y consumidores. ¿En qué tipo de persona, de ser humano,derivará ese consumidor y usuario? ¿Dónde quieren que esté, para decirlo con palabras del especialista Wheldom? ¿Será, acaso, una persona centrada en su ego, es decir en una personalidad hecha con recortes y rezagos de su totalidad como ser
humano, construida para un funcionamiento social básico, para ser aceptado y para poder circular por el mundo entre otros individuos-fachada como él? ¿Será alguien que fortalezca aún más esa estrecha lonja de todo su ser y desconozca la variada gama de aspectos que componen a un ser humano?…

Cuesta creer que, finalmente, la finalidad de la vida sea alcanzar la globalidad, instalarse a salvo de riesgos y preguntas, de búsquedas y exploraciones, de experiencias y vivencias, en el pasteurizado reino de la virtualidad global (o la globalidad virtual). Si el misterio de la existencia consistía, en fin, en llegar al seguro refugio de las pantallas, los teclados, las consolas y los «equipos», si ése es el nirvana, si así lo aceptamos,deberemos admitir también que, lejos de constituir un misterio cumbre, la vida es una broma absurda y ni siquiera demasiado ingeniosa. No se trataría del absurdo mencionado por Camus y los existencialistas, sino de uno mucho más banal,
adaptado a una mentalidad más superficial, simple.
El mundo más conectado es, al fin, el menos comunicado. El mayor grado de desarrollo tecnológico, va apareado con la inquietante inmadurez de la conciencia. Tras el apogeo del ego se vislumbra la pobreza de la individuación. La glorificación de tener oculta la agonía del ser.
La tecnología (desde que el filósofo francés Augusto Comte, padre del positivismo, publicara en el siglo diecinueve los seis tomos de su Curso de filosofía positiva), nació para ordenar el mundo y dar respuesta a problemas sociales y construir un sistema de «orden y progreso». Desde entonces muchas creaciones científicas y tecnológicas han permitido comprender el funcionamiento de las cosas, desentrañar sus leyes…

La trampa neotecnológica es colectiva, no atrapa sólo a algunos, más bien son algunos los que, por ahora, escapan a ella, la advierten y advierten a otros.Esa trampa se monta en el vasto espacio del vacío existencial que aqueja a esta sociedad y a esta cultura, en la extendida falta de respuesta a la pregunta sobre el para qué de la vida. La trampa funciona si la trama vincular se rompe, si la soledad se extiende como una mancha viscosa de la que intentamos huir por cualquier puerta, inclusive por las falsas. Entre el consumismo neotecnológico, la insatisfacción y la angustia existencial hay una relación directa. A más de las últimas dos, habrá siempre más del primero. El camino para salir de esta trampa pasa por el reencuentro con el otro, por la pérdida del miedo y la extrañeza frente al prójimo, por la reconstrucción de la trama vincular humana hasta restaurar la conciencia de parte que nos instale como integrantes de una totalidad incluyente y trascendente. Insisto una vez más: trascender es ir más allá de uno mismo. Todo lo contrario de los postulados de uso de las neotecnologías.
Aunque nos escondamos en mundos virtuales, aunque la neotecnología nos prometa refugios seguros, la vida nos sigue y nos seguirá a donde estemos y nos reiterará una y mil veces sus interrogantes. Nos cuestiona, nos interpela. Nadie puede contestar por nosotros. La respuesta es de cada quien. No hay dos seres iguales. No existen dos respuestas iguales. Lo que nos equipara y asemeja es la obligación de responder. Vivir es responder.

A very interesting book about the Internet and the information that is given to us against the classicism of human relations, the interesting thing is the amount of questions to reflect.

Communication is not given to us: we must build it. And, in light of what I maintain up to here, that construction is, for me, a moral duty. The duty to recognize the other, to respect him as someone different, the duty to look at him (not only to see him), to listen to him (not only to hear him), to speak to him (not only to direct words to him), to register his presence and to be present before him and, finally, the duty to establish, beyond the formal, an emotional bridge from person to person. What I say, in short, is that communication is built, it is not a dish that is obtained precooked. We do not come to life communicated, we come to communicate. We do not come with the communication installed, but we come with all the resources, the skills and the conditions to build it. When we do it, when we found it and communicated from I to You, from a real, singular and unique being to another real, singular and unique being, it is when we can begin to experience love, empathy, understanding, piety, Compassion, cooperation.
In fact, the more I connect, the less I am likely to communicate, because the real communication with a real person requires time, presence, listening, look, demand words loaded with meaning (not pathetic abbreviations that cut and destroy the language until they remove entity and content ). Human communication is a craft process, delicate, complex, which requires, I insist, time, attention, dedication and care. The less communicated we are, the more dissatisfied we feel. No matter how often we change our car or house, no matter how much we travel, it does not matter what addictions we develop …

It is not the same to suffer for loneliness and isolation when there are no physical and technological means to contact others, to suffer for that in a world where technology provides instantaneous connection, massive and unlimited, but is unable to communicate in the most transcendent sense of the word.
The technoadicción already begins to be a word of common use in the field of psychic and social pathologies. The addicted to the Information and Communication Technologies (ICT), which I personally prefer to call Information Technology and Connection, present the same symptoms and characteristics as other addicts (drugs, alcohol, work, sex, food, games and the rest). They start from an inner emptiness, they get excited with the idea that this vacuum can be filled from the outside by something or someone (objects, substances, people, activities) that contain what they lack.
As this is not the case, the calm produced by consumption is always temporary and increasingly fleeting, which leads to increasing doses in pursuit of the same effect, but the portion grows, satisfaction decreases and the gap becomes deeper.

The Big Brother model extends beyond the screens. In the mid-twentieth century began to develop what are now known as video surveillance systems or CCTV (abbreviations of English Closed Circuit TV). They aimed to monitor the banks. The system reached such a development that today it is used for domestic purposes, with it streets, shopping malls, homes, schools, airports, stadiums, show halls, highways, parking lots, closed neighborhoods are monitored. It is calculated (it is done by the civil rights organization Liberty) that only in Britain there are installed four million of these cameras, one every fifteen inhabitants, and that an inhabitant of London is observed (whether he knows it or not) at least 300 times per day. The paranoia unleashed in the United States and infected the world as of September 11, 2001 gave the definitive backing and legality to a system that leads to the point of suffocation the control over the citizen and his privacy, which makes the real people guinea pigs in a cage and that allowed the British Home Office to publish, already in 1994, a report that, unceremoniously, entitled Looking out for you (Monitoring for you / spying for you).

New technologies are directed, from the point of view of their producers, intellectual and advertising salespeople and promoters, to users and consumers. In what kind of person, of being human, will that consumer and user derive? Where do you want me to be, to put it in the words of the Wheldom specialist? Is it, perhaps, a person centered on his ego, that is to say, a personality made with cuts and lags of his totality as being
human, built for basic social functioning, to be accepted and to be able to circulate around the world among other front-line individuals like him? Will it be someone who strengthens even more that narrow slice of his whole being and ignores the varied range of aspects that make up a human being? …

It is hard to believe that, finally, the purpose of life is to reach globality, to be installed safe from risks and questions, from searches and explorations, from experiences and experiences, in the pasteurized realm of global virtuality (or virtual globality). If the mystery of existence consisted, finally, in reaching the secure refuge of screens, keyboards, consoles and “equipment”, if that is nirvana, if we accept it, we must also admit that, far from constituting a mystery summit, life is an absurd joke and not even too ingenious. It would not be the absurdity mentioned by Camus and the existentialists, but a much more banal one,
adapted to a more superficial, simple mentality.
The most connected world is, in the end, the least communicated. The greater degree of technological development goes hand in hand with the unsettling immaturity of consciousness. After the apogee of the ego, the poverty of individuation is glimpsed. The glorification of having hidden the agony of being.
Technology (since the French philosopher Augusto Comte, father of positivism, published in the nineteenth century the six volumes of his Positive Philosophy Course), was born to order the world and respond to social problems and build a system of “order and progress”. Since then many scientific and technological creations have allowed to understand the functioning of things, to unravel their laws …

The neotechnological trap is collective, it does not catch only some, rather it is some who, for now, escape to it, warn it and warn others. This trap is mounted in the vast space of the existential void that afflicts this society and This culture, in the widespread lack of response to the question about the why of life. The trap works if the linking plot breaks, if the loneliness extends like a viscous stain from which we try to escape through any door, even false ones. Between the neotechnological consumerism, the dissatisfaction and the existential anguish there is a direct relationship. In addition to the last two, there will always be more of the first. The way out of this trap is through the reunion with the other, the loss of fear and strangeness in front of the neighbor, the reconstruction of the human linkage to restore the conscience of part that installs us as members of an inclusive whole and transcendent. I insist once again: to transcend is to go beyond oneself. The opposite of the postulates of use of neotechnologies.
Although we hide in virtual worlds, although neotechnology promises us safe havens, life follows us and will follow us wherever we are and will reiterate our questions a thousand times. It questions us, it challenges us. No one can answer for us. The answer is from each one. No two beings are the same. There are not two equal answers. What equates and resembles us is the obligation to respond. To live is to respond.

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