El Niño Perdido — Thomas Wolfe

Una belleza. Evocador, leve y definitivo. Una experiencia inolvidable, una joya del s.XX, entre mantequilla derretida y máquinas Singer. Estamos en 1904, en la época de la Exposición Universal celebrada en Saint Louis. La familia Wolfe se ha trasladado desde Asheville y ha abierto aquí un pequeño alojamiento para los vecinos de su lejana ciudad natal que visitan la Exposición. Grover Wolfe tiene sólo doce años. Un alegato de la América provinciana. El mismo al que Faulkner catalogo en su momento como el mejor escritor norteamericano. Había escuchado de el, pero no me había animado a leerlo, y creo que jamas lo hubiera hecho sino hubiera sido por este viaje que me acerco a el. De inmediato me puse a la búsqueda de sus libros y para sorpresa algunos de ellos editados por esta editorial que tanto me gusta, Periférica. Bueno, acabo de leer El nino perdido que me ha parecido un pequeña joya rebosante de poesía evocadora, de gracia y de una prosa deliciosa. También me ha parecido un libro innovador por su estructura y la capacidad introspectiva de los distintos narradores. Es un escritor que me alegro de haber conocido en esta etapa de mi vida en tan inolvidable circunstancia.

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