Cuerda De Presos — Jesús Quintero

Este periodista me parece muy interesante con programas como “el loco de la colina”, “el perro verde” y el libro es una buena terapia… Como dijo Truman Capote, «es imposible que un hombre que goza de su libertad se haga cargo de lo que significa estar privado de ella». Tal vez lo que ha cambiado es que yo, después de esta experiencia, sí sé lo que significa estar privado de libertad. Sé lo que es eso porque lo he visto y me lo han contado los condenados a vivir sin ella.
Este libro no se lee para alimentar al monstruo. Estoy aquí para descubrirte una cara oculta de la realidad, las líneas de sombra de la condición humana. Los hechos que se narran en este libro son reales y, por desgracia, suceden todos los días. Todos los días se mata, se roba, se trafica, se viola, se estafa, se abusa, se maltrata…
Nos comienza con el caso mediático de Rafi Escobedo en la prisión cántabra de Dueso, donde quizás fue el anticipo de los venideros años, una crueldad extrema. Sin embargo, aquel bestia insensible se estaba anticipando a todos estos directivos que hoy consideran una suerte que alguien sufra o muera, a ser posible cerca de una cámara, para engordar la audiencia, y que cifran el éxito de sus programas en el mayor derroche y la más descarada exhibición de dramas y miserias. Yo nunca he desnudado a nadie para mostrarlo en un escaparate al morbo general. Si he desnudado a alguien, ha sido para conocerlo y comprenderlo mejor, con todo mi amor a todo ser humano y mi mayor respeto.
Que decir del duque de Feria…

La cárcel es una galería de personajes increíbles, tipos únicos en estado puro que no se parecen a nadie. Lo son físicamente. Las caras que se ven en la galería de una prisión no se ven en cualquier parte. Pero, sobre todo, lo son psicológicamente. Muchas veces, más que el delito, me ha impresionado la personalidad del personaje, su agudeza, su ingenio, su calidad humana, con independencia de que hubiera robado, matado o estafado. Para alguien como yo que aprecia la diversidad y la rareza frente a la uniformidad que imponen la educación, las modas y los códigos de lo político y socialmente correcto, la cárcel es una oportunidad continua de conocer al ser humano al natural, sin máscaras, con sus debilidades y grandezas.
Desde uno que se hacía pasar por eurodiputado ( Maignet) hasta una simple pirómana.

He oído decir muchas veces que la cárcel es para los pobres. Hubo un momento en el que parecía que no, que también los ricos y los poderosos podían dar con sus huesos en una celda: Mario Conde, Romaní, Roldán, Sancristóbal, Mariano Rubio… eran una prueba de que en la cárcel hay sitio para todos. La verdad es que la mayoría de ellos fueron inquilinos de paso.
Jesús Terrón político del P.P. Se caso con Beatriz Abelló, la hija del empresario pero cuando beso la cárcel nada era igual.

Se diga lo que se diga, una persona que pasa por la cárcel sale con su vida destrozada. Los más fuertes, que son los menos, quizá sí encuentren ayuda fuera para buscar cualquier camino, pero la gran mayoría sale ya sin camino, sale dispuesta a estrellarse contra otro muro, que no es precisamente este que nos separa de la libertad. Es el muro de la vida, que es peor.

José María Sánchez Casas (líder de los Grapo) Pero todo se puede defender en las urnas, ¿no? ¿Qué sentido tiene el terrorismo en democracia?
—En democracia no tiene sentido, siempre que la haya.
—¿No le parece que esto sea una democracia?
—Aquí se le pone apellido a cualquier cosa. Aquí se le ha puesto un apellido a esto, democracia a la española, que supongo que será como la tortilla, y punto.
—¿No cree que haya llegado la democracia?
—¿Llegar adonde? Si la democracia hubiera llegado, nosotros no tendríamos que estar haciendo lo que estamos, o están, haciendo. ¿La democracia es Crasi, Berlusconi, es González, es Corcuera? ¿Eso es la democracia? Si eso es la democracia, entonces no la queremos, claro. No hay democracia. No puede haber democracia mientras exista una situación de injusticia, ni hay libertad mientras exista una situación de injusticia. Eso es falso. Las elecciones no sirven para nada.

Un mundo con sus propios valores y sus propias leyes: no chivarse, actuar con firmeza, pagar las deudas, sabérselo montar, ir a tu rollo, desconfiar de los funcionarios, cuidar las amistades, mantener la frialdad, mostrar valor, ser leal al grupo, no hacer preguntas inoportunas… son algunas de las reglas de un código no escrito que hay que respetar para sobrevivir en el duro mundo carcelario. Un mundo con su propio lenguaje, donde la libertad se llama «bola»; «cañerías», las venas; «loro», el transistor; «chota», el chivato; el «chabolo» es la celda; «canguro» es un furgón de conducción; ir de «kunda» es ser trasladado; «sirlero» es el ladrón; un «kie» es un duro, un líder; «boqueras» son los funcionarios; un «julái» es alguien que no se entera… En la cárcel incluso el tiempo tiene otra medida. Aquí un año no son trescientos sesenta y cinco días, puede ser una eternidad.
Un matrimonio en la cárcel de Picassent en el módulo 4 (Ingrid y José Antonio)

Una de las cosas que he aprendido en la cárcel es que nadie está libre de acabar preso. Nadie puede decir de este agua no he de beber, porque son infinitos los caminos que conducen a prisión e infinitas las razones por las que se puede perder la libertad. Basta con dar un mal paso para que una vida se trunque irremediablemente, para que un hombre normal se convierta para la justicia en un delincuente y lleve encima para el resto de sus días el estigma de presidiario.
Este estigma no sólo afecta al propio presidiario. La cárcel es también el dolor de una madre que hace cola para ver a su hijo. La humillación de una esposa o una novia en la intimidad vigilada de un vis a vis. La vergüenza de unos hijos que tienen que soportar insultos y bromas de mal gusto porque su padre está preso. La cárcel no sólo estigmatiza al delincuente. Estigmatiza también a su familia. La cárcel no es sólo este laberinto de rejas, de recuentos, de odios mal contenidos, de violencia. Es también el dedo que señala y humilla a los que no han cometido otro delito que ser padres, hermanos, compañeros, hijos de presidiario.

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