Una Puerta Que Nunca Encontré — Thomas Wolfe / No Door–A Story by Thomas Wolfe

Esta es otra joya del autor, un lector compulsivo que vive en el barrio armenio de Brooklyn donde la pobreza, la sordidez, los malos olores, la insalubridad y los peligros de la noche fascinan a los ricos que frecuenta sin saber el por qué. Como un hombre cautivo de sus sueños piensa en todo lo que quisiera hacer, lugares que desearía visitar y gente a las quisiera conocer sin atreverse a dar un paso. De vuelta a la casa familiar después de una larga ausencia se siente raro, perdido y desubicado, cuestionando el misterio de la mortalidad humana, la naturaleza, la vida misma y recibiendo silencios como únicas respuestas. Como un voyeur compulsivo deambula por el campus universitario, observa a los estudiantes, a sus familias, los comercios y la clientela buscando ver y encontrar algo que no aparece. Contempla a los toscos camioneros, como luchan y viven el día a día sin importarles el ayer ni el mañana, admira la competencia férrea y brutal entre ellos para ganarse el sustento sin comprender por que son así y por que actúan de esa manera.
Novela corta con una narrativa intensa, dinámica en retrospectiva, llena de interrogantes filosóficos sobre el comportamiento humano, la naturaleza, las relaciones sociales y laborales, la necesidad del ser humano del conocimiento, la comprensión y las respuestas a la curiosidad innata. Una trama llena de angustias, silencios y soledades, un personaje que va por el mundo como un alma en pena sin rumbo buscando una salida o una respuesta que nunca encuentra. Historia breve muy bien escrita, dinámica y fácil de leer.

-Es maravilloso ver con cuánto entusiasmo algunos hombres y mujeres de bien, personas que nunca han tenido que estar solas en toda su vida, ponderan las bondades de la soledad. Yo hablo con conocimiento de causa. He estado solo buena parte de mi vida, más solo que nadie que yo conozca. También he conocido, durante un corto periodo de mi vida, a algunas de estas personas de bien.
-Mi vida, más que la vida de cualquiera que haya conocido, ha transcurrido en medio de la soledad y la errancia. Por qué o cómo llegó a ocurrir es algo que nunca he. sabido. Pero así son las cosas. Desde los quince años, excepto por un breve intervalo, he vivido una vida tan solitaria como sólo la puede tener el hombre moderno. Con esto quiero decir que el número de horas, días, meses y años, el tiempo real que he pasado solo, ha sido extraordinariamente inmenso.
Y este hecho resulta tanto más asombroso en la medida en que yo jamás busqué la soledad ni me aislé de los demás ni busqué fabricarme una torre de marfil lejos de la furia y el ruido de este mundo. Amaba la vida con tanto ímpetu que me volví loco por la sed, por el hambre que tenía de vivirla; un hambre tan literal, cruel y física que quise devorar la tierra y a toda la gente que vivía en ella.
-¡La mayor locura es no saber lo que quieres hacer! Hoy en día lo que importa es vivir de la manera más inteligente posible. ¡Eso es lo único que importa! Si sabes lo que quieres y lo persigues con astucia, el resto vendrá por sí solo.
-Nacidos en un mundo de ladrillo, piedra y conflictos salvajes, arrancados del vientre materno para ser arrojados a un mundo de hacinamiento y multitudes, arrullados durante la infancia con el repentino y fustigante traqueteo de los trenes elevados, fueron niños que aprendieron muy pronto a pelear, a amenazar y a defenderse, a luchar. Las cualidades de ese mundo habían sido grabadas en su carne, en sus gestos, habían sido escritas en sus lenguas y en sus cerebros y en sus ojos. Clamores metálicos, bestiales, brotaban de sus bocas; la velocidad salvaje y la violencia de sus movimientos se comunicaban a sus actos y gestos. La vasta ilusión de que sus cuerpos juntos tenían la fuerza de un enjambre, sus espigadas complexiones y su delgadez de cañón les habían conferido lo poco que necesitaban: el equilibrio felino, perfecto y constante.

Bajo las pulsaciones del pavimento, bajo los edificios que se estremecen como en un llanto, bajo los restos del tiempo, donde el casco de la bestia se junta con los huesos rotos de las ciudades, algo está creciendo como una flor, siempre brotando de la tierra, siempre inmortal y obstinado, algo que vuelve a la vida una vez más, como abril».

This is another jewel of the author, a compulsive reader who lives in the Armenian neighborhood of Brooklyn where poverty, sordidness, bad smells, unhealthiness and the dangers of the night fascinate the rich who frequent without knowing why. Like a man captive of his dreams, he thinks of everything he would like to do, places he would like to visit and people he would like to meet without daring to take a step. Back to the family home after a long absence feels strange, lost and misplaced, questioning the mystery of human mortality, nature, life itself and receiving silences as the only answers. As a compulsive voyeur wanders around the university campus, he watches the students, their families, the businesses and the clientele looking to see and find something that does not appear. Contemplate the rough truckers, how they fight and live day to day without caring about yesterday or tomorrow, admires the fierce and brutal competition between them to earn their livelihood without understanding why they are like this and why they act that way.
Short novel with an intense narrative, dynamic in retrospect, full of philosophical questions about human behavior, nature, social and labor relations, the human being’s need for knowledge, understanding and responses to innate curiosity. A plot full of anguish, silence and loneliness, a character who goes around the world like a soul in pain aimlessly seeking a way out or a response that never finds. Short story very well written, dynamic and easy to read.

-It is wonderful to see how much enthusiasm some good men and women, people who have never had to be alone in their whole life, ponder the benefits of loneliness. I speak with knowledge of cause. I have been alone a good part of my life, more alone than anyone I know. I have also known, for a short period of my life, some of these good people.
-My life, more than the life of anyone I have known, has passed in the midst of loneliness and wandering. Why or how it came to happen is something I never have. known. But that’s the way things are. From the age of fifteen, except for a brief interval, I have lived a life as lonely as only modern man can have. By this I mean that the number of hours, days, months and years, the actual time that I have spent alone, has been extraordinarily immense.
And this fact is all the more amazing inasmuch as I never sought solitude nor isolated myself from others nor sought to manufacture an ivory tower far from the fury and noise of this world. I loved life with so much impetus that I went crazy with thirst, with the hunger I had to live it; a hunger so literal, cruel and physical that I wanted to devour the earth and all the people who lived in it.
-The greatest madness is not knowing what you want to do! Nowadays, what matters is to live as intelligently as possible. That’s all that matters! If you know what you want and follow it with cunning, the rest will come by itself.
-Backed in a world of brick, stone and wild conflict, torn from the mother’s womb to be thrown into a crowded world and crowds, lulled during childhood with the sudden and whipping rattle of the elevated trains, were children who learned very early on fight, to threaten and defend, to fight. The qualities of that world had been engraved in his flesh, in his gestures, they had been written in their tongues and in their brains and in their eyes. Metallic, bestial clamors sprang from their mouths; the wild speed and the violence of his movements communicated to his acts and gestures. The vast illusion that their bodies together had the strength of a swarm, their slender builds and slim cannon had conferred on them what little they needed: the feline balance, perfect and constant.

Under the pulsations of the pavement, under the buildings that shudder as if in a weeping, under the remains of time, where the helmet of the beast meets the broken bones of the cities, something is growing like a flower, always sprouting from the earth, always immortal and obstinate, something that comes back to life once more, like April ».

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