Especulación — Thomas Wolfe

Sin duda este breve libro “boom town” me parece una delicia, una joya de este gran narrador americano y a tener en cuenta en la época de vacas flacas económicas, ambientada en la época justo antes de la depresión americana, nuestro protagonista ve la transformación del país en un auge sin precedentes, desaparecen entre el agobiante calor los campos y praderas para construir negocios y lo único claro es que el tiempo sigue pasando, a través del ferrocarril para ver a su hermano Lee y su madre, ve que el país es como si fuese distinto.
Un espíritu de ebrio derroche y salvaje destrucción cundía por todas partes a ojos vista: los mejores lugares del pueblo habían sido mutilados por un coste de millones de dólares. En el centro, por ejemplo, había una hermosa colina verde, engalanada de ricos pastos y señoriales árboles, con lechos de flores y madreselvas y en cuya cima se alzaba un inmenso y laberíntico hotel de madera. Se trataba de un glorioso y viejo lugar, un intrincado espacio de alas y corredores, de grandes porches, recibidores, salones y patios que durante cuarenta años había sido el sitio más encantador del pueblo y desde el cual se apreciaba el paisaje más adorable y mágico que la tierra pueda ofrecer. A todo ello se quieren comprar pisos como el de su madre para hacer negocios, cementerios, patios traseros con petróleo y ahora el jefe de la comunidad Rufe es un juguete roto. El dinero se mueve fácil no existen preocupaciones.

Bajo la apariencia luminosa y feliz, la penuria de sus planes, la mezquina pobreza de sus vidas era ya evidente para todos. La vida se reducía cada vez más a unos pocos gestos estériles y confusos: construir una casa fea y cara y comprar un coche y afiliarse a un club de campo, para luego construir otra casa más grande y más fea y más cara, comprar un coche más caro y afiliarse a un club de campo más grande y más caro; todos estaban inmersos en esa rutina.
Habían despilfarrado fabulosas sumas en calles inútiles y puentes, habían derribado los antiguos edificios públicos, el juzgado y el ayuntamiento, para levantar otros nuevos de quince plantas de alto y lo bastante grandes para satisfacer las necesidades de una ciudad de un millón de habitantes; habían aplanado las colinas y perforado las montañas construyendo magníficos túneles pavimentados, con dos carriles para los coches y relucientes ladrillos; túneles que desembocaban en la mismísima Arcadia de la vida salvaje. Era algo loco, exasperante, ruinoso. Habían derrochado las ganancias de toda una vida para hipotecar las de toda la generación venidera; se habían arruinado a sí mismos, a sus hijos, a su ciudad y nada podría detenerlos.

Esta cantinela creo que nos suena en los tiempos actuales, ¿qué había cambiado en el mundo? Bajo sus pies, la tierra permanecía quieta y eterna como siempre. Demoledora y realista.

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