El Secreto De Joe Gould — Joseph Mitchell

Recoge dos artículos publicados en la revista New Yorker en 1942 y 1964 la semblanza de Joe Gould, un sin techo que huyó de su ciudad para vivir en Nueva York como un sin techo. Sin renunciar a su formación intelectual, Gould conoce a numerosos intelectuales y artistas del Village y alardea de estar escribiendo una gran novela basada en vivencias propias y conocimientos adquiridos de todos aquellos que ha conocido. El estilo es periodístico y hurga en la vida de este personaje carismático desentrañando sus virtudes y sus miserias, que no son pocas. Un libro interesante y curioso.
Es lo que se podría conocer como un antihéroe que disfruta de lo que le rodea. Gould tiene voz gangosa y acento de Oxford. Camareros y dependientes del Village se refieren a él como el Profesor, el Gaviota, el Profesor Gaviota, el Mangosta o el Chico de Bellevue. Viste ropa desechada por sus amigos. Invariablemente el abrigo, el traje, la camisa y hasta los zapatos le vienen dos tallas grandes, pero él los usa con una especie de desenfado abatido. «Míreme», dice. «Lo único que me queda bien es la pajarita.» En los días más crudos de invierno se pone una capa de periódicos entre la camisa y la camiseta. «Soy un esnob», dice; «uso solamente el Times». Le gustan los tocados inusuales: una boina, un casquete, una gorra de marino.
Gould parecía un vagabundo y como un vagabundo vivía. Llevaba ropa de paria y dormía en albergues de caridad o en las peores habitaciones de los hoteles más baratos. A veces dormía en portales. Pasaba la mayor parte del tiempo en casas de comidas, cafeterías y bares del Village, errando por la calle, buscando amigos y conocidos por toda la ciudad o sentado en bibliotecas públicas, escribiendo en cuadernos escolares baratos. Solía vérselo bastante sucio. A menudo pasaba días enteros sin lavarse la cara ni las manos y rara vez se hacía limpiar una camisa o un traje. Como norma usaba la misma ropa hasta que alguien le regalaba otra, momento en el cual tiraba la anterior. Muy pocas veces se cortaba el pelo («Cada dos Pascuas», decía), y siempre en una escuela de peluqueros del Bowery. Sufría crónicamente de la especie de conjuntivitis conocida como queratitis infecciosa. Su voz era perturbadoramente nasal. En ocasiones, robaba. Normalmente robaba libros en las librerías para venderlos en tiendas de segunda mano, pero en casos de gran necesidad se los robaba a los amigos.
Bienvenidos al exponente de la historia oral.

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