El Hijo De César — John Williams / Augustus by John Williams

Este autor es magnífico. Libro entretenido y con rigor histórico ganador del “national book award”, escrito en formato epistolar que es algo que no se suele ver. El enfoque tan original de la novela, mediante cartas y correspondencia, nos describe, no solo a los personajes los cuales tienen una fuerza increíble, a la vez que nos vann describiendo desde las intrígas y los porqués de las maniobras de los dirigentes romanos; políticas, aspectos personales, poder, y todo ello con unas reflexiones de un calado impresionante. Se hace ameno, pues esta muy pero que muy bien escrito, y la lectura la puedes interrumpir para volver a retomarla con el mismo placer con que lo dejaste. Recomendable 100%. La narración se basa en cartas que se dirigen las distintas personas del ámbito del emperador y de su esposa, de aquella época, incluidos pensadores y poetas. También habla Julia desde su exilio y hay fragmentos del diario de Fulvio.

Mi nombre es Marco Agripa, llamado también Vipsanio, tribuno del pueblo y cónsul del Senado, soldado y general del Imperio Romano y amigo de Cayo Octavio César, conocido hoy como Augusto. Escribo estas memorias en el quincuagésimo año de mi vida con el fin de legar constancia a la posteridad del tiempo en que Octavio halló a Roma desangrándose entre las fauces de las banderías, en que Octavio César mató a la bestia facciosa rescatando el cuerpo casi exánime, y en que Augusto sanó las heridas de Roma devolviéndole la salud para que marchara con vigor sobre las fronteras del mundo. De este triunfo he sido parte dentro del límite de mis capacidades, parte de la que estas memorias dejarán constancia a fin de que los historiadores de todas las épocas comprendan los motivos de la admiración que Augusto y Roma suscitan.
Mi querido Estrabón, he sido testigo de un suceso cuya trascendencia solo tú, mi más querido amigo, podrá comprender. Pues en el día de hoy Marco Antonio, triunviro de Roma, se ha convertido en Emperador de Egipto; en realidad es rey, aunque no desea que se le denomine así. Se ha desposado con Cleopatra, encarnación de Isis, Reina de Egipto y Emperatriz de todas las tierras del Nilo.
Sospecho que nadie en Roma sabe aún esta noticia…

En cuanto a Cleopatra: 1°) No, Octavio no dispuso su asesinato. 2°) Sí, habló con ella en Alejandría antes de que se quitara la vida. 3°) Sí, le habría perdonado la vida; no deseaba su muerte. Era una excelente administradora y podía haber conservado el control nominal de Egipto. 4°) No, no sé lo que ocurrió durante la entrevista de Alejandría, pues él nunca ha querido hablar de ello.
En cuanto a Cesarión: 1°) Sí, tenía solo diecisiete años. 2°) Sí, fue decisión nuestra ejecutarle. 3°) Sí, opino que era el hijo de Julio. 4°) No, no fue ejecutado debido a su nombre, sino por causa de su ambición, que era indiscutible. Hablé con Octavio acerca de su juventud, y Octavio me recordó que él mismo tuvo en su día diecisiete años, y que era ambicioso.
En cuanto a Antilo, el hijo de Marco Antonio, Octavio lo mandó ejecutar. Tenía también diecisiete años; se parecía mucho a su padre.
En cuanto al regreso de Octavio a Roma: 1°) Tenia treinta y tres años. 2°) Sí, fue entonces cuando se celebró en su honor el triple triunfo, al comienzo de su quinto consulado. 3°) Sí, fue el mismo año cuando cayó enfermo y de nuevo temimos por su vida.
Mi querido Livio, has de perdonarme por la sequedad de mis respuestas. No estoy ofendido; solo cansado.

Así murió Cayo Octavio César, el Augusto. Eran las tres de la tarde del día diecinueve de agosto, el año del consulado de Sexto Pompeyo y Sexto Apuleyo. Murió en la misma estancia en la que había muerto su padre, también llamado Octavio, hacía setenta y dos años.
Hay algo que debo decir acerca de esa larga carta que Octavio le escribió a su amigo Nicolás de Damasco. Me fue confiada para que se la entregara, pero estando en Nápoles me llegaron noticias de que Nicolás había muerto dos semanas antes. No le dije nada al Emperador de ello porque tenía la impresión entonces de que el hecho de pensar que su viejo amigo leería sus últimas palabras le hacía feliz.
Unas semanas después de su muerte, su hija Julia murió en su confinamiento de Reggio. Circularon rumores de que el que fuera su esposo, Tiberio, había permitido que muriera de hambre. Ignoro si esos rumores son ciertos, ni creo que nadie lo sepa.
Hoy en día está de moda entre los ciudadanos jóvenes —y lo ha estado durante más de treinta años— hablar con desdén acerca del largo reinado de Octavio César. Y él mismo hacia el final de su vida pensó que todo lo que había hecho había sido en vano.
Sin embargo, el Imperio de Roma que creó ha soportado la dureza de un Tiberio, la monstruosa crueldad de un Calígula, y la ineptitud de un Claudio. Y ahora tenemos un nuevo Emperador, al que tú educaste siendo niño y con quien sigues manteniendo una relación cercana pese a su posición. Demos las gracias porque gobernará el mundo guiado por tu sabiduría y tu virtud, y roguemos a los dioses que bajo el mando de Nerón, Roma se convierta al fin en lo que Octavio César soñó.

This author is magnificent. Entertaining book with historical rigor winner of the “national book award”, written in an epistolary format that is something that is not usually seen. The original focus of the novel, through letters and correspondence, describes us, not only the characters who have incredible strength, while they are describing us from the intrigues and whys of the maneuvers of the Roman leaders; policies, personal aspects, power, and all with reflections of an impressive draft. It is enjoyable, it is very, very well written, and you can interrupt the reading to go back to it with the same pleasure you left it with. 100% recommended The narrative is based on letters addressed to the different people in the realm of the emperor and his wife, from that time, including thinkers and poets. Julia also speaks from her exile and there are excerpts from Fulvio’s diary.

My name is Marco Agripa, also called Vipsanio, tribune of the town and consul of the Senate, soldier and general of the Roman Empire and friend of Cayo Octavio César, known today as Augustus. I write these memories in the fiftieth year of my life in order to bequeath constancy to the posterity of the time when Octavio found Rome bleeding to death in the jaws of the factions, in which Octavio César killed the facciosa beast rescuing the almost lifeless body, and in which Augustus healed the wounds of Rome, restoring his health so that he could march vigorously on the borders of the world. I have been part of this triumph within the limits of my abilities, part of which these memoirs will be recorded so that historians of all ages can understand the reasons for the admiration that Augustus and Rome inspire.
My dear Strabo, I have witnessed an event whose transcendence only you, my dearest friend, will be able to understand. For today Marco Antonio, triumvir of Rome, has become Emperor of Egypt; He is really a king, although he does not want to be called that. He has married with Cleopatra, incarnation of Isis, Queen of Egypt and Empress of all the lands of the Nile.
I suspect that nobody in Rome knows this news yet …

As for Cleopatra: 1st) No, Octavian did not order his murder. 2) Yes, he spoke with her in Alexandria before she took her life. 3 °) Yes, I would have spared his life; he did not want his death. She was an excellent administrator and could have retained nominal control of Egypt. 4 °) No, I do not know what happened during the Alexandria interview, because he has never wanted to talk about it.
As for Cesarión: 1 °) Yes, he was only seventeen years old. 2 °) Yes, it was our decision to execute him. 3 °) Yes, I think it was Julio’s son. 4) No, he was not executed because of his name, but because of his ambition, which was indisputable. I spoke with Octavio about his youth, and Octavio reminded me that he himself had seventeen years, and that he was ambitious.
As for Antilo, Marco Antonio’s son, Octavio had him executed. He was also seventeen years old; He looked a lot like his father.
Regarding the return of Octavio to Rome: 1 °) He was thirty-three years old. 2 °) Yes, it was then that the triple triumph was celebrated in his honor, at the beginning of his fifth consulate. 3 °) Yes, it was the same year when he fell ill and again we feared for his life.
My dear Livio, you must forgive me for the dryness of my answers. I’m not offended; just tired

This is how Octavio Caesar, Augustus, died. It was three in the afternoon of the nineteenth day of August, the year of the consulate of Sextus Pompey and Sixth Apuleius. He died in the same room where his father, also called Octavio, had died seventy-two years ago.
There is something I must say about that long letter that Octavio wrote to his friend Nicolas de Damasco. I was entrusted to deliver it, but while I was in Naples I received news that Nicolás had died two weeks before. I did not say anything to the Emperor about it because I had the impression then that the thought of his old friend reading his last words made him happy.
A few weeks after his death, his daughter Julia died in his confinement of Reggio. Rumors circulated that her husband, Tiberius, had allowed her to die of hunger. I do not know if those rumors are true, nor do I think anyone knows.
Today it is fashionable among young citizens – and has been for more than thirty years – to speak with disdain about the long reign of Octavio César. And he himself towards the end of his life thought that everything he had done had been in vain.
However, the Empire of Rome that he created has endured the harshness of a Tiberius, the monstrous cruelty of a Caligula, and the ineptitude of a Claudius. And now we have a new Emperor, whom you educated as a child and with whom you still maintain a close relationship despite their position. Let’s give thanks because it will rule the world guided by your wisdom and your virtue, and we pray to the gods that under the command of Nero, Rome becomes at last what Octavio Cesar dreamed.

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