En Tinieblas — León Bloy / In Darkness by Léon Bloy

Esta obra más que interesante es una provocación en la época de la I GM, si tenemos en cuenta la contradicción que significa abordar temas escatológicos —mortandades apocalípticas, horrores casi medievales, terrores religiosos, cuestiones metafísicas— en un tiempo como el presente tan liviano, que rinde culto al hedonismo, a la ligereza y al fingimiento.
La ceguera como metáfora representa la falta de percepción que tiene la población europea ante los graves conflictos que le afligen. En esta tesitura, Bloy percibe que «el mundo entero se ha quedado ciego» hasta el punto de que «los más ciegos son precisamente los clarividentes», es decir, los intelectuales que padecen de «universal ceguera». Ante esta situación, cuando la hecatombe más pavorosa aflige a la Europa secular, «el despertar de los ciegos será prodigioso».

La estupidez infinita de todo el mundo casi sin excepciones; la ausencia, jamás vista, de cualquier superioridad; el envilecimiento inaudito de la gran Francia de antaño, que implora hoy el socorro de las naciones sorprendidas de no temblar ante ella; y la sobrenatural infamia de los usureros de la carnicería, multitud incontable de logreros grandes y chicos, administradores soberbios o mercachifles de la peor estofa, que se embriagan con la sangre de los inmolados y se ceban con la desesperación de los huérfanos. Ha sido preciso llegar, generación tras generación, al umbral del Apocalipsis y verse convertidos en espectadores de una abominación universal no conocida ni por los siglos más oscuros para experimentar la imposibilidad absoluta de cualquier esperanza humana.
-Vida y Muerte. Todo el mundo piensa o cree pensar que sólo esas dos palabras tienen un sentido exacto e indiscutible, pero los artistas y los poetas han abusado tanto de esos términos que ignoramos su significado preciso.
A no dudar, el aspecto de un cadáver bastaría para anular enteramente la idea trivial de la vida, pero la visión de un joven atleta no enerva ni un ápice la idea de la muerte. Con harta frecuencia la refuerza y la torna fecunda hasta la obsesión.
-La historia es un cúmulo de abominaciones, pero éstas fueron siempre intermitentes y localizadas. Mientras en Asia naciones enteras se exterminaban, en Occidente otras merecían unas jornadas o unos años de paz. La Cólera conocía interrupciones, sobresaltos, traslaciones súbitas, retornos imprevistos. Avanzaba dando tumbos, descargando de repente aquí o allá, dando gracias a Dios cuando momentáneamente se aplacaba.
Ahora campea sobre el orbe entero. Es como un nubarrón inmenso a ras de tierra que lo cubre todo, sofocando cualquier esperanza de escapar a su destrucción.
-El aniquilamiento de la raza consagrada al Maligno es una exigencia divina, una condición previa del inventario del mundo, pues hay otras muchas cuentas que liquidar. ¿Pero cabe el exterminio de ochenta millones de almas? Seguramente un débil soplo bastaría, y se trataría de un milagro menor que la conversión de un solo infiel. El cañón más enorme, con su fealdad y su pesadez, es menos temible que el insecto que Dios envía. Le bastan apenas unas horas para transformar una bestia inmensa en una pila de huesos. Ése podría ser muy bien el destino de la orgullosa bestia alemana.
-La ceguera universal es tan completa que ha llegado a afirmarse que se trata de un escritor de genio. No han faltado plumas que han escrito esto, juicio que ha debido molestar no poco al infeliz. Demasiado inteligente para ignorar que del genio no se hacen tiradas de cien mil ejemplares y que el sufragio multitudinario es tan deshonroso para el pensador como para el escritor, se ha visto forzado sin embargo a confesarse que ha conseguido esta mezquina gloria mancillando a un tiempo el fondo y la forma de su pensamiento. Hasta los más benignos jueces se verán en la necesidad de concluir que sabía muy bien lo que hacía al componer con los más andrajosos harapos de la lengua las mentiras humanas más desacreditadas.
-(nuevos ricos) Esperan con ahínco alcanzar la fortuna, pero como son, a semejanza de los especuladores al por mayor, tan necios como malvados, ninguno se para a pensar qué será de ellos al día siguiente de su innoble victoria. Siempre olvidan que en el frente hay un millón de hombres acostumbrados, y van tres años, a matar a otros hombres, exponiéndose ellos mismos a la muerte, acostumbrados, por consiguiente, a considerar la vida humana como una futesa. Volverán un día, con la impaciencia de arreglar las cuentas pendientes. ¿Qué dirán ante el espectáculo de la proliferación de canallas y con qué ojos verán la prosperidad diabólica de los mercaderes que han matado de hambre, que han torturado a sus mujeres y a sus hijos, mientras ellos aguantaban por mor de la defensa común los peores horrores?
Es posible que entonces los alegres y sonrientes logreros no encuentren escondrijos suficientes para hurtarse al furor de esos incontrolados para quienes poder despanzurrarlos sería una delicia paradisíaca. Nunca se recomendará bastante a los interesados la meditación sobre este futuro.

This work is more than interesting is a provocation in the time of the I GM, if we consider the contradiction that means addressing eschatological issues-apocalyptic mortals, almost medieval horrors, religious terrors, metaphysical questions-in a time like the present so light, that worships hedonism, lightness and pretense.
Blindness as a metaphor represents the lack of perception of the European population in the face of the serious conflicts that afflict it. In this situation, Bloy perceives that “the whole world has gone blind” to the point that “the most blind are precisely the clairvoyants”, that is, the intellectuals who suffer from “universal blindness”. Faced with this situation, when the most terrifying hecatomb afflicts secular Europe, “the awakening of the blind will be prodigious.”

The infinite stupidity of the whole world almost without exceptions; the absence, never seen, of any superiority; the unprecedented debasement of the great France of yesteryear, which today implores the help of the nations surprised not to tremble before it; and the supernatural infamy of the usurers of the carnage, uncountable multitude of great and small adventurers, arrogant administrators or merchants of the worst kind, who get drunk with the blood of the slain and are fattened with the desperation of the orphans. It has been necessary to arrive, generation after generation, at the threshold of the Apocalypse and to be converted into spectators of a universal abomination not known even through the darkest centuries to experience the absolute impossibility of any human hope.
-Life and death. Everyone thinks or thinks that only those two words have an exact and indisputable meaning, but artists and poets have abused these terms so much that we ignore their precise meaning.
No doubt, the appearance of a corpse would suffice to completely annul the trivial idea of ​​life, but the vision of a young athlete does not enervate the idea of ​​death. It reinforces it with great frequency and makes it fruitful even to obsession.
-The history is a cluster of abominations, but these were always intermittent and localized. While in Asia entire nations were exterminated, in the West others deserved a few days or a few years of peace. Cholera knew interruptions, shocks, sudden translations, unforeseen returns. He stumbled forward, suddenly unloading here or there, thanking God when he momentarily calmed down.
Now it roams over the entire globe. It is like a huge cloud at ground level that covers everything, suffocating any hope of escaping its destruction.
-The annihilation of the race consecrated to the Evil One is a divine requirement, a precondition of the inventory of the world, since there are many other accounts to liquidate. But does the extermination of eighty million souls? Surely a weak breath would suffice, and it would be a miracle less than the conversion of a single infidel. The most enormous canyon, with its ugliness and its heaviness, is less frightening than the insect that God sends. Just a few hours are enough to transform a huge beast into a pile of bones. That could very well be the fate of the proud German beast.
-The universal blindness is so complete that it has come to be said that it is a genius writer. They have not missed feathers that have written this, a trial that must have bothered the unhappy. Too intelligent to ignore that the genius does not make runs of a hundred thousand copies and that mass suffrage is so dishonorable for the thinker as for the writer, has been forced nevertheless to confess that he has achieved this petty glory by smearing at the same time background and the way of your thinking. Even the most benign judges will find it necessary to conclude that he knew very well what he was doing when composing the most tattered human lies with the ragged rags of the tongue.
– (new rich) They wait eagerly to reach fortune, but as they are, like the wholesale speculators, as foolish as they are evil, no one stops to think what will become of them the day after their ignoble victory. They always forget that on the front there are a million men accustomed, and go three years, to kill other men, exposing themselves to death, accustomed, therefore, to consider human life as a futesa. They will return one day, with the impatience to fix the pending accounts. What will they say before the spectacle of the proliferation of scoundrels and with what eyes they will see the diabolic prosperity of the merchants who have killed of hunger, who have tortured their wives and their children, while they endured for the sake of common defense the worst horrors ?
It is possible that then the cheerful and smiling managers will not find enough hiding places to steal the fury of those uncontrolled people for whom being able to break them would be a paradisiacal delight. Those interested in meditation on this future will never be recommended enough.

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