Evasión Del Campo 14: Del Infierno De Un Campo De Concentración En Corea Del Norte A La Libertad — Blaine Harden

Esta breve obra es una novela basada en hechos reales que engancha a la vez que nos hace reflexionar sobre la distopía que están viviendo los prisioneros en campos de concentración (o reeducación como dirían ellos) en pleno siglo XXI. Una novela muy dura, que pone los pelos de punta, pero a la vez, muy recomendable. Clásico libro que cada vez que lo lees te quedas con algo nuevo. Así que merece la pena comprarlo , porque se puede leer media docena de veces tranquilamente y darse cuenta de nuevos descubrimientos. Insisto, novela dura que yo no recomendaría a ningún menor de edad.
Aunque a primera vista uno puede pensar que se trata de una autobiografía, lo cierto es que es una biografía de un disidente norcoreano narrada por un periodista estadounidense que se entrevistó con el protagonista en varias ocasiones. Es una narración muy amena e interesante, con estilo periodístico bastante sencillo, pero no sirve para conocer la vida diaria en Corea del Norte, ya que hasta que logró escapar de Corea, este chico vivió únicamente desde que nació en un campo de prisioneros políticos, el Campo 14, con fama de ser imposible escapar de allí. De hecho, el protagonista es el único que lo ha logrado. En el libro se nos cuenta el tipo de vida que se llevaba allí, parecido al gulag soviético, y con el agravante de tratarse de un niño: maltratos, palizas, trabajo esclavo, delaciones sin cesar, hambre, etc. Es un testimonio único para conocer la represión que se ejerce en Corea con los disidentes.

En el Campo 14, una prisión para los enemigos políticos de Corea del Norte, estaban prohibidas las reuniones de más de dos reclusos, salvo durante las ejecuciones. A ellas debía asistir todo el mundo. El campo de trabajo usaba el asesinato público —y el miedo que este generaba— a modo de lección.
Los guardias de Shin en el campo también eran sus profesores, así como quienes lo alimentaban. Habían sido ellos quienes escogieron a su padre y a su madre. Le habían enseñado que los prisioneros que quebrantaban las reglas del campo merecían la muerte. En una ladera cercana a su escuela se podía leer el siguiente eslogan: «Todo según las reglas y las normas».

Los campos de trabajo de Corea del Norte llevan existiendo ya el doble de tiempo de lo que lo hicieron los del Gulag soviético y unas doce veces lo que duraron los de los nazis. Nadie discute siquiera la ubicación de los campos. Las fotografías de alta resolución enviadas por los satélites, accesibles a través de Google Earth a cualquiera que disponga de una conexión de Internet, muestran vastos recintos vallados que se extienden por las escarpadas montañas de Corea del Norte.
El gobierno de Corea del Sur calcula que hay unos 154.000 prisioneros en los campos, mientras que el Departamento de Estado estadounidense y varias organizaciones de defensa de los derechos humanos elevan la cifra hasta unos 200.000. Después de examinar una década de imágenes tomadas por satélite, Amnistía Internacional advirtió en 2011 nuevas construcciones dentro de los campos y mostró su preocupación por el hecho de que la población reclusa estuviera aumentando en número, quizá debido al malestar ocasionado por el cambio de poder de Kim Jong Il a su joven e inexperto hijo.
Existen seis campos, según los servicios secretos de Corea del Sur y algunas organizaciones de defensa de los derechos humanos radicadas en ese mismo país. El más grande tiene cincuenta kilómetros de largo y cuarenta de ancho, es decir, abarca un área más extensa que la de la ciudad de Los Ángeles.
El campo de Shin, el número 14, es un distrito de control absoluto. Tiene la reputación de ser el más duro de todos ellos debido a sus condiciones de trabajo, particularmente brutales, a la vigilancia de sus guardias y a la visión implacable que tiene el Estado sobre la gravedad de los delitos cometidos por los reclusos, muchos de los cuales son antiguos mandos del partido, del gobierno o del ejército, a los que allí se somete a purgas junto a sus familias. Construido en 1959 en la zona central de Corea del Norte —Kaechon, en la provincia de Pyongan del Sur—, el Campo 14 alberga a unos 15.000 reclusos.

En Corea del Norte, los vehículos no son propiedad de los ciudadanos, sino del gobierno, del Partido y del ejército. Algunos funcionarios inteligentes que pertenecían a estas organizaciones derivaron los camiones y se confabularon con contrabandistas para importar flotas de coches, camionetas y autobuses de segunda mano procedentes de China. Después de que estos vehículos fueran registrados a nombre de entidades estatales, contrataban a conductores privados y ofrecían a vagabundos como Shin, y por toda la geografía del país, un transporte a bajo precio y en el que no se hacían preguntas.
El insurgente capitalismo asustó al gobierno de Kim Jong Il, que se mostró públicamente inquieto por la posibilidad de caer por una pendiente resbaladiza que condujera al país a un cambio de régimen y una catástrofe. Sin embargo, los intentos periódicos de meter en cintura a quienes aceptaban sobornos, de restringir las actividades comerciales, de sacar de la carretera a los vehículos servi-cha y de confiscar el dinero en efectivo encontraron una amplia resistencia. Gran parte de ella venía de funcionarios estatales malpagados cuya subsistencia dependía de que utilizaran su autoridad policial o administrativa para sacarles dinero en efectivo a los principiantes en el capitalismo.
A fin de obligar a pagar a los traficantes, las fuerzas de seguridad norcoreanas maquinaron una nueva vuelta de tuerca con respecto a campos de trabajo como aquel en el que Shin había nacido. En lugar de encerrar a presos políticos de por vida, en estos campos empezó a encarcelarse —y a veces también a torturarse— durante un periodo breve a aquellos comerciantes que no pagaban sobornos a los funcionarios de seguridad. De forma periódica, estos bajaban a los mercados y arrestaban a los traficantes bajo leyes vagas que castigaban la compraventa de artículos. Los detenidos solo podían evitar la espeluznante estancia en el campo de trabajo pagando un soborno en divisas.
La existencia de estos campos, que el gobierno comenzó a construir antes de la fuga de Shin, fue revelada por primera vez en «Repression and Punishment in North Korea» [«Represión y castigo en Corea del Norte»], un informe basado en las entrevistas que se realizaron en China y Corea del Sur a más de seiscientos refugiados entre 2004 y 2008.

Las Díez Reglas Del Campo 14
1. No intentarás huir.
2. No se podrán reunir más de dos prisioneros.
3. No robarás.
4. Obedecerás a los guardianes de forma incondicional.
5. Todo aquel que vea un fugitivo o una figura sospechosa deberá informar inmediatamente.
6. Los prisioneros deberán vigilarse mutuamente e informar de cualquier comportamiento sospechoso.
7. Todo prosionero deberá cumplir con creces la tarea que se le asigne a diario.
8. Fuera del lugar de trabajo, no deberá existir ningún intercambio entre sexos por razones personales.
9. Todo prisionero deberá arrepentirse genuinamente de sus errores.
10.Todo prisionero que viole las reglas y normas del campo será ejecutado inmediatamente.

El libro termina con unos dibujos que cuentan las atrocidades que hicieron a Shin por la fuga de sus familiares.

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