El Tiempo Que Nos Une — Alejandro Palomas

Esta obra es como un herpes zoster te da por momentos muy duro e intenta imponerse al lector pero más allá de dejarte sin respiración por momentos, sin duda el autor hace un retrato costumbrista de una familia y un momento como el solo sabe hacer. En esta novela lo importante no es el argumento, por lo menos para mí, y por eso quizás no he sido capaz de escribirlo de mi puño y letra, sino que he tenido que echar mano de la sinopsis que aparece en el libro. El argumento da lo mismo, lo importante son los personajes y lo que sienten, lo que nos cuentan, lo que nos transmiten, como son, por qué son así y lo que son capaces de hacer o no hacer, de decir o no decir, de callar, de querer, …..
Según iba transitando por las páginas de esta novela algo me hacía pensar que tiene mucho trasfondo, que para el autor, esta novela es algo más que una historia escrita, es difícil tener tan claros estos sentimientos, no digo ya plasmarlos, si no hay un aprendizaje detrás. No creo que nadie ajeno, de una forma u otra, a estas situaciones sea capaz de describirlas y escribirlas y transmitirlas de ese modo, y que conste que aun así creo que es un trabajo difícil, muy difícil, del que muy pocos pueden salir airosos, o por lo menos no tanto, como lo hace Alejandro Palomas.
Es una novela que contiene mucha tristeza, en la que su lectura te llevará a necesitar coger aire en más de una ocasión, pero dentro de esta tristeza, el autor ha sido capaz de introducir un personaje como Mencía que es capaz de hacernos dibujar una sonrisa, de facilitarnos ese coger aire para seguir leyendo con su particular “demencia” que, en algunas ocasiones, quizás no sea tanta. Claro que es fácil que “las cosas de Mencía” te hagan gracia vistas desde fuera, y que seguro que si nos tocaran de cerca ya no sería así, pero en esta novela significan un soplo de aire.
Y es que Mencía es una anciana de 93 años que lleva mucho sobre sus espaldas. Es la esencia de la familia, y está acostumbrada a velar por las mujeres de su familia, motivo por el que no le temblará la mano a la hora de tomar decisiones, aunque a veces no hayan sido las más acertadas, pero siempre lo hará con el convencimiento de que es lo mejor para sus niñas.
Sí, para sus niñas, porque esta novela es una novela de mujeres (con ello no digo que sólo sea para mujeres, que muchos lo confunden) y es que los personajes principales, y casi todos, son mujeres y de su mano nos iremos adentrando en su historia y transitando por las páginas de esta novela.
Los personajes principales de la novela y las que tienen más peso en ella, además de Mencía, son sus hijas Lía y Flavía, y sus nietas Bea e Inés que son las hijas de Lía, pero tampoco podemos olvidar otros personajes como “el recuerdo de Helena”, la hija mayor de Lía que murió en el mar, aunque su cuerpo nunca fue encontrado; Jorge, el ex-marido de Inés, Tristán, hijo de estos últimos y hasta Irene y Morris, aunque el tiempo que estos que compartiremos con estos dos últimos sea muy reducido.
Es una novela compleja, y es que hablar de sentimientos creo que nunca es fácil y más cuando se trata de sentimientos tan fuertes, y que además son contados por alguien de otro sexo. Pero Alejandro Palomas ha sabido captar y plasmar perfectamente los sentimientos de estas mujeres dotándolas de unas personalidades muy definidas y perfectamente dibujadas. Tanto es así, que con que las “oigamos” hablar sabremos de quien se trata.
Y es que otra de las cosas que me ha gustado de este libro es que la historia está contada por todas sus protagonistas. Cada capítulo toma la palabra una de ellas siendo la narración en primera persona y, consecuencia de ello, desde su punto de vista, para en el siguiente capítulo coger el relevo otra, y así sucesivamente. No siguen un orden, se van dando paso unas a otras según lo requiere la historia.
Esto nos hace conocer mejor a sus protagonistas, hacerlas más cercanas a nosotros y que tengamos una visión más completa de la historia y de como son y como se ven entre ellas. Unas mujeres que se irán descubriendo y conociendo a si mismas y entre ellas, porque en realidad no han sido capaces de hacer ninguna de las dos cosas, no son capaces de decirse las cosas (las importantes), de encontrar lo que esconden, y no saben juntar los pedacitos cuando el dolor las rompe, ni reconocer cómo son capaces de ayudarse unas a otras. Pero ahí esta Mencía, para darlas un empujoncito, para que se encuentren, para que saquen lo mejor que tienen cada una de ellas, para que se descubran tal y como son.
En cuanto al estilo del autor, es un estilo elegante, sencillo en su forma pero con frases de gran contenido, de esas que quisieras recordar o coleccionar en una libreta, con una prosa preciosa, que tiene un perfecto equilibrio con los diálogos. Está todo bien dicho, utiliza las palabras precisas para lo que quiere decir.

-Mencía es la abuela que todos podemos/pudimos tener, sin vergüenza, sin filtros para decir lo que piensa y haciendo y deshaciendo a su antojo, con un aspecto frágil pero un carácter que podría parar el mundo si se lo planteara, si necesitara hacerlo para que su familia se mantuviera feliz.
-Flavia, con su gran carácter, ese que choca con Mencía desde sus orígenes, que no puede vivir con ella pero tampoco sin ella, es la hija más agria de Mencía. En cambio Lia es la hija paciente, cariñosa, respetuosa y la sufridora por la muerte de una hija.
-Bea e Inés son las hijas de Lía, cada una diferente de la otra y con un objetivo común, vivir la vida sin pensar en lo que se está sufriendo, vivir y no intentar morir de sufrimiento y de pena. Esto es lo que más va a unir a las mujeres de esta familia, un acontecimiento que si no rompe una familia, la une.

Esta novela es simple a primera vista, escrita desde la normalidad y la rutina, vista con unos ojos que ven día a día a una abuela peculiar, una abuela que se odia en algunos momentos y que se ama en la otra mayoría.
A raíz de esta sencillez con la que está escrita, poco a poco vas saboreando la amargura y sintiendo la dureza con que está escrita esta novela, en la que el día a día es duro por las nuevas situaciones, por las partidas de una familia, las discusiones, separaciones, las enfermedades y por el paso del tiempo, por ver sufrir y no poder hacer nada.
No todo es sufrimiento y drama, también hay muchas situaciones que te hacen reír a carcajadas, hay esperanza y también alegría, hay una abuela que es capaz de tragarse todo con tal de que sus hijas y nietos sean felices, haciendo el tonto si es necesario y riéndose hasta de su sombra.
Es un libro familiar, con unos personajes muy bien definidos, cada uno con una gran característica y problema, que poco a poco va saliendo a ver el sol y a la vez se va intentando solucionar.
Algo que me confundió mucho es que la novela está escrita en primera persona, pero en primera persona de 5 personajes distintos y cada capítulo es de una de ellas. Al principio cuesta un poco situarse, pero cuando ya has conocido a cada mujer es fácil, porque dependiendo de sus sentimientos y palabras se puede saber quien es.
La vida y la muerte van de la mano en este libro, en esta historia, en estas mujeres que reflejan la vida de muchas reales, mujeres que luchan por conservar a la familia unida con toda su fuerza y que lo hacen dejándose la piel en el intento si es necesario.
El tiempo que nos une es un guiño a las familias, a esas mujeres que hacen fuerza cuando menos la tienen, a la fuerza que desprenden y a lo que son capaces de hacer por proteger. Es un libro muy madre, muy duro y severo en unos momentos y sentimental y cariñoso en otros, es la fuerza por luchar, continuar, mejorar y ser felices, el esfuerzo que se ha de hacer y que sólo una abuela como Mencía (y como otras muchas) es capaz de enfrentar.

Todo se resume en… (esencia de la vida)
Mi regalo es poder seguir pensando que estoy aquí para algo que no soy yo. El regalo eres tú y es también Bea, sumadas las dos a mí, arregladas o desarregladas, qué más da. Y tu regalo, el que espero recibir pronto de ti, es verte llorar la muerte de tu hijo como tiene que hacerlo una madre que ha parido bien y una mujer que sabe perder aún mejor.
»Mientras yo siga viva, hija, ninguna de vosotras perderá nada porque no lo permitiré. Tristán eres tú, Inés. No lo restes, sigue viviéndolo si quieres, pero no lo hagas desde el recuerdo sino desde la emoción. Y, si lloras, nosotras lloraremos contigo. Y, si le hablas, nosotras también. Cuenta con esta vieja para cualquier viaje que decidas emprender hacia delante porque mientras tenga cuerda, sumaremos juntas, y si hay oscuridad, no vaciles. Aquí, al otro lado de mi ventana, hay un faro que da vueltas y que todas las noches baña esta orilla preguntando por ti.

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