Descendiendo Hasta El Infierno: Un Paseo Por Lo Más Oscuro De Internet — Iván Mourin

¿Es posible que nos «escuchen» sin que lo sepamos? Es decir, ¿pueden escucharnos cuando no hemos activado nuestro micrófono para realizar una búsqueda por voz?.
Con el argumento de velar por nuestra ciberseguridad, resulta que cada día tenemos menos privacidad, a veces queriendo otras sin saberlo. Nuestras fotos, nuestras vidas, nuestras compras, nuestras transacciones dependen de internet. Y en la red de redes no es oro todo lo que reluce.
Este es un libro demasiado irregular y es el “cuarto milenio de la tecnología”. Simplemente se limita a explicar la parte “morbosa” de la red profunda. Puede que alguien se identifique en ese caso disfrutará, esta bien escrito pero no es mi lectura predilecta.

¿Has oído hablar de la Deep web? Resulta que el 96% de internet no es accesible a través de buscadores estándar. Cuando escuché que para acceder a ella era necesaria la acción de TOR me encomendé por error a los dioses escandinavos. Supe después que, en realidad, era el acrónimo de The Onion Router, un proyecto diseñado e implementado por la marina de los Estados Unidos en septiembre de 2002. Actualmente subsiste como una organización sin ánimo de lucro, cuyo objetivo es permitir que millones de personas del mundo tengan libertad de acceso y expresión en internet, manteniendo su privacidad y anonimato.
Pero, a veces, estos objetivos no son tan filantrópicos como pudiera parecer. En la Deep web se puede encontrar de todo: porno infantil, blanqueo de bitcoins, compra de narcóticos, de armas…
Internet es rica en lo que podríamos denominar «neofabulas», historias elaboradas para generar todo tipo de sensaciones, como los clásicos infantiles, y que pasan de usuario a usuario, modificándose con cada clic, unas perdiéndose por el inacabable sendero de bits y otras adquiriendo tal poder como para pasar por reales, o convirtiéndose en reales para temor de muchos. Y, para ello, necesitan ese nexo que es la Deep Web, un lugar sórdido, la oscuridad más lóbrega en ese armario donde habitan los monstruos.

Silk Road es un Amazon del mercado negro, se podría decir, que ha dado lugar a nuevos «comercios», como Pandora Open Market, The Black Market Reloaded o Atlantis, donde también se despachan metales preciosos y sirve de conexión comercial con otras webs ilegales de la Deep Web.
Las direcciones en la Deep Web no están indexadas, y se reconocen por la terminación .onion, y por estar compuestas por una combinación alfanumérica que no ofrece ni la más leve información sobre su contenido. Por eso, es necesario tener un listado con las direcciones de las páginas que se quieren visitar, acceder directamente a The Hidden Wiki, una parodia de la Wikipedia donde se aloja un directorio de link, o recurrir a buscadores, como Torch o Grams (el Google de la Deep Web). Aun así, muchas páginas no funcionan porque cambian constantemente de dirección (en especial las de contenido ilegal o fraudulento), además de que tardan en cargarse, de ahí que tengan un aspecto simple y poco atractivo. Lo importante aquí es el contenido, no la apariencia.

Lo que no forma parte de un bulo de los internautas es el tráfico de órganos. ¿Quieres saber cuánto vale un humano sano? Medio millón de euros. A continuación te dejo la tabla de valores por partes:
Cráneo (con dientes): mil cien euros.
Hombro: cuatrocientos cincuenta euros.
Corazón: ciento diez mil euros.
Bazo: cuatrocientos cincuenta euros.
Mano y antebrazo: trescientos cincuenta euros.
Riñón: doscientos cuarenta mil euros.
Sangre (500 ml): trescientos euros.
Piel: dos mil trescientos cincuenta euros.
Intestino delgado: dos mil doscientos cincuenta euros.
Estómago: cuatrocientos cincuenta euros.
Vesícula biliar: mil cien euros.
Hígado: ciento cuarenta mil euros.
Arteria coronaria: mil trescientos setenta euros.
Globos oculares (la pareja): mil trescientos setenta euros.
Cuero cabelludo: quinientos cincuenta euros.

Los servicios de asesinos profesionales, junto a los de hackers, son de los más solicitados en la Deep Web. Ya sea por una venganza personal, para eliminar a la competencia en un sector profesional o para acabar con alguien que simplemente no es del agrado de uno, es sorprendente el número de personas que contrata a un hitman para que solucione sus problemas. El catálogo es muy amplio, y cada «profesional» en este sector tiene su política, desde los que se atreven con todo hasta los que no matan a menores, mujeres ni famosos, por las complicaciones que pueden ocasionar. Después hay quienes incluyen su currículum, entre los que encontramos a militares y miembros de las fuerzas especiales retirados (o que fueron retirados), con años de experiencia, así como a quienes ofrecen hasta un equipo de exterminio. Lo interesante es también la variedad de tarifas:
– Ciudadano común: 10.000-20.000 euros.
– Político: 20.000 euros (la cifra aumenta cuanto más alto sea el cargo).
– Criminal: 15.000-25.000 euros.
– Jefe de una organización criminal: desde 35.000 euros.
– Empresarios: 50.000-200.000 euros.
– Policías: 50.000-100.000 euros.
– Periodistas y paparazzi: 50.000-100.000 euros.
Y para rizar el rizo, hasta hay quien basa sus tarifas en los métodos de asesinato y/o en las lesiones:
– Muerte «normal»: 40.000-160.000 euros.
– Perdido en acción: 53.000-214.000 euros.
– Muerto en accidente: 66.000-267.000 euros.
– Lesiones: 10.000-42.000 euros.
– Desfigurar: 16.000-64.000 euros.
– Destrozar las manos: 21.000-85.000 euros.
– Parálisis: 26.000-106.000 euros.
– Bombardeo «sencillo»: 5000-17.000 euros.
– Bombardeo «complejo»: 9000-35.000 euros.
– Paliza: 2500-16.000 euros.

Pero para aquellos que quieren gastar menos, y ganar una buena cantidad, existen una especie de «clubes del asesinato», uno de los más conocidos de los cuales es el Assassination Market. El funcionamiento es muy simple: se proporciona el nombre y los datos de aquel al que se quiere asesinar, y se entra a formar parte de una lista. Aportando una cantidad de bitcoins que va a una cuenta común, la gente hace una «porra», en la que se apuesta sobre qué día morirá. El bote se lo lleva quien acierta, de ahí que los propios asesinos sean los más interesados en llevar a cabo el trabajo. En la lista aparecen tanto desconocidos por cuya muerte se paga un bitcoin, como famosos como el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, por cuya muerte se pagan unos cuarenta bitcoins (unos 21.500 euros).
Lo que también funciona de maravilla en esta especialidad es el scam, con delincuentes que ofrecen sus servicios falsos como asesinos profesionales, pero que simplemente buscan quedarse con el dinero de los clientes.

La parte más oculta de internet, aun con sus peligros, sigue siendo la más atractiva.

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