Un Mundo Soñado — Grace McCleen

Decir que está novela es una obra dura de una niña de 10 años, que obtuvo el Desmond Elliott Prize en 2012 para esta galesa de capítulos breves y que se lee muy rápido y nos plantea si realmente nuestra protagonista llega a querer realmente a su padre o no, con similes como las semillas de mostaza pese a los momentos duros, siempre existe esperanza y no es cuestión de evadirse en globos aerostáticos. Interesante.

Me llamo Judith McPherson y tengo diez años. En mi habitación hay un mundo. Está hecho con cosas que nadie quería y con cosas que eran de mi madre, que ella me dejó, y he tardado casi toda mi vida en crearlo.
El mundo se extiende desde la segunda tabla de al lado de la puerta hasta el radiador de debajo de la ventana. Junto a la pared, en la parte más oscura de la habitación, hay montañas y grandes precipicios y cuevas. Hay ríos que bajan de las montañas hacia las colinas y los pastos, y allí es donde están las primeras casas. Luego vienen el valle y los campos y el pueblo, y más allá del pueblo hay unas granjas y después están la playa y el camino de la playa y un pinar y una bahía y un embarcadero, y por último, junto al radiador de debajo de la ventana, el mar, con unas cuantas rocas y un faro y algunos barcos y animales marinos. Colgados del techo con cuerdas cortas hay planetas y estrellas, y de unas cuerdas más largas cuelgan el sol y la luna, y de otras aún más largas, nubes, aviones y la pantalla de papel de la lámpara… Su habitación es simplemente su mundo.
Su madre murió y su padre es un fervoroso fundamentalista cristiano, amante de la Biblia y la religión llevándola por más que la rectitud con las enseñanzas de la Biblia no se puede perder el tiempo. Frente a ello pensamientos en referencia a que la gente no cree en muchas cosas. No cree en los políticos, no cree en los anuncios y no cree en lo que pone en los envases de alimentos de la Cooperativa. Mucha gente tampoco cree en Dios. Padre dice que eso es porque la ciencia ha explicado tantas cosas que pensamos que deberíamos saber cómo sucede todo antes de creer en ello, pero yo sospecho que hay otra razón.
Pienso que la gente no cree en las cosas porque tiene miedo. Creer en algo significa que corres el riesgo de equivocarte, y si te equivocas puedes hacerte daño.
A todo ello y como niña su doctor Jekyll y Mr Hyde es sin duda Neil Lewis más allá de meter cabezas en el váter o gusanos… los niños son niños y tendrá un percance de atropello.
Aprende que todo es posible, en cualquier momento y en cualquier lugar y para cualquier clase de persona. Si no lo crees es porque no ves lo cerca que estás, no ves que lo único que necesitas para que todo venga a ti es hacer algo muy pequeño. La fe es un salto; estás aquí, eso que quieres está allí; os separa una brecha. Lo único que tienes que hacer es saltar. Caminar sobre el agua y mover montañas y devolverles la vida a los muertos no es difícil; das el primer paso y lo peor ya ha pasado, das otro y ya estás a medio camino.
Los milagros no tienen que ser grandes cosas y pueden ocurrir en los lugares más inesperados. Pueden ocurrir en el cielo o en un campo de batalla o en una cocina de madrugada. Para que ocurra un milagro ni siquiera tienes que creer que existen los milagros, pero cuando ocurra lo sabrás porque algo muy corriente que nunca creíste que pudiera significar gran cosa al final acaba significando algo muy importante. Eso pasa porque los milagros funcionan mejor con cosas corrientes; cuanto más corrientes, mejor. Y cuantas más cosas haya en contra, mayor es el milagro.

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