Las Leyes De La Frontera — Javier Cercas

Desde la primera página, Cercas te atrapa y no te suelta. Es un libro que se lee de forma compulsiva y que me ha devuelto a la España de mi infancia. Un historia de amor, y una historia de aventuras y una fábula moral. Una novela muy interesante en cuando a como nos cuenta la historia Cuenca a través de entrevistas
Ni Transición, ni Historia, ni Sociología, ni Zarandajas. Esta novela es la continuación de Verano Azul por otros medios. Un magnífico libro que he leído absolutamente absorto, enganchado desde la primera línea.
El Zarco, un trasunto del Vaquilla (la pugna con Gama,lo por ser el preso más famoso de España) y la Tere, una chica inquietante que nos continuará perturbardo muchos años después que hayamos olvidado la fugaz lectura de estas páginas. El contrapunto el Inspector Cuenca, los miedos a ir a Madrid acostumbrado a Gerona y donde más allá de los affairs con Tere la chica de Zarco, nos habla de las leyes de Zarco en su barriada, los miedos a ir al colegio, los billares, las drogas, el gafitas…
Aunque en la cárcel lo trataron bien, estaba enfermo y agotado, y ya no daba más de sí. Mientras hablaba con él en el locutorio yo tenía a menudo la impresión de estar hablando con un zombi, o por lo menos con un hombre muy viejo. Y a pesar de eso (o quizá gracias a eso) en aquella época descubrí todavía tres cosas importantes sobre él y sobre mi relación con él: las dos primeras demuestran que en el fondo yo mismo tuve durante años una visión del Zarco candorosa y mitificada, ridículamente romántica; la tercera demuestra que el propio Zarco nunca compartió esa visión.
¿Y quién puede asegurar que no hicieron lo correcto? ¿Quién puede tener la certeza de que, en el caso de Gamallo, lo que nosotros llamamos bien no era el mal y lo que nosotros llamamos mal no era el bien? ¿Está usted seguro de que el bien y el mal son lo mismo para todo el mundo? Y, en todo caso, ¿por qué no iba a ser Gamallo como fue? ¿Qué oportunidades de cambiar tenía un chaval que nació en una barraca, que a los siete años estaba en un reformatorio y a los quince en una cárcel? Yo se lo diré: ninguna. Absolutamente ninguna. A menos, claro está, que se produzca un milagro. Y con Gamallo no hubo milagro.
Escribir un libro evitando una vocal determinada, a lo Perec, es juego de niños al lado del lipograma que ha montado Cercas a base de excluir toda retórica y cualquier palabra no gastada. Y mientras escritores sin oficio se esfuerzan en vano para esconder la tramoya, he aquí una obra que dice ser su propio andamiaje.
Aludiendo a Cortázar: “¿Para qué sirve un escritor si no para destruir la literatura?”

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