El Cisne Negro — Nassim Nicholas Taleb / The Black Swan: Second Edition: The Impact of the Highly Improbable: With a new section: “On Robustness and Fragility” by Nassim Nicholas Taleb

Este es un muy interesante libro, que con relecturas aprendes más novedades. Este libro tiene gran parte de autobiográfico. Quizá se enrolla mucho en ejemplos e historias, aunque a mí no me disgustaron porque me hicieron empatizar mucho más con la visión del autor.
Este autor sabe explicar muy poco a poco conceptos bastante complejos. Te transmite su visión desde la lógica más aplastante y acabas entendiendo cómo el ser humano no entiende la complejidad del mundo, nos enmarañamos en falacias y sesgos cognitivos, y tenemos la ilusión de que comprendemos la aleatoriedad, teniendo una percepción del riesgo muy alejada de la realidad.
Aprendizajes muy claves de este libro son entender los procesos no lineales, valorar la importancia del azar para aprovecharlo a tu favor y no en tu contra.

Cisne Negro (así, en mayúsculas) es un suceso con los tres atributos que siguen.
Primero, es una rareza, pues habita fuera del reino de las expectativas normales, porque nada del pasado puede apuntar de forma convincente a su posibilidad. Segundo, produce un impacto tremendo. Tercero, pese a su condición de rareza, la naturaleza humana hace que inventemos explicaciones de su existencia después del hecho, con lo que se hace explicable y predecible.
Resumiendo el terceto: rareza, impacto extremo y predictibilidad retrospectiva (aunque no prospectiva). Una pequeña cantidad de Cisnes Negros explica casi todo lo concerniente a nuestro mundo, desde el éxito de las ideas y las religiones hasta la dinámica de los acontecimientos históricos y los elementos de nuestra propia vida personal. Desde que abandonamos el Pleistoceno, hace unos diez milenios, el efecto de estos Cisnes Negros ha ido en aumento.
Nuestra ceguera respecto a lo aleatorio, en particular las grandes desviaciones: ¿por qué nosotros, científicos o no científicos, personas de alto rango o del montón, tendemos a ver la calderilla y no los billetes? ¿Por qué seguimos centrándonos en las minucias, y no en los posibles sucesos grandes e importantes, pese a las evidentes pruebas de lo muchísimo que influyen?.
La lógica del Cisne Negro hace que lo que no sabemos sea más importante que lo que sabemos. Tengamos en cuenta que muchos Cisnes Negros pueden estar causados y exacerbados por el hecho de ser inesperados.
Pensemos en el atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001: si el riesgo hubiera sido razonablemente concebible el día 10, no se habría producido el atentado. Si una posibilidad como ésa se hubiera considerado digna de atención, aviones de combate habrían sobrevolado las Torres Gemelas, las aeronaves hubiesen dispuesto de puertas antibalas y el atentado tío habría tenido lugar, y punto. Podría haber ocurrido otra cosa. ¿Qué? No lo sé.
¿No es extraño ver que un suceso se produce precisamente porque no se esperaba que fuera a ocurrir? ¿Qué tipo de defensa tenemos contra ello? Cualquier cosa que se nos ocurra (que Nueva York es un blanco fácil para los terroristas, por ejemplo).
Dado que los Cisnes Negros son impredecibles, tenemos que amoldarnos a su existencia (más que tratar ingenuamente de preverlos). Hay muchas cosas que podemos hacer si nos centramos en el anticonocimiento, o en lo que no sabemos. Entre otros muchos beneficios, uno puede dedicarse a buscar Cisnes Negros (del tipo positivo) con el método de la serendipidad, llevando al máximo nuestra exposición a ellos. En efecto, en algunos ámbitos —como el del descubrimiento científico y el de las inversiones de capital en empresas conjuntas— hay una compensación desproporcionada de lo desconocido, ya que lo típico es que, de un suceso raro, uno tenga poco que perder y mucho que ganar. Veremos que, contrariamente a lo que se piensa en el ámbito de la ciencia social, casi ningún descubrimiento, ninguna tecnología destacable surgieron del diseño y la planificación: no fueron más que Cisnes Negros.

En contra de muchos de nuestros hábitos de pensamiento, que nuestro mundo está dominado por lo extremo, lo desconocido y lo muy improbable (improbable según nuestros conocimientos actuales), y aun así empleamos el tiempo en dedicarnos a hablar de menudencias, centrándonos en lo conocido y en lo repetido. Esto implica la necesidad de usar el suceso extremo como punto de partida, y no tratarlo como una excepción que haya que ocultar bajo la alfombra. También proclamo con mayor osadía (y mayor fastidio) que, a pesar de nuestro progreso y crecimiento, el futuro será progresivamente menos predecible, mientras parece que tanto la naturaleza humana como la «ciencia» social conspiran para ocultarnos tal idea.

La mente humana padece tres trastornos cuando entra en contacto con la historia, el terceto de la opacidad. Son los siguientes:
a. la ilusión de comprender, o cómo todos pensamos que sabemos lo que pasa en un mundo que es más complicado (o aleatorio) de lo que creemos;
b. la distorsión retrospectiva, o cómo podemos evaluar las cosas sólo después del hecho, como si se reflejaran en un retrovisor (la historia parece más clara y más organizada en los libros que en la realidad empírica); y
c. la valoración exagerada de la información factual y la desventaja de las personas eruditas y con autoridad, en particular cuando crean categorías, cuando «platonifican».

El éxito de las películas depende mucho del contagio. Tal contagio no sólo se aplica al cine: parece que afecta a una amplia variedad de productos culturales. Nos es difícil aceptar que las personas no se enamoran de las obras de arte por ellas mismas, sino también para sentir que pertenecen a la comunidad. Mediante la imitación, nos aproximamos a los demás, es decir, a otro imitadores. Así se combate la soledad.
Este debate nos muestra lo difícil que resulta predecir resultados en un entorno de éxito concentrado. Así que, de momento, señalaremos que la división entre las profesiones se puede utilizar para entender la división entre los tipos de variables aleatorias.
La ciencia es una materia abstracta y libre de sensacionalismo y de distorsiones, tengo para él noticias aleccionadoras. Los investigadores empíricos han hallado pruebas de que los científicos también son vulnerables a las narraciones, y de que, en vez de dedicarse a asuntos más sustanciales, utilizan títulos y desenlaces «sexy» que llaman la atención. Ellos también son humanos y, para atraer la atención, recurren a temas sensacionalistas. La forma de remediar todo esto es mediante los metaanálisis de los estudios científicos.

Prever la divulgación de una tecnología implica prever un elevado grado de modas pasajeras y de contagio social, que se sitúan fuera de la utilidad objetiva de la propia tecnología (suponiendo que exista algo que se pueda denominar utilidad objetiva). ¡Cuántas ideas sumamente útiles han acabado en el cementerio, por ejemplo la de la Segway, una motocicleta que, según se profetizó, iba a cambiar la morfología de las ciudades! Mientras rumiaba estas líneas, en el quiosco de un aeropuerto observé la cubierta de la revista Time, en la que se anunciaban los «inventos significativos» del año. Parecía que esos inventos eran significativos para la fecha en que fue editada la revista, o tal vez para un par de semanas después. Los periodistas pueden enseñarnos a no aprender.

El misterio de la inducción es otra versión de la falacia narrativa: nos enfrentamos a una infinidad de «historias» que explican lo que hemos visto. La gravedad del misterio de la inducción de Goodman está en lo que sigue: si ya no existe ni una sola forma de «generalizar» a partir de lo que vemos, de hacer una inferencia sobre lo desconocido, entonces ¿cómo debemos operar? La respuesta, evidentemente, será que debemos emplear el «sentido común», pero es posible que nuestro sentido común no esté tan bien desarrollado con respecto a algunas variables de Extremistán.
Del mismo modo que al autismo se le llama «ceguera de la mente», a esta incapacidad para pensar de forma dinámica, de situarse uno respecto a un observador futuro, se la debería llamar «ceguera ante el futuro».

Nos deslizamos hacia el desorden, pero no necesariamente un desorden malo. Esto implica que veremos más períodos de calma y estabilidad, en los que la mayoría de los problemas se concentrarán en un pequeño número de Cisnes Negros.
Pensemos en la naturaleza de las guerras pasadas. El siglo XX no fue el más mortífero (en porcentajes sobre la población total), pero trajo algo nuevo: el principio de la guerra de Extremistán, una pequeña probabilidad de conflicto que degenera en la total aniquilación del género humano, un conflicto del que nadie está a salvo en ninguna parte.
Un efecto similar se está produciendo en la vida económica.

Toda esta filosofía de la inducción, todos estos problemas relativos al conocimiento, todas estas desmedidas oportunidades y temibles posibles pérdidas, todo ello pierde trascendencia ante la siguiente consideración metafísica.
Muchas veces me desconcierta que las personas podamos tener un día horrible o enfadarnos porque nos sintamos engañados. Tardamos muy poco en olvidar que el simple hecho de estar vivos es un elemento de extraordinaria buena suerte, un suceso remoto, una ocurrencia del azar de proporciones monumentales.
Imaginemos una mota de polvo junto a un planeta de un tamaño mil millones de veces superior al de la Tierra. La mota de polvo representa las probabilidades de nuestro nacimiento; el inmenso planeta sería las probabilidades en contra de éste. Así que dejemos de preocuparnos por menudencias. No seamos como el ingrato al que le regalan un castillo y se preocupa por la humedad del cuarto de baño. Dejemos de mirarle los dientes al caballo regalado: recordemos que somos un Cisne Negro.

This is a very interesting book, with rereadings you learn more news. This book has a great deal of autobiography. Maybe it gets a lot of examples and stories, although I did not dislike them because they made me empathize much more with the author’s vision.
This author knows how to explain very complex concepts very little by little. It transmits your vision from the most overwhelming logic and you end up understanding how the human being does not understand the complexity of the world, we become entangled in fallacies and cognitive biases, and we have the illusion that we understand randomness, having a perception of risk far removed from the reality.
Very key learnings of this book are to understand the non-linear processes, to value the importance of chance to take advantage of it in your favor and not against you.

Black Swan (thus, in capital letters) is an event with the three attributes that follow.
First, it is a rarity, for it lives outside the realm of normal expectations, because nothing of the past can point convincingly at its possibility. Second, it has a tremendous impact. Third, despite its rarity, human nature makes us invent explanations of its existence after the fact, which makes it explainable and predictable.
Summing up the triplet: rarity, extreme impact and retrospective predictability (although not prospective). A small number of Black Swans explains almost everything concerning our world, from the success of ideas and religions to the dynamics of historical events and the elements of our own personal lives. Since we left the Pleistocene, about ten millennia ago, the effect of these Black Swans has been increasing.
Our blindness to the random, in particular the great deviations: why do we, scientists or non-scientists, people of high rank or of the bunch, tend to see the change and not the bills? Why do we continue to focus on the minutiae, and not on the possible big and important events, despite the evident evidence of how much they influence?
The logic of the Black Swan makes what we do not know more important than what we know. Keep in mind that many Black Swans can be caused and exacerbated by the fact that they are unexpected.
Think of the terrorist attack of September 11, 2001: if the risk had been reasonably conceivable on the 10th, the attack would not have occurred. If a possibility like that one had been considered worthy of attention, fighter jets would have flown over the Twin Towers, aircraft would have had bulletproof doors and the Uncle attack would have taken place, period. Something else could have happened. What? I do not know.
Is not it strange to see that an event occurs precisely because it was not expected to happen? What kind of defense do we have against it? Anything that comes to mind (that New York is an easy target for terrorists, for example).
Since Black Swans are unpredictable, we have to conform to their existence (rather than naively trying to foresee them). There are many things we can do if we focus on anti-knowledge, or what we do not know. Among many other benefits, one can dedicate to look for Black Swans (of the positive type) with the method of serendipity, maximizing our exposure to them. In fact, in some areas -such as scientific discovery and capital investments in joint ventures- there is a disproportionate compensation for the unknown, since the typical thing is that, from a rare event, one has little to lose and much what to win. We will see that, contrary to what is thought in the field of social science, almost no discovery, no remarkable technology emerged from design and planning: they were nothing more than Black Swans.

Against many of our habits of thought, that our world is dominated by the extreme, the unknown and the very improbable (improbable according to our current knowledge), and still use the time to devote ourselves to talking about trifles, focusing on the known and in the repeated. This implies the need to use the extreme event as a starting point, and not treat it as an exception that must be hidden under the carpet. I also proclaim with greater boldness (and greater annoyance) that, despite our progress and growth, the future will be progressively less predictable, while it seems that both human nature and social “science” conspire to conceal such an idea.

The human mind suffers from three disorders when it comes into contact with history, the trio of opacity. They are the following:
to. the illusion of understanding, or how we all think we know what happens in a world that is more complicated (or random) than we think;
b. the retrospective distortion, or how we can evaluate things only after the fact, as if they were reflected in a mirror (the story seems clearer and more organized in the books than in the empirical reality); Y
c. the exaggerated valuation of factual information and the disadvantage of erudite and authoritative people, particularly when they create categories, when they “platonify”.

The success of the films depends a lot on the contagion. Such contagion does not only apply to the cinema: it seems to affect a wide variety of cultural products. It is difficult for us to accept that people do not fall in love with works of art by themselves, but also to feel that they belong to the community. Through imitation, we approach others, that is, other imitators. This is how loneliness is fought.
This debate shows us how difficult it is to predict results in a concentrated success environment. So, for the moment, we will point out that the division between the professions can be used to understand the division between the types of random variables.
Science is an abstract matter and free of sensationalism and distortions, I have for him instructive news. Empirical researchers have found evidence that scientists are also vulnerable to narratives, and that instead of engaging in more substantive issues, they use “sexy” titles and outcomes that draw attention. They are also human and, to attract attention, resort to sensationalist themes. The way to remedy all this is through the meta-analysis of scientific studies.

Foreseeing the disclosure of a technology implies foreseeing a high degree of temporary fads and social contagion, which lie outside the objective utility of the technology itself (assuming that there is something that can be called objective utility). How many useful ideas have ended up in the cemetery, for example the Segway, a motorcycle that, as it was prophesied, was going to change the morphology of the cities! While ruminating these lines, in the kiosk of an airport I observed the cover of Time magazine, in which the “significant inventions” of the year were announced. It seemed that these inventions were significant for the date when the magazine was published, or maybe for a couple of weeks later. Journalists can teach us not to learn.

The mystery of induction is another version of the narrative fallacy: we are faced with an infinity of “stories” that explain what we have seen. The seriousness of the mystery of Goodman’s induction is in what follows: if there is no longer a single way of “generalizing” from what we see, of making an inference about the unknown, then how should we operate? The answer, obviously, will be that we must use “common sense”, but it is possible that our common sense is not so well developed with respect to some Extremist variables.
Just as autism is called “blindness of the mind,” this inability to think dynamically, to situate oneself in relation to a future observer, it should be called “blindness to the future.”

We slide into disorder, but not necessarily a bad mess. This implies that we will see more periods of calm and stability, in which most of the problems will be concentrated in a small number of Black Swans.
Let’s think about the nature of past wars. The twentieth century was not the deadliest (in percentages of the total population), but it brought something new: the beginning of the Extremist war, a small probability of conflict that degenerates into the total annihilation of the human race, a conflict of which nobody It is safe nowhere.
A similar effect is occurring in economic life.

All this philosophy of induction, all these problems related to knowledge, all these excessive opportunities and fearsome potential losses, all lose significance before the next metaphysical consideration.
Many times it baffles me that people can have a horrible day or get angry because we feel cheated. It took us very little to forget that the simple fact of being alive is an element of extraordinary good luck, a remote event, an occurrence of chance of monumental proportions.
Imagine a speck of dust next to a planet one billion times larger than Earth. The speck of dust represents the probabilities of our birth; the immense planet would be the odds against it. So let’s stop worrying about trifles. Let’s not be like the ungrateful one who is given a castle and worries about the humidity of the bathroom. Let’s stop looking at the teeth of the gift horse: remember that we are a Black Swan.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s