Confesiones En La Despensa — Juvenal Álvarez Uzcatégui

Breve libro con el cual se pasa el rato y donde destaco:

Como domesticar el paladar.
Podrás aborrecer mi melaza mal vertida,
mis buñuelos tristes cuaresmales de las malas penas.
Podrás aborrecer los diez guisos de mis diez siempres,
y hasta el raro, aquel que hice sin carnes y chupaste con los dedos todo el plato.
Podrás aborrecer mi asquerosa imagen sucia,
mi sartén de los mil caldos,
mi constante aliño crudo,
de la gracia de los polvos y los santos.
Mas nunca habrás de soportar
mi silencio acostumbrado,
la escasez de mis preguntas,
la costumbre de mis días,
mis quemadas sin castigo,
mi grito nunca dado.

Qué decir del baño María,
Se encaja una vasija dentro de una grande:
paciente anhelo.
La mayor, cargada de agua, se calienta al punto de borbotón:  
fogosa se espera.
La otra, recipiente menor, va calentando el contenido de un modo suave y constante
como calor de los cielos o de una manta al arroparse.

Sobre las naranjas:
No lo olvides:
en mayo y septiembre el naranjo se carga de azahares.
Haz un caldo con ellos y bajo tus orejas o en medio de tu falda
seis góticas de él
al hombre que quieras lo habrás de atraer.

Ahí te lo dejo,
no comas con imprudencia ni una sola de ellas.
Lo planté hace años junto a Manuel.
Ve,
trae una.
 
La naranja es la fruta de las primeras madres,
sólo alguien que te ama,
te pela una para dártela de comer,
ya para el resto está la mandarina, fácil y dulzona, posible y burlona.

A recordar:
Los ajos no ensalman las penas,
sólo las visten de hondo aliento,
¡menudo disfraz!
 
Al salar con sal se sala con llanto,
sabor de las lágrimas,
mejor algo más.
 
De puertas abiertas el pan se apena,
no leuda,
no yergue,
gracioso afán.

Del geranio sus flores cortarlas temprano,
un rayo de sol las amargaría
y hervirlas en la leche de una vaca parida.

A Saber:
-Laurel: rey de los caldos, ahoga en porfía al amor no sabido, petulante al secarse, más al toque del agua su loción redime y bendice las carnes.
-Canela: ata un sabor a otro sin querer notarse. Sabe a sangre de maderas, cruz de un viernes. No dejarla nunca a la vista de quien la prueba, pues al descubrirla le echaran la culpa de lo que pase en el plato. Colorea tus mejillas con ella y así, unida a la hierbabuena, del aliento más fino los besos más puros serán pedidos.
-En tus guisos oculta el ajo y la cebolla, no los muestres, porque entran en pena y de sólo suspiro y vergüenza (desnudez profanada) sentirán que no valen la pena ahogada.
-Vainilla: espanta los malos sueños.

Sin duda para recordar una buena comida:
Dios te salve, María
Llenas todo de gracia
La labor es contigo
Honrado tu caldo por todas la mujeres
Y bendito es el pan que tu mano amasó
Santo punto fiel de la sal
por Dios a vos otorgado,
en el tacto bendito
que tu dedo precisa buscando el pulgar
Oh, María, tus migas me sacian
Benditos nosotros al probarte
O al tan sólo a ti nombrarte
En cocidos, asados y pan.

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