Americanah — Chimamanda Ngozi Adichie

Esta es una magnífica novela, releída más allá de los olores de las ciudades estadounidenses, Princeton no tiene ese olor, Ifemelu es un ser adorable y cuidado con pronunciar palabras como gordo o comer cucuruchos esperando al tren. Qué decir de su pelo queriendo llevarlo de forma natural, sin duda muchas nuevas experiencias desde Nigeria.
Creo que los personajes están muy bien retratados, especialmente Ifemelu, la protagonista (¿alter ego de la propia autora?), una nigeriana emigrada a EE.UU. (y que, posteriormente, regresa a su patria, donde denominan con la expresión del título del libro a los que vuelven de ese país), que escribe, durante su estancia allí, un blog titulado “Curiosas observaciones a cargo de una negra no estadounidense sobre el tema de la negritud en EE.UU.”… que no tiene desperdicio. Entre otras “perlas”, leemos lo siguiente: “Yo vengo de un país donde la raza no era motivo de conflicto; no pensaba en mí como negra, y me convertí en negra, precisamente, cuando llegué a EE.UU.”. Ifemelu pone el dedo en la llaga, al señalar los resabios racistas que están en el ADN de esa sociedad… Y, en medio de todo, aparece en el horizonte la posibilidad (¿utópica?) de que un negro alcance la presidencia del país.

Muchos negros estadounidenses dicen con orgullo que tienen algo de «indio». Lo cual significa: Gracias a Dios no somos negros de pura sangre. Lo cual significa que no son demasiado morenos. (Para aclararlo, cuando los blancos dicen «moreno», se refieren a los griegos o italianos, pero cuando los negros dicen «moreno», se refieren a Grace Jones.) A los hombres negros estadounidenses les gusta que sus mujeres negras tengan una parte exótica; por ejemplo, que sean medio chinas o que tengan un toque de cheroki. Les gusta que sus mujeres sean claras. Pero ojo con lo que los negros estadounidenses consideran «claro». Algunas de esas personas «claras», en países de negros no estadounidenses, serían consideradas sencillamente blancas. (Ah, y los negros estadounidenses morenos ven con resquemor a los hombres claros, porque lo tienen más fácil con las mujeres.)
Ahora bien, negros no estadounidenses compañeros míos, no os lo creáis demasiado. Porque estas gilipolleces también se dan en nuestros países caribeños y africanos. No tanto como entre los negros estadounidenses, diréis. Puede ser. Aun así, se da.
Un auténtico don para el negro con la cremallera echada es el Amigo Blanco que Sí Lo Pilla. Lamentablemente, esto no es tan habitual como cabría desear, pero algunos afortunados tienen ese amigo blanco a quien no es necesario explicarle las putadas. Poned a ese amigo manos a la obra, desde ya. Amigos así no solo lo pillan, sino que también poseen grandes detectores de chorradas y por lo tanto entienden perfectamente que pueden decir cosas que vosotros tenéis que callaros. Así pues, en gran parte de Estados Unidos anida en los corazones de muchas personas cierta idea solapada: que los blancos se ganaron su espacio en los trabajos y en las universidades mientras que los negros lo consiguieron porque eran negros. Pero de hecho, desde el origen de Estados Unidos, los blancos han obtenido empleos porque son blancos.

Sin duda personajes como Ifemelu, Obinze… forman parte de la buena narrativa y además cuidado cuando utilicéis la blackberry.

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