A Contraluz — Rachel Cusk

De ir que este breve libro de la escritora canadiense es muy interesante en cuanto al doble sentido que esconde el libro, ‘A contraluz’ cuenta la historia de una escritora inglesa que viaja a Atenas para impartir varios cursos de escritura. Esta es la premisa desde la que parte un libro que se convierte, en sí mismo, en uno de esos talleres sobre cómo escribir, sobre qué es la literatura y cuáles son sus instrumentos, sus trucos, sus orígenes y necesidades. A lo largo del libro, la protagonista se cruzará con varios personajes que enseñarán al lector (de forma indirecta) algunos de esos vericuetos de la literatura. Gracias al compañero de avión, a un compañero de clases, a la dueña de la casa en la que se hospeda… Gracias a ellos, en pequeños capítulos, en escenas que parecen aisladas, casi al modo de relatos (como si este fuera un libro que encadena cuentos) nos acercaremos a la verdad mentirosa de la literatura. Y eso es un acierto.
Es así como aprendemos (junto a su compañero de avión en el primer capítulo) que en literatura, como en la vida, no vale dejarse llevar por los extremos. No todo es negro ni todo es blanco. No hay personas que sean absolutamente buenas, limpias y generosas ni tipos extremadamente oscuras, tramposas, mentirosas. Por eso, para construir personajes hay que buscar en los resquicios del carácter, bucear en los defectos y las manías, acentuar las partes de sombra para que también así brillen las luces. Si no, nos puede ocurrir lo que le pasa a la protagonista del libro cuando escucha la historia de su vecino de avión, que idolatra a una de sus ex y hunde en el barro a la otra. No es creíble porque nunca nada es tan extremo. Primera lección de literatura.
Aprendemos (junto a Ryan, otro escritor del curso) que escribir es una gimnasia. Algo que hay que ejercitar para conseguir resultados. Como el que se pone en un gimnasio en esas máquinas en las que parece que subes escaleras y escaleras y más escaleras sin que en realidad llegues a ningún lugar. Escribir es eso: seguir escalando aunque nunca se alcance la cima, no abandonar la disciplina de la escritura, buscar tiempo para escribir (para la pasión) aunque la pasión tarde en llegar.
Aprendemos (de la mano de Clelia, en cuya casa se hospeda nuestra protagonista) que muchas veces el misterio está en lo inesperado. Que el escritor debe mirar en las grietas de la normalidad para encontrar lo extraordinario. Cuando ves una casa tan ordenada, tan perfecta, tan bien colocada… hay que empezar a sospechar de que algo no es como parece. Que en la maqueta de un barco con las velas perfectamente colocadas hay truco. Bajo la apariencia de normalidad es donde crece lo extraño.
Aprendemos que la literatura (como la amistad, como el amor) es una verdad compartida que comparten el autor y el lector. Si uno de los dos deja de creer, se acaba esa verdad, se pone fin a la historia. Se acabó la magia de la literatura.
Aprendemos (junto a Paniotis, un amigo escritor) que lo que para uno puede parecer un detalle insignificante, un puntito más en la inmensa realidad, para otro puede ser la chispa que despierte la inspiración. Es otra de las enseñanzas de la literatura, que la vida está llena de detalles preparados para conquistarnos.
Aprendemos que atravesar un libro a veces puede parecer hospedarse en hoteles sin somieres, caminar entre el fango, la lluvia, por un sendero tortuoso, acribillado por picaduras de mosquitos… pero, al final, al final se encuentra un albergue con luz para descansar.
Aprendemos (durante una de las clases que la protagonista ha ido a impartir a Grecia) que importan los puntos de vista para contar. La literatura tiene valor en su misma. Un libro se puede resumir en una frase, pero la gozosa experiencia de su lectura no.

Este libro es un libro sobre el amor y el desamor, pero también sobre el papel que la literatura juega en nuestras vidas. Por eso no extraño que el escenario sea Grecia. Un país que ha atravesado crisis (como las relaciones de pareja) y donde se encuentran las bases del pensamiento (los filósofos clásicos) y la narración (Homero).

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