El Olor A Sangre Humana No Se Me Quita De Los Ojos — Franck Maubert / The Smell Of Human Blood Does Not Get Out Of My Eyes by Franck Maubert

Magníficas las conversaciones del autor con este artista de los más cotizados y que parecía una estrella de Rock. Francis Bacon iba a encarnar la pintura más que ningún otro artista. Una evidencia. Desde esos tiempos de juventud, su pintura ya nunca me abandonaría. Porque se engancha a ti, vive en ti, contigo. Un tormento que se aferra y no te suelta más. Sus «personajes en crisis generalizada» —crisis moral, crisis física—, como escribe el crítico inglés John Russell, viven a tu lado y te recuerdan sin cesar que la vida es esa cuerda tensa tendida entre el nacimiento y la muerte.

En inglés se dice «clinical». De modo que cuando empleo la palabra «clínico» quiero decir el realismo más total. Como hoy día es imposible de definir, es imposible hablar de él.
F. M.: Clínico ¿es algo frío, distante?
F. B.: Una especie de realismo, pero no tiene por qué ser frío. Ser «clínico» no es ser frío, es una actitud, es como cercenar alguna cosa. Pero es verdad que todo eso está relacionado con la frialdad y la distancia. A priori, no hay sentimientos. Pero, paradójicamente, puede provocar un enorme sentimiento. «Clínico» es estar lo más cerca posible del realismo, en lo más profundó de uno. Algo exacto y tajante. El realismo es algo que te turba…

Mi pintura es, en primer lugar, instinto. Es un instinto, una intuición que me empuja a pintar la carne del hombre como si se expandiese fuera del cuerpo, como si fuera su propia sombra. Yo la veo de esa manera. El instinto está mezclado con la vida. Trato de situar el objeto lo más cerca posible de mí y me gusta esa confrontación con la carne, esa auténtica desolladura de la vida en estado bruto.
F. M.: De todas formas, sus personajes están deformados, ¿no?
F. B.: No, yo no deformo por el placer de deformar; no están sometidos a tortura. Pruebo, intento transmitir una realidad de la imagen en su fase más desgarradora. Pero puede que no lo consiga.

No pienso en términos religiosos, por más que haya nacido en Irlanda. La fe no es más que un fantasma y la religión solamente es útil para los políticos: una manera de disciplinar a la gente. ¿Por qué hombres inteligentes como T. S. Eliot o Claudel eran creyentes?
Silencio. Se levanta, da unos pasos, vuelve a sentarse cerca del escritorio.
F. M.: Nada de religión, vale, aun así, se ha detenido en el tema de la crucifixión. ¿No empezó usted pintando crucifixiones, y pintó más durante la guerra?
F. B.: Sí, pero aquello no era religioso.
Silencio.
F. M.: ¿Era una representación de la crueldad?
F. B.: Sí, eso es exactamente lo que quiero decir.

FRANCIS BACON: ¿Extraordinarias? ¿Sabe usted?, mucha gente me dice que soy un gran pintor. Pero yo no sabré nunca si soy un gran pintor… Pinto sólo con el instinto. Pruebo apenas a recrear las imágenes que tengo en el cerebro.
F. M.: ¿Aprendió a pintar?
F. B.: En absoluto. Nunca sé cómo hacer un cuadro. La idea me viene —o no me viene— trabajando. Si pinto, ¿sabe usted?, es un poco por casualidad. Aprendí solo y nunca pensé que mi pintura despertaría interés. El hecho de vivir es una oportunidad. Nunca pensé en hacer carrera, como suele decirse. He trabajado y trabajado. Durante diez años, lo destruía todo. ¡Y todavía a veces pienso que debería de haber seguido destruyéndolo todo!
F. M.: ¿Y por esa razón, por esa necesidad continúa?
F. B.: Continúo tal vez porque la obsesión se me va de las manos. La creación es una necesidad absoluta que borra todo lo demás. Yo no pensaba ganarme la vida con la pintura, sólo quería explicarme a mí mismo. La creación es como el amor, no puedes hacer nada contra ella. Es una necesidad, eso es.
F. M.: ¿Aprecia también los Goya del Prado?
F. B.: Sus pinturas negras de la Quinta del Sordo, desde luego… Pero Velázquez… Velázquez es otra cosa. El gran arte enriquece la vida, la existencia. Estaba en Madrid, solo, con un amigo. En el Prado había una huelga, pero una mujer nos dejó entrar. Y estuvimos solos delante de los Velázquez, sin todos esos japoneses… La restauración de Las meninas ha sido un gran éxito. Fue algo magnífico. ¿Sabe, Franck?, estoy obsesionado con Velázquez.
F. M.: Lo ha declarado usted a menudo, y se comprende. Está también el cuadro del papa Inocencio X que se encuentra en Roma. ¿Le obsesionaba?
F. B.: Es excepcional. Y, por lo que sé, obsesiona a casi todos los pintores.

F. B.: Aquí, en Inglaterra, a Margaret Thatcher le importan un bledo el arte y las ciencias. Es un escándalo, no da ni un penique para investigación. Eso me molesta.
Se calma al momento.
F. M.: Entonces, ¿qué hace hoy un artista?
F. B.: ¡Oh, muchas cosas! Lo primero que hace falta es estar totalmente de acuerdo con el tema. Es preciso que el tema te absorba por completo. Sino, si no tienes un tema que te roa por dentro, caes en lo decorativo. Se pueden encontrar cosas, sacar temas de los libros, de lo que te rodea, pero eso no basta. Ni aunque conozcas toda la historia del arte desde Egipto hasta nuestros días. Muchas veces eso resulta insuficiente. Yo necesito cosas que me emocionen profundamente.

Si no fuera pintor, Francis Bacon hubiera sido filósofo. No para discurrir mejor sobre su trabajo, pues el artista siempre ha asegurado con firmeza: «Mis pinturas no han de leerse más allá de lo que se ve», sino por el giro de su espíritu y lo pertinente de sus interrogaciones y cuestionamientos. También por su consumado arte de la conversación, como atestiguan el interés que le dedica y el placer que obtiene. Como sus conocimientos de literatura y de poesía, que sabía compartir haciéndolos familiares. (Su homónimo Francis Bacon el filósofo del s.XVI).
Los Bacon, amantes del azar, grandes experimentadores, contemplan la posibilidad de que haya accidentes; están al acecho de lo raro y de lo nuevo. A su manera, el pintor interpreta la descripción de un proceso. Su experiencia consiste en pintar sin método, en entregarse a su trabajo sin ataduras, buscar lo aleatorio, dar rienda suelta a la espontaneidad. El artista no vacila en violentar su lienzo, en agredirlo; no teme degradarlo, incluso destruirlo, si el resultado no le sirve.
Tanto el filósofo como el pintor experimentan, parten ambos de lo conocido y se dejan guiar hacia lo desconocido y, esperando encontrar algo, hacen probaturas hasta que llega el accidente. Ese «accidente» es al mismo tiempo el «derrapaje» de la materia y el del hombre, su principal sujeto. Tanto para una como para otro, se pasa de lo visible a lo invisible. Buscan sin obtener respuestas. Nunca están satisfechos, juegan con lo imposible. Las pinturas de uno, al igual que las prácticas con pretensiones teóricas del otro, se aventuran por territorios inexplorados y se quedan con apenas unos trocitos de respuestas a sus interrogantes. Los dos Bacon titubean, andan a tientas, se rehacen, siempre insatisfechos, hasta el final, conducidos por su obsesión.

Magnificent conversations of the author with this artist of the most sought after and who looked like a Rock star. Francis Bacon was going to embody painting more than any other artist. An evidence From those days of youth, his painting would never leave me. Because it hooks you, lives in you, with you. A torment that clings and does not let go. His «characters in generalized crisis» – moral crisis, physical crisis -, as the English critic John Russell writes, live by your side and remind you incessantly that life is that tense rope stretched between birth and death.

In English it is called «clinical». So when I use the word «clinical» I mean the most total realism. As today it is impossible to define, it is impossible to talk about it.
F. M .: Clinical is it something cold, distant?
F. B .: A kind of realism, but it does not have to be cold. Being «clinical» is not being cold, it’s an attitude, it’s like cutting something. But it is true that all this is related to coldness and distance. A priori, there are no feelings. But, paradoxically, it can cause a huge feeling. «Clinical» is to be as close as possible to realism, in the deepest part of one. Something exact and sharp. Realism is something that disturbs you …

My painting is, first of all, instinct. It is an instinct, an intuition that pushes me to paint the flesh of man as if it were expanding outside the body, as if it were his own shadow. I see it that way. Instinct is mixed with life. I try to place the object as close as possible to me and I like that confrontation with the flesh, that authentic shaving of life in its raw state.
F. M .: In any case, your characters are deformed, right?
F. B .: No, I do not deform for the pleasure of deforming; they are not subjected to torture. I try, I try to transmit a reality of the image in its most heartbreaking phase. But I may not get it.

I do not think in religious terms, even though I was born in Ireland. Faith is nothing more than a ghost and religion is only useful for politicians: a way to discipline people. Why intelligent men like T. S. Eliot or Claudel were believers?
Silence. He gets up, takes a few steps, returns to sit near the desk.
F. M .: Nothing of religion, okay, even so, it has stopped on the subject of the crucifixion. Did not you start painting crucifixions, and painted more during the war?
F. B .: Yes, but that was not religious.
Silence.
F. M .: Was it a representation of cruelty?
F. B .: Yes, that is exactly what I want to say.

FRANCIS BACON: Extraordinary? Do you know ?, many people tell me that I am a great painter. But I will never know if I am a great painter … I paint only with instinct. I hardly try to recreate the images I have in the brain.
F. M .: Did you learn to paint?
F. B .: Not at all. I never know how to make a picture. The idea comes to me -or does not come to me- working. If I paint, you know, it’s a bit by chance. I learned alone and never thought that my painting would arouse interest. The fact of living is an opportunity. I never thought about making a career, as they say. I have worked and worked. For ten years, it destroyed everything. And still sometimes I think that I should have continued destroying everything!
F. M .: And for that reason, for that need continues?
F. B .: I continue maybe because the obsession gets out of hand. Creation is an absolute necessity that erases everything else. I did not intend to make a living with painting, I just wanted to explain myself. Creation is like love, you can not do anything against it. It is a necessity, that is.
F. M .: Do you also appreciate the Goya del Prado?
F. B .: His black paintings of the Quinta del Sordo, of course … But Velázquez … Velázquez is something else. Great art enriches life, existence. I was in Madrid, alone, with a friend. In the Prado there was a strike, but a woman let us in. And we were alone in front of the Velázquez, without all those Japanese … The restoration of Las Meninas has been a great success. It was something magnificent. You know, Franck, I’m obsessed with Velázquez.
F. M .: You have declared it often, and it is understood. There is also the picture of Pope Innocent X who is in Rome. Did he obsess?
F. B .: It is exceptional. And, as far as I know, he obsesses almost all painters.

F. B .: Here in England, Margaret Thatcher does not give a damn about art and science. It’s a scandal, it does not give a penny for research. That annoys me.
It calms down at the moment.
F. M .: So, what does an artist do today?
F. B .: Oh, many things! The first thing that is necessary is to be totally in agreement with the subject. It is necessary that the subject absorbs you completely. Otherwise, if you do not have a theme that gnaws you inside, you fall into the decorative. You can find things, get issues from books, what surrounds you, but that is not enough. Not even if you know all the history of art from Egypt to the present day. Many times that is insufficient. I need things that thrill me deeply.

If he was not a painter, Francis Bacon would have been a philosopher. Not to think better about his work, because the artist has always firmly asserted: «My paintings should not be read beyond what is seen», but by the turn of his spirit and the pertinence of his interrogations and questions. Also for his consummate art of conversation, as attested by the interest he dedicates and the pleasure he gets. As his knowledge of literature and poetry, he knew how to share them by making them familiar. (His namesake Francis Bacon the philosopher of the sixteenth century).
The Bacon, lovers of chance, great experimenters, contemplate the possibility of accidents; they are on the lookout for the strange and the new. In his own way, the painter interprets the description of a process. His experience consists in painting without method, in surrendering to his work without ties, looking for the random, giving free rein to spontaneity. The artist does not hesitate to violate his canvas, to attack him; He is not afraid to degrade him, even to destroy him, if the result does not work for him.
Both the philosopher and the painter experiment, they both start from the known and let themselves be guided towards the unknown and, hoping to find something, they do probatures until the accident arrives. This «accident» is at the same time the «skidding» of matter and that of man, its main subject. Both for one and for another, one passes from the visible to the invisible. They search without getting answers. They are never satisfied, they play with the impossible. The paintings of one, as well as the practices with theoretical pretensions of the other, venture through unexplored territories and are left with only a few pieces of answers to their questions. The two Bacon hesitate, they grope, they remake themselves, always dissatisfied, until the end, driven by their obsession.

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