El Viaje De Los Sueños — Ariel Lawhon

Esta es una interesante novela que tiene como trasfondo la catástrofe del zeppelin Hindenburg y su catástrofe al arder como papel a través de 3 días nos presenta la vida de unos personajes, una periodista, lo mejor es el amor quizás no correspondido entre Max y Émilie, más allá de posibles cartas uno debe leer el libro.
Quizás el problema se debió a una pistola, sin duda el acierto de la autora es que nos va llevando a través de lo que sucede a los personajes, los trabajores del zeppelin, el grumete, el amor y siempre se tiene preocupación por las posibles explosiones incluso fumando un cigarrillo.
Leonhard Adelt, periodista alemán, escribiría más tarde: «Nuestro viaje a bordo del Hindenburg en mayo fue el vuelo más tranquilo que he tenido en un dirigible». En noviembre de 1937, la heredera Margaret Mather redactó un artículo para Harper’s donde describía el viaje de una forma tan trivial que a una le sorprende que los pasajeros no se pasaran el vuelo durmiendo.
Un vuelo tranquilo.
Pero existe un problema: no les creo. Noventa y siete personas volaron en un hotel de lujo flotante durante tres días sobre el océano Atlántico. Tal vez los acontecimientos que tuvieron lugar a bordo no fueran explosivos —no hasta el final, por lo menos— pero dudo mucho que fueran «tranquilos». He tomado suficientes vuelos transatlánticos para saber que no se puede mantener a tanta gente en un espacio tan reducido, durante el tiempo que sea, y que no haya tensiones bullendo bajo la superficie. Pero si se pretende poner en entredicho acontecimientos históricos, más vale tener una buena teoría que ofrecer como alternativa.
El Hindenburg ardió en treinta y cuatro segundos. La mitad de un minuto. Si uno se para a pensarlo, es alucinante. Y lo único que sabemos con seguridad es que ardió tan deprisa por una combinación de hidrógeno y termita, una mezcla de limaduras de aluminio y óxido de otro metal que se utiliza para soldar piezas de acero (mil gracias a Mythbusters y sus incontables experimentos para ofrecer una respuesta a esa longeva incógnita). Pero nadie ha sido capaz de decir a ciencia cierta qué inflamó el hidrógeno. Sé que existe una miríada de causas técnicas, mecánicas y meteorológicas posibles para esa chispa. No obstante, cuando me llegó el turno de contar esta historia, prefirió que el catalizador fuera humano.

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