Tecnópolis — Neil Postman / Technopoly: The Surrender of Culture to Technology by Neil Postman

Profeta ya en los años 80, Neil Postman describe de una forma brillante el cambio al que nos enfrentamos hoy en día con la tecnología. Una tecnología que no está integrada en la sociedad con sabiduría puede arrasar con la culturav y llevar a la civilización hacia un proceso de idiotización y eso es lo que estamos viviendo en estos días. No hay más que ver a nuestros hijos totalmente absortos en internet, en los móviles, se han perdido los valores, el respecto, el contacto humano… nos estamos deshumanizando. Los niños ya no tienen ni niñez, se hacen adultos cada vez más pronto, el consumo, las relaciones,las serias implicaciones de este cambio están contenidas en este fenomenal libro que recomiendo encarecidamente.
Lógicamente siempre existen excepciones y aunque es un libro desfasado por momentos y la rapidez tecnológica en la cual vivimos sin embargo en aspectos esta vigente y mucho.

Charles Snow en 1959, se ha de conceder a Snow el notable mérito de haberse percatado de que existen dos culturas, que se oponen encarnizadamente la una a la otra y que es preciso seguir el tema de cerca para que haya un debate en profundidad. Si hubiera prestado menos atención a las secretas insatisfacciones de los que se pasan el día en los clubes de las facultades y más a las vidas de los que nunca han estado en ninguno, probablemente se habría dado cuenta de que la discusión no se plantea entre humanistas y científicos sino entre la tecnología y todos los demás. Lo que no quiere decir que «todos los demás» lo admitan.
Nuestra reflexión sobre los ordenadores nada tiene que ver con su eficacia como herramienta de enseñanza. Necesitamos saber de qué manera están alterando nuestra concepción del aprendizaje, y cómo, en conjunción con la televisión, destruyen la antigua idea de escuela. ¿A quién le importa cuántas cajas de cereal pueden venderse a través de la televisión? Lo que necesitamos saber es si la televisión cambia nuestra concepción de la realidad, la relación de los ricos con los pobres, la idea misma de felicidad. Un predicador que se limite a considerar en qué medida un medio de comunicación puede aumentar su audiencia y porque en Norteamérica ha sucedido algo extraño y peligroso y sólo tenemos una conciencia embotada e incluso estúpida de lo que es; en parte porque no tiene nombre. Lo llamo Tecnópolis.

Las culturas que utilizan herramientas pueden disponer de muchas o de pocas, pueden mostrarse entusiastas hacia ellas o despreciarlas. La denominación «cultura que utiliza herramientas» deriva de la relación en una cultura dada entre las herramientas y el sistema de creencias o ideología. Las herramientas no son intrusos. Están integradas en la cultura de una manera que no plantea contradicciones significativas a su visión del mundo. Si tomamos la Edad Media europea como ejemplo de una cultura de este tipo, vemos un grado de integración muy elevado entre sus herramientas y su cosmovisión. Los teólogos medievales desarrollaron una elaborada y sistemática descripción de la relación del hombre con Dios, del hombre con la naturaleza, del hombre con el hombre y del hombre con sus herramientas.
-La tecnocracia que emergió en la Norteamérica del siglo XIX, perfectamente pertrechada, despreciaba esas creencias, porque los hombres santos y el pecado, las abuelas y las familias, las lealtades regionales y las tradiciones de hacía dos mil años son antagónicos con la forma de vida tecnocrática. Son un residuo molesto de un período que utilizaba las herramientas, una fuente de críticas para la tecnocracia. Representan una forma de pensar el mundo que permanece al margen de la tecnocracia, que la reprende: reprende su lenguaje, su impersonalidad, su fragmentación, su alienación. De manera que la tecnocracia desprecia esa visión del mundo, aunque en Norteamérica no la destruyó; tampoco podía.
Podemos hacernos una idea de la interacción entre la tecnocracia y los valores del viejo mundo en la obra de Mark Twain, que se sentía fascinado por los logros técnicos del siglo XIX.
-Los norteamericanos estaban mejor preparados que cualesquiera otros para encargarse de la creación de una Tecnópolis. Pero su florecimiento total dependía todavía de otra serie de condiciones, menos visibles y por ello menos conocidas. Estas condiciones proporcionaban el fundamento, el contexto en el que el recelo de los norteamericanos a las restricciones, el genio explotador de sus industriales, los éxitos de la tecnología y la desvalorización de las creencias tradicionales adquirieron una importancia exagerada que empujó a la tecnocracia en Norteamérica hacia Tecnópolis.
-El objetivo no es disminuir la ignorancia, la superstición y el sufrimiento, sino adaptarnos a las exigencias de las nuevas tecnologías. Por supuesto, nos decimos a nosotros mismos que tales adaptaciones conducirán a una vida mejor, pero se trata sólo de un residuo retórico de una tecnocracia en vías de desaparición. Somos una cultura que se consume a sí misma con la información y la mayoría de nosotros ni siquiera se cuestiona cómo controlar el proceso. Actuamos bajo el supuesto de que la información es nuestra amiga, creyendo que las culturas sufrirían dolorosamente por la carencia de la misma, lo cual, desde luego, sucede. Sólo ahora se está empezando a entender que las culturas también pueden padecer dolorosamente el exceso de información, una información sin sentido, una información sin mecanismos de control.

Tecnópolis es un estado de la cultura. También es un estado de ánimo. Consiste en la deificación de la tecnología, lo que significa que la cultura busca su autorización en la tecnología, encuentra en ella su satisfacción y de ella recibe órdenes. Esto requiere el desarrollo de un nuevo tipo de orden social y, por fuerza, conduce a la rápida disolución de la mayor parte de cuanto se asocia con las creencias tradicionales. Los que se sienten más cómodos en Tecnópolis son los que están convencidos de que el progreso técnico es el logro supremo de la humanidad y el instrumento mediante el cual pueden resolverse nuestros dilemas más profundos. También creen que la información es un bien absoluto, que, mediante su producción y difusión continuadas y sin control, permite una mayor libertad, creatividad y paz de espíritu. El hecho de que la información no haga nada de eso —más bien lo contrario— parece que no cambia muchas opiniones, porque tales firmes creencias son un producto inevitable de la estructura de Tecnópolis. En particular, Tecnópolis florece cuando las defensas contra la información se debilitan.
A medida que el poder de las instituciones sociales tradicionales para organizar las percepciones y el juicio decae, las burocracias, la pericia técnica y la maquinaria se convierten en los medios fundamentales con los que Tecnópolis espera controlar la información y así dotarse a sí misma de inteligibilidad y orden.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/10/06/divertirse-hasta-morir-neil-postman/

https://weedjee.wordpress.com/2017/04/29/tecnopolis-neil-postman/

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Prophet already in the 80s, Neil Postman describes in a brilliant way the change we are facing today with technology. A technology that is not integrated into society with wisdom can destroy culture and lead civilization to a process of idiotization and that is what we are experiencing these days. There is no more to see our children totally absorbed in the internet, on mobile phones, values ​​have been lost, respect, human contact … we are dehumanizing. Children no longer have childhood, they become adults more and more soon, consumption, relationships, the serious implications of this change are contained in this great book that I highly recommend.
Obviously there are always exceptions and although it is a book out of phase at times and the technological speed in which we live however in aspects is current and a lot.

Charles Snow in 1959, Snow must be given the remarkable merit of having realized that there are two cultures, which are fiercely opposed to each other and that it is necessary to follow the subject closely for an in-depth debate. If he had paid less attention to the secret dissatisfactions of those who spend the day in the faculty clubs and more to the lives of those who have never been in any, he probably would have realized that the discussion does not arise between humanists and scientists but between technology and everyone else. Which does not mean that “everyone else” admits it.
Our reflection on computers has nothing to do with its effectiveness as a teaching tool. We need to know how they are altering our conception of learning, and how, in conjunction with television, they destroy the old school idea. Who cares how many boxes of cereal can be sold through television? What we need to know is whether television changes our conception of reality, the relationship of the rich with the poor, the very idea of ​​happiness. A preacher who limits himself to considering to what extent a means of communication can increase his audience and because something strange and dangerous has happened in America and we only have a dull and even stupid conscience of what it is; partly because it has no name. I call it Technopolis.

Cultures that use tools can have many or few, can be enthusiastic towards them or despise them. The denomination “culture that uses tools” derives from the relationship in a given culture between the tools and the belief system or ideology. The tools are not intruders. They are integrated into the culture in a way that does not pose significant contradictions to their view of the world. If we take the European Middle Ages as an example of a culture of this kind, we see a very high degree of integration between its tools and its worldview. Medieval theologians developed an elaborate and systematic description of the relationship of man with God, of man with nature, of man with man and with man with his tools.
-The technocracy that emerged in nineteenth-century America, perfectly equipped, despised those beliefs, because the holy men and sin, the grandmothers and families, the regional loyalties and the traditions of two thousand years ago are antagonistic with the form of technocratic life They are an annoying residue of a period that used tools, a source of criticism for technocracy. They represent a way of thinking about the world that remains outside the technocracy, which reprimands it: it reproves its language, its impersonality, its fragmentation, its alienation. So the technocracy despises that vision of the world, although in America it did not destroy it; I could not either.
We can get an idea of ​​the interaction between technocracy and the values ​​of the old world in the work of Mark Twain, who was fascinated by the technical achievements of the nineteenth century.
-The Americans were better prepared than any other to take charge of the creation of a Technopolis. But its total flowering still depended on another set of conditions, less visible and therefore less known. These conditions provided the foundation, the context in which Americans’ distrust of restrictions, the exploitative genius of their industrialists, the successes of technology and the devaluation of traditional beliefs acquired an exaggerated importance that pushed the technocracy in North America towards Tecnopoly.
-The goal is not to diminish ignorance, superstition and suffering, but to adapt to the demands of new technologies. Of course, we tell ourselves that such adaptations will lead to a better life, but it is only a rhetorical residue of a technocracy in the process of disappearing. We are a culture that consumes itself with information and most of us do not even question how to control the process. We act under the assumption that information is our friend, believing that cultures suffer painfully because of the lack of it, which, of course, happens. Only now is beginning to understand that cultures can also painfully suffer from excess information, meaningless information, information without control mechanisms.

Technopoly is a state of culture. It is also a state of mind. It consists of the deification of technology, which means that culture seeks its authorization in technology, finds its satisfaction in it and receives orders from it. This requires the development of a new kind of social order and, by force, leads to the rapid dissolution of most of what is associated with traditional beliefs. Those who feel most comfortable in Tecnópolis are those who are convinced that technical progress is the supreme achievement of humanity and the instrument through which our deepest dilemmas can be resolved. They also believe that information is an absolute good, which, through its continued production and dissemination without control, allows greater freedom, creativity and peace of mind. The fact that the information does not do any of that – quite the contrary – seems that it does not change many opinions, because such firm beliefs are an inevitable product of the structure of Tecnópolis. In particular, Technopolis flourishes when defenses against information weaken.
As the power of traditional social institutions to organize perceptions and judgment declines, bureaucracies, technical expertise and machinery become the fundamental means with which Tecnopoly hopes to control information and thus provide itself with intelligibility and order.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/10/06/divertirse-hasta-morir-neil-postman/

https://weedjee.wordpress.com/2017/04/29/tecnopolis-neil-postman/

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