El Autor Como Productor — Walter Benjamin / The Author as Producer by Walter Benjamin

La vocación de su autor, la de crítico de la literatura y el arte. Benjamin, hombre cercano al proceso de producción de tantos literatos y artistas con los que mantenía lazos de amistad, llama a sus interlocutores —intelectuales políticos de izquierda— a depositar toda la confianza en la espontaneidad del carácter revolucionario de la producción artística. Según él, la «alta calidad» de una obra de arte es garantía suficiente de ese carácter. Aunque hay que añadir que, para él, la calidad se mide de acuerdo a un criterio muy especial: la capacidad que muestra una obra de arte para dar cuenta de los problemas técnicos que la historia de su oficio, como un proceso conectado íntimamente con el devenir del conjunto de la sociedad, le plantea en general, y particularmente en el caso de una tecnología y una sociedad modernas, enfrentadas a la inminencia de un cambio radical.
El autor se hace portavoz del «vanguardismo» revolucionario más radical.

Recuerdan cómo procede Platón con los poetas en el proyecto de su Estado. Les prohíbe permanecer en él, en interés de la comunidad. Platón tenía un concepto elevado del poder de la poesía. Pero la consideraba dañina, superflua; en una comunidad perfecta, se entiende. Desde entonces no ha sido frecuente que la cuestión acerca del derecho de existencia del poeta se planteara con igual énfasis. Sólo pocas veces llega a plantearse en esta forma, y precisamente ahora vuelve a plantearse así. A todos nos es más o menos conocida como la cuestión acerca de la autonomía del poeta, de su libertad para escribir lo que quiera. Y ustedes no se sienten inclinados a reconocerle esta autonomía; piensan que la situación social presente le fuerza a decidir al servicio de quién quiere él poner su actividad. El escritor burgués de literatura para el entretenimiento no reconoce esta alternativa. Ustedes le comprueban que, aunque no lo acepte, trabaja al servicio de determinados intereses de clase.
-Una obra, una novela, un libro. Necesita insertarla en el conjunto vivo de las relaciones sociales. Dirán con razón que esto se ha hecho ya una y mil veces en el círculo de nuestros amigos. Sin duda. Pero, al hacerlo, muchas veces se ha pasado inmediatamente a términos mayores, y con ello necesariamente al campo de la vaguedad. Como sabemos, las relaciones sociales están condicionadas por las relaciones de producción. Así, al abordar una obra, ha sido usual que la crítica materialista pregunte por la actitud que ella mantiene con respecto a las relaciones sociales de producción de la época.
Se trata de una pregunta importante. Pero también muy difícil. No siempre es posible que su respuesta quede a salvo de malentendidos.
-Los «activistas» y los representantes de la «nueva objetividad», pese a todos sus intentos, no pudieron eliminar el hecho de que incluso la proletarización del intelectual no lo transforma casi nunca en un proletario. ¿Por qué? Porque la clase burguesa le ha entregado, en forma de educación, un medio de producción, y porque éste —en virtud del carácter de privilegio que tiene la educación— lo une a ella en una relación de solidaridad recíproca.
Mientras más preciso sea su conocimiento del lugar que ocupa en el proceso de producción, menor será la tentación de hacerse pasar por un «hombre de espíritu». El Espíritu que se deja oír en nombre del fascismo debe desaparecer. El Espíritu que se enfrenta al fascismo confiado en su propia fuerza milagrosa desaparecerá. Pues la lucha revolucionaria no es una lucha entre el capitalismo y el Espíritu, sino entre el capitalismo y el proletariado.

The vocation of its author, the critic of literature and art. Benjamin, a man close to the production process of so many literati and artists with whom he maintained ties of friendship, calls on his interlocutors – left political intellectuals – to place all their confidence in the spontaneity of the revolutionary character of artistic production. According to him, the “high quality” of a work of art is a sufficient guarantee of that character. Although it must be added that, for him, quality is measured according to a very special criterion: the ability shown by a work of art to account for the technical problems that the history of his craft, as a process intimately connected with the becoming of society as a whole, it raises it in general, and particularly in the case of a modern technology and society, faced with the imminence of a radical change.
The author becomes a spokesman for the most radical revolutionary avant-garde.

Remember how Plato proceeds with the poets in the project of his State. It forbids them to remain in it, in the interest of the community. Plato had a high concept of the power of poetry. But he considered it harmful, superfluous; In a perfect community, it is understood. Since then it has not been frequent that the question about the right of existence of the poet was raised with equal emphasis. Only rarely does it come to be posed in this way, and it is now again posed as such. We are all more or less known as the question about the autonomy of the poet, his freedom to write whatever he wants. And you do not feel inclined to recognize this autonomy; they think that the present social situation forces them to decide in the service of who wants to put their activity. The bourgeois writer of literature for entertainment does not recognize this alternative. You verify that, even if you do not accept it, you work at the service of certain class interests.
-A work, a novel, a book. You need to insert it into the living set of social relationships. They will rightly say that this has already been done a thousand and one times in the circle of our friends. Definitely. But, in doing so, many times it has gone immediately to greater terms, and with it necessarily to the field of vagueness. As we know, social relations are conditioned by the relations of production. Thus, when approaching a work, it has been usual for materialist criticism to ask about the attitude that she maintains with respect to the social relations of production of the time.
It is an important question. But also very difficult. It is not always possible that your answer is safe from misunderstandings.
-The “activists” and the representatives of the “new objectivity,” despite all their attempts, could not eliminate the fact that even the proletarianization of the intellectual hardly ever transforms him into a proletarian. Why? Because the bourgeois class has given it, in the form of education, a means of production, and because this – by virtue of the privileged nature of education – unites it in a relationship of reciprocal solidarity.
The more precise your knowledge of the place you occupy in the production process, the less temptation to pose as a “man of spirit”. The Spirit that is heard in the name of fascism must disappear. The Spirit that faces fascism trusting in its own miraculous force will disappear. For the revolutionary struggle is not a struggle between capitalism and the Spirit, but between capitalism and the proletariat.

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