Historia De Los Bombardeos — Sven Linqvist

Este es un interesante libro sobre lo que conlleva el término bombardeo, el trabajo de documentación es de gran rigor y debo decir que se aprenden bastantes cosas en un libro que quizás sea difícil de seguir pero que telegrafía la información con rigor y ha sido un grato descubrimiento esta obra del escritor sueco.

En el principio fue la bomba. Consistía en una caña de bambú, de las que abundan en China, rellena de un explosivo, como, por ejemplo, la pólvora inventada por los chinos en el siglo IX. Al taponar sus extremos, la caña se convertía en una bomba.
Si se destapaba un extremo, la caña salía despedida hacia delante en la explosión. De esta forma, la bomba se convirtió en un cohete. Pronto fue desarrollado hasta transformarse en un cohete bifásico —un gran cohete que se elevaba en el aire y arrojaba una lluvia de pequeños cohetes sobre el enemigo—. Los chinos utilizaron cohetes de este tipo en la defensa de Kaifeng, en 1232. El uso del cohete como arma se extendió a través de los árabes y de los indios hasta llegar a Europa, alrededor del año 1250, pero volvió a caer en el olvido hasta que los ingleses lo redescubrieron a principios del siglo XIX.
Si se abría el cohete por el otro extremo, la bomba se convertía en un fusil o en un cañón. La explosión despedía cualquier cosa que se hubiera introducido en el cañón, por ejemplo una bala o cualquier otra bomba menor, llamada proyectil.
-La primera bomba lanzada desde un avión explotó en un oasis a las afueras de Trípoli el 1 de noviembre de 1911.
«Los italianos han lanzado bombas desde un avión», comunicó el diario sueco Dagens Nyheter al día siguiente. «Uno de los aviadores ha dejado caer con éxito varias bombas sobre el campamento del enemigo».
Fue el teniente Giulio Cavotti quien, desde su frágil monoplano, lanzó la bomba —una granada de mano danesa— sobre el oasis norteafricano de Taguira, cerca de Trípoli. Unos instantes más tarde, atacó el oasis de Ain Zara. En el primer ataque aéreo se lanzó un total de cuatro bombas, cada una de ellas de dos kilos de peso.
-El primer relato de guerra que describe el uso de bombas data de 1207. Abunda en lo que más tarde se conocería como el «efecto moral» o «efecto del terror». Cuando las bombas explosionaban, «sembraban el pánico en el enemigo; hombres y caballos huían del lugar tan rápido como podían».
-En la Edad Media se distinguía entre bellum hostile, guerra entre caballeros cristianos occidentales, y bellum romanum, guerra contra extraños, infieles, bárbaros o campesinos insurrectos. La bellum hostile estaba sujeta al código caballeresco y se regía por leyes estrictas. La bellum romanum era una guerra sin ley.
Se la llamaba «romana» por que el Imperio Romano tenía fama de ser especialmente despiadado en las guerras. Los romanos asesinaban o esclavizaban a sus prisioneros, saqueaban o destruían las ciudades del enemigo, masacraban poblaciones enteras sin hacer distinciones entre combatientes y no combatientes.
«La guerra romana» fue el término medieval para designar lo que en el siglo XX se denominaría «guerra total».
-El francés se llamaba Léon Foucault (1819-1868), más conocido por su péndulo. Pero éste fue sólo uno entre muchos métodos que ideó para demostrar que la Tierra gira. En 1852 inventó el giroscopio —el nombre viene del griego gyros, anillo, círculo, rotación, y skopein, mostrar—, un disco circular que, al estar suspendido sobre un eje libre, gira en todas direcciones. Mantiene una dirección constante con relación a las estrellas, demostrando así, al igual que el péndulo, la rotación de globo terrestre.
El experimento de Foucault falló porque la fricción hacía que el disco se detuviera antes de mostrar la rotación de la Tierra. Sin embargo, en la década de 1960, su giroscopio fue equipado con un motor eléctrico. Ahora el disco podía girar eternamente. Resultó que su eje señalaba en dirección norte-sur, como la aguja de una brújula magnética.
-El cohete se inventó en China en el siglo XIII, pero fue en la India, a finales del siglo XVIII, donde los británicos lo descubrieron y desde donde lo llevaron a Europa. Lo usaron por primera vez para incendiar Copenhague en 1807. Sin embargo, los cohetes cayeron en desuso debido a su falta de precisión. Nunca se sabía con certeza donde aterrizarían.
Su empleo se reservó para los salvajes y a los bárbaros. Así, se utilizó en Argelia en 1816; en Birmania en 1825; en Ashantee en 1826; en Sierra Leona en 1831; en Afganistán en 1837-1842; en China en 1839-1842 y 1856-1860; contra Shimonoseki en 1864; en América Central en 1867; en Abisinia en 1868; contra el pueblo zulú en Sudáfrica en 1879; contra los nagas en la frontera afgana en 1880; contra Alejandría en 1882, y contra rebeldes en Sudán, Zanzíbar y África oriental y occidental en 1894, sólo por mencionar algunas de las ocasiones más destacadas en las que los británicos utilizaron cohetes para desmoralizar a enemigos «nativos.
-Los españoles lanzaron bombas de metralla desde el aire para castigar a las aldeas rebeldes marroquíes. Todo empezó el 17 de diciembre de 1913, cuando los capitanes Eduardo Barrón y Carlos Cifuentes atacaron el pueblo de Ben Carrich, al sur de Tetuán, lanzando cuatro bombas de carbonita rellenas de explosivos y bolas de acero destinadas a alcanzar objetivos vivientes.
Pero ¿qué ocurría realmente cuando una de estas bolas de acero se introducía en un cuerpo? La ciencia se ocupó del tema. Se llevaron a cabo experimentos que consistían en disparar bolas contra latas de tomate, arcilla de modelar, jabón y demás «simulacros de carne.
-Los británicos no fueron los únicos en bombardear sus colonias hasta conseguir la sumisión. Los españoles mostraron mayor brutalidad en Marruecos. El 29 de junio de 1924, veinte aviones españoles lanzaron seiscientas bombas sobre aldeas cercanas a Tetuán que causaron grandes pérdidas civiles. Los árabes respondieron a estos «métodos bélicos cristianos» torturando y mutilando a los prisioneros de guerra españoles.
En el mes de septiembre, el consulado alemán en Tetuán denunció que los rebeldes marroquíes «eran castigados en el corazón de su país». La aviación destruyó casas, incendió cosechas y atacó aldeas con gas mostaza.
La Convención de Ginebra de 1925 prohibió el gas. En el verano de 1925 la Cruz Roja solicitó permiso para enviar inspectores a la zona de conflicto para que investigaran las acusaciones de utilización de gas. Los españoles rechazaron la solicitud. En cambio, invitaron a dos militares alemanes para que sirvieron durante un tiempo en las fuerzas aéreas españolas «a fin de adquirir experiencia, sobre todo en el uso de gas en ataques aéreos». En un informe secreto de aquel viaje, los alemanes escribieron que «España depende primordialmente del resultado de los ataques aéreos sistemáticos y del efecto devastador del gas asfixiante».
-El futuro dictador de España, Francisco Franco, tenía veinte años cuando llegó a África en 1912. Pasó allí más de diez años. La guerra colonial sería la gran experiencia formativa de su juventud.
En 1920 participó en la fundación de la Legión Extranjera española, compuesta por criminales indultados y veteranos inadaptados de la Primera Guerra Mundial, una mezcolanza canalla de varias nacionalidades que disfrutaba desfilando con las cabezas de sus enemigos clavadas en la punta de sus bayonetas. La disciplina era tal que un soldado podía ser ajusticiado por la menor ofensa, pero, a cambio, le era permitido cometer cualquier atrocidad en las aldeas conquistadas.
A principios de la Guerra Civil española, en 1936, la aviación alemana trasladó a España a estos legionarios y, con ellos, toda la brutalidad de la guerra colonial.
Gobernar Marruecos equivalía a aterrorizar a sus gentes. Gobernar era una muestra de superioridad innata. El pueblo lo constituían niños que necesitaban la mano firme de un padre. Franco se trajo de vuelta a casa esta actitud colonial. La ocupación de Marruecos fue el modelo que siguió durante las cuatro décadas que duró la ocupación de España.
-La diferencia entre los dos pioneros espaciales Tsiolkovski y Goddard residía en que el norteamericano había llevado a cabo experimentos prácticos. El 16 de marzo de 1926 lanzó su primer cohete de combustible líquido. No estaba propulsado por pólvora, sino por oxígeno líquido y gasolina. Describió el lanzamiento como algo «casi mágico cuando se elevó por el aire, sin producir ningún ruido ni ninguna llama apreciables, como si dijera: “llevo ya bastante tiempo aquí; creo que me voy a otra parte, si no os importa”».
No llegó muy lejos en su camino hacia el espacio. Tan sólo quince metros, casi tan lejos como la primera máquina voladora de los hermanos Wright.
-La novela definitiva sobre el gas es, sin lugar a dudas, Valiant Clay (1934), que vendió 100 000 ejemplares gracias a su profecía, según la cual, la guerra empezaría el 3 de septiembre de 1940 con un ataque alemán a Polonia y más tarde se convertiría en una guerra química internacional que causaría la muerte de 1.5 billones de seres humanos.
La Unión Soviética ataca China, pero es repelida por las fuerzas aéreas chinas, que transforman Rusia en un desierto desde donde un puñado de sobrevivientes huye en dirección oeste y muere en las zanjas o víctima de perros salvajes.
-En el período de entreguerras el miedo a un nuevo tipo de guerra, una guerra que de pronto caería como un rayo desde un cielo despejado sobre seres humanos pacíficos y desarmados, fue creciendo en Europa. Guernica le dio nombre a este miedo.
Así lo formuló el mismo año que nací, en 1932, el dirigente del partido conservador británico Stanley Baldwin: «En la próxima guerra, cualquier ciudad al alcance de los aviones del enemigo podrá ser bombardeada durante los primeros cinco minutos de guerra de una manera inconcebible en la guerra anterior […] La única defensa es un ataque, lo cual significa que tendremos que matar a más mujeres y niños y hacerlo de forma más rápida que el enemigo, si queremos salvarnos».
Ni el mismísimo Douhet lo habría resumido mejor.
Una serie de autoridades militares ya había tildado de absurda y anticuada la idea de ahorrar vidas civiles. La supuesta inmunidad de los civiles estaba, según M. W. Royse en Bombardeo aéreo (1928), en función del alcance limitado de la artillería. Ahora que la aviación había ampliado considerablemente el campo de acción, no había razón alguna para limitar la guerra a aquellos que fueran capaces de defenderse.

-La mañana del 6 de agosto, a las 8:16:02, el sueño de la superarma se hizo realidad. La primera bomba atómica estalló sin aviso sobre Hiroshima con la fuerza de 12 500 toneladas de trinitrotolueno. Fue el inicio de un nuevo tipo de guerra.
Los primeros segundos de esta nueva guerra se desarrollaron de la siguiente manera:
0.0 s
La bomba detona a aproximadamente 600 metros sobre el hospital Shima, en el centro de Hiroshima, en plena hora matutina. La temperatura en el lugar de detonación sube varios millones de grados en una millonésima fracción de segundo.
0.1 s
Se forma una bola de fuego con un diámetro de quince metros y la temperatura sube hasta alcanzar los 300 000 grados aproximadamente. Al mismo tiempo, neutrones y rayos gamma alcanzan la tierra causando daños radioactivos directos a organismos vivos.
0.15 s
La bola de fuego se expande y la onda expansiva lo hace aun más rápido; el aire se incendia hasta resplandece.
0.2 – 0.3 s
Se liberan enormes cantidades de energía infrarroja, causante de la mayor parte de las quemaduras en seres humanos.
1.0 s
La bola de fuego alcanza sus dimensiones máximas, entre 200 y 300 de metros de diámetro. La onda expansiva que propaga el fuego avanza a la velocidad del sonido.
Cuando más tarde, ese mismo día, los equipos de rescate lograron entrar en la zona, apenas quedaba nadie a quien rescatar. Su labor consistió primordialmente en reunir y trasladar a miles de cadáveres. Los que habían muerto al instante fueron abandonados entre los escombros. Los que sobrevivieron unos cuantos minutos o unas cuantas horas, yacían amontonados en los puentes y las orillas del río o flotaban en el agua, tras haber intentado escapar a la tormenta de fuego.
Aproximadamente 100 000 habitantes (95 000 de ellos eran civiles) murieron instantáneamente. Otros 100 000, la mayoría de ellos también civiles, sufrieron una muerte larga y prolongada por los efectos de la radiación.
-Tan sólo un periodista, el australiano Wilfred Burchett, se saltó las reglas y consiguió publicar un informe sobre Hiroshima libre de censura. Su reportaje ocupó la portada del London Daily Press del 6 de septiembre y se volvió a publicar posteriormente en diarios del mundo entero: «En Hiroshima, treinta días después de que la primera bomba atómica destruyera la ciudad y conmocionara al mundo, la gente que salió ilesa del cataclismo sigue muriendo, de forma misteriosa y horrible, de un algo desconocido que sólo puedo describir como la plaga atómica…»[261].
En el único hospital que quedaba en la ciudad, Burchett vio a cientos de pacientes echados en el suelo en diferentes estados de deterioro físico. Sus cuerpos estaban demacrados y despedían un hedor repelente. Muchos sufrían graves quemaduras. Burchett cita al doctor Katsuba, quien por entonces trabajaba en el hospital:
Al principio tratamos las quemaduras como hubiéramos tratado cualquier otra, pero los pacientes simplemente se consumían y morían. Luego la gente… no sólo aquí, donde explotó la bomba, enfermaba y moría. Por ninguna razón aparente, su salud empezaba a fallar. Perdían el apetito y el pelo de la cabeza, sus cuerpos se cubrían de manchas azuladas y comenzaban a sangrar por la nariz, la boca y los ojos.
Empezamos a suministrarles inyecciones de vitaminas, pero descubrimos que la carne se pudría alrededor del pinchazo de la aguja. Todos los pacientes terminan por morir. Ahora sabemos que hay algo que acaba con los glóbulos blancos y no podemos hacer nada para remediarlo. Toda persona que llega como paciente, sale cadáver.

-En Legalidad de las armas nucleares (1958), George Schwarzenberger, uno de los más destacados expertos en derecho internacional de Gran Bretaña, se pregunta hasta que punto está protegida la población civil, a la vista de los métodos utilizados durante la Segunda Guerra Mundial.
Era obvio que la distinción entre combatientes y no combatientes había sido dejada de lado sistemáticamente durante la guerra. Parece ser que en los círculos políticos y militares se empezaba a considerar a amplios grupos indefinidos de civiles como objetivos legítimos. En la actualidad, para ser considerado civil es imprescindible abstenerse completamente de contribuir al esfuerzo bélico y mantenerse a una distancia significativa de cualquier objetivo militar de importancia.
Pero, ni siquiera tomando estas precauciones, pueden evitarse las consecuencias de una guerra nuclear. Una bomba de hidrógeno con un rango de diez kilotones, que tiene cinco veces más potencia que todas las bombas que se le lanzaron sobre Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, también propagaría la lluvia radioactiva por amplias zonas de la Tierra.
-En 1960 los Estados Unidos todavía controlaban gran mayoría de las armas nucleares del mundo: 10 000 bombas, de las cuales 1000 eran bombas de hidrógeno. Su arsenal era al menos diez veces mayor que el de la Unión Soviética. Asimismo, los Estados Unidos eran muy superiores en cuanto al número de bombarderos y disponían de una red de bases militares desde las que podían alcanzar cómodamente cualquier zona de la Unión Soviética.
Aquel año, Eisenhower aceptó una nueva propuesta de reducción de objetivos nucleares, que se caracterizaba por su espíritu de compromiso. Tan sólo contenía 280 objetivos militares y políticos, además de otros 1000 objetivos en 131 ciudades.
Cuando Kennedy asumió la presidencia en 1961, fue informado de la última creación del ejército, el Single Integrated Operations Plan (SIOP, plan integrado de operaciones). Este plan se basaba en la superioridad militar abrumadora de los Estados Unidos sobre la Unión Soviética y partía de la presunción que los Estados Unidos serían los primeros en utilizar armas nucleares. Según el SIOP, no menos de 170 bombas atómicas y de hidrógeno estaban dirigidas contra Moscú. El plan no daba lugar a la exclusión de objetivos en China y Europa.
-El napalm utilizado en Vietnam no era el mismo que durante la guerra de Corea había pelado como naranjas a seres humanos. La investigación continuada había creado nuevos tipos que se adherían mejor a la piel, quemaban en profundidad y causaban mayores daños.
Las cantidades utilizadas también habían aumentado. Durante la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos habían lanzado 14 000 toneladas de napalm, primordialmente contra objetivos en Japón.
Durante la guerra de Corea, los aviones de los Estados Unidos soltaron más de 32 000 toneladas de napalm. A estas cantidades hay que añadir las que lanzaron las fuerzas aéreas de otros países y la Marina de Guerra norteamericana.
En la guerra de Vietnam, entre 1963 y 1971, los Estados Unidos lanzaron alrededor de 370 000 toneladas de napalm del tipo nuevo y más eficaz.
Las cantidades provienen del informe sobre el napalm del secretario general de la ONU presentado en octubre de 1972. El napalm era muy popular entre los militares porque, según dicho informe, «combinaba una aplicación zonal óptima con un alto poder incapacitador».
-El joven que el 19 de abril de 1995 hizo estallar el edificio federal de Oklahoma matando a 168 personas no tuvo acceso a las armas nucleares. Su acción se inspiró en The Turner Diaries (1977), durante más de dos décadas libro de culto de la extrema derecha y del cual, según la publicidad de la editorial, se habían vendido más de 198 000 ejemplares. Timothy McVeigh, que fue condenado por el atentado, estaba completamente trastornado por el mensaje de la novela, la cual había supuesto un punto de inflexión en su vida.
En la actualidad, las tradiciones norteamericana y europea han empezado a fundirse en algo que «ni equivale al nacionalsocialismo europeo, ni a la ideología racista norteamericana, sino que es una nueva forma de racismo militante», escribe la historiadora sueca Heléne Lööw.
Para este movimiento global, Turner y su genocidio de las razas no blancas constituyen una gran fuente de inspiración. Un nazi sueco le contó a Lööw: «Es un libro fantástico, lo cuenta tal como es, te llega al corazón, después de leerlo me convertí en la persona que debía ser. Recoge a la perfección la filosofía de [la revista neonazi] Storm.

-El Palacio de la Paz de La Haya fue un regalo de un multimillonario norteamericano. Y eso es exactamente lo que parece: la fantasía medieval de un millonario moderno, una fortaleza de la paz, con sus torres y pináculos, un palacio de cuento en medio de un bosque de cuento, donde sólo una nota discordante, una alambrada eléctrica, nos devuelve a la realidad.
Allí se reunieron trece hombres y una mujer el 6 de julio de 1996. Todos ellos vestían togas y estaban a dispuestos a contestar las preguntas de la Asamblea General. No asistió ningún periodista sueco. Lo que sigue es un resumen de las conclusiones, brevemente comentadas:
a) por unanimidad, que el derecho internacional no contempla autorización específica alguna acerca de la amenaza o el uso de armas nucleares.
b) con 11 votos a favor y 3 en contra, que el derecho internacional no contempla prohibición general o universal de la amenaza de uso o el uso de armas nucleares.
c) por unanimidad, que la amenaza o el uso de armas nucleares son ilegales cuando violan la prohibición de guerras ofensivas establecida en el Estatuto de las Naciones Unidas (artículo 2, párrafo 4) o no satisface los requisitos (del artículo 51), aplicables al uso del derecho propia, especialmente el requisito de proporcionalidad (de no utilizar más violencia que la estrictamente necesaria).

-¿Pero el uso de armas nucleares realmente puede llegar a ser compatible con el derecho humanitario internacional? ¿Es realmente posible que los efectos de las armas nucleares dejen indemnes a las personas civiles o se detengan en las fronteras de los Estados neutrales? Ésta fue la cuestión planteada por la Asamblea General: ¿existe alguna circunstancia bajo la cual sería aceptable el uso de armas nucleares?
El japonés Shigeru Oda, quien no quería contestar a esta pregunta, y los magistrados de las tres potencias nucleares de Occidente —Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia— arguyeron que el uso de armas nucleares (como, por ejemplo, el ya conocido acorazado en medio del océano) no tendría por qué afectar a civiles o neutrales por lo que, en ciertas circunstancias, podría ser compatible con el derecho internacional.
-El que las armas nucleares hayan quedado obsoletas no significa que no sean peligrosas. Todavía pueden causar accidentes de consecuencias catastróficas. Las armas o las materias primas con las que han fabricado pueden caer en manos de extremistas o criminales.
En la actualidad muchos depósitos rusos de uranio altamente concentrado están desprotegidos, situados en zonas sin alambrado, sin cámaras de vigilancia, ni detectores, dijo William Potter, director del Center for Nonproliferation Studies (Centro de No Proliferación), en un artículo aparecido en 1998 en el Washington Post. Volvía de un viaje de inspección a quince instalaciones nucleares rusas. Los guardias, quienes llevaban meses sin cobrar su sueldo, habían desactivado las alarmas.

-Tanto el crecimiento económico como el demográfico se suelen representar en porcentajes que ocultan lo esencial: el crecimiento económico, reflejado en productos y servicios, tiene lugar esencialmente en el mundo rico, mientras que el crecimiento de la población, reflejado en número de personas, acontece en los países pobres. Cada día hay más personas que nacen en la pobreza, la ignorancia y el hambre. Cada vez nacen más personas sin valor alguno para la economía interdependiente, aunque sean víctimas de sus efectos. Cada vez nacen más personas para las que la violencia es la única salida.
Todos los métodos hasta ahora puestos en práctica para mantener a un número cada vez mayor de personas e incrementar su nivel de vida agotan los recursos limitados del planeta y contaminan el aire, la tierra y el agua. A lo largo del siglo XX ha quedado claro que el nivel de vida de la que han gozado los habitantes de los países industrializados no es trasladable al resto de la población mundial. Hemos creado un estilo de vida que siempre estará limitado a unos pocos.
Estos pocos pueden estar integrados por una amplia clase media en unos pocos países y una reducida clase alta en el resto del mundo. Los miembros se reconocen entre sí por su poder adquisitivo. Comparten el interés por conservar sus privilegios, a la fuerza si cabe. También ellos han nacido para la violencia.
De esta violencia, tanto la que ya ha tenido lugar, como la que todavía dormita pero que está latente, emergen los sueños genocidas. La injusticia que defendemos nos obliga a aferrarnos a las armas de destrucción masiva, que nos permitirán hacer realidad nuestras fantasías en cualquier momento. La violencia global es el núcleo duro de nuestra existencia.

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