El Cerebro De Donald Trump: ¿Quién Es El Presidente Magnate? — Eloy Garza González / The Brain Of Donald Trump Who Is The President Magnate? by Eloy Garza González

Este es un libro que me ha parecido interesante para conocer más a Trump pero no debemos obviar que de tonto no tiene un pelo además de ser secundado por cantidad de norteamericanos y sin duda da un poco de luz a este fenómeno acaecido en las elecciones presidenciales.

El cerebro de Trump, educado en Wharton, criado en el jet set, opera de manera similar al de los sujetos desalmados, ególatras, narcisistas, intolerantes, vulgares, enemigos del establishment (lo cual lo reviste con ciertas prendas ennoblecidas) y convencidos de arremeter contra los políticos profesionales, usando partidos como el Republicano, que deshuesan apenas arriban al pináculo del poder;  los trituran o los mandan al astillero de las organizaciones políticas desvencijadas.
-Los Bad Hombres como The Donald son sociópatas. No empatizan con los demás. Aunque transmitan engañosos afectos, carecen del mínimo remordimiento y exageran sus logros. Trump presumía que su Taj Mahal tenía 52 pisos de altura, cuando las plantas de la 3 a la 13 no se construyeron. Algunos son peores que otros. Pero todos son amantes del poder, machistas en su vida privada y pública. “Nada mejor que acompañarse de una nalga fresca y bella” según confesión de The Donald en una entrevista, donde también dejó claro que los hombres de negocios de cierta edad deben salir con mujeres jóvenes.
-Las instituciones, la abstracción del Estado, salta por los aires cuando hace su aparición, a la mitad del foro, The Donald, personero de la política, antipolítico. Aprovecha la crisis y el descrédito de la partidocracia. La personalización de la política refleja los destellos luminosos pero siniestros de líderes carismáticos como The Donald, con pinta de predicadores, populistas, con soluciones simples a problemas sociales y económicos complejos; se dicen representantes del ciudadano común, enemigos del viejo orden, xenófobos, expertos en corregir las desigualdades y defensores acérrimos del proteccionismo estatal.
En un primer momento suelen restaurar la esperanza social. Transmiten la sensación a las familias de bajos recursos de que se preocupan por ellas. Pretenden ser sus representantes. Conjuran la frustración popular. Por eso, soslayan la mediación entre su figura y el pueblo de organizaciones no gubernamentales, de asociaciones civiles.
-El conocido ensayista y financiero de origen libanés, Nassim Nicholas Taleb, coincide en este aspecto con Trump: los seres humanos y en general las cosas se benefician de lo imprevisible, de la volatibilidad y de los hechos inesperados. En suma, de lo que él denomina Cisnes Negros. Al menos esa es la tesis que despliega en su libro Antifragile. Things that gain from disorder (2014), y que causó revuelo en los círculos intelectuales. Esto, a pesar de que denuncia las enseñanzas de Universidades como Harvard.
Para Taleb, no existe una palabra en ningún idioma que designe el beneficio que conlleva el exponerse continuamente a la incertidumbre, el desorden y el azar. De ahí que el autor invente un término para definir justo lo contrario de lo frágil: lo “antifrágil”, fácilmente traducible a cualquier idioma moderno.
-Sin embargo, un hábito distingue a Trump de Branson y de la mayoría de los multimillonarios: para el gigantón del copete rubio era importante aparecer en Forbes, año tras año, con la cifra exacta de su patrimonio (que según él ronda los 10 mil millones de dólares pero que según cálculos de Bloomberg, basados en la declaración que el candidato presentó para su campaña presidencial, son 2 mil 900 millones de dólares, que lo ubica en el lugar 405 en la lista de Forbes). Y de ser posible, hasta incrementar el dato con algún artilugio financiero que le deje escalar en la jerarquía de las mayores fortunas personales. Los demás magnates no lo hacen porque son cautelosos: no quieren exponerse a una investigación de las autoridades fiscales que pueda meterlos en problemas.
Pero para Trump y su ego desmesurado, bien vale el riesgo si su popularidad crece exponencialmente. Su cerebro parte de principios opuestos a los ordinarios: lo importante es ostentar la riqueza personal, vanagloriarse de las mansiones, los yates y los jets privados. Sin contar las bellas mujeres que colecciona. La fortuna se alardea o no sirve para nada. Si la gente sabe que eres muy rico, las expectativas de negocios se expanden y te vuelven aún más rico.
-Donald Trump ganó la presidencia de EUA a pesar de ser uno de los peores debatientes del mundo. El populismo es escuela de polemistas: proferir sandeces suelta la lengua, la irresponsabilidad libera el ingenio, la incoherencia afloja la labia. Pero en Trump, el populismo no le distiende los músculos. Se tensa, se ahoga, se crispa, se enerva. Sus salidas de tono destilan ansiedad no hilaridad. Lo suyo no es debatir como político sino aplastar como monster truck. Un cerebro regido por la ironía, que no se toma en serio, es la primera regla que no debe infringirse. De otra manera, el ironista se dispara en el propio pie.
Pero Trump se toma muy en serio. Se burla de todo mundo, menos de sí mismo. Un comodín que se cree un as. Cuando alardea como estrella de farándula que las mujeres no se le resisten, no bromea: tocarle su vagina a una casada es el fin de una estrategia. No hay sarcasmo en sus comentarios sexistas: hay un plan casi militar.
Trump ha dejado patente que no procesa bien las críticas ajenas, las de la prensa y la evaluación severa de su desempeño por parte de la opinión pública.
Trump levantó un muro no en la frontera mexicana sino en el inconsciente colectivo yanqui, que es peor. Un muro grueso y elevado que no pagará nadie, otra forma de decir que lo tendrán que pagar todos, sin excepción de sexo, credo o color de piel. Los estadounidenses despertaron un día después de las elecciones presidenciales no como la coreografía electoral de un bufón, sino como pacientes de un gigantesco hospital psiquiátrico, donde un pueblo entero ocupa de medicación.

Hillary decía una cosa o la opuesta. Era la dama bifronte. ¿Esquizofrenia? Por supuesto que no. ¿Hipocresía? Tampoco. Simple supervivencia política. Hillary abanderaba el proteccionismo económico en EUA, pero de visita en Brasil alabó las ventajas del comercio sin fronteras.
Hillary tildó de principiante e incapaz a Obama en la campaña presidencial donde contendieron y luego, como su secretaria de Estado, lo definió como gran estadista. Hillary apoyó a Wall Street en varias conferencias privadas ante banqueros, pero luego exigió públicamente no salvar a las instituciones de crédito en bancarrota.
Hillary Clinton no es la excepción en la política de cualquier país. La mayoría de los políticos son bifrontes: muestran dos caras. Dicen una cosa en una cena de ricos y la opuesta en un mitin de pobres.
Bill Clinton sí cumplió con ese manojo de retos que contaba en sus elevator pitch. En cambio su esposa Hillary, como candidata presidencial, fue profusa y difusa. No era capaz de explicar sus propuestas de gobierno concisamente: se extendía en detalles técnicos y saltaba verbalmente de un tema a otro.
Donald Trump tiene muy claras sus dos o tres ideas de gobierno (es un decir), tan controvertidas como racistas. Para enumerar sus propuestas electorales, Hillary Clinton necesitaba ponerle un elevador al Monte Everest. Para mencionar las suyas, Trump solo ocupaba subir tres pisos en el ascensor de cualquiera de sus torres doradas. Y lo peor es que así convenció a los electores.

-Una de las columnas de apoyo fue el famoso empresario casinero, Sheldon Adelson, con una fortuna estimada en 34 mil millones de dólares, entre cuyas inversiones está un poderoso medio de comunicación en Israel. El otro pilar fue Rupert Murdoch, el octogenario magnate mediático mas importante del mundo, quien además de aportar recursos económicos a la campaña presidencial del republicano puso al servicio de Trump Fox News y The Wall Street Journal. Y junto a Adelson y Murdoch, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, amigo personal de ambos magnates.
Este triunvirato hizo realidad algo que parecía imposible: convertir a Trump en Presidente de EUA y acelerar la solución definitiva al conflicto árabe-israelí. Por eso el primer mandatario que declaró su beneplácito por la victoria presidencial de Trump fue Netanyahu con una frase sin ambages: “El Presidente electo Donald Trump es un verdadero amigo de Israel y estoy deseando trabajar con él para avanzar en la seguridad, la estabilidad y la paz en nuestra región”.
-La gente quiere y necesita que le hablen de valores (como lo hace Sanders o como a lo bruto pero con efectividad lo hace Trump) y está dispuesta a votar al que, más allá de sus convicciones íntimas, consiga satisfacer aquel deseo o necesidad del modo más sencillo y auténtico. Hillary Clinton no hablaba de valores simples. Y eso la remitió a la complejidad aburrida. Nada fue igual para Hillary en la campaña presidencial de 2016; en vez de simplicidad, se embrolló en el discurso confuso.
-En los años noventa, Trump se declara insolvente y saca una buena parte de sus recursos de las instituciones de crédito. Su vida es una sucesión de deudas millonarias que por ningún motivo acepta pagar. Su lema es vivir endeudado para siempre. Aunque su reputación se dañe (cosa que lo tiene sin cuidado porque con un reality show vuelve a recuperarla). Los EUA es un pueblo sin memoria. El ahora presidente dejó de pagar en la década de los noventa más de cuarenta millones de dólares en intereses bancarios. También se negó a pagar cualquier tipo de deuda y se convirtió en el diablo en persona para sus acreedores y socios inversionistas. Los dueños de bonos del Trump Castle Casino perdieron en un par de días, sin explicación alguna, más de cincuenta  millones de dólares.
Gracias a su condición de celebridad –aparición en la WWE, presencia en televisión y radio y en las portadas de las revistas de sociales– anunció su insólita conversión en imagen como exclusivo sujeto de crédito. Obvio, en el camino de tantas pillerías financieras perdió propiedades, por ejemplo, las gigantescas torres gemelas de West Palm, Beach, en Florida. De igual forma perdió el Trump Princess su yate de 84 metros de eslora. Por pura táctica perversa, vendió sus acciones del Grand Hyatt de la Calle 42 a los Pritzker, 18 de Chicago, por 142 millones de dólares, aunque de la venta apenas se quedó con 25 millones de dólares.
Pero a Trump no le importa deshacerse de bienes materiales, si gana en liquidez para sus siguientes negocios.
-Lo más probable es que Trump provoque una nueva recesión económica como resultado de sus decisiones atrabancadas, reflejo de su volátil personalidad. Pero dará igual: su pueblo se lo buscó, su pueblo se lo ganó. Los economistas reconocen el crecimiento de un país por la capacidad recaudatoria de su gobierno o por los subsidios que recibe su población. Nada más falso. Contra el programa de gobierno paternalista y nacionalista de Trump, un país crece a partir de los contratos voluntarios que celebran los particulares. Más impuestos como quiere Trump no eliminan por sí mismos la corrupción. Más subsidios no acaban con la pobreza. Pero los contratos entre particulares sí evidencian una economía en expansión, porque establecen cooperaciones privadas y motivan el beneficio mutuo.
-Trump ha elegido a los mexicanos como sus enemigos y al Tratado de Libre Comercio entre EUA, México y Canadá como el foco de sus ataques, cuando fue un acuerdo que defendieron tres presidentes estadounidenses, durante 22 años y que opera aceptablemente, con un comercio bilateral entre México y EUA que asciende a 531 millones de dólares anuales, sin contar los servidos alrededor de ese rubro; que ascienden a 60 mil millones de dólares anuales.. Pero según Trump “el NAFTA es el peor acuerdo en la historia de Estaros Unidos y tu marido lo firmó” acusó en uno de los debates a Hillary Clinton y amenazó a las plantas industriales que habían migrado a México a que volvieran a suelo americano, so pena de imponerles un impuesto de 35% a las unidades exportadas de su vecino del sur.
-Quiere compararse a Donald Trump con Ronald Reagan. Otra falsedad. Reagan fue dirigente de uno de los sindicatos más complejos y demandantes de negociación: el Screeb Actors Guild. Fue su principal escuela política. Después gobernó California durante ocho años, en los peores tiempos de la contracultura y las rebeliones estudiantiles. Cuando finalmente Reagan llegó a la Casa Blanca, lo hizo como político curtido y experimentado.
Trump no ha gobernado nada y opera gracias a los intersticios del capitalismo de amigos. Carece de la mínima experiencia política, y no evita confrontar y atacar de frente al adversario o a sus propios socios o inversionistas. Trump no será el primer ególatra, narcisista e intolerante que ocupe un importante cargo público; sin duda el más influyente del mundo. Pero todos los gobernantes improvisados y extremistas como él terminan igual: destruyen lo que pisan antes de destruirse solos.
-Trump usa un bisoñé de mala calidad, combinado con injertos de cabello, trajes convencionales, vocabulario elemental, maneras equidistantes al refinamiento. Eso sí, voló durante toda su campaña presidencial en un avión 757 adaptado para solo 43 pasajeros, con cinturones de seguridad que se ajustan con hebillas de oro. Trump aspira a identificarse con las masas para que estas se identifiquen con él. De esta manera se ganó la aceptación del norteamericano medio, con sus prejuicios, ignorancia y provincialismo. Imitó a la mayoría para que la mayoría lo imité a él.
El trickle-up inspiró a Trump para que el elector-tipo lo viera como símbolo aspiracional, role model o modelo a seguir. Así, manipuló en su campaña presidencial la identidad social, hasta ajustarla a sus intereses personales. En la vulgaridad congénita de Trump se elimina la diferencia entre cada individuo: todos son uno y lo mismo.
-Se dice que los culpables de la victoria de Donald Trump fueron los medios masivos convencionales y las erráticas encuestas. La televisión y en general los medios masivos despreciaron la campaña presidencial de Trump. La explicación de que esta andanada mediática contra el candidato republicano fue un fiasco podemos desentrañarla en un viejo ensayo de Joe Trippi: Technology has given politics back its soul. Trippi es uno de los grandes innovadores de la forma de hacer campañas electorales, desde su profesión de tecnólogo (cursó ademas ingeniería aeronáutica en la State University de San José).
¿Qué hizo Trippi para ser el artífice de los buenos resultados para Obama en los comicios presidenciales de EUA del 2012? Rechazar la televisión como medio promocional. Por encima de los medios masivos, consiguió la victoria electoral mediante el uso de las tecnologías personalizadas, llamadas Peer-to-Peer. Además son más baratas que un spot.
Trump representa el triunfo ideológico de la posverdad. El término nació de un artículo aparecido en 2010 en una revista norteamericana defensora del medio ambiente: Grist. El autor del articulo, David Robert, aludía a los políticos que negaban el cambio climático. De ahí se ramificó a otras connotaciones. La posverdad se refiere a la política mentirosa, que no se limita a distorsionar la realidad sino que se da el lujo de inventar otra.
-Una de las mejores jugadas de Vladimir Putin fue influir en la campaña presidencial de EUA en 2016. Apoyó a Donald Trump quien dice ser su más  rendido admirador y lo elogia en cuento el nombre del líder del Kremlin sale a colación, acaso por el potencial inmobiliario que ve en suelo ruso, advierte la prensa maliciosa.
“Todos tenemos problemas. Rusia tiene un montón de problemas, pero si le gusto a Putin y si cree que soy listo… y sí tiene razón, soy brillante”, declaró Trump, aunque el vocablo que usó Putin en su críptico cumplido cuando le preguntaron por Trump fue iarki, que más que brillante, significa pintoresco.
La admiración entre ambos no decayó ni cuando las principales agencias de inteligencia de EUA (FBI, CIA y NSA), publicaron el informe de 25 páginas en enero de 2017 en el que daban pruebas de que Putin ordenó influir en las elecciones estadounidenses del 2016, mediante ciberataques.
El Kremlin le otorgó a Tillerson la medalla de la Orden de la Amistad 2013. Y Tillerson correspondió la deferencia condenando las sanciones de EUA y la Unión Europea a Rusia, tras la abusiva anexión de Crimea. La explicación de tanto enredo diplomático podemos extraerla de uno de los discursos de Hillary Clinton a banqueros de Wall Street que publicó WikiLeaks: “La política es como hacer embutidos. Es desagradable y siempre ha sido así (…). Pero si todo el mundo vieras las discusiones tras bastidores y los acuerdos, entonces la gente se pondría un poco nerviosa por decir lo menos. Por lo tanto, se necesita una posición pública y una posición privada”.
-Cada día que pasa, Telémaco añora más a su progenitor y desprecia más a los pretendientes: medran en su casa, celebran sin cesar con manjares, mujeres y vino (cuenta La Odisea: “sentados sobre cueros de bueyes que ellos mismos degollaron. Varios heraldos y diligentes sirvientes les escancian vino y agua, limpian las mesas y trinchan carne en abundancia”) son los parásitos que gozan a sus anchas, a falta del padre de Telémaco, colmando sus ganas de comer y de beber, ocupando el pensamiento en banalidades: “el canto y el baile, que son los ornamentos del convite”.
Telémaco es ese segmento social harto de la clase política tradicional, de la partidocracia. Los pretendientes de la madre de Telémaco son la burocracia parasitaria, que vive holgadamente, consumiendo la despensa y la cava de la casa del hijo de Odiseo, corrompiendo las buenas costumbres y celebrando su fortuna a expensas de Telémaco, símbolo de la sociedad desvalida. Los pretendientes no producen nada, sólo saquean, exprimen, gozan y roban a manos llenas.

En las sociedades moralmente enfermas, como pasa con Estados Unidos, las multitudes mal gobernadas toleran creencias absurdas como pensar que Trump es un ser superior a los demás, porque cree que la gente lo cree y lo siente de esa manera. La “Paradoja de Abilene” es a todas luces de un engaño colectivo. La mayoría de los ciudadanos son ciegamente obedientes al poder político, como lo son ahora con Trump.
El sometimiento voluntario de los seres humanos a una línea de mando superior tiene un sentido negativo; así se forjan las “sociedades administradas”. ¿Pero qué pasa si la autoridad nos manipula, nos roba “legítimamente” nuestro dinero mediante los impuestos?.
Se supone que el gobierno es el principal vigilante de la equidad en la prestación de bienes de consumo colectivo, producidos para todos. El Estado es responsable de sancionar a quien se excede en el uso de un recurso de propiedad común o quien roba un bien particular. La autoridad pública restaura cualquier desviación en la asignación pareja de recursos entre la población. Legalmente, el gorrón, el polizón, el colado, merece ser sancionado proporcionalmente al abuso del bien público que comete, o al bien que roba del patrimonio de otro particular. ¿Pero qué pasa cuando el  free-rider es el propio inquilino de la Casa Blanca? ¿Cuando el mayor vival es el Presidente Donald Trump? ¿Cuando el polizón de un barco es el propio capitán del navío?
Algunos teóricos suponen que el free-rider es un “fallo del mercado”, cuando en realidad es el principal “fallo del gobierno”.
No todos los vaticinios son malos. Tal parece que la administración Trump ha decidido acabar de un plumazo con la hegemonía de EUA en el orden internacional que forjó sin descanso desde 1945, para iniciar una política que llamaría de ensimismamiento. Curiosamente, este retraimiento de EUA de los asuntos globales coincide con la retirada tajante de Gran Bretaña de la Unión Europea (Brexit). Los dos colosos hacen mutis global y se despojan de su papel de potencias. Desde que Nigel Farage, entonces líder del UKIP encabezó a los partidarios del Brexit para ganar el referéndum de junio de 2016 y sacar al Reino Unido de la UE, intuyó claramente la victoria electoral de Trump. Como si ambos hechos estuvieran conectados con un hilo invisible de proteccionismo económico sin precedentes. 
Lo curioso es que los anglosajones se alejan solos, sin presiones externas, del plano mundial. Dos imperios que dominaron los cinco continentes y que dieron forma a Bretton Woods, la ONU y el Plan Marshall. Este relevo de mandos se hace pacíficamente, sin violencia. Lo que sigue para ambas naciones es el aislacionismo y el paso franco al verdadero orden multicultural. Desde luego, si China lo permite, ansiosa de relevar a los dos imperios. Y es que en política, los vacíos se llenan rápidamente. Un final de época. El inicio de una nueva era.

This is a book that I found interesting to know more about Trump but we must not forget that fool does not have a hair in addition to being seconded by many Americans and certainly gives a little light to this phenomenon in the presidential elections.

The brain of Trump, educated in Wharton, raised in the jet set, operates in a similar way to the heartless, egotistical, narcissistic, intolerant, vulgar, enemies of the establishment (which clothes him with certain ennobled garments) and convinced to lash out against professional politicians, using parties like the Republican, who debone as soon as they reach the pinnacle of power; they crush them or send them to the shipyard of the rickety political organizations.
-The Bad Men like The Donald are sociopaths. They do not empathize with others. Although they transmit deceptive affections, they lack the least remorse and exaggerate their achievements. Trump presumed that his Taj Mahal was 52 stories high, when the plants from 3 to 13 were not built. Some are worse than others. But all are lovers of power, macho in their private and public life. “Nothing better than being accompanied by a fresh and beautiful buttock” according to The Donald’s confession in an interview, where he also made it clear that businessmen of a certain age must date young women.
– The institutions, the abstraction of the State, jumps through the air when it makes its appearance, in the middle of the forum, The Donald, a politician, antipolitical. Take advantage of the crisis and the discredit of the partidocracia. The personalization of politics reflects the luminous but sinister glimmers of charismatic leaders like The Donald, looking like preachers, populists, with simple solutions to complex social and economic problems; they say representatives of the common citizen, enemies of the old order, xenophobes, experts in correcting inequalities and staunch defenders of state protectionism.
At first they usually restore social hope. They convey the feeling to low-income families that they care about them. They pretend to be its representatives. They conjure up popular frustration. For that reason, avoid the mediation between your figure and the people of non-governmental organizations, of civil associations.
-The well-known Lebanese essayist and financier, Nassim Nicholas Taleb, agrees in this respect with Trump: human beings and, in general, things benefit from the unpredictable, volatility and unexpected events. In short, of what he calls Black Swans. At least that is the thesis that unfolds in his book Antifragile. Things that gain from disorder (2014), and that caused a stir in intellectual circles. This, despite denouncing the teachings of universities like Harvard.
For Taleb, there is no word in any language that designates the benefit of continually exposing oneself to uncertainty, disorder and chance. Hence, the author invents a term to define just the opposite of the fragile: the “antifragile”, easily translatable to any modern language.
-However, a habit distinguishes Trump from Branson and from most of the billionaires: for the giant of the blond pompadour it was important to appear in Forbes, year after year, with the exact figure of his patrimony (which according to him is around 10 thousand million dollars but that according to calculations of Bloomberg, based on the declaration that the candidate presented / displayed for his presidential campaign, they are 2 thousand 900 million dollars, that locates it in the place 405 in the list of Forbes). And if possible, to increase the data with some financial contraption that lets you climb in the hierarchy of the greatest personal fortunes. The other magnates do not do so because they are cautious: they do not want to expose themselves to an investigation by the tax authorities that could put them in trouble.
But for Trump and his disproportionate ego, it’s well worth the risk if his popularity grows exponentially. His brain starts from principles opposed to the ordinary: the important thing is to show off personal wealth, to boast about mansions, yachts and private jets. Not counting the beautiful women he collects. Fortune boasts or does not serve at all. If people know that you are very rich, business expectations expand and make you even richer.

Hillary said one thing or the other. It was the two-faced lady. Schizophrenia? Of course not. Hypocrisy? Neither. Simple political survival. Hillary championed economic protectionism in the US, but visiting Brazil praised the advantages of trade without borders.
Hillary called Obama a beginner and incapable in the presidential campaign where they contended and then, as his secretary of state, defined him as a great statesman. Hillary supported Wall Street in several private conferences before bankers, but then publicly demanded not to save the bankrupt credit institutions.
Hillary Clinton is not the exception in the politics of any country. Most politicians are two-faced: they show two faces. They say one thing in a rich dinner and the opposite in a poor meeting.
Bill Clinton did meet that bunch of challenges he had in his elevator pitch. On the other hand, his wife Hillary, as a presidential candidate, was profuse and diffuse. He was not able to explain his government proposals succinctly: he extended himself in technical details and jumped verbally from one topic to another.
Donald Trump is very clear about his two or three ideas of government (it is a saying), as controversial as racist. To list his election proposals, Hillary Clinton needed to put an elevator to Mount Everest. To mention his own, Trump only occupied climbing three floors in the elevator of any of his golden towers. And the worst is that it convinced the voters.

– One of the columns of support was the famous businessman Casinero, Sheldon Adelson, with a fortune estimated at 34 billion dollars, between whose investments is a powerful means of communication in Israel. The other pillar was Rupert Murdoch, the most important octogenarian media mogul in the world, who in addition to providing economic resources to the Republican presidential campaign put at the service of Trump Fox News and The Wall Street Journal. And next to Adelson and Murdoch, the Israeli prime minister, Benjamin Netanyahu, personal friend of both magnates.
This triumvirate achieved something that seemed impossible: to turn Trump into President of the United States and to accelerate the definitive solution to the Arab-Israeli conflict. So the president who declared his approval for Trump’s presidential victory was Netanyahu with a blunt phrase: “President-elect Donald Trump is a true friend of Israel and I look forward to working with him to advance security, stability and peace in our region. ”
-The people want and need to be talked about values ​​(as Sanders does or as roughly but Trump does it effectively) and are willing to vote for those who, beyond their intimate convictions, can satisfy that desire or need of the simplest and authentic way. Hillary Clinton did not talk about simple values. And that sent her back to boring complexity. Nothing was the same for Hillary in the 2016 presidential campaign; instead of simplicity, it got embroiled in confused speech.
-In the 1990s, Trump declared himself insolvent and took a good part of his resources from credit institutions. His life is a succession of millionaire debts that for no reason he agrees to pay. His motto is to live indebted forever. Although his reputation is damaged (which has no care because a reality show returns to recover it). The USA is a town without memory. The now president stopped paying in the nineties more than forty million dollars in bank interest. He also refused to pay any kind of debt and became the devil in person for his creditors and investment partners. The owners of bonds of Trump Castle Casino lost in a couple of days, without explanation, more than fifty million dollars.
Thanks to his celebrity status – appearance in the WWE, presence on television and radio and on the covers of social magazines – he announced his unusual conversion into an image as the exclusive subject of credit. Obvious, in the way of so many financial pillarries lost properties, for example, the gigantic twin towers of West Palm, Beach, in Florida. Likewise, Trump Princess lost his 84-meter yacht. By purely perverse tactics, he sold his shares of the Grand Hyatt of 42nd Street to the Pritzker, 18 of Chicago, for 142 million dollars, although the sale barely remained with 25 million dollars.
But Trump does not mind getting rid of material goods, if he gains liquidity for his next business.
– The most probable thing is that Trump provokes a new economic recession as a result of his atrabancadas decisions, reflection of his volatile personality. But it will not matter: his people sought him out, his people earned it. Economists recognize the growth of a country by the collection capacity of its government or by the subsidies received by its population. Nothing more false. Against Trump’s paternalistic and nationalist government program, a country grows on the basis of voluntary contracts celebrated by individuals. More taxes, as Trump wants, do not eliminate corruption by themselves. More subsidies do not end poverty. But contracts between individuals do show an expanding economy, because they establish private cooperation and motivate mutual benefit.
-Trump has chosen the Mexicans as his enemies and the Free Trade Agreement between the US, Mexico and Canada as the focus of his attacks, when it was an agreement defended by three American presidents, for 22 years and that operates acceptably, with a trade bilateral between Mexico and the United States that amounts to 531 million dollars per year, not counting those served around this item; amounting to 60 billion dollars per year .. But according to Trump “NAFTA is the worst agreement in the history of Estaros Unidos and your husband signed it” he accused Hillary Clinton in one of the debates and threatened the industrial plants that had migrated to Mexico to return to American soil, under penalty of imposing a tax of 35% on the units exported from its southern neighbor.
-Want to compare Donald Trump with Ronald Reagan. Another falsehood. Reagan was the leader of one of the most complex and demanding trade unions: the Screeb Actors Guild. It was his main political school. Then he ruled California for eight years, in the worst times of the counterculture and the student rebellions. When Reagan finally arrived at the White House, he did so as a seasoned and experienced politician.
Trump has not governed anything and operates thanks to the interstices of the capitalism of friends. It lacks the minimum political experience, and does not avoid confronting and attacking the adversary or its own partners or investors. Trump will not be the first egomaniac, narcissist and intolerant who occupies an important public position; undoubtedly the most influential in the world. But all the improvised rulers and extremists like him finish the same: they destroy what they tread before destroying themselves.
-Trump uses a low-quality tuxedo, combined with hair grafts, conventional suits, elementary vocabulary, equidistant ways to refinement. Of course, flew throughout his presidential campaign in a 757 aircraft adapted for only 43 passengers, with seat belts that fit with gold buckles. Trump aspires to identify with the masses so that they identify with him. In this way the acceptance of the average American was won, with its prejudices, ignorance and provincialism. He imitated the majority so that the majority imitated him.
The trickle-up inspired Trump for the elector-type to see him as an aspirational symbol, role model or model to follow. Thus, he manipulated social identity in his presidential campaign, until it fit his personal interests. In Trump’s congenital vulgarity, the difference between each individual is eliminated: all are one and the same.
– It is said that the culprits of Donald Trump’s victory were the conventional mass media and the erratic polls. Television and the mass media in general despised Trump’s presidential campaign. The explanation that this media blitz against the Republican candidate was a fiasco can be unraveled in an old essay by Joe Trippi: Technology has given politics back its soul. Trippi is one of the great innovators of the way to conduct electoral campaigns, from his profession as a technologist (he also studied aeronautical engineering at the State University of San Jose).
What did Trippi do to be the architect of the good results for Obama in the 2012 US presidential election? Reject television as a promotional medium. Above the mass media, he achieved electoral victory through the use of personalized technologies, called Peer-to-Peer. They are also cheaper than a spot.
Trump represents the ideological triumph of post-truth. The term was born from an article appeared in 2010 in a North American magazine defending the environment: Grist. The author of the article, David Robert, alluded to politicians who denied climate change. From there it branched out to other connotations. The post-truth refers to the lying policy, which is not limited to distorting reality but gives itself the luxury of inventing another.
-One of Vladimir Putin’s best moves was to influence the US presidential campaign in 2016. He supported Donald Trump who claims to be his most devoted admirer and praises him as the name of the Kremlin leader comes up, perhaps because of the potential real estate that sees on Russian soil, warns the malicious press.
“We all have problems. Russia has a lot of problems, but if Putin likes me and he thinks I’m smart … and yes he’s right, I’m brilliant, “Trump said, although the word Putin used in his cryptic compliment when asked about Trump was iarki, that more than bright, it means picturesque.
The admiration between the two did not diminish even when the main US intelligence agencies (FBI, CIA and NSA), published the 25-page report in January 2017 in which they gave evidence that Putin ordered to influence the 2016 US elections, through cyber attacks.
The Kremlin awarded Tillerson the medal of the Order of Friendship 2013. And Tillerson corresponded the deference condemning the sanctions of the USA and the European Union to Russia, after the abusive annexation of Crimea. The explanation of so much diplomatic entanglement can be extracted from one of the speeches of Hillary Clinton to Wall Street bankers that WikiLeaks published: “Politics is like making sausages. It is unpleasant and has always been that way (…). But if everyone saw behind-the-scenes discussions and agreements, then people would be a bit nervous to say the least. Therefore, you need a public position and a private position. ”
-Every day that passes, Telemachus longs for his father and despises more the suitors: they thrive in their home, they celebrate without stopping with delicacies, women and wine (The Odyssey says: “sitting on the leathers of oxen that they slaughtered themselves. heralds and diligent servants pour wine and water, clean the tables and trinchan meat in abundance “) are the parasites that enjoy at ease, in the absence of the father of Telemachus, filling their desire to eat and drink, occupying the thought in banalities : “Singing and dancing, which are the ornaments of the treat”.
Telemachus is that social segment fed up with the traditional political class, the partycracy. The suitors of Telemaco’s mother are the parasitic bureaucracy, who lives comfortably, consuming the pantry and cava of the house of the son of Odysseus, corrupting good manners and celebrating his fortune at the expense of Telemachus, symbol of the helpless society. The suitors do not produce anything, they only loot, squeeze, enjoy and steal with their hands full.

In morally ill societies, as with the United States, poorly governed multitudes tolerate absurd beliefs such as thinking that Trump is a superior being to others, because he believes that people believe it and feel it that way. The “Paradox of Abilene” is clearly a collective deception. Most citizens are blindly obedient to political power, as they are now with Trump.
The voluntary submission of human beings to a superior command line has a negative meaning; This is how “managed societies” are forged. But what happens if the authority manipulates us, steals our money “legitimately” through taxes?
It is assumed that the government is the main vigilant of equity in the provision of collective consumer goods, produced for all. The State is responsible for punishing anyone who exceeds the use of a common property resource or who steals a particular asset. The public authority restores any deviation in the equal allocation of resources among the population. Legally, the traveler, the stowaway, the colado, deserves to be punished proportionally to the abuse of the public good that he commits, or to the good that steals from the property of another individual. But what happens when the free-rider is the own tenant of the White House? When the greatest vival is President Donald Trump? When the stowaway of a ship is the captain of the ship itself?
Some theorists suppose that the free-rider is a “market failure”, when in reality it is the main “government failure”.
Not all predictions are bad. It seems that the Trump administration has decided to end at a stroke with the hegemony of the United States in the international order that it forged relentlessly since 1945, to initiate a policy that would call for self-absorption. Interestingly, this US withdrawal from global affairs coincides with Britain’s sharp withdrawal from the European Union (Brexit). The two colossi make global mutes and divest themselves of their role as powers. Since Nigel Farage, then leader of the UKIP led the supporters of Brexit to win the June 2016 referendum and take the UK out of the EU, he clearly sensed Trump’s electoral victory. As if both facts were connected with an invisible thread of unprecedented economic protectionism.
The curious thing is that the Anglo-Saxons move away alone, without external pressures, from the world plane. Two empires that dominated the five continents and that shaped Bretton Woods, the UN and the Marshall Plan. This relay of controls is done peacefully, without violence. What follows for both nations is the isolationism and the frank step to the true multicultural order. Of course, if China allows it, eager to relieve the two empires. And in politics, the gaps fill up quickly. A period ending. The beginning of a new era.

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