El Cerebro De Donald Trump: ¿Quién Es El Presidente Magnate? — Eloy Garza González

Este es un libro que me ha parecido interesante para conocer más a Trump pero no debemos obviar que de tonto no tiene un pelo además de ser secundado por cantidad de norteamericanos y sin duda da un poco de luz a este fenómeno acaecido en las elecciones presidenciales.

El cerebro de Trump, educado en Wharton, criado en el jet set, opera de manera similar al de los sujetos desalmados, ególatras, narcisistas, intolerantes, vulgares, enemigos del establishment (lo cual lo reviste con ciertas prendas ennoblecidas) y convencidos de arremeter contra los políticos profesionales, usando partidos como el Republicano, que deshuesan apenas arriban al pináculo del poder;  los trituran o los mandan al astillero de las organizaciones políticas desvencijadas.
-Los Bad Hombres como The Donald son sociópatas. No empatizan con los demás. Aunque transmitan engañosos afectos, carecen del mínimo remordimiento y exageran sus logros. Trump presumía que su Taj Mahal tenía 52 pisos de altura, cuando las plantas de la 3 a la 13 no se construyeron. Algunos son peores que otros. Pero todos son amantes del poder, machistas en su vida privada y pública. “Nada mejor que acompañarse de una nalga fresca y bella” según confesión de The Donald en una entrevista, donde también dejó claro que los hombres de negocios de cierta edad deben salir con mujeres jóvenes.
-Las instituciones, la abstracción del Estado, salta por los aires cuando hace su aparición, a la mitad del foro, The Donald, personero de la política, antipolítico. Aprovecha la crisis y el descrédito de la partidocracia. La personalización de la política refleja los destellos luminosos pero siniestros de líderes carismáticos como The Donald, con pinta de predicadores, populistas, con soluciones simples a problemas sociales y económicos complejos; se dicen representantes del ciudadano común, enemigos del viejo orden, xenófobos, expertos en corregir las desigualdades y defensores acérrimos del proteccionismo estatal.
En un primer momento suelen restaurar la esperanza social. Transmiten la sensación a las familias de bajos recursos de que se preocupan por ellas. Pretenden ser sus representantes. Conjuran la frustración popular. Por eso, soslayan la mediación entre su figura y el pueblo de organizaciones no gubernamentales, de asociaciones civiles.
-El conocido ensayista y financiero de origen libanés, Nassim Nicholas Taleb, coincide en este aspecto con Trump: los seres humanos y en general las cosas se benefician de lo imprevisible, de la volatibilidad y de los hechos inesperados. En suma, de lo que él denomina Cisnes Negros. Al menos esa es la tesis que despliega en su libro Antifragile. Things that gain from disorder (2014), y que causó revuelo en los círculos intelectuales. Esto, a pesar de que denuncia las enseñanzas de Universidades como Harvard.
Para Taleb, no existe una palabra en ningún idioma que designe el beneficio que conlleva el exponerse continuamente a la incertidumbre, el desorden y el azar. De ahí que el autor invente un término para definir justo lo contrario de lo frágil: lo “antifrágil”, fácilmente traducible a cualquier idioma moderno.
-Sin embargo, un hábito distingue a Trump de Branson y de la mayoría de los multimillonarios: para el gigantón del copete rubio era importante aparecer en Forbes, año tras año, con la cifra exacta de su patrimonio (que según él ronda los 10 mil millones de dólares pero que según cálculos de Bloomberg, basados en la declaración que el candidato presentó para su campaña presidencial, son 2 mil 900 millones de dólares, que lo ubica en el lugar 405 en la lista de Forbes). Y de ser posible, hasta incrementar el dato con algún artilugio financiero que le deje escalar en la jerarquía de las mayores fortunas personales. Los demás magnates no lo hacen porque son cautelosos: no quieren exponerse a una investigación de las autoridades fiscales que pueda meterlos en problemas.
Pero para Trump y su ego desmesurado, bien vale el riesgo si su popularidad crece exponencialmente. Su cerebro parte de principios opuestos a los ordinarios: lo importante es ostentar la riqueza personal, vanagloriarse de las mansiones, los yates y los jets privados. Sin contar las bellas mujeres que colecciona. La fortuna se alardea o no sirve para nada. Si la gente sabe que eres muy rico, las expectativas de negocios se expanden y te vuelven aún más rico.
-Donald Trump ganó la presidencia de EUA a pesar de ser uno de los peores debatientes del mundo. El populismo es escuela de polemistas: proferir sandeces suelta la lengua, la irresponsabilidad libera el ingenio, la incoherencia afloja la labia. Pero en Trump, el populismo no le distiende los músculos. Se tensa, se ahoga, se crispa, se enerva. Sus salidas de tono destilan ansiedad no hilaridad. Lo suyo no es debatir como político sino aplastar como monster truck. Un cerebro regido por la ironía, que no se toma en serio, es la primera regla que no debe infringirse. De otra manera, el ironista se dispara en el propio pie.
Pero Trump se toma muy en serio. Se burla de todo mundo, menos de sí mismo. Un comodín que se cree un as. Cuando alardea como estrella de farándula que las mujeres no se le resisten, no bromea: tocarle su vagina a una casada es el fin de una estrategia. No hay sarcasmo en sus comentarios sexistas: hay un plan casi militar.
Trump ha dejado patente que no procesa bien las críticas ajenas, las de la prensa y la evaluación severa de su desempeño por parte de la opinión pública.
Trump levantó un muro no en la frontera mexicana sino en el inconsciente colectivo yanqui, que es peor. Un muro grueso y elevado que no pagará nadie, otra forma de decir que lo tendrán que pagar todos, sin excepción de sexo, credo o color de piel. Los estadounidenses despertaron un día después de las elecciones presidenciales no como la coreografía electoral de un bufón, sino como pacientes de un gigantesco hospital psiquiátrico, donde un pueblo entero ocupa de medicación.

Hillary decía una cosa o la opuesta. Era la dama bifronte. ¿Esquizofrenia? Por supuesto que no. ¿Hipocresía? Tampoco. Simple supervivencia política. Hillary abanderaba el proteccionismo económico en EUA, pero de visita en Brasil alabó las ventajas del comercio sin fronteras.
Hillary tildó de principiante e incapaz a Obama en la campaña presidencial donde contendieron y luego, como su secretaria de Estado, lo definió como gran estadista. Hillary apoyó a Wall Street en varias conferencias privadas ante banqueros, pero luego exigió públicamente no salvar a las instituciones de crédito en bancarrota.
Hillary Clinton no es la excepción en la política de cualquier país. La mayoría de los políticos son bifrontes: muestran dos caras. Dicen una cosa en una cena de ricos y la opuesta en un mitin de pobres.
Bill Clinton sí cumplió con ese manojo de retos que contaba en sus elevator pitch. En cambio su esposa Hillary, como candidata presidencial, fue profusa y difusa. No era capaz de explicar sus propuestas de gobierno concisamente: se extendía en detalles técnicos y saltaba verbalmente de un tema a otro.
Donald Trump tiene muy claras sus dos o tres ideas de gobierno (es un decir), tan controvertidas como racistas. Para enumerar sus propuestas electorales, Hillary Clinton necesitaba ponerle un elevador al Monte Everest. Para mencionar las suyas, Trump solo ocupaba subir tres pisos en el ascensor de cualquiera de sus torres doradas. Y lo peor es que así convenció a los electores.

-Una de las columnas de apoyo fue el famoso empresario casinero, Sheldon Adelson, con una fortuna estimada en 34 mil millones de dólares, entre cuyas inversiones está un poderoso medio de comunicación en Israel. El otro pilar fue Rupert Murdoch, el octogenario magnate mediático mas importante del mundo, quien además de aportar recursos económicos a la campaña presidencial del republicano puso al servicio de Trump Fox News y The Wall Street Journal. Y junto a Adelson y Murdoch, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, amigo personal de ambos magnates.
Este triunvirato hizo realidad algo que parecía imposible: convertir a Trump en Presidente de EUA y acelerar la solución definitiva al conflicto árabe-israelí. Por eso el primer mandatario que declaró su beneplácito por la victoria presidencial de Trump fue Netanyahu con una frase sin ambages: “El Presidente electo Donald Trump es un verdadero amigo de Israel y estoy deseando trabajar con él para avanzar en la seguridad, la estabilidad y la paz en nuestra región”.
-La gente quiere y necesita que le hablen de valores (como lo hace Sanders o como a lo bruto pero con efectividad lo hace Trump) y está dispuesta a votar al que, más allá de sus convicciones íntimas, consiga satisfacer aquel deseo o necesidad del modo más sencillo y auténtico. Hillary Clinton no hablaba de valores simples. Y eso la remitió a la complejidad aburrida. Nada fue igual para Hillary en la campaña presidencial de 2016; en vez de simplicidad, se embrolló en el discurso confuso.
-En los años noventa, Trump se declara insolvente y saca una buena parte de sus recursos de las instituciones de crédito. Su vida es una sucesión de deudas millonarias que por ningún motivo acepta pagar. Su lema es vivir endeudado para siempre. Aunque su reputación se dañe (cosa que lo tiene sin cuidado porque con un reality show vuelve a recuperarla). Los EUA es un pueblo sin memoria. El ahora presidente dejó de pagar en la década de los noventa más de cuarenta millones de dólares en intereses bancarios. También se negó a pagar cualquier tipo de deuda y se convirtió en el diablo en persona para sus acreedores y socios inversionistas. Los dueños de bonos del Trump Castle Casino perdieron en un par de días, sin explicación alguna, más de cincuenta  millones de dólares.
Gracias a su condición de celebridad –aparición en la WWE, presencia en televisión y radio y en las portadas de las revistas de sociales– anunció su insólita conversión en imagen como exclusivo sujeto de crédito. Obvio, en el camino de tantas pillerías financieras perdió propiedades, por ejemplo, las gigantescas torres gemelas de West Palm, Beach, en Florida. De igual forma perdió el Trump Princess su yate de 84 metros de eslora. Por pura táctica perversa, vendió sus acciones del Grand Hyatt de la Calle 42 a los Pritzker, 18 de Chicago, por 142 millones de dólares, aunque de la venta apenas se quedó con 25 millones de dólares.
Pero a Trump no le importa deshacerse de bienes materiales, si gana en liquidez para sus siguientes negocios.
-Lo más probable es que Trump provoque una nueva recesión económica como resultado de sus decisiones atrabancadas, reflejo de su volátil personalidad. Pero dará igual: su pueblo se lo buscó, su pueblo se lo ganó. Los economistas reconocen el crecimiento de un país por la capacidad recaudatoria de su gobierno o por los subsidios que recibe su población. Nada más falso. Contra el programa de gobierno paternalista y nacionalista de Trump, un país crece a partir de los contratos voluntarios que celebran los particulares. Más impuestos como quiere Trump no eliminan por sí mismos la corrupción. Más subsidios no acaban con la pobreza. Pero los contratos entre particulares sí evidencian una economía en expansión, porque establecen cooperaciones privadas y motivan el beneficio mutuo.
-Trump ha elegido a los mexicanos como sus enemigos y al Tratado de Libre Comercio entre EUA, México y Canadá como el foco de sus ataques, cuando fue un acuerdo que defendieron tres presidentes estadounidenses, durante 22 años y que opera aceptablemente, con un comercio bilateral entre México y EUA que asciende a 531 millones de dólares anuales, sin contar los servidos alrededor de ese rubro; que ascienden a 60 mil millones de dólares anuales.. Pero según Trump “el NAFTA es el peor acuerdo en la historia de Estaros Unidos y tu marido lo firmó” acusó en uno de los debates a Hillary Clinton y amenazó a las plantas industriales que habían migrado a México a que volvieran a suelo americano, so pena de imponerles un impuesto de 35% a las unidades exportadas de su vecino del sur.
-Quiere compararse a Donald Trump con Ronald Reagan. Otra falsedad. Reagan fue dirigente de uno de los sindicatos más complejos y demandantes de negociación: el Screeb Actors Guild. Fue su principal escuela política. Después gobernó California durante ocho años, en los peores tiempos de la contracultura y las rebeliones estudiantiles. Cuando finalmente Reagan llegó a la Casa Blanca, lo hizo como político curtido y experimentado.
Trump no ha gobernado nada y opera gracias a los intersticios del capitalismo de amigos. Carece de la mínima experiencia política, y no evita confrontar y atacar de frente al adversario o a sus propios socios o inversionistas. Trump no será el primer ególatra, narcisista e intolerante que ocupe un importante cargo público; sin duda el más influyente del mundo. Pero todos los gobernantes improvisados y extremistas como él terminan igual: destruyen lo que pisan antes de destruirse solos.
-Trump usa un bisoñé de mala calidad, combinado con injertos de cabello, trajes convencionales, vocabulario elemental, maneras equidistantes al refinamiento. Eso sí, voló durante toda su campaña presidencial en un avión 757 adaptado para solo 43 pasajeros, con cinturones de seguridad que se ajustan con hebillas de oro. Trump aspira a identificarse con las masas para que estas se identifiquen con él. De esta manera se ganó la aceptación del norteamericano medio, con sus prejuicios, ignorancia y provincialismo. Imitó a la mayoría para que la mayoría lo imité a él.
El trickle-up inspiró a Trump para que el elector-tipo lo viera como símbolo aspiracional, role model o modelo a seguir. Así, manipuló en su campaña presidencial la identidad social, hasta ajustarla a sus intereses personales. En la vulgaridad congénita de Trump se elimina la diferencia entre cada individuo: todos son uno y lo mismo.
-Se dice que los culpables de la victoria de Donald Trump fueron los medios masivos convencionales y las erráticas encuestas. La televisión y en general los medios masivos despreciaron la campaña presidencial de Trump. La explicación de que esta andanada mediática contra el candidato republicano fue un fiasco podemos desentrañarla en un viejo ensayo de Joe Trippi: Technology has given politics back its soul. Trippi es uno de los grandes innovadores de la forma de hacer campañas electorales, desde su profesión de tecnólogo (cursó ademas ingeniería aeronáutica en la State University de San José).
¿Qué hizo Trippi para ser el artífice de los buenos resultados para Obama en los comicios presidenciales de EUA del 2012? Rechazar la televisión como medio promocional. Por encima de los medios masivos, consiguió la victoria electoral mediante el uso de las tecnologías personalizadas, llamadas Peer-to-Peer. Además son más baratas que un spot.
Trump representa el triunfo ideológico de la posverdad. El término nació de un artículo aparecido en 2010 en una revista norteamericana defensora del medio ambiente: Grist. El autor del articulo, David Robert, aludía a los políticos que negaban el cambio climático. De ahí se ramificó a otras connotaciones. La posverdad se refiere a la política mentirosa, que no se limita a distorsionar la realidad sino que se da el lujo de inventar otra.
-Una de las mejores jugadas de Vladimir Putin fue influir en la campaña presidencial de EUA en 2016. Apoyó a Donald Trump quien dice ser su más  rendido admirador y lo elogia en cuento el nombre del líder del Kremlin sale a colación, acaso por el potencial inmobiliario que ve en suelo ruso, advierte la prensa maliciosa.
“Todos tenemos problemas. Rusia tiene un montón de problemas, pero si le gusto a Putin y si cree que soy listo… y sí tiene razón, soy brillante”, declaró Trump, aunque el vocablo que usó Putin en su críptico cumplido cuando le preguntaron por Trump fue iarki, que más que brillante, significa pintoresco.
La admiración entre ambos no decayó ni cuando las principales agencias de inteligencia de EUA (FBI, CIA y NSA), publicaron el informe de 25 páginas en enero de 2017 en el que daban pruebas de que Putin ordenó influir en las elecciones estadounidenses del 2016, mediante ciberataques.”
El Kremlin le otorgó a Tillerson la medalla de la Orden de la Amistad 2013. Y Tillerson correspondió la deferencia condenando las sanciones de EUA y la Unión Europea a Rusia, tras la abusiva anexión de Crimea. La explicación de tanto enredo diplomático podemos extraerla de uno de los discursos de Hillary Clinton a banqueros de Wall Street que publicó WikiLeaks: “La política es como hacer embutidos. Es desagradable y siempre ha sido así (…). Pero si todo el mundo vieras las discusiones tras bastidores y los acuerdos, entonces la gente se pondría un poco nerviosa por decir lo menos. Por lo tanto, se necesita una posición pública y una posición privada”.
-Cada día que pasa, Telémaco añora más a su progenitor y desprecia más a los pretendientes: medran en su casa, celebran sin cesar con manjares, mujeres y vino (cuenta La Odisea: “sentados sobre cueros de bueyes que ellos mismos degollaron. Varios heraldos y diligentes sirvientes les escancian vino y agua, limpian las mesas y trinchan carne en abundancia”) son los parásitos que gozan a sus anchas, a falta del padre de Telémaco, colmando sus ganas de comer y de beber, ocupando el pensamiento en banalidades: “el canto y el baile, que son los ornamentos del convite”.
Telémaco es ese segmento social harto de la clase política tradicional, de la partidocracia. Los pretendientes de la madre de Telémaco son la burocracia parasitaria, que vive holgadamente, consumiendo la despensa y la cava de la casa del hijo de Odiseo, corrompiendo las buenas costumbres y celebrando su fortuna a expensas de Telémaco, símbolo de la sociedad desvalida. Los pretendientes no producen nada, sólo saquean, exprimen, gozan y roban a manos llenas.

En las sociedades moralmente enfermas, como pasa con Estados Unidos, las multitudes mal gobernadas toleran creencias absurdas como pensar que Trump es un ser superior a los demás, porque cree que la gente lo cree y lo siente de esa manera. La “Paradoja de Abilene” es a todas luces de un engaño colectivo. La mayoría de los ciudadanos son ciegamente obedientes al poder político, como lo son ahora con Trump.
El sometimiento voluntario de los seres humanos a una línea de mando superior tiene un sentido negativo; así se forjan las “sociedades administradas”. ¿Pero qué pasa si la autoridad nos manipula, nos roba “legítimamente” nuestro dinero mediante los impuestos?.
Se supone que el gobierno es el principal vigilante de la equidad en la prestación de bienes de consumo colectivo, producidos para todos. El Estado es responsable de sancionar a quien se excede en el uso de un recurso de propiedad común o quien roba un bien particular. La autoridad pública restaura cualquier desviación en la asignación pareja de recursos entre la población. Legalmente, el gorrón, el polizón, el colado, merece ser sancionado proporcionalmente al abuso del bien público que comete, o al bien que roba del patrimonio de otro particular. ¿Pero qué pasa cuando el  free-rider es el propio inquilino de la Casa Blanca? ¿Cuando el mayor vival es el Presidente Donald Trump? ¿Cuando el polizón de un barco es el propio capitán del navío?
Algunos teóricos suponen que el free-rider es un “fallo del mercado”, cuando en realidad es el principal “fallo del gobierno”.
No todos los vaticinios son malos. Tal parece que la administración Trump ha decidido acabar de un plumazo con la hegemonía de EUA en el orden internacional que forjó sin descanso desde 1945, para iniciar una política que llamaría de ensimismamiento. Curiosamente, este retraimiento de EUA de los asuntos globales coincide con la retirada tajante de Gran Bretaña de la Unión Europea (Brexit). Los dos colosos hacen mutis global y se despojan de su papel de potencias. Desde que Nigel Farage, entonces líder del UKIP encabezó a los partidarios del Brexit para ganar el referéndum de junio de 2016 y sacar al Reino Unido de la UE, intuyó claramente la victoria electoral de Trump. Como si ambos hechos estuvieran conectados con un hilo invisible de proteccionismo económico sin precedentes. 
Lo curioso es que los anglosajones se alejan solos, sin presiones externas, del plano mundial. Dos imperios que dominaron los cinco continentes y que dieron forma a Bretton Woods, la ONU y el Plan Marshall. Este relevo de mandos se hace pacíficamente, sin violencia. Lo que sigue para ambas naciones es el aislacionismo y el paso franco al verdadero orden multicultural. Desde luego, si China lo permite, ansiosa de relevar a los dos imperios. Y es que en política, los vacíos se llenan rápidamente. Un final de época. El inicio de una nueva era.

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