Aforismos — Leonardo Da Vinci

Este genio dejo ideas que merecen ser leídas y recordadas a través de correspondencia, observación y estudio. Todo lo de este genio fiorentino debe ser tomado en consideración en todos los ámbitos de la vida, al ser simplemente único.

-El amor a un objeto, cualquiera que sea, es hijo de su conocimiento. El amor es tanto más ferviente cuanto más cierto es el conocimiento; pero la certidumbre nace del conocimiento integral de todas las partes, que reunidas forman el todo que debe ser amado. Si no conoces a Dios, no podrás amarlo; si lo amas por el bien que de Él esperas y no por su virtud soberana, imitas al perro que menea la cola y festeja con sus saltos a quien le va a dar un hueso; si el animal conociera la superioridad del hombre, lo amaría mejor.
– ¿Cuál es la cosa que cesaría de existir si se la pudiera definir? El infinito, que sería finito si pudiera ser definido. Porque definir es limitar la cosa definida con otra que la circunscribe en sus extremos, de modo que lo que no tiene términos no puede ser definido.
-La verdad es de tal excelencia que, cuando elogia pequeñas cosas, las ennoblece.
-Si encontráis a un hombre virtuoso y bueno, no lo apartéis de vosotros; honradlo para que no tenga que huir de vosotros y refugiarse en desiertos o cavernas u otros lugares solitarios, lejos de vuestras insidias; miradlos como a dioses terrestres, merecedores de estatuas y simulacros.
-Pero cuidad de no hacer como en algunas regiones de la India, donde, si alguno de tales simulacros opera un milagro, o lo que allí creen ser un milagro, los sacerdotes lo cortan en trozos (son de madera) y lo venden a los habitantes; y cada uno pulveriza la parte que le ha tocado, la esparce sobre el primer manjar que come y se queda persuadido de haber devorado su Santo, que lo protegerá de todo peligro.
– En el número de los tontos, hay una secta de hipócritas que se dedican continuamente a engañarse a sí mismos y a engañar a los otros, más a los otros que a sí mismos, aunque de hecho se engañan más a sí mismos que a los otros. Y son éstos los que reprenden a los pintores, porque estudian los días de fiesta cosas atingentes al verdadero conocimiento de todas las figuras con que se muestran las obras de la naturaleza y, solícitamente, se ingenian en adquirir ese conocimiento hasta donde les es posible.
-Los antiguos llamaban al hombre un mundo menor, designación justa, porque está compuesto de tierra, agua, aire y fuego como el cuerpo terrestre, y a él se asemeja. Si el hombre tiene sus huesos, que le sirven de armadura y sostienen su carne, el mundo tiene sus rocas que sostienen su tierra; si el hombre tiene dentro de sí un lago de sangre, donde crece y decrece el pulmón para su respiración, el cuerpo de la tierra tiene su mar océano que, cada seis horas, crece y decrece también para su respiración; si de aquel lago de sangre derivan las venas que van ramificándose por todo el organismo, análogamente el mar océano llena el cuerpo terrestre con innumerables venas de agua; pero faltan a nuestro globo los nervios, que no le han sido dados porque ellos están destinados al movimiento, y el mundo, en su perpetua estabilidad, carece de movimiento, y donde no hay movimiento los nervios son inútiles. Pero, en todo lo demás, el hombre y el mundo son semejantes.
-El placer y el dolor pueden representarse aparejados, porque jamás están separados uno del otro: vueltos de espaldas, porque son contrarios uno al otro, y colocados sobre un mismo cuerpo, pues tienen el mismo fundamento, desde que el placer está en el esfuerzo contra el desagrado, y este último se halla en el fondo de todos los placeres. Y lo figuramos con una caña en la mano, símbolo de la vanidad sin fuerza, pero cuyos pinchazos son, no obstante, venenosos. Se emplean las cañas en la Toscana para soporte de los lechos, significando que ellos son el teatro de vanos ensueños, que en ellos se consume gran parte de la vida y se pierde mucho tiempo útil, especialmente en la mañana, cuando la mente está sobria y reposada, y el cuerpo apto para nuevas fatigas; y allí, en fin, nos entregamos a muchos vanos placeres, ya con la mente, imaginando cosas imposibles, o gozando con el cuerpo de placeres que disminuyen la vitalidad. Es por estos motivos por los que la caña se emplea a tales fines.
-Se llama ciencia al discurso mental que toma su origen en los primeros principios, más allá de los cuales nada puede hallarse que forme parte de ella. La geometría, por ejemplo, que estudia la cantidad continua, empezando por la superficie de los cuerpos, viene a tener su origen en la línea, término de esas superficies; pero con esto no quedamos satisfechos, porque sabemos que la línea termina en el punto, y que el punto es la cosa más pequeña que podemos concebir.
-Luego el punto es el primer principio de la geometría, y no hay nada en la naturaleza ni en la mente humana que pueda dar principio al punto. Porque si dijeras que en el contacto establecido sobre una superficie por la agudeza última de la punta de un punzón se halla la creación del punto, esto no sería verdad, sino que diríamos que tal contacto es una superficie que circunda un centro, y que en ese centro reside el punto.
-Llamaremos mecánico al conocimiento engendrado por la experiencia, científico al que empieza y termina en el espíritu, y, en fin, semimecánico al que nace de la ciencia y termina en operación manual.
-El buen juicio nace de la buena inteligencia y la buena inteligencia deriva de la razón, sacada de las buenas reglas; y las buenas reglas son hijas de la buena experiencia: madre común de todas las ciencias y las artes.
-Si un árbol pierde una parte de su corteza, la naturaleza proveerá el remedio dirigiendo a esa parte del árbol una cantidad mucho mayor de savia; de manera que, para compensar la falta, hará crecer en ese punto una corteza mucho más fuerte que en cualquier otro; y la savia, llegada al lugar donde su socorro es necesario, surgirá en alto, pululando y borbotando, como un agua que hierve impetuosamente.
-La costumbre de cortar las narices a los caballos, es cosa digna de risa. Los necios la practican como si creyeran que la naturaleza ha omitido algunas cosas necesarias, y que los hombres deben corregirla. Ella ha hecho las dos ventanas de la nariz —cada una de las cuales tiene un ancho igual a la mitad del diámetro del canal de los pulmones por donde se exhala el aliento—, si bien la boca, de no existir ellas, bastaría sobradamente a ese fin. Y si me preguntas por qué la naturaleza ha dotado a los animales de narices, cuando la respiración por la boca es suficiente, te contestaré que las narices sirven para usarlas cuando la boca está ocupada en masticar el alimento.
-Afirman algunos escritores que las estrellas tienen luz propia, alegando que, si Venus y Mercurio no la tuvieran tal, cuando esas estrellas se interponen entre nuestros ojos y el sol, oscurecerían una parte del sol igual a sus tamaños aparentes. Pero esto es falso, por cuanto está probado que un cuerpo sin lumbre colocado frente a otro luminoso, queda rodeado y cubierto todo por los rayos laterales del resto de dicho cuerpo luminoso, y permanece, por consiguiente, invisible. Así se comprueba cuando se mira el sol a través de las ramificaciones de un árbol de hojas muy separadas unas de otras. Las ramas del árbol no interceptan entonces parte alguna del sol a nuestros ojos.
-La escultura no tiene la belleza de los colores ni su perspectiva; no puede, como la pintura, poner en perspectiva y desdibujar los contornos de las cosas remotas, porque para la escultura los contornos de los objetos lejanos son tan determinados como los de los objetos próximos. No sabrá ocultar más los objetos remotos, mediante el aire interpuesto entre ellos y nuestro ojo, para que aparezcan velados, como las figuras que muestran la desnuda carne bajo los velos que las cubren. No podrán, en fin, representar menudos guijarros bajo la superficie de aguas transparentes.
-Una cosa enteramente privada de luz es toda tinieblas. Estando la noche en tales condiciones, si quieres figurar en ella una escena, dispondrás un gran fuego que teñirá de su color los objetos, principalmente los que estén más cerca de él; porque una cosa participa tanto más de la naturaleza de otra cuanto más próxima se halla de esta otra. Y si das al fuego un color rojo, rojas también deberás hacer todas las cosas iluminadas por él; mientras que las más alejadas de él deberán en mayor grado teñirse del color negro de la noche. Las figuras que estén situadas entre el fuego y tú deberán aparecer oscuras en la oscuridad de la noche, y no claras como el fuego; las que se encuentren a los lados serán medio oscuras y medio rojizas; y, en fin, las que puedan verse más allá de los confines de las llamas, aparecerán completamente iluminadas de luz rojiza en campo negro.
-En cuanto a las actitudes representarás a los personajes que se hallan cerca del fuego como resguardándose con las manos o con un manto del excesivo calor; y, volviendo el rostro al lado opuesto, mostrarás a los más alejados en el acto de huir; y mostrarás a la mayoría de ellos defendiéndose con las manos los ojos ofendidos por el vivo resplandor.
-Apenas el vino entra en el estómago, comienza a hervir y a fermentarse; el alma empieza a abandonar el cuerpo, dirigiéndose hacia el cielo encuentra el cerebro, que es la causa de que ella haya abandonado el cuerpo; ya empieza a contaminarlo y a enfurecerlo a la manera de un loco; ya comete irreparables errores, matando a sus amigos…
-Cuando el fraile se encontró en la mitad del río, le vino a la memoria una de las reglas de su orden, y este nuevo San Cristóbal, alzando la cabeza, preguntó al hombre que cargaba:
—Dime, antes de seguir adelante, ¿llevas contigo algún dinero?
—Sin duda —contestó el otro—; ¿puedes pensar, acaso, que un mercader como yo emprenda viaje en otras condiciones?
—¡Cuánto lo siento! —exclamó el fraile—; nuestra regla nos prohíbe llevar dinero encima.
Y sin más, lo arrojó al agua. Comprendió entonces el mercader que ésta era la alegre venganza de su mal proceder, y sonriendo pacíficamente, con rubor y vergüenza la soportó.
-Respuesta de un pintor. Preguntaban a un pintor por qué, mientras sus figuras —cosas muertas, al fin— eran tan bellas, sus hijos eran, al contrario, tan feos.
Es —contestó el pintor— porque mis pinturas las hago de día y mis hijos de noche.
-Palabras de un moribundo. Un enfermo estando ya a punto de morir, oyó golpear a la puerta de su dormitorio, y preguntó a uno de sus criados quién era el que así llamaba; y como el criado le contestara que era una mujer de nombre Buena, el enfermo alzó los brazos, dio las gracias a Dios en alta voz y ordenó a sus criados que la hiciesen entrar sin demora, a fin de que pudiera ver, antes de morir, una mujer buena, pues en toda su vida no había encontrado una sola que fuera digna de tal nombre.
-Ciertamente, la especie humana tiene que envidiar, en este caso, a todas las otras clases de animales: porque, si el águila vence en poder a todos los otros pájaros, en velocidad de vuelo no los vence; las golondrinas, con su presteza, escapan a la rapacidad del mirlo; los delfines, a fuerza de veloces, logran burlar la voracidad de las ballenas y de los grandes cachalotes; pero de qué nos servirá, ¡pobres de nosotros!, correr cuanto podamos, si este fantástico gigante, con lento paso, gana al más rápido corcel. No sé qué decir ni qué hacer. Me imagino ya ir nadando por la descomunal garganta, y llegar de cabeza a encontrar desesperada muerte y confusa sepultura en el vasto vientre del monstruo.
-Del pintor que sólo usa del sentido práctico. El pintor que retrata por práctica y a ojo, sin razonar lo que hace, es como un espejo que reproduce las cosas que se le ponen delante, sin comprenderlas.
-Placer que nace de la contemplación de la naturaleza. Los ambiciosos que no se contentan con el beneficio de la vida y de la belleza del mundo, sufren, como penitencia, desperdiciar la misma vida y no lograr la posesión de la utilidad y belleza del mundo.
-En todo viaje hay oportunidad de aprender algo. La naturaleza es tan benigna que ordena las cosas de manera que, en cualquier parte del mundo, encontrarás algo que imitar.
-Leyes de la naturaleza. La naturaleza no quebranta jamás sus leyes.
-Definición de la fuerza. ¿Qué es la fuerza? Llamo fuerza a una virtud espiritual, a uno potencia invisible que, por una violencia incidental y externa, es causada por el movimiento y reside latente en los cuerpos, los cuales son entonces sacados de su estado natural de reposo y reciben de dicha fuerza una vida activa de maravilloso poder.

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