Todo Lo Que Era Sólido — Antonio Muñoz Molina / All That Was Solid by Antonio Muñoz Molina (spanish book edition)

Antonio Muñoz Molina hace en este valiente ensayo un repaso duro y sin concesiones a la España reciente. Para de sus mejores obras, diría que magnífica. Desde el final de la dictadura hasta llegar a nuestros días, prestando especial atención a los años de la burbuja y del despilfarro. Sin esconderse, trata temas polémicos y poco gratos, como la transición, la memoria histórica, el desarrollo de las Autonomías, los nacionalismos y regionalismos varios, los años de desarrollo ficticio, el sectarismo patrio, la intolerancia, el desprecio a la educación o al esfuerzo continuado que rehúye los atajos y las soluciones fáciles.
El pasado no deja de ser ficción porque cuando volvemos a él lo hacemos con la carga de las experiencias posteriores y lo reinterpretamos basándonos en hechos que todavía no habían sucedido cuando el pasado era presente y todo era virgen.
De ello es muy consciente Antonio Muñoz Molina que, a pesar de lo cual, intenta situarse no muy lejos, no más atrás del la última década del pasado siglo, cuando España iba viento en popa con la economía creciente impulsada por los empresarios del ladrillo. ¿Cómo fue posible que no nos diéramos cuenta de lo que estaba a punto de ocurrir?
El novelista, aquí ensayista, intenta ver a nuestro país, vernos a nosotros, también verse a si mismo, desde otros momentos. Ver la España agrícola en la que sus coetáneos crecimos, la España de la Transición, la España rimbombante de la fiesta, el despilfarro y la corrupción, la España de hoy, sumida en la miseria. Porque como acertadamente afirma todo cambia inevitablemente, e incluso lo más sólido puede evaporarse en poco tiempo.
Reflexiones precisas sobre la Crisis que no es una catástrofe natural, ni tampoco sólo un problema económico propiciado por políticos irresponsables o empresarios corruptos, sino un problema moral de aquellos que toleramos todo, de aquellos que no quisimos ver lo que teníamos delante de las narices.
Muy bello y mucho más optimista es el último tercio, en el que Molina llama apasionadamente a una civilizada rebelión cívica que se sustente en hacer las cosas bien, cada uno desde su lugar y señalar incansablemente lo intolerable y decirlo aun a riesgo de ser un aguafiestas, y explicar a nuestros hijos, aquellos que nacieron en los ochenta y en los noventa, que el mundo sólido y seguro que encontraron no ha existido desde siempre, que hay que sostenerlo y permanecer vigilante.
El tono es muy literario como corresponde al autor y el libro es recomendable para cualquiera.

-Ahora nos damos cuenta de que había una especie de velo que impedía ver la realidad inmediata y presente, pero quizás eso sea propio de cualquier época en la que se vive en el interior de una burbuja económica. El dinero que llega no se sabe de dónde y se multiplica sin aparente esfuerzo y está disponible para ser gastado sin límite y por más que se gaste nunca se acaba, produce el efecto euforizante de la cocaína; como el oro y la plata llegando sin tasa de las Indias en el siglo XVII. No parecía un espejismo: España crecía más rápido que ningún otro país europeo, aseguraban los organismos financieros internacionales. Las mismas agencias de calificación que ahora reducen nuestra deuda a una categoría de basura le diagnosticaban entonces una perfecta solidez. España era El Dorado en Europa.
-Creemos que ocupan posiciones tan levantadas de poder porque son muy inteligentes. En realidad nos parecen muy inteligentes tan sólo porque tienen un poder inmenso. Les atribuimos la agudeza y el rigor del conocimiento científico pero nos hipnotizan porque se mueven con lenta solemnidad y ponen sobrios gestos que sugieren un pensamiento inescrutable, como los sacerdotes romanos que adivinaban el porvenir examinando las vísceras de animales sacrificados o el vuelo de los pájaros. Vi dos intervenciones públicas de Rodrigo Rato en Nueva York cuando era director del Fondo Monetario Internacional. Rato hablaba inglés con soltura, miraba las notas en el atril pero no las leía, elevaba los ojos por encima de las gafas, como avizorando por encima de las cabezas del público un porvenir seguro que sólo él y unos pocos como él podían descifrar. En la primavera de 2007 Rodrigo Rato vaticinaba que la economía mundial crecería sin sobresaltos un 5%, y que si acaso habría una desaceleración ligera en Estados Unidos, apenas un contratiempo que se corregiría en unos meses.
-Donde aún no pasaba nada era en España. Ni cuando empezaron a quebrar bancos en Estados Unidos, ni cuando Islandia y luego Irlanda pasaron de la riqueza a la bancarrota. Ahora cuesta aceptar que sólo hayan transcurrido cuatro años desde 2008, cuando Rodríguez Zapatero ganó por segunda vez y sin mucho esfuerzo las elecciones generales. Quién iba a creer que se acercaba la crisis o iba a criticar en serio al presidente por negarse siquiera a decir esa palabra si la economía estaba creciendo casi al 4%, más que el año anterior, más aún que en cada año de la larga racha de crecimiento que ya llevaba durando una década. La Bolsa de Madrid había alcanzado el nivel más alto de su historia. Entre 1997 y 2007 el suelo se había revalorizado un 500%. En España había más billetes de 500 euros en circulación que en ningún otro país de Europa.
Éramos la octava potencia mundial, decía el presidente del gobierno. También decía que en tres años alcanzaríamos el nivel de renta de Alemania. En tres años tendríamos la mayor red de líneas de alta velocidad del mundo, por encima de Japón y de Francia. Estábamos en la Champions…
-Dirigir un teatro o un polideportivo o un auditorio de música o una empresa municipal no requería demostrar cualificaciones específicas ni atestiguar experiencia ni competir en igualdad de condiciones con otros candidatos: el único mérito decisivo era la confianza política. Las únicas carreras administrativas que se han hecho en España a lo largo de los últimos treinta años son las de los mediocres arrimados a los partidos que han llegado a ocupar los puestos más altos sin poseer ningún mérito, sin saber nada, sin adquirir a lo largo del tiempo otra habilidad que la de simular que hacen algo o que han aprendido algo. No hay lugar de la administración cultural o de la política o la vida económica que no hayan escalado. Nadie puede calcular el número o el costo total de los puestos que se fueron creando no para cubrir ninguna necesidad racional prevista de antemano sino para dar colocación a parientes más o menos cercanos o pagar favores políticos. Ahora mismo nos hundimos bajo el peso muerto y combinado de su innumerable incompetencia.

En la retórica escalofriante de la Guerra Civil al enemigo se le atribuye una maldad biológica. El exterminio es una cirugía necesaria. No hay otra idea, otras ideas posibles de un país en el que por regla natural caben posiciones muy diversas, incluso enconadas. Está España y está la anti-España, como en las teologías apocalípticas de Cristo y el anticristo. No caben grados intermedios ni posibilidades de compromiso o arreglo en esta división binaria del mundo. Cualquier mezcla es una amenaza, y no hay mancha que no sea irreparable; cualquier muestra de debilidad es una cobardía; una tentativa de acuerdo equivale a una traición. Es su negación puritana y tajante de todo lo que parezca español el rasgo más español de los nacionalistas que niegan no sólo cualquier atisbo de lealtad a España sino la misma existencia de ese país cuyo nombre no pronuncian nunca, a no ser como insulto.
-Victimismo y narcisismo son los dos rasgos del nosotros intacto que las clases políticas y sus aduladores y sirvientes intelectuales han levantado en cada comunidad, proscribiendo o dejando al margen no sólo cualquier referencia favorable al marco político común sino casi cualquier noción adulta de ciudadanía. El lugar de nacimiento no es un hecho accidental, sino una marca del destino y un motivo de orgullo. Sin hacer más esfuerzo que el de ser de donde eres ya posees el privilegio de un origen único, que por un lado te ofrece la confortable posibilidad de contarte entre los perseguidos, las víctimas y los héroes sin necesidad de padecer personalmente ningún sufrimiento.
Lo que te falta es porque te lo han quitado ellos, los opresores extranjeros; de lo que va mal son ellos los que tienen la culpa.
Cuantas más personas dependan directamente para su subsistencia del favor político con más votos seguros se podrá contar. La adhesión primitiva a un caudillo cercano al que se conoce y se entiende porque habla como nosotros se fortalece cuando por culpa de leyes forasteras y de un sistema judicial impersonal y por lo tanto sospechoso ese mismo caudillo que daba tanto trabajo y se preocupaba tanto por el pueblo se ve acusado en los tribunales. Porque es de nuestro partido no es posible que sea culpable: siempre son los otros los que roban. Porque le tienen envidia, porque no perdonan su éxito, porque nos odian, porque se entrometen sin ningún derecho en nuestros asuntos, porque no les gusta como somos, porque no son de aquí y no pueden entendernos, porque se fueron de aquí y perdieron su identidad. Siempre llega el momento oportuno de cosechar los beneficios de queja, el resentimiento y el agravio que se han sembrado a lo largo de los años.
-En un país en el que todo depende de la política las formas posibles de coacción son innumerables. En el nuestro se han hecho cada vez más groseramente explícitas. Qué periódico va a atreverse a criticar a un alcalde o al presidente de una diputación o comunidad si de la noche a la mañana pueden retirarle los anuncios institucionales y las suscripciones o las subvenciones directas de las que depende su supervivencia. Pero no hay mejor crítica que la información fehaciente, y ésa se ha vuelto todavía más rara. Una columna de opinión o una entrevista complaciente se hacen en poco tiempo y cuestan muy poco, y ocupan a bajo precio un buen espacio en el periódico. Una tertulia es mucho más barata de producir que un reportaje. Investigar una corruptela en marcha, informar a tiempo sobre ella, es la mejor manera de frustrarla; indagar la viabilidad real de uno de tantos proyectos insensatos que ahora son nada más que carísimas ruinas futuras exigiría ir más allá de la propaganda oficial y quizás habría servido para que algunos de ellos no se llevaran a cabo, para despertar estados de opinión que habrían podido atajarlos o al menos reducir su importancia.

El consumo de cemento creció un 8,2% en 2006. España es el mayor consumidor europeo, con 55,7 millones de toneladas. Las 30 primeras promotoras crecen un 24% y facturan 15 000 millones de euros. En España hay 95,7 oficinas bancarias por cada 100 000 habitantes, la proporción más alta en el mundo. La Confederación Hidrográfica del Tajo no garantiza el suministro de agua a 22 nuevos desarrollos urbanísticos. En la clausura de la Asamblea General de las Cámaras de Comercio, el presidente Zapatero destacó que la economía española está «imparable», con un crecimiento del 3,8% en 2006, lo que hace prever que podamos converger en 2008 con la renta media de la Unión Europea, dos años antes de lo previsto. La Caja de Ahorros del Mediterráneo con una extensa campaña de anuncios a toda página, de elevado tono poético: «10 AÑOS CRECIENDO CONTIGO, POR TI, Y PARA TI. POR TI SEGUIMOS…».
-En el periódico del 2 de febrero de 2007 había veintiocho páginas de anuncios de venta de viviendas. En el de hoy no se anuncian. Ni coches de lujo ni cruceros ni clínicas de cirugía estética ni promociones de apartamentos en primera línea de playa ni campos de golf. Recién emergido del país que tendría muy pronto más kilómetros de ferrocarril de alta velocidad que Francia y Japón me encontraba en otro donde el gobierno no parecía encontrar mejores remedios para la quiebra cercana que cobrarles las medicinas a los pensionistas o negar la asistencia médica a los emigrantes ilegales.
-El ruido del dinero y el ruido del robo son simultáneos, y en la distancia del tiempo su estruendo mezclado ahoga casi por completo los histrionismos de las voces políticas, que entonces lo tapaban o distraían de él. El ruido, cuando se escucha un poco, sigue un patrón monótono: terrenos, constructores, ayuntamientos. En la España de los espejismos y de los retablos de las maravillas para hacerse rico no es preciso inventar nada, ni fabricar nada, ni arriesgar esfuerzo y dinero desarrollando una tecnología que puede o no dar beneficios al cabo del tiempo, ni crear puestos de trabajo, ni saber hacer nada. Lo que hace falta es ser alcalde o concejal de urbanismo y tener la potestad de recalificar terrenos rústicos como edificables; es gozar de la confianza o simplemente haber comprado a un concejal o a un alcalde para saber a tiempo qué terrenos van a ser recalificados. Eso es todo. No hace falta nada más. Y eso era lo que sucedía en enero y febrero de 2007, lo que reventaba a veces como un absceso porque un juez abría una investigación, o porque un empresario se cansaba de pagar comisiones y ponía una denuncia…
-Cuando la barbarie triunfa no es gracias a la fuerza de los bárbaros sino a la capitulación de los civilizados.
Me ha entristecido ver la aceptación cínica del éxito de los trepadores, los corruptos y los enchufados, y la dificultad de muchas personas brillantes y honradas para desarrollar sus capacidades y recibir una recompensa justa por unos méritos que al mismo tiempo contribuyen al progreso de la comunidad. Produce abatimiento que muchas veces diera igual que se hicieran las cosas bien o que se hicieran de cualquier modo o no se hicieran, que el mérito se quedara sin elogio y la trapacería o el engaño sin censura, que se aceptara con naturalidad el favor y la trampa, lo mismo en un premio literario que en la provisión de una cátedra, que las escuelas públicas se quedaran sin medios mientras las privadas y las religiosas acaparaban subvenciones: que el hijo de un trabajador o de un inmigrante siga teniendo muchas menos posibilidades de descubrir y alimentar gracias a la educación lo mejor de sí mismo que el hijo de un privilegiado.
-Las corporaciones municipales en pleno siguen rindiendo honores a vírgenes y mártires. Los montes arden y no hay dinero para luchar contra el fuego, igual que no lo hubo para mantener el bosque bien vigilado y limpio de malezas. No escribe uno lo que quiere sino lo que puede. La incertidumbre es tan alta que sus efectos se miden por días, casi por horas. No podemos saber qué sobresalto nos dará el próximo boletín de noticias.
-La propia clase política y las celebridades de la televisión y los especuladores con éxito daban ejemplo: sin saber nada, incluso haciendo exhibición de desvergüenza y grosería, se puede uno hacer rico o famoso o escalar los puestos más altos del gobierno. Pero ni siquiera había que terminar la educación obligatoria: quién necesitaba un título de bachiller si se podía ganar más dinero que cualquier profesor trabajando como peón de albañil o como camarero; ni siquiera hace falta aprender idiomas para entenderse con los turistas cuando ellos vienen por sí solos y a millones.
En otras épocas un bárbaro refrán resumía el lugar que había ocupado durante siglos el conocimiento en nuestro país: «Pasar más hambre que un maestro de escuela». De mayor he visto con una tristeza sin consuelo cómo el saber sigue recibiendo el mismo desprecio. Hace falta muy poca consideración hacia la enseñanza, una malla muy extensa de irresponsabilidades, para que un país tenga el índice de abandono escolar más alto de Europa, para que muchas de las personas mejor preparadas necesiten marcharse fuera para ejercer su talento. Y lo que es más grave de todo: para que se agrande la brecha entre los que están bien educados y los ignorantes, que refuerza cada vez más la división entre los privilegiados y los pobres.
-Al principio el cambio debió de ser tan paulatino que nadie lo notaba. Las primeras prohibiciones nos parecieron pintorescas o irritantes. Pero no fue sólo que se hiciera caso de ellas, sino que en algún momento dejó de ser aceptable socialmente fumar en cualquier sitio, y poco a poco se volvió ya inimaginable.
-Necesitamos discutir abiertamente, rigurosamente y sin miedo, y sin mirar de soslayo a ver si cae bien a los nuestros lo que tenemos que decir. Necesitamos información veraz sobre las cosas para sostener sobre ella opiniones racionales y para saber qué errores hace falta corregir y en qué aciertos podemos apoyarnos para buscar salidas en esta emergencia. La clase política ha dedicado más de treinta años a exagerar diferencias y a ahondar heridas, y a inventarlas cuando no existían. Ahora necesitamos llegar a acuerdos que nos ahorren el desgaste de la confrontación inútil y nos permitan unir fuerzas en los empeños necesarios. Nada de lo que es vital ahora mismo lo puede resolver una sola fuerza política.
-Necesitamos que la actividad política esté sujeta de verdad a los controles simultáneos de la legalidad y de la crítica. La austeridad y la transparencia son tan necesarias como el rigor en la información y la libertad sin coacciones visibles o invisibles en los debates públicos. La vida de la inmensa mayoría será peor si acabamos perdiendo los logros fundamentales del estado de bienestar, pero para que haya alguna esperanza de conservarlos en un mundo cada vez más hostil a ellos hará falta un doble esfuerzo colectivo de vigilancia reivindicativa y de responsabilidad, de activismo público y honestidad privada, porque no hay nada que ya podamos dar por supuesto, y porque para salvar lo imprescindible puede que tengamos que renunciar a algo más que a lo superfluo. Europa es una isla de bienes públicos, libertades individuales y protección social en un planeta cada vez más dominado por los poderes financieros y por países que combinan el despotismo político y el capitalismo salvaje. En Estados Unidos el Partido Republicano se instala cada vez más en una extrema derecha volcada al integrismo religioso y al desmantelamiento de cualquier límite público contra el pillaje privado. Vivimos en este mundo, no en otro.

Durante mucho tiempo pareció que no importaba nada y ahora importa todo, y todo lo que no hicimos y lo que dejamos de hacer y lo que hicimos mal ahora nos pasa su factura exorbitante. Pareció que no importaba ser mediocre o ser ignorante o venal para hacer carrera política, y ahora que necesitamos desesperadamente dirigentes políticos que estén a la altura de las circunstancias y que sean capaces de tomar decisiones y llegar a acuerdos nos encontramos gobernados por toscos segundones que no sirven más que para la menuda intriga partidista gracias a la cual ascendieron, todos ellos, mucho más arriba de lo que se correspondía con sus capacidades.
-Hace falta una serena rebelión cívica que a la manera del movimiento americano por los derechos civiles utilice con inteligencia y astucia todos los recursos de las leyes y toda la fuerza de la movilización para rescatar los territorios de soberanía usurpados por la clase política. Hay que exigir de manera eficaz la limitación de mandatos, las listas electorales abiertas, la profesionalidad y la independencia de la administración, la revisión cuidadosa de toda la maraña de organismos y empresas oficiales para decidir qué puede aligerarse o suprimirse, a qué límites estrictos tienen que estar sujetos el número de puestos y las remuneraciones, qué normas se deben eliminar para que no interfieran dañinamente con las iniciativas empresariales capaces de crear verdadera riqueza, qué hay que hacer para alentar y atraer el talento en vez de ponerle obstáculos y someterlo a chantajes políticos. Hay que defender sin timidez ni mala conciencia el valor de lo público, que lleva tantos años sometido obstinadamente al descrédito, a la interesada hipocresía de los que lo identifican siempre con la burocracia y la ineficiencia y celebran por comparación el presunto dinamismo de la gestión privada, y a continuación aprovechan contratos públicos amañados para enriquecerse, y renegando del estado saquean sus bienes y se quedan a bajo precio y a beneficio de unos pocos lo que había pertenecido a todos, lo mismo una red de trenes que el suministro de agua de una ciudad, el patrimonio común convertido en despojos.
-No hay frontera más hermética que la del día de mañana. El porvenir inmediato es un espacio en blanco: como esa página virtual en la que van avanzando tan lentamente las líneas de la escritura. Pasará algún tiempo y proyectaremos sin remedio una parte de lo que sepamos entonces sobre nuestra ignorancia inaceptable de ahora.
-Dice Antonio Machado: «Qué difícil es / cuando todo baja / no bajar también». En un ambiente donde la corrupción es normal es más fácil ser corrupto, y donde no reina la exigencia ni se reconoce el esfuerzo costará mucho más que alguien dé lo mejor de sí, o incluso que descubra sus mejores capacidades.
Pero lo contrario también es cierto, y la excelencia puede ser emulada igual que la mediocridad, y la buena educación se contagia igual que la grosería. Por eso importa tanto lo que uno hace en el ámbito de su propia vida, en la zona de irradiación directa de su comportamiento, no en el mundo gaseoso y fácilmente embustero de la palabrería.

Que la clase política española quiera seguir viviendo en él es una estafa que ya no podemos permitirles, que no podemos permitirnos. Tenemos un país a medias desarrollado y a medias devastado, sumido en el hábito de la discordia, cargado de deudas, con una administración hipertrofiada y politizada, sin el pulso cívico necesario para emprender grandes proyectos comunes. También tenemos infinitamente más personas capaces y más y mejores medios de los que teníamos hace veinte o treinta años. Hemos mirado con demasiada tolerancia o demasiado distraídamente la incompetencia y la corrupción. Pero también nos hemos dotado, aquí y allá, de logros extraordinarios, escuelas y hospitales muchas veces magníficos, empresas que en medio de la crisis siguen creando trabajo y riqueza, instituciones científicas y culturales que han salido adelante a pesar de todos los pesares y ahora de pronto están en peligro. Hay que fijarse en lo que se ha hecho bien y en quienes lo han hecho bien para tomar ejemplo. No tendremos disculpa si no hacemos todos lo poco y lo mucho que está en nuestras manos, en las de cada uno, para que no se pierda lo que tanto ha costado construir, para asegurar a nuestros hijos un porvenir habitable, si no los alentamos y los adiestramos para que lo defiendan. Ya no nos queda más remedio que empeñarnos en ver las cosas tal como son, a la sobria luz de lo real. Después de tantas alucinaciones, quizás sólo ahora hemos llegado o deberíamos haber llegado a la edad de la razón.

Antonio Muñoz Molina makes in this brave essay a hard and uncompromising review of recent Spain. For his best works, I would say that magnificent. From the end of the dictatorship to the present day, paying special attention to the years of the bubble and waste. Without hiding, it deals with controversial and unpleasant topics, such as the transition, the historical memory, the development of the Autonomies, the nationalisms and various regionalisms, the years of fictitious development, the national sectarianism, the intolerance, the contempt for education or the continued effort that shuns shortcuts and easy solutions.
The past does not cease to be fiction because when we return to it we do so with the burden of subsequent experiences and we reinterpret it based on facts that had not yet happened when the past was present and everything was virgin.
Of this, Antonio Muñoz Molina is very aware that, despite of which, he tries to situate himself not far behind, not further than the last decade of the last century, when Spain was going from strength to strength with the growing economy driven by the brick businessmen. How was it possible that we did not realize what was about to happen?
The novelist, here essayist, tries to see our country, see us, also see himself, from other times. See the agricultural Spain in which his contemporaries grew, the Spain of the Transition, the bombastic Spain of the party, the waste and corruption, the Spain of today, plunged into misery. Because as rightly claims everything changes inevitably, and even the most solid can evaporate in a short time.
Precise reflections on the Crisis that is not a natural catastrophe, nor just an economic problem propitiated by irresponsible politicians or corrupt businessmen, but a moral problem of those who tolerate everything, of those who did not want to see what we had in front of our noses.
Very beautiful and much more optimistic is the last third, in which Molina passionately calls a civilized civil rebellion that is sustained in doing things right, each from his place and tirelessly point out the intolerable and say it even at the risk of being a killjoy , and explain to our children, those who were born in the eighties and nineties, that the solid and safe world they found has not always existed, that we must sustain it and remain vigilant.
The tone is very literary as corresponds to the author and the book is recommended for anyone.

-Now we realize that there was a kind of veil that prevented seeing the immediate and present reality, but perhaps that is typical of any time in which you live inside an economic bubble. The money that arrives is not known from where and multiplies without apparent effort and is available to be spent without limit and no matter how much it is spent, it never ends, it produces the euphoric effect of cocaine; like the gold and the silver arriving without rate of the Indians in the XVII century. It did not seem like a mirage: Spain grew faster than any other European country, the international financial organizations assured. The same rating agencies that now reduce our debt to a category of garbage then diagnosed a perfect solidity. Spain was El Dorado in Europe.
– We believe that they occupy so elevated positions of power because they are very intelligent. Actually we seem very smart just because they have immense power. We attribute the sharpness and rigor of scientific knowledge but hypnotize us because they move with slow solemnity and put sober gestures that suggest an inscrutable thought, like the Roman priests who divined the future by examining the viscera of sacrificed animals or the flight of birds. I saw two public interventions by Rodrigo Rato in New York when he was director of the International Monetary Fund. Rato spoke English fluently, looked at the notes on the lectern but did not read them, raised his eyes over his glasses, as if to see over the heads of the audience a sure future that only he and a few like him could decipher. In the spring of 2007 Rodrigo Rato predicted that the world economy would grow smoothly by 5%, and that if anything there would be a slight deceleration in the United States, only a setback that would be corrected in a few months.
-Where still nothing happened was in Spain. Not when they began to bankrupt banks in the United States, or when Iceland and then Ireland went from wealth to bankruptcy. Now it is hard to accept that only four years have passed since 2008, when Rodríguez Zapatero won the general election for the second time and without much effort. Who would believe that the crisis was approaching or would seriously criticize the president for refusing to even say that word if the economy was growing almost 4%, more than the previous year, even more than in each year of the long streak of growth that had already lasted a decade. The Madrid Stock Exchange had reached the highest level in its history. Between 1997 and 2007 the soil had been revalued by 500%. In Spain there were more 500 euro bills in circulation than in any other country in Europe.
We were the eighth world power, said the president of the government. He also said that in three years we would reach the income level of Germany. In three years we would have the largest network of high-speed lines in the world, above Japan and France. We were in the Champions …
-Directing a theater or a sports hall or a music auditorium or a municipal company did not require demonstrating specific qualifications or witnessing experience or competing on equal terms with other candidates: the only decisive merit was political confidence. The only administrative careers that have been done in Spain over the last thirty years are those of mediocre people who have come to the parties that have reached the highest positions without having any merit, without knowing anything, without acquiring of time another ability than to simulate that they do something or that they have learned something. There is no place for cultural administration or for politics or economic life that has not escalated. No one can calculate the number or the total cost of the positions that were created not to cover any rational need foreseen in advance but to give placement to more or less close relatives or to pay political favors. Right now we sink under the combined dead weight of their innumerable incompetence.

In the chilling rhetoric of the Civil War the enemy is credited with a biological evil. The extermination is a necessary surgery. There is no other idea, other possible ideas of a country in which, as a natural rule, there are very diverse, even bitter, positions. There is Spain and there is the anti-Spain, as in the apocalyptic theologies of Christ and the antichrist. There are no intermediate degrees or possibilities of compromise or arrangement in this binary division of the world. Any mixture is a threat, and there is no stain that is not irreparable; any show of weakness is cowardice; an attempt of agreement amounts to a betrayal. It is his puritanical and emphatic negation of all that Spanish seems the most Spanish trait of the nationalists who deny not only any hint of loyalty to Spain but the very existence of that country whose name they never utter, except as an insult.
-Victimism and narcissism are the two features of the intact us that the political classes and their sycophants and intellectual servants have raised in each community, proscribing or setting aside not only any favorable reference to the common political framework but almost any adult notion of citizenship. The place of birth is not an accidental fact, but a mark of destiny and a source of pride. Without making more effort than being where you are from, you already have the privilege of a unique origin, which on the one hand offers you the comfortable possibility of being among the persecuted, the victims and the heroes without personally suffering any suffering.
What you need is because they have taken away from you, the foreign oppressors; what is wrong is they who are at fault.
The more people who depend directly on their subsistence for the political favor with more safe votes can be counted. The primitive adherence to a caudillo close to that known and understood because he speaks like us is strengthened when due to foreign laws and an impersonal judicial system and therefore suspicious that same leader who gave so much work and cared so much for the The town is accused in court. Because it is from our party, it is not possible that it is guilty: it is always the others who steal. Because they envy him, because they do not forgive his success, because they hate us, because they intrude without any right in our affairs, because they do not like us, because they are not from here and can not understand us, because they left here and lost their identity. The time is always ripe to reap the benefits of grievance, resentment and grievance that have been sown over the years.
-In a country where everything depends on politics, the possible forms of coercion are innumerable. In ours they have become increasingly grossly explicit. Which newspaper will dare to criticize a mayor or the president of a deputation or community if, overnight, they can withdraw the institutional announcements and the subscriptions or direct subsidies on which their survival depends. But there is no better criticism than reliable information, and that has become even rarer. A column of opinion or an accommodating interview are made in a short time and cost very little, and they occupy a good price in the newspaper at a low price. A gathering is much cheaper to produce than a report. Investigating an ongoing corruption, reporting on it in time is the best way to frustrate it; To investigate the real viability of one of so many foolish projects that are now nothing more than expensive future ruins would require going beyond the official propaganda and perhaps it would have served so that some of them were not carried out, to awaken states of opinion that could have stop them or at least reduce their importance.

Cement consumption grew by 8.2% in 2006. Spain is the largest European consumer, with 55.7 million tons. The first 30 promoters grew by 24% and invoiced 15 billion euros. In Spain there are 95.7 banking offices per 100 000 inhabitants, the highest proportion in the world. The Tagus Hydrographic Confederation does not guarantee the supply of water to 22 new urban developments. President Zapatero stressed that the Spanish economy is “unstoppable”, with a growth of 3.8% in 2006, which suggests that we can converge in 2008 with the average income of the European Union, two years ahead of schedule. The Savings Bank of the Mediterranean with an extensive campaign of full-page advertisements, of high poetic tone: «10 YEARS GROWING WITH YOU, FOR YOU, AND FOR YOU. FOR YOU WE FOLLOW … ».
-In the newspaper of February 2, 2007 there were twenty-eight pages of advertisements for the sale of homes. In today’s are not announced. Neither luxury cars nor cruises nor cosmetic surgery clinics nor promotions of apartments on the beachfront nor golf courses. Just emerged from the country that would soon have more kilometers of high-speed rail than France and Japan found me in another where the government did not seem to find better remedies for the near bankruptcy than to charge medicines to pensioners or deny medical assistance to migrants Illegal
– The noise of the money and the noise of the robbery are simultaneous, and in the distance of time its mixed sound drowns almost completely the histrionisms of the political voices, which then covered or distracted him. The noise, when heard a little, follows a monotonous pattern: land, builders, town halls. In the Spain of the mirages and the altarpieces of the wonders to get rich, it is not necessary to invent anything, manufacture anything, or risk effort and money developing a technology that may or may not give benefits over time, or create jobs , or know how to do anything. What is needed is to be mayor or town planning councilor and have the power to requalify rustic land as buildable; is to enjoy the confidence or simply to have bought a councilor or a mayor to know in time what lands are going to be requalified. That is all. Nothing else is needed. And that was what happened in January and February 2007, which burst sometimes as an abscess because a judge opened an investigation, or because a businessman got tired of paying commissions and filed a complaint …
-When barbarism triumphs, it is not thanks to the strength of the barbarians but to the capitulation of the civilized.
It has saddened me to see the cynical acceptance of the success of climbers, corrupt and plugged, and the difficulty of many brilliant and honest people to develop their skills and receive a fair reward for merits that at the same time contribute to the progress of the community . It produces dejection that many times it would not matter if things were done well or were done in any way or not, that merit would be without praise and cheating or deception without censorship, that the favor and trap, the same in a literary prize as in the provision of a chair, that public schools were left without means while private and religious monopolized subsidies: that the son of a worker or an immigrant still have much less chance of discovering and feed thanks to education the best of itself that the son of a privileged.
-The municipal corporations in full still pay honors to virgins and martyrs. The mountains burn and there is no money to fight the fire, just as there was not money to keep the forest well guarded and clear of weeds. He does not write what he wants but what he can. The uncertainty is so high that its effects are measured by days, almost by hours. We can not know what a shock the next newsletter will give us.
-The political class itself and television celebrities and speculators successfully set an example: without knowing anything, even making exhibition of shame and rudeness, one can become rich or famous or climb the highest positions of government. But you did not even have to finish compulsory education: who needed a bachelor’s degree if you could earn more money than any teacher working as a bricklayer’s peon or as a waiter; You do not even need to learn languages ​​to get along with tourists when they come by themselves and to millions.
In other times a barbarian saying summed up the place that for centuries had occupied the knowledge in our country: «To pass more hunger than a school teacher». When I grow up I have seen with a sadness without consolation how knowledge continues to receive the same contempt. We need very little consideration for teaching, a very extensive mesh of irresponsibilities, for a country to have the highest school dropout rate in Europe, so that many of the best prepared people need to go abroad to exercise their talent. And what is most serious of all: to widen the gap between those who are well educated and the ignorant, which reinforces more and more the division between the privileged and the poor.
-In the beginning the change must have been so gradual that nobody noticed it. The first prohibitions seemed to us picturesque or irritating. But it was not just that they were ignored, but at some point it stopped being socially acceptable to smoke anywhere, and little by little it became unimaginable.
-We need to discuss openly, rigorously and without fear, and without looking sideways to see if our own falls well what we have to say. We need truthful information about things in order to sustain rational opinions and to know what mistakes need to be corrected and on what successes we can support ourselves to look for solutions in this emergency. The political class has spent more than thirty years exaggerating differences and deepening wounds, and inventing them when they did not exist. Now we need to reach agreements that save us from the wear and tear of useless confrontation and allow us to join forces in the necessary efforts. Nothing that is vital right now can be solved by a single political force.
-We need political activity to be subject to the simultaneous controls of legality and criticism. Austerity and transparency are as necessary as rigor in information and freedom without visible or invisible coercion in public debates. The life of the immense majority will be worse if we end up losing the fundamental achievements of the welfare state, but for there to be any hope of keeping them in a world increasingly hostile to them, it will require a double collective effort of vigilance and responsibility, of public activism and private honesty, because there is nothing we can take for granted, and because to save the essential we may have to give up something more than the superfluous. Europe is an island of public goods, individual liberties and social protection on a planet increasingly dominated by financial powers and by countries that combine political despotism and savage capitalism. In the United States, the Republican Party is increasingly installed on an extreme right devoted to religious fundamentalism and the dismantling of any public limit against private plunder. We live in this world, not in another.

For a long time it seemed that nothing mattered and now everything matters, and everything that we did not do and what we stopped doing and what we did wrong now gives us its exorbitant bill. It seemed that it did not matter to be mediocre or ignorant or venal to pursue a political career, and now that we desperately need political leaders who are up to the task and are capable of making decisions and reaching agreements, we are ruled by unsophisticated subordinates who do not they serve more than the petty partisan intrigue thanks to which they all ascended much higher than their capabilities corresponded.
-It needs a serene civic rebellion that in the manner of the American civil rights movement uses with intelligence and cunning all the resources of the laws and the full force of the mobilization to rescue the territories of sovereignty usurped by the political class. Effectively demand limitation of mandates, open electoral lists, professionalism and independence of the administration, careful review of the whole tangle of official agencies and companies to decide what can be lightened or suppressed, to what strict limits they have to be subject to the number of positions and salaries, what standards should be eliminated so that they do not interfere harmfully with business initiatives capable of creating real wealth, what must be done to encourage and attract talent instead of placing obstacles and subjecting them to blackmail politicians. We must defend without shyness or bad conscience the value of the public, which has been obstinately subjected to discredit for so many years, to the hypocritical interest of those who always identify it with bureaucracy and inefficiency and celebrate by comparison the presumed dynamism of private management , and then take advantage of public contracts rigged to enrich themselves, and denying the state plunder their goods and remain at low prices and benefit a few what had belonged to all, the same a train network as the water supply of a city, the common heritage turned into spoils.
-There is no border more airtight than that of tomorrow. The immediate future is a blank space: like that virtual page in which the lines of writing are moving so slowly. It will take some time and we will hopelessly project a part of what we know then about our now unacceptable ignorance.
-It says Antonio Machado: «How difficult it is / when everything goes down / does not go down too». In an environment where corruption is normal it is easier to be corrupt, and where there is no demand or recognition of effort it will cost much more than someone to give their best, or even discover their best abilities.
But the opposite is also true, and excellence can be emulated like mediocrity, and good education is spread just as rudely. That is why it matters so much what one does in the realm of his own life, in the zone of direct irradiation of his behavior, not in the gaseous and easily deceitful world of palaver.

That the Spanish political class wants to continue living in it is a scam that we can no longer allow them, that we can not afford. We have a country half developed and half devastated, plunged into the habit of discord, loaded with debt, with a hypertrophied and politicized administration, without the civic pulse necessary to undertake major joint projects. We also have infinitely more capable people and more and better means than we did twenty or thirty years ago. We have looked with too much tolerance or too absentmindedly incompetence and corruption. But we have also endowed ourselves, here and there, with extraordinary achievements, schools and hospitals that are often magnificent, companies that in the midst of the crisis continue to create work and wealth, scientific and cultural institutions that have come forward despite all the sorrows and now suddenly they are in danger. You have to look at what has been done well and in those who have done well to take an example. We will not apologize if we do not do all the little and how much it is in our hands, in each one’s, so that we do not miss what it has cost so much to build, to assure our children a habitable future, if we do not encourage them and we train them to defend it. We have no choice but to endeavor to see things as they are, to the sober light of the real. After so many hallucinations, perhaps only now we have arrived or should we have reached the age of reason.

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