Stasiland: Historias Tras El Muro De Berlín — Anna Funder

Stasiland fue galardonado con el Samuel Johnson Prize de la BBC para obras de no ficción en 2004, y finalista del Age Book of the Year Awards, el Queensland Premier’s Literary Awards, el Guardian First Book Award, el South Australian Festival Awards for Literature (Innovation in Writing), el Index Freedom of Expression Awards y el W.H. Heinemann Award.

Cuando se comienza a leer no esta nada claro si es una novela o un libro de Historia, la historia de Miriam y Charlie calan al lector y la autora australiana lo sabe perfectamente, pero cuando se comprueba que entrevista a personajes históricos y que cuenta con una serie de notas a pie de página se deja de dudar. Una narración aparentemente sencilla y sin estridencias de la opresiva vida de los alemanes del Este en la época que eran tiranizados por su gobierno y su policía política.

La gente no sabía de qué le estaban hablando pero tampoco les importaba. Entraron a raudales en Berlín Oeste. Cuando algunos de los primeros regresaron con latas de cerveza occidental para demostrar dónde habían estado, los guardias intentaron detenerlos para que no regresasen, pero era demasiado tarde, se había acabado todo, y la gente del Este y del Oeste estaba trepando, llorando y bailando encima del Muro.

—Me di cuenta relativamente pronto —me explica— de que nuestra economía no iba a poder subsistir. Y cuando empezamos a enfangarnos en esa ridícula propaganda de victoria, exagerando los resultados de las cosechas y los niveles de producción y muchas cosas más, no me lo pensé y me retiré de todo eso, me dediqué a mi especialidad: el trabajo contra el imperialismo en exclusiva. Y por esa razón hoy en día soy tan «querido» —dice esto último con sarcasmo y soniquete.
—¿A qué se refiere con «querido»…? ¿Por quién? —le pregunto.
—Por todos aquellos que piensan como imperialistas, y actúan como imperialistas y crían a sus hijos como imperialistas.
—El Muro era necesario para defender a una nación amenazada. Y encabezándola, estaba Erich Mielke, un ejemplo viviente del más humano de los seres humanos.
Nunca he oído hablar de Mielke en esos términos. Era demasiado fiero y temido como para que alguien hablase de él con algo parecido al afecto. Miro hacia las estanterías de la pared, a su espalda. Están llenas de libros y pequeños objetos de recuerdo, una fila de frascos de pastillas y una pletina barata. Las palabras «el más humano de los seres humanos» planean en el ambiente. Empieza a toser, una tos áspera y profunda, en un pañuelo, y luego se lleva la bebida rosa a los labios.
—¿Y cómo lo lleva desde 1989, ahora que vive bajo el capitalismo, o como usted dice, bajo el imperialismo? ¿Es como se lo esperaba —sostengo su mirada—, o no está tan mal como pensaba?
—Vivo —dice con virulencia— entre el enemigo. Y no es la primera vez en mi vida. También viví entre el enemigo durante la época de los nazis. —Vuelve a forzar un nuevo arrebato de furia.

—En la RDA la violación era tabú —me explica. La agente femenina que estaba de servicio se negó a examinarla y, en vez de eso, salió a fumarse un cigarro, de modo que fue un colega masculino el que llevó a cabo el examen físico completo, con Julia desnuda sobre una mesa. Luego la llevaron de vuelta a la escena del delito y le hicieron revivir todo paso a paso: tuvo que volver a darle al botón de emergencia y representar el ataque—. Era como si no me creyesen. Él, suelto por ahí, y ellos que no me ofrecían ningún tipo de protección.
La RDA, en sus cuarenta años de existencia, intentó tenazmente tanto crear al socialista alemán como hacer que la gente creyera en él. El socialista alemán tenía que ser diferente del nazi alemán, y diferente del alemán occidental (capitalista imperialista). Se enseñaba la historia como una serie de inevitables saltos hacia el comunismo: partiendo del estado feudal, pasando por el capitalismo, para acabar finalmente —en el salto más grande hasta la fecha— en el socialismo. El nirvana comunista era el mundo que estaba por venir. Una instantánea de un diagrama darwiniano se enciende en mi cabeza y veo al hombre en una escala en la que cada vez va más erguido y tiene menos vello corporal: del mono al neandertal, al cromañón, al hombre moderno. Ahora, enfrente de mí, tenía al homo socialista, afable y agradable y muy, muy charlatán.

Cómo funcionaba la propaganda —prosigue—. Me crié con eso.
Por esa época todavía había racionamiento. El azúcar escaseaba y los caramelos eran un lujo. Pero había un plan para incentivar a los niños.
—Por cada escarabajo que recogíamos nos daban un penique. Por una larva, medio penique. Y por cada cien, nos daban tarjetas de diez raciones de azúcar. Así que los niños nos íbamos a los sembrados cada vez que teníamos un minuto y nos dedicábamos a buscar escarabajos y larvas, larvas y escarabajos. Los entregábamos y nos daban más caramelos de los que podíamos comer.
En la cabeza de Koch, el dulce sabor de la recompensa está relacionado con fastidiar los planes de los estadounidenses para acabar con el cultivo de la patata y para que la gente pasase hambre. Esta historia —sobre insectos y caramelos y la creación de un enemigo— es la historia de la creación de un patriota.

Principales departamentos:
Economía
Aparato del Estado
Iglesia
Deportes
Cultura
Lucha antiterrorista
Alemania Oriental era un pequeño país de solo 17 millones de habitantes, pero estas divisiones y subdepartamentos de la Stasi tenían réplicas por todo el territorio en un número no menor de 15. En cada punta de la nación, todos los aspectos de la vida tenían su némesis particular en un departamento.
—El departamento de Iglesia. —La iglesia, pastores y parroquianos, era la única área de la sociedad de la RDA donde el pensamiento disidente podía hallar una estructura y convertirse en algo real. En consecuencia, las escuelas de teología atraían a brillantes estudiantes.
Los medios y métodos permitidos:
Intervención de teléfonos
Movilización de confidentes
Vigilancia oculta por Fuerzas Observacionales
Uso de Fuerzas Investigativas
Uso de Fuerzas Técnicas (incluidas la instalación de tecnología —escuchas— en las habitaciones del sujeto)
Interceptación de correo y paquetes.

Nos adentramos en la vida de Miriam y Charlie Weber, un matrimonio especial en su forma de ejecutarlo pero como cualquiera de nosotros, Charlie murió pero nos dejó su poema.
En esta tierra
he llegado a enfermar de silencio
en esta tierra
he errado, perdido
en esta tierra
me he atrincherado para ver
qué será de mí.
En esta tierra
me abrazo con fuerza
para no gritar…
Pero he gritado, tan alto
que esta tierra
me ha devuelto un alarido
tan espantoso
como las casas que construye.
En esta tierra
me han sembrado
solo mi cabeza sobresale
desafiante, de la tierra
pero llegará el día en que será segada
convirtiéndome así, por fin,
en esta tierra.

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