Cien Verdades Y Una Mentira — Juan Antonio Carreras Espallardo

Un conjunto de relatos y artículos periodísticos de uno de los policías españoles más polifacéticos: criminólogo, periodista, profesor de Universidad. Si quieres saber como siente un policía, si quieres saber más de educación vial o de Criminología no dejes de leer este libro. Imprescindible para los policías y crimínologos, y aspirantes a serlo.

Si analizamos las características del psicópata podemos encontrar, dentro de su personalidad antisocial, episodios agresivos desde su infancia, que vienen marcados por un ambiente desestructurado, estando presente esta experiencia traumática a lo largo de su vida. No es de extrañar que en la infancia hayan sido víctimas de abusos, crueldad, agresividad y rechazo paterno. Durante la juventud son muy egocéntricos y no siguen un estilo de vida acorde al modelo social normal, son inestables y egoístas. La impulsividad y la frialdad marcan su comportamiento agresivo ya que no se inhiben ante estímulos externos, aumentando así su grado de peligrosidad. Son unos grandes manipuladores, distorsionando la realidad a las personas que les rodean, y para ello utilizan el engaño, se hacen pasar por buenos y que los otros son los malos, para así ganarse la confianza de los demás. Buscan que la sociedad los enaltezca por sus actos. No sienten ningún remordimiento ni sentimiento de culpa. Por último, los más sofisticados y que realizan las conductas delictivas más graves, presentan un alto coeficiente intelectual.
El caso «Marta del Castillo» que el lector recordará muy bien, ha traspasado la línea. Asistimos a sucesos espeluznantes, casos sin explicación, cometidos por niños, que en ocasiones son verdaderas bestias del delito. Falta de valores apuntan algunos o quizá, valores equivocados. Episodios violentos donde un joven golpea a una chica con una plancha en la cabeza, hasta el punto de llegar casi a matarla, sin explicación, sin sentido. Otros más graves como el asesinato de sus propios padres no dejan indiferente.
Esa ausencia de valores hace que un joven, aparentemente normal, se convierta en un momento determinado en un monstruo, capaz de esta atrocidad. La ausencia de los padres, su falta de preparación y su complicidad son claves en el fracaso. Los padres no cumplen su función de educadores hoy en día, por el ritmo frenético de vida que llevamos, por saturación laboral y por la excesiva permisividad con los hijos. En este sentido, Emilio Calatayud, uno de los mejores jueces de menores de España, redactó un decálogo muy interesante donde se ofrecen diez recomendaciones para convertir a nuestros hijos en delincuentes. Y es que esta situación no entiende de clases, se da en todos los sectores de la sociedad.

1: Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.
2: No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
3: Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.
4: No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.
5: Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
6: Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.
7: Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.
8: Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.
9: Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.
10: Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

Es cierto que en los últimos años se ha avanzado mucho hacia la igualdad y reconocimiento de una determinada identidad sexual, no sin superar las infinitas trabas de este nuestro imperfecto sistema, donde hay personas que siguen muriendo de hambre o por una simple gripe. Hasta el reconocimiento del matrimonio homosexual, entre personas del mismo sexo, sigue causando repulsa en parte de la sociedad, hasta el punto de que el gobierno español interpuso un recurso contra esta ley aprobada en la legislatura anterior para dar cabida legal a una realidad evidente. Ha tenido que ser el Tribunal Constitucional el que haya dado la razón, zanjando el tema, afirmando que la ley es legal y por lo tanto las personas homosexuales pueden contraer matrimonio. ¿Cómo no van a sentir el rechazo de la sociedad? Si los propios gobiernos se encargar de generar el odio hacia lo ‘distinto’.
La transexualidad, vista aún con peores ojos que la homosexualidad, le gana en estos días la batalla a los que piensan que es una enfermedad. Así pues, los transexuales ya no son enfermos mentales (a efectos legales). La nueva ‘biblia’ psiquiátrica, el DSM-5, Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales, destierra el Trastorno de Identidad de Género, aunque la clasificación de la OMS, menos utilizada por los profesionales, lo mantiene. El DSM solo conserva la «disforia de género», es decir, la angustia que sufre la persona que no está identificada con su sexo masculino o femenino.
La homosexualidad sigue siendo tema de debate, por desgracia, que en ocasiones se convierte en homofobia, la cual puede llevar a una persona a renunciar a todos sus principios, a no resistir la lucha, a suicidarse.

La violencia de género es una realidad social, una lacra que arrastramos sin que se pueda afirmar que hemos encontrado la fórmula para acabar con ella. Son muchas las acepciones de este tipo de violencia: violencia doméstica, violencia contra la mujer, violencia familiar, violencia intra familiar, violencia de género. Esta última expresión pone su acento en que la «violencia se ejerce contra la mujer por el mero hecho de serlo».
Las reformas legislativas tienen como objetivo, adoptar una serie de medidas destinadas a combatir la violencia ejercida contra las mujeres por su cónyuge o similares, como  manifestaciones de la desigualdad entre hombres y mujeres, ofreciendo a las mismas una protección integral.
Todo problema tiene una cara oculta, algo que no se conoce, o que no interesa que se conozca. La sociedad no es consciente de esta situación y los poderes públicos y medios con influencia social no hacen nada por descubrirlo.
En la violencia de género es muy preocupante esta cara oculta. Los hechos no se llegan a conocer y en algunos casos muy concretos, como la violencia que recibe el hombre maltratado, no tienen el respaldo legal que la ley ofrece a las mujeres.

Tipologías para víctimas de accidentes de tráfico
VÍCTIMA FALSA: Imaginaria o Simulada.
VÍCTIMA REAL: Inocente (directa o indirecta). Por imprudencia. Voluntaria. Provocadora. Culpable.
La diferencia entre víctima falsa o real viene puesta de manifiesto por la propia consideración de víctima, es decir, la víctima real es un sujeto que ha sido victimizado, mientras que la víctima falsa es la que creemos en principio que ha sido victimizada, pero que a posteriori se demuestra su falsa victimización.
VÍCTIMA FALSA. Hay autores que niegan su consideración por cuanto no se trata de víctima en sentido estricto, sin embargo, a efectos operativos nos interesan porque también su falsa consideración de víctima puede llevar consigo alguna responsabilidad a posteriori.
VÍCTIMA  IMAGINARIA. Comprendería a aquella persona que debido a determinados factores bio-psicosociales va a creerse víctima de un delito. Suelen ser personas que sufren enfermedades, paranoicos, individuos con personalidad histriónica, aquellos que mienten hasta creerse sus propias ideas, algunas psicosis, delirium, esquizofrenia, etc. También son habituales los menores de edad y los ancianos.
VÍCTIMA    SIMULADA. Aquellos individuos que mediando algún tipo de interés propio o ajeno, actúan como si verdaderamente fueran víctimas, sabiendo interiormente que no lo son. Por ejemplo, una simulación de accidente para cobrar el seguro. Puede tener responsabilidad penal. La víctima imaginaria cree realmente que es víctima, y la simulada sabe que no lo es, pero actúa como si lo fuera.
VÍCTIMA REAL. Comprende el caso más habitual de víctima, incluye aquellas hipótesis en las que hay una víctima real, que ha sufrido las consecuencias lesivas por parte del victimario.
VÍCTIMA  INOCENTE. Es la víctima inocente accidental, el caso más común en los siniestros del tráfico, aquella cuya victimización se produce por causa ajena a la persona, el caso fortuito producido por otra persona, en accidente de tráfico en el que el conductor ha llevado todas las precauciones necesarias y sin embargo se convierte en víctima. Puede ser directa (cuando de algún modo ha podido evitar el accidente, aunque no se le reprocha que no lo haya logrado) o indirecta (cuando no tiene ninguna posibilidad de controlar el suceso, por ejemplo los pasajeros del vehículo).
VÍCTIMA POR IMPRUDENCIA. Aquella víctima que ejecuta una acción imprudente que la convierte en víctima. Por ejemplo rebasa una señal de STOP y para evitar colisionar con otro vehículo choca contra una vivienda o vehículo.
VÍCTIMA  VOLUNTARIA. Entendemos que es la persona que se ofrece como sujeto pasivo en la comisión de un delito. Se caracteriza por el carácter voluntario y libre que manifiesta en su actuación. Tiene que haber un pacto o acuerdo entre el sujeto pasivo y el activo. El grado de responsabilidad victimavictimario es del 50% cada uno (simulación de accidente de tráfico).
VÍCTIMA  PROVOCADORA. Engloba los supuestos en los que la víctima incita al sujeto activo a cometer la conducta delictiva, muy próxima a la voluntaria. La víctima provoca hasta que el sujeto activo desarrolla la acción victimizante. Porcentaje víctima 75%, victimario 25%. La diferencia de la voluntaria en que hay provocación, mientras que en la voluntaria hay un acuerdo.
VÍCTIMA  CULPABLE. La víctima presenta un 100% respecto al hecho victimizante, y el victimario no presenta responsabilidad. Hay un intercambio de roles, el hipotético victimario pasa a ser víctima y viceversa, lo habitual es que se absuelva de responsabilidad penal al hipotético victimario. Por ejemplo tirarse delante de un coche para que lo atropelle.

Muy al contrario de lo que piensa la sociedad, e incluso un amplio sector de la prensa, darse a la fuga estando implicado en un accidente de circulación no está considerado como delito en nuestra legislación. 
Otra cosa bien distinta es el delito de omisión del deber de socorro que comete el implicado en accidente que no socorre a la víctima, y con todos los requisitos legales que exige la ley que no son pocos: que la víctima se halle desamparada —no puede prestarse ayuda a sí misma y no está recibiendo ayuda de nadie— y en peligro manifiestamente grave, y que el causante no la socorriere cuando pudiera hacerlo sin peligro propio ni de terceros. Vemos que son muchos los requisitos que se exigen para que alguien pueda ser imputado por este delito de omisión del deber de socorro. El delito de omisión del deber de socorro propio se introdujo a raíz de casos de accidentes de tráfico en que los infractores se daban a la fuga dejando a las víctimas abandonadas. Hoy en día cabe para cualquier situación.

Muchos conductores se preguntan si por conducir descalzo o con chanclas pueden ser denunciados, es la eterna leyenda urbana de que está prohibido conducir sin camiseta, como me decía el otro día mi cuñado Alfonso. Claro que no está prohibido conducir sin camiseta, pero por los efectos que puede causar el cinturón de seguridad y el airbag es recomendable llevarla. Creo que tenemos más miedo a la sanción económica que a perder nuestra propia vida en un siniestro de tráfico.
Volvamos a los pies desnudos. Como hemos de basarnos en preceptos legales —sobre lo que está o no está prohibido— tengo que decir que el hecho de conducir descalzo no está contemplado en la normativa de seguridad vial y por lo tanto no es denunciable, a no ser que el agente de la autoridad en sus funciones de vigilancia del tráfico estime que la conducta no es segura, pero aquí ya entrarían otras circunstancias genéricas.
Por comunidades autónomas, Asturias y Cantabria (31%) y Comunidad Valenciana y Canarias (25%) son las comunidades autónomas donde se conduce de manera más empática, mientras que Extremadura (34%), Cataluña (31%) y Castilla-León y Murcia (29%) son las comunidades autónomas donde los conductores tienen menos empatía en la conducción. En cuanto a usuarios de las vías, los peatones son los que se perciben como más empáticos seguidos de los conductores de turismo, mientras que los motoristas se perciben como menos empáticos seguidos de los ciclistas.

Por último y en cuanto al periodismo se debe evitar:
EL RUMOR. Algunos autores denominan al rumor como «noticia basada en una especulación», que no ha sido contrastada. Efectivamente el rumor es una información que circula de persona a persona, pero no se tienen medios para confirmarla, es decir, el periodista no posee instrumentos que le permitan contrastarla con total seguridad lo que la convierte en un instrumento peligroso. Si el periodista la difunde surgirá lo que hemos denominado noticia errónea.
LA NOTICIA ERRÓNEA. Estas noticias pueden surgir al disponer de una información incorrecta o de una falta de información. Esto da lugar a que la noticia deba ser difundida porque despierta enorme interés pero que la precipitación y la falta de información hacen que la información no se llegue a contrastar en alguno de sus extremos y sea parcialmente equivocada.
LA NOTICIA INVENTADA. Aquí no hay un pequeño fallo de la estructura de fuentes de la información, sino que lo que se produce es una mentira en toda regla.Tenemos que ser conscientes de que somos el vehículo de la información, no somos protagonistas, solo trasladamos la información al público.

Actuar con responsabilidad es ser conscientes de que tenemos que ser veraces, dignos, y prever consecuencias. Se nos pide que contemos los hechos de forma veraz, lo más honestamente, sin faltar maliciosamente a la verdad. La verdad no existe, es un término muy relativo, más bien cosa de dioses, nadie tiene el poder de la verdad absoluta, depende de muchos factores, el término más adecuado es de veracidad.
Como decía Ryszard Kapuscinski: «El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse». Y aquí es donde actúa la policía, apresando esas «cucarachas» a las que se refiere el polaco.
¡Qué importante es el tiempo! Nos movemos en una línea muy peligrosa, debemos hacer el trabajo sin vulnerar los derechos ajenos, derechos fundamentales en muchas ocasiones, en la mayoría si cabe. Para valorar si revelar una información procede o no, disponemos de minutos, segundos en alguna ocasión…

La envidia es un fenómeno psicológico muy común que hace sufrir enormemente tanto a envidiosos como a sus víctimas. El envidioso es un insatisfecho (ya sea por inmadurez, represión, frustración, etc.) que, a menudo, no sabe que lo es. Por ello siente consciente o inconscientemente mucho rencor contra las personas que poseen algo (belleza, dinero, sexo, éxito, poder, libertad, amor, personalidad, experiencia, felicidad, etc.). La envidia es una defensa típica de las personas más débiles, acomplejadas o fracasadas. Dicho sentimiento forma parte también de ese rasgo humano, el narcisismo, desde el que el sujeto experimenta un ansia infatigable de destacar, ser el centro de atención, ganar, quedar por encima, ser el «más» y el «mejor» en toda circunstancia. Por eso muchas personas se sienten a menudo amenazadas y angustiadas por los éxitos, la vida y la felicidad de los demás, y viven en perpetua competencia contra todo el mundo, atormentadas sin descanso por la envidia. No es ya sólo que los demás tengan cosas que ellas desean: ¡es que las desean precisamente porque los demás las tienen!
Las formas de expresión de la envidia son muy numerosas: críticas, ofensas, dominación, rechazo, acusaciones, difamación, agresiones, rivalidad, venganzas… Cuando ya no les quedan más argumentos para hablar en contra, transforman la mentira en verdad y la verdad la convierten en basura. A escala individual, la envidia suele formar parte de muchos trastornos psicológicos y de personalidad (por ejemplo, algunas ansiedades, trastornos obsesivos, depresión, agresividad, falta de autoestima…).

En una época donde reclamamos y nos rompemos la garganta reclamando por nuestra intimidad, la tan preciada intimidad que nos dio la Constitución, y de la que carecían nuestros más recientes antepasados, muchos de ellos presentes hoy, y resulta que con la llegada de la cuarta pantalla y de la tercera también, o sea, los móviles y los ordenadores, ¡perdemos nuestra intimidad! Primero las webs se orientaron hacia los contenidos, el rey era el webmaster, y después se orientaron a las comunidades, con la web 2.0 donde cualquiera podía «crear».
Nos rompemos los pulmones alegando que la Ley de protección de datos está por algo. País de locos. No nos engañemos, la dictadura era mala, malísima, y tanta opresión hizo que cuando se vio un abismo de luz se evitara por cualquier medio volver a caer en tan injusto sistema. La respuesta no tardó en llegar nuestra Constitución de 1978, la que reconocía el derecho a la libertad, ese derecho que hemos convertido entre todos en derecho al libertinaje.
Hemos caído en la trampa, tenemos muchos derechos, pero para los merecedores de castigo. Muchos derechos, más si cabe, eso vende, pero para las víctimas pocos, para la gente de bien menos aún, eso sí, ¡somos progres! ¿Libres? …

Hay mentiras piadosas, falsas mentiras y medias verdades, hasta silencios. Mentimos por necesidad y por orgullo, por obsesión y por desconocimiento. Mentir nos convierte en peores personas. Hay quien vive engañado toda una vida y quien engaña mezquina y cínicamente a los demás. Lobos con piel de cordero, figurantes y farsantes de carnaval. Algunos llevan la careta puesta cuando no duermen. Es tal el cinismo de algunas personas que consiguen pasar desapercibidas durante un largo tiempo sin que las personas más cercanas se percaten del ser maligno que llevan dentro. Pero el tiempo pone a cada uno en su lugar. El tiempo es sabio y otorga a las personas el lugar que les corresponde, de sus hechos y acciones depende. Los buenos van al cielo y los malos al infierno.
La gran mentira de este mundo es hacernos daño los unos a los otros cuando en realidad tenemos que convivir todos en un mismo espacio-tiempo y por nuestras acciones dejaremos un buen o mal legado a los que crecen. Al fin y al cabo la verdad es la verdad.

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