Más Allá De La Contienda — Romain Rolland / Above the Battle by Romain Rolland

Magnífico libro durante la gran guerra que es un alegato pacifista en la gran guerra similar al “yo acuso” de E.Zola con el prólogo de Stefan Zweig le da más valor.
Acusa a los líderes de refugiarse cobardemente detrás de un ídolo al que adoran. Aquellos que no supieron ver su responsabilidad y no pudieron prevenir la guerra son los que la inflaman y la envenenan ahora que ha comenzado. Es una imagen desoladora. En todos los países, nada se salva de la marea. En todos los pueblos encontramos el mismo éxtasis ante la destrucción. «No son sólo las pasiones de las razas las que enfrentan ciegamente a millones de hombres como hormigas y producen escalofríos a los países neutrales. La razón, la fe, la poesía, la ciencia y todas las fuerzas del espíritu han sido movilizadas, y siguen, en cada Estado, el camino trazado por sus ejércitos. Las élites de todos los países proclaman convencidas que la causa de su pueblo es la causa de Dios, de la libertad y del progreso humano».
El amor a la patria no reclama que odiemos y asesinemos a las almas piadosas y fieles de las otras patrias. El amor a la patria exige que les rindamos honores e intentemos unirnos a ellas en busca del bien común». «No había razón alguna para una guerra entre nuestros pueblos de Occidente. A pesar de lo que repite sin cesar una prensa infectada por una minoría interesada en mantener estos odios, yo os digo, hermanos de Francia, hermanos de Inglaterra, hermanos de Alemania, que no nos odiamos. Os conozco y nos conozco. Nuestros pueblos sólo pedían paz y libertad». Lo verdaderamente escandaloso era que, tras el estallido de la guerra, los líderes intelectuales deberían haber preservado la pureza de su pensamiento. Era monstruoso que la inteligencia se dejara esclavizar por las pasiones de una política racial absurda y pueril. Jamás deberíamos olvidar, en medio de la guerra, la unidad esencial de nuestras patrias. «La Humanidad es una sinfonía de grandes almas colectivas. Quien para comprenderla y amarla necesita destruir parte de ella sólo demuestra que es un bárbaro… Los miembros de la élite europea tenemos que preocuparnos por dos ciudades: una es nuestra patria terrestre y la otra es la ciudad de Dios. Somos los huéspedes de la primera, y los constructores de la segunda… Nuestro deber es construir una muralla cada vez más grande, por encima de la injusticia y los odios de las naciones.

Un gran pueblo asaltado por la guerra no debe defender únicamente sus fronteras, sino también su razón. Hay que salvarla de las alucinaciones, de las injusticias y de las estupideces desencadenadas por esta plaga. A cada cual su oficio: el de los ejércitos es proteger el suelo de la patria, pero el de los hombres de pensamiento es, como su nombre indica, defender su pensamiento. No cabe duda de que si el pensamiento se pone al servicio de las pasiones nacionales puede convertirse en un instrumento útil para ellas, pero también se corre el riesgo de traicionar al espíritu, que no es una parte menos importante del patrimonio de dicho pueblo.

Entre tantos crímenes perpetrados durante esta guerra infame, todos ellos odiosos por igual, ¿por qué hemos elegido, como objeto de protesta, los crímenes contra las cosas y no contra los hombres, la destrucción de las obras y no la de las vidas? Muchos se han asombrado por ello y han llegado a reprochárnoslo, ¡como si nosotros no sintiéramos tanta tristeza como ellos por los cuerpos y los corazones de los millares de víctimas que han sido crucificadas! Nadie duda de que sobre los ejércitos caídos planea el amor a la patria por la que se sacrifican; sin embargo, esas vidas perdidas también llevan sobre sus hombros el arca sagrada del arte y del pensamiento forjados durante siglos. Sus portadores pueden cambiar, pero lo importante es que el arca se salve, ya que su custodia atañe a la élite del mundo. Y, ahora que una amenaza pende sobre este tesoro común, es el momento de alzarse para protegerlo.
1. La guerra es la guerra, decís, lo que equivale a decir que no puede medirse con el resto de las cosas y que se halla al margen de la moral, de la razón y de todos los límites de la vida cotidiana, en una especie de trono sobrenatural ante el que uno sólo puede inclinarse sin rechistar.
2. Alemania es Alemania, es decir, sin medida común con el resto de los pueblos; las leyes que se aplican a los otros no se aplican a ella, y los derechos que se arroga para violar el Derecho no pertenecen a nadie más que a ella. De este modo Alemania puede, sin delito alguno, incumplir sus promesas, traicionar sus juramentos y violar la neutralidad de los pueblos que un día juró defender.
Sin embargo, la salvación de Alemania sólo llegará cuando surja la idea del divorcio, o cuando la mujer tenga valor para alzar su voz. Soy consciente de que algunas mentes ya han comenzado a reivindicar los derechos del espíritu sobre los de la fuerza. En estos últimos tiempos, desde Alemania han llegado hasta nosotros varias voces en forma de cartas que protestan contra la guerra y lamentan las mismas injusticias que nosotros denunciamos.

El elegir entre el pangermanismo o paneslavismo. La dominación rusa a menudo se ha revelado especialmente cruel respecto a las pequeñas nacionalidades que ha devorado. Sin embargo, ¿cómo explicáis, alemanes, que los polacos prefieran su dominación a la vuestra? ¿Creéis que Europa ignora la forma monstruosa en que ninguneáis a la raza polaca? ¿Pensáis que no llegan hasta nosotros las confidencias de estos pueblos del Báltico que, cuando pueden elegir entre dos conquistadores, siguen prefiriendo a los rusos porque son más humanos?.
Los alemanes oprimen de forma sistemática y, por ello, siempre eficaz. Además, su forma altiva de despreciar a los demás pueblos, la lógica y la sangre fría con que ejercen sus persecuciones a lo largo y ancho de sus dominios hacen de ellos una presencia intolerable.
Los rusos, por naturaleza, son menos consecuentes. Su espíritu no es tan ordenado, y obedecen ante todo a su corazón, lo que les hace menos temibles como opresores. A veces golpean con crueldad, pero otras veces son capaces de controlarse. En sus maneras, son más rudos y brutales que los alemanes (hablo principalmente de los funcionarios y los oficiales), pero también, en el fondo, más humanos.

La guerra me parece odiosa, pero más odiosos son los que la cantan sin participar en ella. ¿Qué diríamos si los oficiales marcharan detrás de sus soldados? El papel más digno de los que vienen detrás es levantar a los que caen y recordarles, en medio de la batalla, aquella hermosa divisa demasiado olvidada: Inter arma caritas.

Es una civilización de caníbales que oprime a los débiles y se enriquece gracias a ellos. Siembra por doquier celos y odios, y crea el vacío a su alrededor. Es una civilización científica, pero no humana. Su potencia procede del hecho de concentrar todas sus fuerzas en un único objetivo: enriquecerse. En nombre del patriotismo, falta a su palabra y tiende sin pudor sus redes de mentiras. Construye ídolos gigantescos y monstruosos en templos dedicados a la Ganancia, el único dios al que adora. Profetizamos, sin duda, que no durará para siempre».
«Que no durará para siempre…». ¿Lo oís bien, europeos? ¿Os tapáis los oídos? ¡Escuchad, entonces! Interroguémonos nosotros mismos. No hagamos como aquellos que descargan sobre su vecino todos los pecados del mundo y creen haberse librado de ellos.
Lo principal es que Europa no es libre. La voz de los pueblos ha sido asfixiada. En la historia del mundo, estos años serán recordados como los de la gran Servidumbre. La mitad de Europa lucha contra la otra mitad en nombre de la libertad. Y en este combate ambas partes de Europa han renunciado a la libertad.
Sin embargo, esas culpas no son iguales para todos. ¡A cada uno lo suyo! En el guiso sin nombre que es hoy la política europea, el dinero es el trozo más grande. El puño que sostiene la cadena que apresa al cuerpo social es el de Pluto. Pluto y su pandilla. Él es el verdadero amo, el verdadero jefe de todos los estados, el que ha convertido esos estados en sucias casas de comercio y en empresas putrefactas. No es que culpemos de nuestros males a un solo grupo social o individuo. No somos tan simplistas. ¡Nada de matar al mensajero! Sería demasiado cómodo. Tampoco diremos —Is fecit cui prodest— que los que hoy se lucran sin pudor gracias a la guerra.
Un dicho inicuo y cruel afirma que los pueblos tienen siempre los gobiernos que merecen. Si fuera cierto, habría que dar a la humanidad por perdida: porque ¿a qué gobierno querría dar la mano un hombre honesto? Por el contrario, resulta evidente que los ciudadanos que trabajan no tienen la capacidad necesaria para controlar a sus gobernantes y que, lo que es peor, ¡siempre acaban expiando los errores y delitos de esos gobernantes, y sin hacerlos responsables! Los pueblos que se sacrifican mueren por ideas. Pero los que los sacrifican viven por intereses. Y, por consiguiente, los intereses sobreviven a las ideas. Toda guerra prolongada, por muy idealista que fuera en su origen, se acaba convirtiendo en una guerra de negocios, una «guerra por dinero», como escribía Flaubert. No estamos diciendo que la guerra se haga por dinero, pero cuando la guerra llega, nos instalamos en ella y ordeñamos sus ubres. La sangre corre, el dinero corre, y no hay prisas por secar su torrente. Algunos miles de privilegiados de toda casta y raza, grandes señores, arribistas, Junkers, metalúrgicos, trusts de especuladores, proveedores militares, autócratas de las finanzas y las grandes industrias, reyes sin título ni responsabilidad, escondidos entre bastidores y rodeados por una nube de parásitos, saben sacar provecho de todos los instintos, buenos y malos, de la humanidad: ¡su ambición, su orgullo, sus rencores y sus odios, sus carnívoras ideologías y sus devociones, su sed de sacrificio, su heroísmo ávido de verter su sangre, su riqueza de fe inagotable!…

El fruto de esta guerra no es la renovación social en todas las naciones, ¡adiós, Europa, reina del pensamiento, guía de la humanidad! Has perdido el rumbo y deambulas en un cementerio. Ése es tu lugar. ¡Yace, pues! ¡Y que otros lideren el mundo!.

Magnificent book during the great war that is a pacifist plea in the great war similar to the “I accuse” of E.Zola with the prologue of Stefan Zweig gives it more value.
It accuses the leaders of taking refuge cowardly behind an idol that they adore. Those who did not know how to see their responsibility and could not prevent war are those who inflame and poison it now that it has begun. It is a devastating image. In all countries, nothing is saved from the tide. In all the towns we find the same ecstasy in the face of destruction. “It is not only the passions of the races that blindly face millions of men like ants and produce chills in neutral countries. Reason, faith, poetry, science and all the forces of the spirit have been mobilized, and follow, in each State, the path traced by their armies. The elites of all countries proclaim convinced that the cause of their people is the cause of God, of freedom and human progress.
The love of the country does not demand that we hate and murder the pious and faithful souls of the other countries. The love of the country demands that we honor them and try to join them in search of the common good “. “There was no reason for a war between our peoples of the West. Despite what is constantly repeated by a press infected by a minority interested in maintaining these hatreds, I say to you, brothers of France, brothers of England, brothers of Germany, that we do not hate each other. I know you and we know each other. Our people only asked for peace and freedom ». The truly scandalous thing was that, after the outbreak of the war, the intellectual leaders should have preserved the purity of their thinking. It was monstrous for intelligence to be enslaved by the passions of an absurd and childish racial policy. We should never forget, in the midst of war, the essential unity of our homelands. «Humanity is a symphony of great collective souls. Who to understand and love her needs to destroy part of it only proves that he is a barbarian … The members of the European elite have to worry about two cities: one is our earthly homeland and the other is the city of God. We are the guests of the first, and the builders of the second … Our duty is to build an ever larger wall, over the injustice and hatred of the nations.

A great people assaulted by war should defend not only their borders, but also their reason. We must save it from the hallucinations, the injustices and the stupidities unleashed by this plague. To each one his office: that of the armies is to protect the soil of the homeland, but that of the men of thought is, as its name suggests, to defend its thought. There is no doubt that if thought is put at the service of national passions it can become a useful instrument for them, but there is also a risk of betraying the spirit, which is not a less important part of the heritage of that people.

Among all the crimes perpetrated during this infamous war, all equally hateful, why have we chosen, as an object of protest, the crimes against things and not against men, the destruction of works and not of lives? Many have been astonished by it and have come to reproach us, as if we did not feel as much sadness as they do for the bodies and hearts of the thousands of victims who have been crucified! Nobody doubts that on the fallen armies plans the love to the country for which they sacrifice themselves; however, those lost lives also carry on their shoulders the sacred ark of art and thought forged for centuries. Its carriers can change, but the important thing is that the ark is saved, since its custody concerns the world’s elite. And, now that a threat hangs over this common treasure, it is time to stand up to protect it.
1. War is war, you say, which is equivalent to saying that it can not be measured with the rest of things and that it is outside morality, reason and all the limits of daily life, in a kind of supernatural throne before which one can only bow without question.
2. Germany is Germany, that is, without common measure with the rest of the peoples; the laws that apply to others do not apply to it, and the rights that are claimed to violate the law do not belong to anyone other than her. In this way Germany can, without any crime, breach its promises, betray its oaths and violate the neutrality of the peoples it once vowed to defend.
However, the salvation of Germany will only come when the idea of ​​divorce arises, or when the woman has the courage to raise her voice. I am aware that some minds have already begun to claim the rights of the spirit over those of force. In recent times, from Germany several voices have come to us in the form of letters that protest against the war and lament the same injustices that we denounce.

The choice between Pan-Germanism or Pan-Slavism. Russian domination has often proved especially cruel to the small nationalities it has devoured. However, how do you explain, Germans, that the Poles prefer their domination to yours? Do you think that Europe ignores the monstrous way in which you ignore the Polish race? Do you think that the confidences of these peoples of the Baltic do not reach us, that when they can choose between two conquerors, they still prefer the Russians because they are more human?
The Germans oppress systematically and, therefore, always effective. In addition, their arrogant way of despising other peoples, the logic and cold blood with which they pursue their persecutions throughout their domains make them an intolerable presence.
Russians, by nature, are less consequential. Their spirit is not so orderly, and they obey primarily their hearts, which makes them less fearsome as oppressors. Sometimes they hit with cruelty, but other times they are able to control themselves. In their ways, they are more rude and brutal than the Germans (I speak mainly of officials and officials), but also, in the background, more human.

War seems odious to me, but more odious are those who sing it without participating in it. What would we say if the officers marched behind their soldiers? The most worthy role of those who come behind is to raise those who fall and remind them, in the midst of battle, that beautiful badge too forgotten: Inter arma caritas.

It is a civilization of cannibals that oppresses the weak and is enriched thanks to them. He sows jealousy and hatred everywhere, and creates the emptiness around him. It is a scientific civilization, but not a human one. Its power comes from the fact of concentrating all its forces on a single goal: to enrich oneself. In the name of patriotism, he lacks his word and shamelessly tends his networks of lies. Build gigantic and monstrous idols in temples dedicated to Gain, the only god he adores. We prophesy, without a doubt, that it will not last forever ».
«That will not last forever …». Do you hear it well, Europeans? Do you cover your ears? Listen, then! Let’s interrogate ourselves. Let us not do as those who unload upon their neighbor all the sins of the world and believe they have got rid of them.
The main thing is that Europe is not free. The voice of the people has been stifled. In the history of the world, these years will be remembered as those of the great Servitude. Half of Europe fights against the other half in the name of freedom. And in this battle both parts of Europe have renounced freedom.
However, those faults are not the same for everyone. To each his own! In the nameless stew that is European politics today, money is the biggest piece. The fist that holds the chain that seizes the social body is that of Pluto. Pluto and his gang. He is the true master, the true head of all states, who has turned those states into dirty trading houses and putrefying companies. It is not that we blame a single social group or individual for our ills. We are not so simplistic. Nothing to kill the messenger! It would be too comfortable. Nor will we say -Is fecit cui prodest- that those who profit today shamelessly thanks to the war.
An iniquitous and cruel saying affirms that the peoples always have the governments they deserve. If it were true, we would have to give humanity for lost: because to what government would an honest man want to shake hands? On the contrary, it is evident that working citizens do not have the necessary capacity to control their rulers and, what is worse, they always end up expiating the mistakes and crimes of those rulers, and without holding them responsible! The people who sacrifice themselves die for ideas. But those who sacrifice them live for interests. And, therefore, interests survive ideas. Any protracted war, no matter how idealistic it was at the beginning, ends up becoming a business war, a “war for money”, as Flaubert wrote. We are not saying that the war is done for money, but when the war comes, we settle in it and milk its udders. Blood runs, money runs, and there is no hurry to dry your torrent. Some thousands of privileged people of every caste and race, great lords, careerists, junkers, metallurgists, speculators trusts, military suppliers, autocrats of finance and big industries, kings without title or responsibility, hidden behind the scenes and surrounded by a cloud of parasites, know how to take advantage of all the instincts, good and bad, of humanity: their ambition, their pride, their grudges and their hatreds, their carnivorous ideologies and their devotions, their thirst for sacrifice, their heroism eager to shed their blood , his wealth of inexhaustible faith! …

The fruit of this war is not social renewal in all nations, goodbye, Europe, queen of thought, guide of humanity! You have lost your way and you wander in a cemetery. That is your place. Lie, then! And let others lead the world!

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2 pensamientos en “Más Allá De La Contienda — Romain Rolland / Above the Battle by Romain Rolland

    • Ánimo, creo que el mundo está demasiado loco moviendo los hilos unos cuantos en donde a río revuelto se da esta ganancia excelsa de unos cuantos pescadores…

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