El Gran Libro De Los Insultos — Pancracio Celdrán Gomariz

Este es un magnífico libro sobre los insultos en nuestro país y donde el estudio etimológico e histórico de estos hacen del libro una auténtica joya y me demuestran mi incultura en muchas acepciones. Recomendadísimo.

A quien abusa del insulto llamamos insultón, criatura que se recrea en el uso del léxico más restrictivo. Si se goza en decir palabrotas, término ligado al vocabulario de naturaleza escatológica y obscena, decimos que ha sucumbido a la coprolalia, tener en la boca siempre ese tipo de términos y dirigirlos a cualquiera de manera indeterminada, generalmente a los árbitros de fútbol y a cuantos intervienen en el campo de juego. Los científicos hablan del síndrome de Tourette, enfermedad que sufre el insultón compulsivo. Pero hecha salvedad de sus muchas excepciones el insulto es muchas veces un acto de justicia, una llamada de atención.Quevedo, en el siglo XVII, y Torres y Villarroel en el XVIII alzan la voz contra los vicios de la sociedad poderosa. Torres escribe:
 
 Mulas, médicos, sastres y letrados,
 corriendo por las calles a millones;
 duques, lacayos, damas y soplones,
 todos sin distinción arrebujados;
 gran chusma de hidalguillos tolerados,
 cuyo examen lo hicieron los doblones,
 y un pegujal de diablos comadrones,
 que les tientan la onda a los casados;
 arrendadores mil por excelencia;
 metidos a señores los piojosos;
 todo vicio, con nombre de decencia;
 es burdel de holgazanes y de ociosos,
 donde hay libertad suma de conciencia
para idiotas, malsínes y tramposos.
 
Insultar es actividad que en nuestro tiempo resulta fácil, raramente acarrea consecuencias, y así era también en los siglos áureos. En la Edad Media fue otra cosa: no salía gratis; había insultos tan penados como la agresión física. En las Ordenanzas Reales de Castilla (1480) se lee:

Qual quier que ha otro denostare
o le dixere sodomitico
o cornudo o traydor
o erege o a muger que
tenga marido puta desdigalo antel alcalde
& ante omes buenos al plazo que
el alcalde pusiere & peche trezientos
sueldos la mitad a nos & la mitad al querelloso
& sy dixere otros denuestos
desdigase antel alcalde & ante omes
buenos & diga que mintio en ello
E sy onbre de otra ley se tornare cristiano
& alguno lo llamare tornadizo peche
diez marauedis al rrey
& otros tantos al querelloso.

Caso de insulto inventado es el del viceberzas; existe el berzas y el berzotas, pero ¿y el viceberzas? Llamaban así a quien es secretario de un tonto,o sirve a un idiota. Es voz de creación caprichosa que juega con viceversa = al revés. En puntos de Andalucía y Murcia llamaban así al politiquillo local puesto por el cacique de turno que se da muchas ínfulas desde su poltrona pueblerina, siendo un pobre, un mierda. El insulto se inspira en viceversa, referido a quien no sabe en qué partido militar; criatura que ignora si sube o baja, si va o viene; tonto que está hecho un lío. El uso insultante de este adverbio se debe al historiador de la primera mitad del siglo XIX Modesto Lafuente, que solía referirse a los españoles como tipos de conducta contraria a sus propios intereses, y lo resumía diciendo: ‘España es el país de los viceversas’, término también aplicado a la persona inestable o veleta que cambia de opinión con facilidad, y a todos aquellos a los que tanto da ocho que ochenta. En alusión festiva a ese insulto se inventó viceberzas. Ello es así porque el desenfado y la gracia son atributos frecuentes en el ámbito del insulto.
Entre las posibilidades del insulto sobresale la perífrasis humorística, arma lingüística poderosa con la que maltratar, agredir e insultar. Si decimos a alguien que le vamos a machacar las liendres le estamos llamando piojoso. Hay insultos con gracia: a un sujeto boquituerto le llamaban alfil porque tenía la boca como el recorrido de esa pieza del ajedrez: en diagonal, torcida. A veces, la mera adición de un diminutivo torna el vocablo ofensivo, en cariñoso: de tonto decimos tontín y tontuelo. De pillo decimos pillín; de diablo decimos diablillo; de bobo decimos bobito; de fiera decimos fierecilla; de traidor decimos traidorzuelo, como de pícaro picaruelo. Otras veces la antífrasis trueca el insulto en elogio: decimos ‘adiós, fea’ para potenciar la hermosura de la muchacha. Pero casos contados; el insulto busca hacer sangre, y a ese fin comienza con la pérdida del respeto, acto que puede llevarse a cabo mediante un gesto, una mirada, un silencio encaminado a exteriorizar desdén y desaprecio: los lingüistas hablan de elementos suprasegmentales, elementos que en el mundo del insulto son tan esenciales que a menudo un ademán sin mediar palabra ya es denotativo de desprecio. Quien hace el gesto de llevarse el dedo índice de la mano derecha a la sien no necesita decir nada para dejar clara la opinión que le merece la persona a quien se refiere.

¿Está justificado el insulto? Yo me inclino a responder afirmativamente siempre que el insulto evite llegar a las manos o actúe como tubo de escape que ayuda a desfogarse, voz que decíamos siendo yo niño en la ciudad valenciana de Alcira, es decir: el insulto actúa a veces como sucedáneo de la patada en la espinilla, cuando no en parte más dolorosa y blanda, ya que echa agua sobre los ánimos enardecidos.
 
Qué insulto hace más daño o cala más hondo no es pregunta de fácil respuesta. El insulto es como la tormenta: será más o menos dañino dependiendo de donde nos coja, es decir: de la situación espiritual, moral, social e incluso económica en que pille a la criatura. Todos sabemos que no conviene nombrar la soga en casa del ahorcado, lo que de hecho viene a significar que nos dolerá más el insulto que nos dé donde más nos duela, o que más visos tenga de ser cierto. De ahí que los insultos que ponen en entredicho la honra estén entre los más dolorosos porque nos desprestigian ante la sociedad, caso del cornudo. Luego vienen aquellos que tienen que ver con el comportamiento social: el traidor se duele mucho se lo recuerden.

Zurullo. En la villa palentina de Frómista: persona sin fundamento que amén de ser de poco juicio, es gorda. Es uso figurado de naturaleza escatológica comparativa con el pedazo cilíndrico de materia blanda, y más comúnmente aplicado al excremento humano de esta figura y forma. Acaso cruce de cerote, a través de la voz alto-aragonesa zorote = glebas de harina en la pasta, y gurullo: del latín volucrum. En puntos de Canarias al torpe llaman zorullo, y en Fuerteventura: persona embrutecida.

Zurupeto. En puntos de Salamanca: criatura de apariencia abúlica, sin fuerza de voluntad o incapaz de imponerse. El diccionario oficial da al término sentido de intruso en alguna profesión, especialmente la notarial. En el castellano de Bilbao es término referido al corredor de bolsa que no está matriculado o va por libre, personaje que en Barcelona llaman corredor d’orella. Acaso del vascuence zurrupatu. El madrileño Antonio Flores emplea así el término:
 Pero el zurupeto, que parece el último habitante de la isla mercantil, es siempre el primero en todos los negocios.

Zurutrucu. En la villa cacereña de Garrovillas es término con que se muestra desprecio hacia personas o cosas.
 
Zuspo. En la provincia de Ciudad Real: vago, que huye del trabajo;mujer cuya honra anda en entredicho.

Abambao. En Cartagena y puntos de esa comarca murciana: sujeto alelado que aparenta simpleza;bambarria. Del latín bambalio = tonto.
Ferrándiz Araujo, en su Medicina popular en Cartagena,incluye este discurso de un su paciente:
Doctor estoy abambao y estragao. Tengo los gonces enrobinaos y el obedao rojo como un tomate, me voy de hilo y he descomido tres veces.
 
Abanico. Chivato, soplón. Es voz hampesca dicha en el siglo XVII a quien se va de la lengua. En su Entremés del letrado Lope de Vega pone esto en boca del rufián Perote.

Abanto. Sujeto aturdido y torpe, medroso y espantadizo que llevado de su pusilanimidad y apocamiento no atina con lo que debe; cobarde que rehuye toda confrontación o situación de peligro. En Málaga y otros puntos de Andalucía: orgulloso, engreído,que se da más importancia de la que tiene. En la comarca valenciana de la Plana de Utiel y en el Altiplano murciano llaman así a quien es de poca gracia o nada espabilado. Dice la copla:
 
Así que no ser abantos,
hacerus toas una parba
y de capuzón ar baile,
que ya veremos mañana.
 
Ese significado tiene también en la villa turolense de Sarrión y otras de esa comarca. En Extremadura: persona grandullona y destartalada. En las villas riojanas de Cornago, Mansilla y otras, así como en diversos pueblos toledanos: alelado, simple, tonto. En puntos de la Ribera del Duero, como Aranda de Duero, Castrillo o Fuentenebro: persona avariciosa. En los años noventa se llamó así al tipo pasado de rosca,muy expresivo y vehemente. Es voz de origen desconocido cuyo sentido deriva de su acepción principal: ave que a pesar de ser de presa es de condición tímida y perezosa.

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