Cannabis Para La Salud — Chris Conrad

Debo decir que es un interesante libro sobre la cultura del “cannabis” y donde es de destacar el libro, eso sí nos adentra en los intereses creados y más allá de las recetas de cannabis, me parece que da algo de luz y eso es de agradecer. Además después de leer experiencias como la de Carlota Pérez y su adición a la morfina por las farmacológicas hace que planteemos otras alternativas.

Hasta hace poco el cáñamo o cannabis era una de las cosechas más populares y valoradas de la sociedad humana. Hoy parece encontrarse en franco retroceso. Pese a que muchos cultivos de fibra de calidad inferior han tomado prestado el nombre, el cáñamo sigue siendo una planta singular. Forma parte del orden botánico de las urticales, que incluye el 1úpulo (Humulus lupulus L.), empleado en la preparación de cerveza. Habitualmente se clasifica en una familia específica, la de las cannabáceas, aunque otros especialistas prefieren incorporarlo a las moráceas, que incluye las moras.1 Los botánicos discuten si el cannabis abarca varias especies o sólo una; dado que todas las variedades de cannabis se cruzan y producen vástagos fértiles e híbridos, en general se clasifica corno una especie que contiene, como mínimo, una subespecie principal. Presenta numerosas estirpes seminales -también denominadas cultígenos o cultivars- y centenares de nombres locales.
El nombre científico oficial de esta planta es Cannnabis sativa L., y procede del vocablo griego kannabis y del latino sativa, que quiere decir “útil”.
Cada parte de la planta del cáñamo presenta determinadas características y usos distintos. El tronco envuelve una de las fibras blandas más largas y resistentes de la naturaleza, en torno a una médula leñosa que contiene aproximadamente un tercio de celulosa -C6H10O6-, el compuesto orgánico que se utiliza para la fabricación de papel, plásticos, película fotográfica, rayón, etc. La semilla de la planta del cáñamo es una fuente de nutrición completa y muy digestible, tanto para los seres humanos como para los animales, así como productora de un valioso aceite. Las hojas y las raíces conforman y airean el terreno, además de mejorarlo. El cáñamo industrial no requiere pesticidas y su cultivo incluso llega a limpiar la maleza de los campos sin el empleo de herbicidas. Se fertiliza con una mezcla de abono y rotación de cosechas que fijan el nitrógeno en lugar de aplicar fertilizantes químicos. Dada su resistencia, el cáñamo industrial es un cultivo excelente en lo que a la agricultura orgánica o natural se refiere. Debido a sus múltiples aplicaciones comerciales, gracias a la fibra y al aceite, el cáñamo industrial tiene un extraordinario valor económico para el agricultor y el fabricante y carece de potencial de abuso como droga.

El uso medicinal del cannabis ha superado la prueba de la historia de la humanidad y tanto los textos más antiguos como los medievales lo mencionan. Con frecuencia recomiendan fórmulas que contienen semillas de cáñamo o la parte superior florida para tratar los partos difíciles, los dolores menstruales, el reumatismo, las convulsiones, el dolor de oídos, la fiebre, la disentería, la epilepsia y el insomnio, así como para aliviar la tensión nerviosa, abrir el apetito y cumplir la función de analgésico y afrodisíaco.’ Aunque en la actualidad algunas aplicaciones son distintas, en diversos aspectos es mucho lo que podemos aprender del uso tradicional del cannabis.
El empleo médico confirmado y más antiguo del cannabis corresponde a China. En 3750 a. de C., China era un territorio gobernado por pequeños jefes militares que a veces protegían y en otros sitios saqueaban a los campesinos que trabajaban la tierra y formaban las bases de los ejércitos. Hacia finales de la edad de piedra, los aldeanos se dedicaron a construir murallas para proteger las comunidades de las incursiones de las bandas de soldados. En ese período una serie de cabecillas heroicos floreció e introdujo la civilización en la región. Entre estos líderes figuraba un campesino filósofo llamado Shen Nung y una de sus grandes contribuciones consistió en dar a conocer al pueblo el valor de la planta de cannabis o ta ma.
Las recetas chinas más antiguas que perduran se basan más en la semilla del cáñamo o cañamón que en la flor de la marihuana. Es muy probable que diversos compuestos del cannabis se incluyeran en la mezcla medicinal resultante si a la receta se incorporaba una cantidad significativa de la flor que rodeaba las semillas. De todos modos, la región no presenta una marcada historia del empleo del cannabis por sus propiedades psicoactivas. Está claro que lo utilizaban como alimento, por la fibra y en cuanto medicina.
En el siglo XVI a. de C., el egipcio papiro de Ebers consignaba el uso médico del cannabis, que los coptos de Tebas también empleaban en rituales de «ingestión de humo” de incienso a fin de comunicarse con Dios. Sushruta, uno de los médicos más antiguos, reconoció en la India en el siglo III a. de C. que el cannabis secaba las membranas mucosas y lo recetó como antiflemático. Además de las múltiples aplicaciones religiosas y culturales que tuvo en la India, la medicina ayurvédica empleó el cannabis para aliviar las migrañas y los retortijones estomacales, así como analgésico y antiespasmódico, para facilitar la digestión y para contribuir al flujo de la orina.
A finales del siglo XIX, a menudo también se recetaron medicamentos con cannabis para malestares como la inapetencia, el insomnio, las migrañas, los dolores, las contracciones involuntarias, la tos excesiva y el tratamiento del síndrome de abstinencia en los casos de adicción a la morfina y el alcohol. Entre 1840 y 1900 la prensa científica publicó, como mínimo, cien artículos significativos que recomendaban el cannabis como agente terapéutico en el tratamiento de diversas enfermedades. Asímismo, fue muy utilizada por los herbolarios y se convirtió en una opción natural para las tinturas ihomeopáticas que estaban tan en boga. Los informes bibliográficos describían su eficacia para la curación de numerosas enfermedades, incluidos trastornos ginecológicos como dolores menstruales y hemorragias excesivas, el tratamiento y las profilaxis de las migrañas…

Desgraciadamente no es fácil establecer el perfil de cannabinoides de determinada de hierba. Dicho proceso requiere el empleo de la cromatografla de gases, procedimiento analítico exacto pero costoso. De todos modos, el enfermo puede hacerse una idea aproximada de lo que le sirve y de lo que no da resultado y, si se le proporciona una gama de cannabis, con el paso del tiempo seleccionará y preparará intuitivamente la del perfil orgánico que más alivio le proporciona.
El camino bioquímico evidente de los cannabinoides principales va del olivetol al CBG, de éste al CBC o al CBD y a partir de aquí al THC. La unión de un hidroxilo (hidrogeno más oxígeno) con una j molécula de carbono terpénico indica el inicio de la transformación de la molécula en CBN. Sólo el THC es psicoactivo; sin embargo, es posible que la forma más potente aparezca en la serie hidroxilada, que también se produce cuando el hígado metaboliza THC en la digestión.3 Tal vez esta peculiaridad explica las razones por las que comer demasiada hierba puede provocar sobredosis desagradables pero inofensivas.
No es posible mantener la marihuana en condiciones de ilegalidad y utilizar el cáñamo industrial como medicamento. Pese a todos los beneficios que se atribuyen al CBD, conviene recordar que el THC es un remedio mucho más potente que lo que, según el gobierno federal de Estados Unidos, es el único compuesto medicinal de la planta. Lo cierto es que los diversos cannabinoides potencian y moderan mutuamente sus efectos y producen los mejores resultados en las combinaciones naturales.

La marihuana es una droga farmacológicamente parecida a los sedantes, lo que no significa que dichos efectos sean inducidos de forma regular o provocados, ya que nuestra cultura la consume de manera social. De todos modos, se ha establecido una relación significativa a través de experimentos cuantitativos con animales y observaciones clínicas controladas.
Tanto los sedantes como la marihuana presentan una progresión característica de los efectos a dosis crecientes. En la fase 1 -pequeñas dosis analgésicas-, el sujeto experimenta el alivio de la ansiedad o una sensación positiva y posiblemente cierta somnolencia. A medida que la dosis aumenta, progresivamente se reduce el rendimiento psicomotor, la concentración y la memoria a corto plazo. La fase 2 comienza con la aparición de la excitación y concluye con la pérdida de la conciencia. En el ínterin, los centros corticales superiores están cada vez más deprimidos y tanto los centros inferiores como los comportamientos más primitivos se liberan de las inhibiciones que habitualmente los controlan. Con animales de laboratorio es fácil llegar a la fase 3, el nivel inconsciente de la anestesia quirúrgica, pero resulta prácticamente inalcanzable con humanos. La fase 4, que corresponde a la parálisis medular, es difícil de conseguir con animales y nunca se ha demostrado con humanos.

El cannabis recorre de cuatro maneras el aparato digestivo humano. En primer lugar, la semilla de cáñamo se utiliza como alimento básico y el aceite de semilla de cáñamo se prensa y se incorpora a los alimentos como complemento dietético. En segundo, podemos comer el follaje resinoso de la marihuana y disfrutar de sus beneficios terapéuticos sin necesidad de fumarla. En tercero, el cannabis fumado calma el estómago y evita los vómitos. En cuarto lugar, el cannabis puede modificar la relación que cada persona tiene con los alimentos.
El último efecto es uno de los beneficios más importantes de la marihuana medicinal y, sin embargo, casi nunca se toma en serio. Coloquialmente se denomina “gula”. La expresión abarca una amplia gama de efectos que ha dado origen a infinidad de chistes sobre los fumadores de marihuana. Das unas pocas caladas, se te seca la boca y tienes ganas de consumir algo que humedezca el paladar.
Aunque se ha hablado mucho sobre los posibles riesgos de fumar marihuana, los resultados de las investigaciones realizadas en esta dirección están tergiversados y resultan equívocos, pues los han exagerado en el intento de racionalizar la política contra el cannabis. Cabe recordar que en la mayoría de los casos ni siquiera es necesario fumarlo. Aunque si se fuma el alivio se obtiene de forma mucho más veloz y eficaz, también es posible disfrutar de casi todos los beneficios simplemente comiéndolo. Cuando se ingiere no produce efectos negativos en los tejidos del aparato respiratorio.

La semilla de cáñamo es una fuente alimentaria primaria que contribuye a la digestión. En un sentido amplio, existen cinco métodos para preparar alimentos a partir de la semilla de cáñamo: usar el grano entero, molerlo, germinarlo, descascararlo o emplear directamente el aceite de semilla. Minuciosamente limpiada, ni siquiera la semilla de cannabis más potente, del tipo marihuana, contiene cantidades detectables de THC psicoactivo. Las cepas de cannabis que se cultivan para obtener la producción máxima de cañamones no se seleccionan por su alto contenido en THC. Por añadidura, a medida que las semillas maduran la planta se desprende incluso de las flores más resinosas y los restos secos simplemente desaparecen cuando el fruto se lava, se prepara y se consume. Si se limpia correctamente, en el alimento no quedan residuos.

Cualquier alma racional pensaría que es demasiado cruel que una nación rica no proporcione asistencia sanitaria a la inmensa mayoría de los ciudadanos y penalice a los enfermos y los moribundos que utilizan un medicamento no autorizado, pero esto es exactamente lo que ocurre. Abandonados y desesperados, millones de personas descubren que pueden encontrar alivio cultivando gratuitamente unas pocas y exuberantes plantas de cannabis. Llegados a cierto punto, merece la pena pagar el precio que sea o correr el riesgo que haga falta para dejar de sufrir. Muchos optan por correr esos riesgos con la esperanza de curarse antes de que los detengan. Entonces comienza a funcionar la trampa de la obligación de cumplir la ley: la brigada antidrogas abre la puerta a patadas, golpea las paredes, se apodera del dinero, reúne a la familia, apunta a la cabeza con armas automáticas y pregunta quién está dispuesto a declarar contra alguien a cambio de una condena menor. El daño que los enfermos sufren a causa de la persecución y el castigo supera con creces al que podrían infligirse incluso con el abuso más desaforado de cannabis. En muchos casos el castigo compite con las consecuencias de las enfermedades físicas más horrorosas que afectan a dichos pacientes.
En la frase anterior radica la diferencia entre la racionalidad y las racionalizaciones.
La marihuana no es el “curalotodo”. Ninguna droga ni medicamento lo es. De hecho, la marihuana no cura nada; simplemente alivia y controla deterrninados síntomas, muchos síntomas distintos, algunos más agudos que otros, repartidos por la inenarrablemente compleja anatomía humana. Al igual que las panaceas, su alcance es muy amplio y puede aliviar el dolor de millones de seres humanos.
Suponen que la ciudadanía no debe saberlo y, en consecuencia, le ocultan la verdad. John Ingersoll -primer director de la federal DEA (el organismo encargado de hacer cumplir las leyes contra las drogas)lo planteó de la siguiente manera en 1972: “No sólo debemos proteger al público de los delincuentes violentos de la calle, sino de las ideas nocivas”. No tardó en montar un atractivo espectáculo de “nuevos” mitos “científicos”, por ejemplo, hipótesis no demostradas sobre daños cerebrales, cánceres, cultivos de laboratorio que atravesaban aros, aumento incontrolable del peso y la asombrosa declaración de que “la hierba hace que a los hombres les crezcan los pechos”.
En 1982 el Institute of Medicine examinó los rumores sobre los “nuevos peligros” de la marihuana y publicó un estudio que contradecía la mayoría de las afirmaciones. Según el informe, no existían pruebas irrefutables sobre los efectos adversos del consumo moderado de cannabis. En ese momento la PDFA (Asociación para una América libre de drogas), entidad exenta de pagar impuestos, emprendió en los medios de comunicación una campana propagandística en la que difamaba a los miembros productivos de la sociedad que consumían marihuana, lo que Ilevó a muchos a negarlo y, en algunos casos, a que sus hijos se volvieran en su contra. La tragedia radica en que esta campaña minuciosamente orquestada se basa en las inquietudes legítimas de padres, médicos y científicos sociales incautos que desconocen los hechos imprescindibles para comprender las absurdas falsedades que se dicen sobre el carácter generalmente benigno de la Cannabis sativa L.
Sólo en 1995 la mundialmente famosa publicación científica Lancet volvió a evaluar los datos y Ilegó a la siguiente conclusión: «Ni siquiera a largo plazo el hecho de fumar cannabis es perjudicial para la salud”.

Como cualquiera puede sufrir un problema de salud que el cannabis resinoso contribuya a aliviar, a todos nos interesa crear un sistema de distribución seguro y asequible. Aunque en este aspecto han perdido el contacto con el pueblo, los dirigentes políticos saben contar votos. Los que están a favor de la marihuana con fines terapéuticos nos hemos convertido en electorado con poder. Cada uno de nosotros marca la diferencia, y conjuntamente formamos una sólida mayoría. El poder sigue estando en manos del pueblo y a los ciudadanos no nos gusta que nos roben las elecciones.
El cerebro absorbe THC a través de receptores específicos que influyen en diversos sistemas orgánicos y provocan una cadena de consecuencias fisiológicas y psicológicas transitorias. Al principio ejerce un efecto estimulante, seguido de relajación y disminución global del estrés. Puede provocar somnolencia o ansiedad. Es analgésico. Bloquea las migrañas y los ataques. Acrecienta la sensación de bienestar.
Enrojece y seca los ojos, reduce la presión Seca la boca, estimula el apetito, agudiza el intraocular. sabor. Acelera el ritmo y el pulso cardíacos.
Calma los acúfenos(zumbidos) de los oídos.
Cuando se fuma, pequeños depósitos de compuestos irritantes se alojan en los tejidos superficiales de la garganta, la boca, los bronquios y en todo el aparato respiratorio. Se pueden tomar precauciones que lo mitigan. Ejerce efectos antiflemáticos y expectorantes. Calma el estómago. Estimula el apetito. Normaliza el aparato gastrointestinal. Reduce las náuseas y los vómitos. Alivia el mareo y diversos efectos secundarios de la radioterapia y la quimioterapia. Relaja el aparato músculo-esquelético.
Dilata los bronquios y los vasos sanguíneos. Cuando se fuma, los pulmones y el aparato cardiovascular incorporan cannabinoides a la sangre que fluye directamente al cerebro: sistema de administración muy veloz y eficaz.
Ejerce pocos o ningún efecto en el aparato reproductor. No está demostrado que produzca consecuencias mutágenas. Tradicionalmente se utiliza como afrodisíaco y para superar la impotencia. Los calambres, los espasmos, las convulsiones, la ataxia y otros trastornos neurológicos y del movimiento. Ayuda en los casos de esclerosis múltiple, lesiones de la médula espinal y epilepsia.
Alivia las articulaciones. El efecto analgésico general reduce el dolor. Es antiinflamatorio; si se ingiere por vía oral o se aplica tópicamente, ayuda en los casos de artritis y reumatismo. Como la
vasodilatación transporta la sangre más rápidamente desde las extremidades produce enfriamiento de los dedos de las manos y los pies.

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