Tertulia De Boticas Y Escuela De Curanderos — Álvaro Cunqueiro / Gathering of Prodigious Boticas and Quacks School of by Álvaro Cunqueiro

Sin duda este libro tiene la virtud desde el humor de acercar a la mistificación de la farmacopea a través de los siglos. Álvaro Cunqueiro, que ha estado poniendo en zapatillas de andar por casa a buena parte de la mitología clásica, empieza con este libro a mitificar personajes cotidianos.
En la primera parte, «Tertulia de boticas prodigiosas» dice aprovechar los saberes adquiridos en la rebotica de la farmacia paterna para hacer un repaso irónico y socarrón a la farmacopea tradicional, a la legendaria y a la literaria, sazonándolas —con Cunqueiro nunca se sabe hasta qué punto— con remedios salidos de su prodigiosa imaginación.
En la segunda parte, «Escuela de curanderos», hace desfilar a una serie de curanderos, cada uno con su especialidad, sus técnicas y sobre todo su humanidad y sentido común. Estos curanderos pueden parecer inventados, y puede que lo sean, pero los gallegos sabemos que existen, aunque los conozcamos con otros nombres y en otras épocas.
Un libro que se lee con una media sonrisa constante y algunas buenas carcajadas y una nueva oportunidad para disfrutar de la ironía y el delicioso castellano galleguizante de Álvaro Cunqueiro. De sus libros que más me gustan más allá de cocodrilos y demás menesteres de las boticas.

Grandes eruditos e investigadores que sería ocioso citar aquí, y a cuya actividad ha dedicado Juan Perucho un libro titulado La servidumbre de cámara de los antipapas, han llegado a la conclusión de que hubo lo que puede llamarse la botica de los antipapas, botica de cuya existencia no parece caber duda hasta, por lo menos, la muerte en 1447 de Gil Sancho Muñoz, el último antipapa de Occidente, enterrado en la catedral de Palma de Mallorca y sobre cuyo sepulcro cuelga de la bóveda gótica su capelo cardenalicio. Esta botica secreta no entraba en funciones más que cuando había cisma en la Iglesia, y por lo tanto, antipapa, bien que es posible que estuviese abierta durante el Cautiverio de Aviñón, aunque fuese solamente su sala de venenos y antídotos.
Aparecieron en Occidente nuevos venenos, a los que eran debidas las muertes extrañas que se sucedían en los círculos papales y antipapales. Uno de ellos, en cuya composición entraba el acónito nepalino junto al llamado cristal del arco iris, actuaba como sigue: en el estudio del antipapa se colgaba de un hilo muy fino una bolita minúscula hecha con el veneno en polvo, y si el antipapa tenía sospechas de alguno de sus cardenales y consultores, de que se estaba pasando al papa legítimo, o que él mismo quería hacerse antipapa, lo sentaba próximo a la bolita, de modo que el sudor de esta, al darle sol, sudor que se vaporizaba, pasaba a la cabeza del presunto traidor, al cual le entraban vértigos y en menos de un cuarto de hora moría retorciéndose y declarando lo que llevaba en el corazón. Si el tipo era culpable de traición, al hoyo. Si no lo era, y todo habían sido falsas sospechas, el antipapa lloraba, le hacía solemnes funerales, daba dinero a la familia y anunciaba que al tal lo tenía in pectore como sucesor.
Había muchas tintas de secreto que usaban para las cartas reservadas los secretarios del antipapa, tanto los de cartas latinas como los de cartas griegas; tintas invisibles, que hacían invisible no sólo lo escrito, sino también la pluma que escribía…
El polvo del cuerno del unicornio, aqua fenix —que es aquella agua de algunas fuentes misteriosas de Asia, que vertida sobre el fuego, no solamente no apaga este, ni se evapora, sino que se vuelve llama con mucha humareda, la cual humareda al enfriarse en el aire se vuelve a convertir en agua, que al caer como lluvia, puede ser recogida en vasos, y es potable y fresca—, y la llamada tertulia de humores, en la que entra el semen del camello y del ratón campestre, se fabricaba en la botica antipapalista el licor, o los licores, de los llamados sueños de bulto, que son aquellos que el soñador ve, pero además toca con las manos, en las que queda polvo o huella de color de lo tocado en sueños.

Los melocotones de la longevidad
Se trata de la botica oculta de una nunca nombrada montaña de China, en la cual, tras paciente examen que el boticario hacía del cliente, se le despachaban a este los melocotones de la longevidad. El examen era más moral e intelectual que físico: no se le despachaban los melocotones de la longevidad a las mujeres ni a los menores de cuarenta y ocho años. En el examen, quienes más éxito obtenían eran los espíritus humildes y por entero desilusionados, desapegados de los triunfos y de la fortuna, gentes vagabundas y eruditas, capaces de pasarse la vida estudiando el crisantemo de ocho hojas, el canto de la perdiz, los movimientos del pescador de carpas o el vuelo de la cometa. Alguna vez sorprendió a los sabios de la antigua China que los melocotones de la longevidad fuesen vendidos a un pobre borracho, como aquel que en la poesía chinesa es conocido como el señor Cinco Sauces.

Undoubtedly this book has the virtue from the humor of approaching the mystification of pharmacopoeia through the centuries. Álvaro Cunqueiro, who has been putting on shoes to walk around a good part of classical mythology, begins with this book to mythologize everyday characters.
In the first part, «Tertulia de prodicas prodigiosas» says take advantage of the knowledge acquired in the rebound of the paternal pharmacy to make an ironic and sly review of the traditional pharmacopoeia, the legendary and the literary, seasoning them -with Cunqueiro you never know until what a point- with remedies from his prodigious imagination.
In the second part, «School of healers», parades a series of healers, each with his specialty, his techniques and above all his humanity and common sense. These healers may seem invented, and may be, but Galicians know they exist, although we know them with other names and in other times.
A book that reads with a constant half smile and some good laughs and a new opportunity to enjoy the irony and delicious Galician Castilian Alvaro Cunqueiro. Of his books that I like more than crocodiles and other necessities of the apothecary.

Great scholars and researchers that would be idle to mention here, and whose activity Juan Perucho has dedicated a book entitled The servants of the antipopes chamber, have come to the conclusion that there was what can be called the antipapas pharmacy, apothecary whose existence There seems to be no doubt until, at least, the death in 1447 of Gil Sancho Muñoz, the last antipope of the West, buried in the cathedral of Palma de Mallorca and on whose sepulcher hangs his cardinal capelo from the Gothic vault. This secret apothecary did not take office except when there was a schism in the Church, and therefore, antipope, although it was possible that it was open during the Captivity of Avignon, even if it was only its room of poisons and antidotes.
New poisons appeared in the West, due to the strange deaths that occurred in papal and antipapal circles. One of them, in whose composition came the Nepalese monastery with the so-called crystal of the rainbow, acted as follows: in the study of the antipope a tiny ball was hung from a very fine thread made with poison powder, and if the antipope had suspicions of some of his cardinals and consultants, that he was passing himself to the legitimate pope, or that he himself wanted to become antipope, he sat him next to the little ball, so that the sweat of it, when he gave it sun, sweat that vaporized, He passed to the head of the presumed traitor, who was dizzy and in less than a quarter of an hour he died writhing and declaring what he had in his heart. If the guy was guilty of treason, to the hole. If it was not, and all had been false suspicions, the antipope cried, solemnly made funerals, gave money to the family and announced that he had in pectore as successor.
There were many inks of secrecy that were used for the reserved letters by the antipope secretaries, both those of Latin letters and those of Greek letters; invisible inks, which made invisible not only what was written, but also the pen that he wrote …
The dust of the horn of the unicorn, aqua fenix – which is that water from some mysterious sources of Asia, which is poured on the fire, not only does not extinguish it, nor evaporate, but it becomes a flame with a lot of smoke, which cool in the air turns into water, which when falling as rain, can be collected in glasses, and is drinkable and fresh-, and the so-called gathering of humors, in which comes the semen of the camel and the rural mouse, the liquor, or liquors, was made in the antipapalist apothecary, of the so-called dreams of bulk, which are those that the dreamer sees, but he also touches with his hands, in which there remains dust or a trace of color of what was touched in dreams.

The peaches of longevity
It is the hidden apothecary of a never-named mountain in China, in which, after a patient’s examination of the apothecary by the client, the peaches of longevity were dispatched to him. The examination was more moral and intellectual than physical: the peaches of longevity were not dispatched to women or to children under forty-eight. In the examination, the most successful were the humble and totally disillusioned spirits, detached from triumphs and fortune, vagabond and erudite people, capable of spending their lives studying the eight-leaf chrysanthemum, the song of the partridge, the movements of the carp fisherman or the flight of the kite. Once it surprised the sages of ancient China that the peaches of longevity were sold to a poor drunkard, like the one who in Chinese poetry is known as Mr. Five Willows.

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