A Través Del Islam — Ibn Battūta / The Adventures of Ibn Battuta: A Muslim Traveler of the Fourteenth Century by Ibn Battūta

Este es un libro magnífico de viajes de antaño sobre el norte de África la actual Mauritania y donde la apertura de los sentidos es visible a través de las páginas, de los mejores libros de viajes. (s.XIV). Y un auténtico tratado de viajes y social que se debe leer.
(Abu Abd Allah Muhammas Ibn Battuta; Tánger, 1304 – Fez, 1368 o 1377) Viajero y geógrafo árabe. Fue el más importante de los viajeros musulmanes en la Edad Media, famoso por escribir el libro Rihläh (Viajes), en el año 1355, donde plasmó con todo lujo de detalles las experiencias vividas a lo largo de los más de 120.000 kilómetros que recorrió desde el año 1325 a 1355.

En Alejandría. Entre las maravillas de esta ciudad se cuenta la sobrecogedora columna de mármol que hay extramuros. Se la conoce por Columna de los Pilares y está en medio de un palmeral. Se percibe destacándose de las palmeras por su altura. Es un solo bloque bien tallado que se yergue sobre basas cuadradas de piedra semejantes a inmensos poyos de modo que se ignora cómo la colocaron allí ni es seguro quién la puso. Dice Ibn Ŷuzayy: «Me contó uno de mis maestros, gran viajero, que cierto arquero alejandrino ascendió hasta la cúspide de la columna portando su arco y aljaba y allá quedó; de suerte que corrió la voz y se congregó la multitud para contemplarle siendo grande el asombro que ocasionara, pues las gentes desconocían cómo subiera.
De lo acontecido en la ciudad de Alejandría el año 727 (1326-7 de J. C.] nos llegó noticia en La Meca y es lo siguiente: Acaeció una disputa entre los musulmanes y los comerciantes cristianos siendo valí de Alejandría un hombre conocido por al-Karakī que vino en salvaguardar a los cristianos y mandó presentarse a los musulmanes entre los dos baluartes de la puerta de la ciudad e hizo cerrar los batientes tras ellos para castigarlos. Esto no fue del agrado de la gente por parecerles desmedido, así pues, rompieron la hoja y se revolvieron contra la residencia del gobernador, que se fortificó para defenderse de ellos, mientras los combatía desde lo alto y enviaba palomas mensajeras con la noticia a al-Malik an-Nāṣir. Este remitió a un emir llamado al-Ŷamālī. Luego, le hizo seguir por otro conocido por Ṭawgān, hombre orgulloso y cruel, de cuya fe religiosa había dudas pues se decía que adoraba al sol. De este modo, entraron en Alejandría, apresaron a los más principales de sus habitantes y a los mercaderes cabecillas —como los hijos de al-Kūbak y otros más— y les arrancaron muchos dineros.
El Nilo aventaja a los ríos todos de la Tierra en dulzura y sabor, en la anchurosidad de su curso y en provecho para los ribereños, pues ciudades y aldeas en sus orillas se alinean sin tregua y no hay parejo en los países habitados. No se conoce un río del que se cultive tanto como del Nilo, ni en el mundo existe otro al que se llame «mar».

Gaza, primera población siria viniendo de Egipto. Es una plaza amplia, muy poblada y de hermosos mercados. Hay numerosas mezquitas, pero carece de murallas. Anteriormente hubo una bonita mezquita aljama. La que hay ahora fue erigida por el emir al-Ŷāwilī. Se trata de una edificación elegante, perfecta de factura y con un almimbar de mármol blanco. El juez de Gaza es Badr ad-Dīn aṣ-Ṣaljatī al-Ḥawrānī y su maestro ‘Alam ad-Dīn b. Sālim. La familia Banū Sālim es muy principal en la ciudad: entre sus miembros se cuenta el cadí de Jerusalén.
Más adelante viajé desde Gaza a la ciudad de Hebrón, pequeña pero importante, brillante de luces, de hermosa vista, maravillosa por dentro. Se halla en la hoz de un valle y tiene una mezquita perfectamente construida, elegante de ejecución, de gran belleza y altura, labrada en roca de cantería.
(La mezquita santa). Es una de las más maravillosas mezquitas, de belleza inigualable. Se afirma que no hay en la tierra toda una mezquita más grande. De oriente a occidente mide setecientos cincuenta y dos codos de largo, en codos mālikīes. Su anchura es, de sur a norte, cuatrocientos treinta y cinco codos. Dispone de numerosas puertas en tres flancos, en cuanto al cuarto, es decir, el de la alquibla, no le conozco sino una única puerta que es por la que entra el imán. El templo todo es un espacio abierto, sin techo, a excepción de la parte de la mezquita de al-Aqṣà que está cubierta con techos.

La ciudad digna de confianza, La Meca —Dios el Altísimo la honre— y nos encaminamos al santuario divino, habitáculo de su amigo Abraham y lugar en que comenzó su misión Mahoma [Mubammad] el Elegido. Entramos en el noble templo —al que cualquiera que acceda está en seguro— por la puerta de los Banū Šayba y contemplamos la sacrosanta Ka‘ba, cuya grandeza Dios acreciente. Es como una novia resplandeciente sobre un trono majestuoso, meciéndose en los mantos de su belleza, envuelta en los peregrinos del Señor, es el paso hacia el Edén. Hicimos las circunvoluciones de la llegada, abrazamos la Bendita Piedra, rezamos dos rak‘as en el maqām [estación] de Abraham y nos asimos a los velos de la Ka‘ba, junto al Multazam, sitio entre la puerta y la Piedra Negra, donde son acogidas las plegarias. Bebimos agua de la fuente Zamzam y al hacerlo se comprueba su excelencia ya expresada por el Profeta.

El betel [tanbūl] es un arbusto que se planta como las parras de la vid, haciendo un tinglado con cañas como en los emparrados, o bien plantándolo junto a los cocoteros, de modo que trepa por ellos, al igual que las vides y los pimenteros. El betel no da fruto, pues lo que se procura de él son las hojas, semejantes a las del albohol; se recogen todos los días y la parte mejor es la que está amarilla. Los hindúes tienen el betel en gran estima; cuando un hombre va a casa de un amigo y éste le da cinco hojas de betel, es como si_le hubiera dado el mundo entero, sobre todo si se trata de un emir o persona principal. Ofrecer estas hojas les parece más importante y mayor muestra de generosidad que regalar oro y plata. Usan estas hojas del siguiente modo: cogen antes nueces de areca, que se parecen a la nuez moscada, las machacan en pequeños trozos, se lo ponen en la boca y lo mascan; de seguida cogen las hojas de betel, ponen encima un poco de cal de conchas y lo mascan con las nueces de areca. Tienen la propiedad de perfumar el aliento, haciendo desaparecer los olores de la boca, ayudar a digerir la comida e impedir que haga daño el agua bebida en ayunas: comer estas hojas produce alegría y ayuda en el coito.
El coco [nārŷīl] es la llamada nuez de la India, fruto de un árbol singular por su aspecto y características; el cocotero se parece a la palmera: la única diferencia que hay entre ambos es que los frutos de aquél son nueces y los de ésta, dátiles. La nuez del cocotero se asemeja a la cabeza de un hombre, pues tiene algo así como ojos y boca. Cuando está verde, lo de dentro se parece al cerebro humano y además tiene alrededor fibras que son como cabellos.

La pesquería de perlas está entre Sirāf y al-Baḥrayn, en una bahía de aguas quietas que parece un gran río. En los meses de abril y mayo se llegan aquí muchas barcas, con pescadores de perlas y mercaderes de Fārs, al-Baḥrayn y al-Quṭayf. Cuando el pescador quiere bucear, se cubre el rostro con una careta de concha de gaylam, que es la tortuga, y hace también de esta misma concha una cosa que parecen pinzas, para apretarse las narices; luego se ata una cuerda en la cintura y se sumerge. Algunos aguantan más que otros bajo el agua; los hay que pueden estar una y dos horas, o aún más. Al llegar el pescador al fondo del mar, encuentra las conchas agarradas a la arena, entre pequeñas piedras, y las arranca con la mano o las separa con un cuchillo que lleva dispuesto para ello; a continuación, las mete en un morral que tiene colgado al cuello y, cuando le falta la respiración, tira de la cuerda para que el hombre que sujeta el cabo en la superficie lo sienta y le suba a la barca. Le cogen entonces el morral, abren las conchas y encuentran dentro trozos de carne, que despegan con un cuchillo: estos trozos, al ponerse en contacto con el aire, se endurecen y convierten en perlas. Las juntan todas, pequeñas y grandes, y el sultán se queda con la quinta parte, mientras los mercaderes que permanecen en las barcas compran el resto. La mayor parte de estos comerciantes son acreedores de los pescadores, de modo que cogen las perlas por el total de la deuda o a cuenta de ella.

La ciudad de Amāṣiya [Amasya], grande y hermosa, con ríos, huertos, árboles y muchos frutos. En los ríos hay norias para regar los jardines y acarrear el agua a las casas. Tiene zocos espaciosos y anchas calles; está, como las anteriores, en los dominios del rey del Iraq. Cerca de aquí está el pueblo de Sūnusà, también del soberano iraquí, donde viven los descendientes del santo Abū-l-‘Abbās Aḥmad ar-Rifa‘ī; el jeque ‘Izz ad-Dīn, que es ahora el superior de la rábida de ar-Riwāq y heredero de la almofalla de rezos de ar-Rifā‘ī, y sus hermanos, los jeques ‘Alī, Ibrāhīm y Yaḥyà, hijos todos ellos del jeque Aḥmad Kūŷuk, que quiere decir el Pequeño Aḥmad. Este Aḥmad Kūŷuk era hijo de Tāŷ ad-Dīn ar-Rifā‘ī. Nos alojamos en su zagüía y vimos que eran superiores al resto de los mortales.

Constantinopla es grande en extremo y está dividida en dos partes por un gran río, donde hay pleamar y bajamar como en el río de Salé, ciudad del Magreb[334]. Antaño había un puente de fábrica sobre este río, pero fue destruido y ahora se cruza en barca. Esta ría se llama Absumī [act. llamada Haliç]. Una de las dos partes de la ciudad se llama Iṣṭanbūl [Estambul] y está en la orilla oriental del río; aquí habitan el sultán, los grandes del Reino y el resto de la población bizantina. Sus calles y zocos son anchos y están enlosados; la gente de cada oficio tiene en ellos un sitio aparte, sin mezclarse con los demás. Todos los zocos tienen puertas, que se cierran por la noche. La mayor parte de los artesanos y vendedores son mujeres. Esta parte de la ciudad está al pie de un monte que se mete unas nueve millas en el mar, y que tiene otro tanto de anchura, o aún más; en lo alto de este monte están una pequeña ciudadela y el alcázar del sultán. Las murallas dan la vuelta a la montaña, de modo que la ciudad es inexpugnable, pues nadie puede subir por la parte del mar. Dentro del recinto hay unas trece aldeas muy pobladas y la catedral se encuentra en medio de este lado de la ciudad.
La otra parte de Constantinopla se llama Galaṭa y está en la margen izquierda del río; se parece a Ribāṭ al-Fatḥ [Rabat] por su proximidad al agua. Aquí habitan en particular cristianos francos [ifranŷ], que son de varios sitios: genoveses, venecianos, romanos y gente de Francia. Están bajo la autoridad del rey de Constantinopla, que nombra almocadén a uno que ellos eligen y que llaman qumis [comes, conde]; rinden tributos al rey todos los años, pero a veces se rebelan contra él, que les declara la guerra hasta que el Papa restablece la paz entre ellos. Son todos comerciantes y su puerto es de los más grandes que hay.

El melón de Juwārizm no tiene igual en ningún país del mundo, si exceptuamos el de Bujārā. El de Iṣfāhān le sigue en calidad. La cáscara del primero es verde y su interior rojo; el sabor es muy dulce, aunque la carne sea dura. Lo curioso es que lo cortan en rajas para secarlo al sol y después lo ponen en unos cestos —como hacemos nosotros con los higos secos y los de Málaga— para transportarlo desde Juwārizm hasta los confines de la India y China. No hay, entre todos los frutos secos, ninguno con un sabor tan agradable. Durante mi estancia en Delhí, en la India, siempre que llegaba algún viajero mandaba a alguien que me comprara rajas de melón. El rey de la India, cuando traía de estos melones, me enviaba, pues conocía mi debilidad por ellos. Este príncipe acostumbra ofrecer a los extranjeros como presente frutos de su país y así obsequiarles.

Después de cruzar el río del Sind, conocido por Banŷ Āb [Punyab], entramos en una algaida de cañizares con la intención de tomar una senda que había en su mitad. Un rinoceronte apareció ante nosotros. Su aspecto era el siguiente: de color negro, con un gran corpachón, la cabeza de buen tamaño y desproporcionada.
Por eso dice el proverbio: «El rinoceronte, cabeza sin tronco». Es menor que el elefante pero su cabeza es más grande, con mucho. Tiene entre los ojos un solo cuerno de una longitud aproximada de tres codos y una anchura de un palmo. Cuando nos salió al paso en el cañizar, uno de los jinetes le atajó en su marcha y el animal corneó al caballo atravesándole el anca y derribándole; después se refugió en la algaida y no pudimos hacernos con él. Tuve ocasión de ver por segunda vez un rinoceronte en este viaje, después de la oración del ‘asr, mientras pacía. Cuando nos aproximamos, huyó. Y vi otro estando con el rey de la India: penetramos en un cañizal, el sultán iba sobre un elefante y nosotros cabalgábamos también en otro de estos animales…

Las gallinas y gallos de China son grandísimos, mayores que nuestros gansos. Y los huevos también aventajan a los de nuestras ocas. Por contra, allí el ganso es pequeño. Compramos una gallina y quisimos cocinarla, pero su carne no cabía en una sola olla por lo que hubimos de ponerla en dos. El gallo alcanza el tamaño del avestruz y si se le caen las plumas queda como una masa bermeja. La primera vez que vi un gallo chino fue en la ciudad de Kawlam y pensé que era un avestruz, de lo que tuve gran sorpresa. Su dueño me dijo: «En el país de China los hay mayores».

La edificación de la Mezquita Nueva en la ciudad blanca [Fez], sede de su preclaro reino, mezquita que se distingue por su belleza, construcción perfecta, luminosidad y peregrina disposición; la construcción de la Madrasa Mayor en el lugar conocido por «el Alcázar» cerca de la alcazaba de Fez, sin igual en el mundo poblado en punto a extensión, belleza, grandiosidad, cantidad de agua y buen emplazamiento, hasta el extremo de que yo no he visto entre las escuelas de Siria, Egipto, Iraq y Jurāsān algo que se le parezca; haber erigido la Zagüía Mayor, junto a la Alberca de los garbanzos, extramuros de la ciudad blanca, que tampoco tiene rival por el maravilloso lugar en que se halla y por su preciosa ejecución. La más bella zagüía que yo vi en el Mašriq [oriente árabe] es la de Siryāquṣ [Siryāqūs], construida por al-Malik an-Nāṣir, pero ésta de Fez le aventaja en hermosura, perfección y buena construcción. Que Dios asista y socorra a nuestro señor en sus nobles designios, premie sus descollantes méritos, alargue sus días en bien del Islam y los musulmanes y conceda la victoria a sus estandartes y enseñas triunfales.

Llegué al país de al-Andalus —al que Dios guarde— donde la soldada es copiosa para sus habitantes y donde se atesoran los premios para residentes o viajeros.
Acababa de fallecer el tirano de los cristianos, Adfūnus [Alfonso XI], que pusiera cerco a la «Montaña» [Gibraltar] por espacio de diez meses, pues tenía el designio de apoderarse de las tierras que aún eran musulmanas en al-Andalus, pero Dios se lo llevó cuando no tenía cuenta de tal cosa y pereció de la peste a la que temía como nadie.
La primera ciudad andaluza que conocí fue la «Montaña de la Conquista» [Gibraltar], donde me entrevisté con su jatib, el distinguido Abū Zakariyyā’ Yaḥyà b. aṣ-Ṣirāŷ el Rondeño y con el cadí ‘Ῑsà al-Barbarī a cuya hospitalidad me acogí y con quien di la vuelta a la montaña pudiendo contemplar las magníficas fortificaciones, bastimentos y pertrechos.
Desde Gibraltar me trasladé a la ciudad de Ronda, que entre las plazas fuertes del Islam es una de las mejor situadas y defendidas. Era su alcaide por entonces el jeque Abū r-Rabī‘ Sulaymān b. Dāwūd al-‘Askarī y su juez mi primo por lado paterno el alfaquí Abū l-Qāsim M. b. Yaḥyā b. Baṭṭuṭa. Allá me entrevisté con el jurisconsulto, cadí y literato Abū l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf b. Mūsà al-Muntašāqarī[399] que me albergó en su residencia. También conocí al predicador, el piadoso y distinguido Ḥaŷŷ, Abū Isḥāq Ibrāhīm, conocido por Šandaruj que más adelante falleciera en la ciudad de Salé, en Marruecos. Y allá entablé relación con un grupo de hombres piadosos, entre ellos ‘Abdallāh aṣ-Ṣaffār [el Latonero] y otros más.
Permanecí en Ronda cinco días y luego me encaminé a Marbella. El camino entre ambas es muy áspero y tortuoso. Marbella es un pueblecito hermoso y fértil. En él encontré una tropa de jinetes que se dirigían hacia Málaga y tuve intención de ponerme en marcha en su compañía, pero Dios el Altísimo me protegió con su favor porque salieron antes que yo, siendo apresados en el camino.
Desde allá me trasladé a Vélez, que está a veinticuatro millas. Esta es una bella ciudad, con una portentosa mezquita. En el lugar se dan las uvas, frutas e higos igual que en Málaga. Seguimos viaje hasta Alhama, pequeña población que dispone de una mezquita maravillosamente emplazada y muy bien construida. Existen allí unas burgas de agua caliente, orilla de su río, a una milla de distancia, más o menos, del pueblo, con aposentos separados para el baño de hombres y mujeres.
Después continué la marcha hasta Granada, capital del país de al-Andalus, novia de sus ciudades. Sus alrededores no tienen igual entre las comarcas de la tierra toda, abarcando una extensión de cuarenta millas, cruzada por el famoso río Genil y por otros muchos cauces más. Huertos, jardines, pastos, quintas y viñas abrazan a la ciudad por todas partes.
Entre sus parajes más hermosos se cuenta la «Fuente de las lágrimas» un monte donde hay huertas y jardines, sin parecido alguno posible.

Guarde Dios a Granada, reposo
y solaz del triste, albergue del exiliado.
Se apenaba mi amigo al ver
los pastos helados por la nieve:
pero es baluarte a cuyos defensores
Dios socorre, sin que haya
mejor boca que la fresca».

Una vez llegados al canal contemplé cerca de la ribera dieciséis bestias, de naturaleza enorme, que me dejaron asombrado y pensé que se trataría de elefantes, los cuales abundan por allá, pero luego vi cómo entraban en el río y dije a Abū Bakr b. Ya‘qūb: «¿Qué animales son éstos?». Él me respondió: «Se trata de caballos de mar [sic] que salieron a pacer a tierra». Son más gruesos que los caballos, tienen crines y cola y las cabezas semejantes a las de los equinos, pero las patas se parecen a las del elefante. En otra ocasión pude ver a estos animales, cuando navegamos por el Nilo [sic] desde Tombuctú [Tumbuktu] hasta Kaw-Kaw [Gao]: nadaban en el agua, levantaban las cabezas y resoplaban, hasta el punto de que los remeros se asustaron y se acercaron a la orilla para no terminar hundiéndose. Por allá usan de una treta ingeniosa para cazarlos: disponen garrochas agujereadas por cuyos huecos se pasan sólidas cuerdas y con ellas golpean al hipopótamo. Si el golpe coincide con la pata o el cuello, lo enlazan y arrastran tirando de la soga hasta que llega a tierra, donde lo matan y comen su carne. A lo largo de la ribera hay muchos huesos de hipopótamo.

This is a magnificent travel book of yesteryear about the North of Africa the current Mauritania and where the openness of the senses is visible through the pages, of the best travel books. (C.XIV). And an authentic travel and social treatise that should be read.
(Abu Abd Allah Muhammas Ibn Battuta, Tangier, 1304 – Fez, 1368 or 1377) Arab traveler and geographer. He was the most important of the Muslim travelers in the Middle Ages, famous for writing the book Rihläh (Travels), in the year 1355, where he captured in great detail the experiences lived throughout the more than 120,000 kilometers he traveled from the year 1325 to 1355.

In Alexandria. Among the wonders of this city is the overwhelming column of marble that exists outside the walls. She is known by Column of the Pillars and is in the middle of a palm grove. It is perceived standing out from the palm trees because of its height. It is a single well-carved block that stands on square stone bases similar to immense poyos, so that it is not known how they placed it there, nor is it certain who put it. Ibn Ŷuzayy says: “One of my teachers, a great traveler, told me that a certain Alexandrian archer ascended to the top of the column, carrying his bow and quiver, and there it was; so that the word spread and the crowd assembled to contemplate it, being great the astonishment that it caused, because the people did not know how it went up.
From what happened in the city of Alexandria in 727 (1326-7 of J. C.] we got news in Mecca and it is as follows: A dispute between Muslims and Christian merchants occurred, and Valí de Alejandría was a man known by al-Karakī, who came to safeguard the Christians and ordered the Muslims to stand between the two bastions of the city gate and had the doors folded behind them to punish them, which was not to the liking of the people because it seemed excessive to them. They broke the blade and threw themselves against the residence of the governor, who fortified himself to defend himself against them, while he fought them from on high and sent messenger pigeons with the news to al-Malik an-Nāsir, who forwarded it to an emir named al-Malik. Ŷamālī Then he made him follow by another known by Ṭawgān, a proud and cruel man, of whose religious faith there were doubts because it was said that he worshiped the sun, so they entered Alexandria, captured the most of their inhabitants and the chief merchants – like the sons of al-Kūbak and others – and they took many monies.
The Nile surpasses all the rivers of the Earth in sweetness and flavor, in the width of its course and in benefit for the ribereños, because cities and villages on its banks line up without truce and there is no equal in the inhabited countries. There is no known river that is cultivated as much as the Nile, nor is there any other river in the world called “sea”.

Gaza, first Syrian population coming from Egypt. It is a wide square, very populated and with beautiful markets. There are numerous mosques, but it lacks walls. Previously there was a beautiful mosque aljama. The one that is now was erected by the emir al-Ŷāwilī. It is an elegant building, perfect of invoice and with a white marble almimbar. The judge in Gaza is Badr ad-Dīn aṣ-Ṣaljatī al-Ḥawrānī and his teacher ‘Alam ad-Dīn b. Sālim. The Banū Sālim family is very important in the city: among its members is the Kadi of Jerusalem.
Later I traveled from Gaza to the city of Hebron, small but important, bright lights, beautiful view, wonderful inside. It is found in the sickle of a valley and has a mosque perfectly built, elegant execution, of great beauty and height, carved in stone quarry.
(The holy mosque). It is one of the most wonderful mosques, of incomparable beauty. It is claimed that there is no larger mosque on earth. From east to west it is seven hundred fifty-two cubits long, in elbows Mālīlīs. Its width is, from south to north, four hundred and thirty-five cubits. It has numerous doors on three sides, as for the fourth, that is, the one of the alquibla, I do not know of it but a single door that the magnet enters through. The whole temple is an open space, without a roof, except for the part of the al-Aqṣà mosque that is covered with roofs.

The city worthy of trust, Mecca – God the Most High honor it – and we headed to the divine sanctuary, the habitat of his friend Abraham and the place where his mission Muhammad [Mubammad] the Chosen began. We enter the noble temple – to which anyone who enters is safe – through the door of the Banū Šayba and contemplate the sacrosanct Ka’ba, whose greatness God increases. It is like a bride resplendent on a majestic throne, rocking in the cloaks of her beauty, wrapped in the pilgrims of the Lord, is the step towards Eden. We made the circumvolutions of the arrival, we embraced the Blessed Stone, we prayed two rak’as in the maqām [station] of Abraham and we clung to the veils of the Ka’ba, next to the Multazam, site between the door and the Black Stone, where the prayers are received. We drank water from the Zamzam source and in doing so, we can see the excellence already expressed by the Prophet.

The betel [tanbūl] is a shrub that is planted like vine vines, making a shed with canes as in the trellises, or planting it next to the coconut trees, so that it climbs through them, like the vines and Peppers The betel does not bear fruit, for what is sought of it are the leaves, similar to those of the albohol; they are collected every day and the best part is the one that is yellow. Hindus have betel in great esteem; When a man goes to a friend’s house and he gives him five leaves of betel, it is as if he had given the whole world, especially if it is an emir or main person. Offering these leaves seems to them more important and greater generosity than giving gold and silver. They use these leaves in the following way: they pick before areca nuts, which look like nutmeg, crush them in small pieces, put it in their mouth and chew it; Then they take the betel leaves, put some shell lime on it and chew it with the areca nuts. They have the property of scenting the breath, making the odors disappear from the mouth, helping to digest the food and preventing water damage to be taken during fasting: eating these leaves produces joy and helps in coitus.
The coconut [nārŷīl] is the so-called walnut of India, the fruit of a tree unique in its appearance and characteristics; the coconut tree resembles the palm tree: the only difference between the two is that the fruits of the palm are nuts and the nuts of the latter are dates. The nut of the coconut tree resembles the head of a man, because it has something like eyes and mouth. When it is green, what is inside resembles the human brain and also has fibers that are like hair.

The pearl fishery is between Sirāf and al-Baḥrayn, in a bay of still waters that looks like a great river. In the months of April and May many boats come here, with pearl fishermen and merchants from Fārs, al-Baḥrayn and al-Quṭayf. When the fisherman wants to dive, he covers his face with a mask of gaylam shell, which is the turtle, and also makes this shell a thing that looks like pincers, to squeeze the noses; then a rope is tied at the waist and immersed. Some endure more than others under water; there are those that can be one and two hours, or even more. When the fisherman arrives at the bottom of the sea, he finds the shells gripping the sand, between small stones, and he tears them with his hand or separates them with a knife that he has ready for it; then he puts them in a backpack that he has around his neck and, when he lacks breath, pulls the rope so that the man who holds the rope on the surface feels it and gets on the boat. Then they take the backpack, open the shells and find pieces of meat inside, which take off with a knife: these pieces, when they come in contact with the air, harden and turn into pearls. They all come together, small and big, and the sultan keeps a fifth, while the merchants who remain in the boats buy the rest. Most of these merchants are creditors of the fishermen, so they take the pearls for the total debt or on account of it.

The city of Amāṣiya [Amasya], large and beautiful, with rivers, orchards, trees and many fruits. In the rivers there are ferris wheels to water the gardens and bring water to the houses. It has spacious souks and wide streets; it is, like the previous ones, in the domains of the king of Iraq. Near here is the village of Sūnusà, also of the Iraqi sovereign, where the descendants of Saint Abū-l-‘Abbās Aḥmad ar-Rifa’ī live; Sheikh ‘Izz ad-Dīn, who is now the superior of the rabida of ar-Riwāq and heir to the prayers of al-Rifā’ī, and his brothers, the sheikhs’ Alī, Ibrāhīm and Yaḥyà, all of them sons of Sheikh Aḥmad Kūŷuk, which means Little Aḥmad. This Aḥmad Kūŷuk was the son of Tāŷ ad-Dīn ar-Rifā’ī. We stayed in his zagüía and we saw that they were superior to the rest of the mortals.

Constantinople is extremely large and is divided into two parts by a large river, where there is high tide and low tide as in the river Salé, city of the Maghreb [334]. There used to be a factory bridge over this river, but it was destroyed and now it is crossed by boat. This river is called Absumī [act. called Haliç]. One of the two parts of the city is called Iṣṭanbūl [Istanbul] and is on the eastern bank of the river; Here live the sultan, the great ones of the Kingdom and the rest of the Byzantine population. Its streets and souks are wide and paved; the people of each trade have a separate place in them, without mixing with others. All the souks have doors, which are closed at night. Most of the artisans and vendors are women. This part of the city is at the foot of a hill that goes about nine miles into the sea, and that has a width of about as much, or even more; At the top of this hill there is a small citadel and the sultan’s fortress. The walls go around the mountain, so that the city is impregnable, because no one can climb the sea side. Within the enclosure there are some thirteen densely populated villages and the cathedral is in the middle of this side of the city.
The other part of Constantinople is called Galaṭa and is on the left bank of the river; it looks like Ribāṭ al-Fatḥ [Rabat] because of its proximity to water. Here there live particularly Frankish Christians [ifranŷ], who are from several places: Genoese, Venetians, Romans and people of France. They are under the authority of the king of Constantinople, who names almocadén one whom they choose and who call qumis [comes, count]; They pay tribute to the king every year, but sometimes rebel against him, who declares war until the Pope reestablishes peace between them. They are all merchants and their port is one of the largest.

The melon of Juwārizm has no equal in any country of the world, except for that of Bujārā. That of Iṣfāhān follows him in quality. The shell of the first is green and its interior red; the taste is very sweet, although the meat is hard. The funny thing is that they cut it into rajas to dry it in the sun and then put it in baskets – as we do with dried figs and those from Málaga – to transport it from Juwārizm to the confines of India and China. There is not, among all the nuts, none with such a pleasant flavor. During my stay in Delhi, in India, whenever a traveler arrived, he would send someone to buy me slices of melon. The king of India, when he brought these melons, sent me, because he knew my weakness for them. This prince accustoms to offer foreigners present fruits of his country and thus give them.

After crossing the Sind River, known as Banŷ Āb [Punjab], we entered an algaida of cañizares with the intention of taking a path that was in its middle. A rhinoceros appeared before us. His appearance was as follows: black, with a large body, the head of good size and disproportionate.
That’s why the proverb says: “The rhinoceros, head without trunk.” It is smaller than the elephant but its head is bigger, by far. It has between its eyes a single horn of an approximate length of three cubits and a width of one span. When we came to pass in the cañizar, one of the riders stopped him in his march and the animal corneó the horse crossing the haunch and knocking him down; Then he took refuge in the algaida and we could not get to him. I had the opportunity to see a rhinoceros for the second time on this trip, after the prayer of the ‘asr, while he was grazing. When we approached, he fled. And I saw another one being with the King of India: we went into a canyon, the Sultan was riding on an elephant and we were also riding on another of these animals …

The chickens and roosters of China are very large, larger than our geese. And the eggs also outstrip those of our geese. On the other hand, there the goose is small. We bought a chicken and wanted to cook it, but its meat did not fit in one pot so we had to put it in two. The rooster reaches the size of the ostrich and if it falls off, the feathers remain as a reddish mass. The first time I saw a Chinese rooster was in the city of Kawlam and I thought it was an ostrich, which I had great surprise. Its owner told me: «In the country of China there are more».

The construction of the New Mosque in the white city [Fez], home of its illustrious kingdom, mosque that is distinguished by its beauty, perfect construction, luminosity and pilgrim disposition; the construction of the Madrasa Mayor in the place known as “el Alcázar” near the citadel of Fez, unequaled in the world populated in terms of extension, beauty, grandeur, quantity of water and good location, to the extent that I I have not seen between the schools of Syria, Egypt, Iraq and Jurāsān anything like it; having erected the Zagüia Mayor, next to the Chickpea Pool, outside the white city, which also has no rival for the wonderful place where it is and for its beautiful execution. The most beautiful zagüía that I saw in the Mašriq [Arab east] is that of Siryāquṣ [Siryāqūs], built by al-Malik an-Nāṣir, but this one of Fez surpasses it in beauty, perfection and good construction. May God assist and succor our Lord in his noble designs, reward his outstanding merits, extend his days for the sake of Islam and the Muslims and grant victory to his triumphal standards and banners.

I arrived in the country of al-Andalus – to which God saves – where the soldiers are copious for their inhabitants and where the prizes for residents or travelers are treasured.
The tyrant of the Christians, Adfūnus [Alfonso XI], had just passed away, putting the siege of the «Montaña» [Gibraltar] for ten months, since he had the intention of seizing the lands that were still Muslim in al-Andalus, but God took him away when he had no account of such a thing and perished of the plague that he feared like no one else.
The first Andalusian city I met was the “Mountain of the Conquest” [Gibraltar], where I met with their jatib, the distinguished Abū Zakariyyā ‘Yaḥyà b. aṣ-Ṣirāŷ the Rondeño and with the cadí ‘Ῑsà al-Barbarī, whose hospitality I welcomed and with whom I went around the mountain, being able to contemplate the magnificent fortifications, provisions and accoutrements.
From Gibraltar I moved to the city of Ronda, which among the strongholds of Islam is one of the best located and defended. His warden was then Sheikh Abū r-Rabī ‘Sulaymān b. Dāwūd al-‘Askarī and his judge my cousin on the father’s side the alfaquí Abū l-Qāsim M. b. Yaḥyā b. Baṭṭuṭa. There I met with the jurisconsult, qadi and literary man Abū l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf b. Mūsà al-Muntašāqarī [399] who lodged me in his residence. I also met the preacher, the pious and distinguished Ḥaŷŷ, Abū Isḥāq Ibrāhīm, known by Šandaruj who later died in the city of Salé, in Morocco. And there I established a relationship with a group of pious men, among them ‘Abdallāh aṣ-Ṣaffār [the Latonero] and many others.
I stayed in Ronda for five days and then I went to Marbella. The road between them is very rough and tortuous. Marbella is a beautiful and fertile village. In it I found a troop of horsemen who were heading towards Malaga and I had the intention to start up in their company, but God the Most High protected me with his favor because they left before me, being caught on the road.
From there I moved to Velez, which is twenty-four miles away. This is a beautiful city, with a portentous mosque. In the place grapes, fruits and figs are given as in Malaga. We continue our journey to Alhama, a small town that has a mosque beautifully located and very well built. There are burgas of hot water on the shore of their river, a mile away, more or less, from the town, with separate rooms for the bathing of men and women.
Then I continued the march to Granada, the capital of the country of al-Andalus, the bride of its cities. Its surroundings have no equal among the regions of the whole earth, covering an extension of forty miles, crossed by the famous river Genil and by many other channels. Orchards, gardens, pastures, villas and vineyards embrace the city everywhere.
Among its most beautiful places is the “Fountain of tears” a mountain where there are gardens and gardens, without any possible resemblance.

Save God to Granada, rest
and solace of the sad, shelter of the exile.
My friend was sad to see
the pastures frozen by snow:
but it is a bulwark whose defenders
God helps, without there being
better mouth than fresh ».

Once I arrived at the canal I saw sixteen beasts near the shore, of enormous nature, which left me astonished and I thought that it would be elephants, which abound there, but then I saw how they entered the river and I said to Abū Bakr b. Ya’qūb: “What animals are these?” He answered me: «It is about sea horses [sic] that went out to graze ashore». They are thicker than horses, have mane and tail and heads similar to those of equines, but the legs resemble those of the elephant. On another occasion I saw these animals, when we sailed on the Nile [sic] from Timbuktu [Tumbuktu] to Kaw-Kaw [Gao]: they swam in the water, raised their heads and snorted, to the point that the rowers were scared and they went to the shore to not end up sinking. Over there they use an ingenious trick to hunt them down: they have holes pierced by holes through which solid ropes are passed and with them they hit the hippopotamus. If the blow coincides with the leg or the neck, they link it and drag it pulling on the rope until it reaches the ground, where they kill it and eat its flesh. There are many hippo bones along the riverbank.

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