Medicina Sin Engaños — J.M.Mulet / Medicine Without Cheating by J.M.Mulet (spanish book edition)

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Libro muy recomendable, necesario diría yo para crear contrapuntos.
Hoy en día abundan las pseudociencias y creencias absurdas. No hace falta más que buscar “curar cáncer” en Google para darse cuenta de la cantidad ingente de “terapias” mágicas-absurdas que existen. Hoy día la ciencia ha avanzado tanto que para buena parte de la población es inaccesible. Esto hace que mucha gente necesite y busque explicaciones fáciles y reconfortantes (aunque absurdas en cuanto a su rigor y solidez conceptual) para conceptos que son, en realidad, muy complejos.
Libros de divulgación como éste pueden ayudar a desmontar muchos mitos, despertar el espíritu escéptico de la gente y evitar que muchos sean víctima de las miles de pseudomedicinas que van aflorando día a día.
Buena divulgación, con un tono en ocasiones un tanto ácido. Hace una exposición razonada de los aspectos más relevantes de muchas de las pseudoterapias que pululan por ahí, así como de aquello que las invalida para poder quitarle el prefijo ‘pseudo-‘. Y ello a partir de una explicación no muy amplia pero más que suficiente acerca de qué es la medicina y cuáles son los protocolos que sigue para mejorar nuestro conocimiento acerca de las enfermedades y el funcionamiento de sus tratamientos.

El báculo de Asclepio, con una serpiente enrollada, fue adoptado como símbolo de la medicina en 1818 por parte del cuerpo de Sanidad militar de Estados Unidos, en 1898 por el ejército inglés, en 1912 por la American Medical Association y en 1947 por la OMS, lo que lo convierte en un símbolo universal oficioso de la medicina. No hay que confundirlo con el cáliz con una serpiente enrollada, símbolo de su hija Higea que fue aceptado como distintivo de los farmacéuticos.
La figura más relevante en la medicina griega fue Hipócrates, cuya impronta ha llegado hasta la actualidad. Es difícil separar el Hipócrates histórico del mitológico, ya que gran parte de su obra (los aforismos) fue corregida, añadida o aumentada después de su muerte. Uno de sus principales legados fue el juramento hipocrático, que establece los criterios éticos que tiene que seguir un médico y se considera un acuerdo entre éste y sus discípulos, que serán los futuros médicos. Curiosamente, es uno de los primeros intentos de luchar contra la pseudomedicina y la charlatanería.
La medicina hipocrática se basa en la teoría de los cuatro humores. Según ésta, el cuerpo es un equilibrio entre la sangre, la bilis negra, la bilis amarilla y la flema, lo que viene a ser una transposición médica de los cuatro elementos de Empédocles de Agrigento (tierra, agua, aire y fuego). Conforme la escuela hipocrática, la bilis negra, fría y seca, se relaciona con la tierra y aumenta en otoño; la flema, fría y húmeda, viene del agua y predomina en invierno; la bilis amarilla es caliente y está seca como el fuego y, por lo tanto, aumenta en verano, mientras que la sangre, templada y húmeda, se incrementaría en primavera. La medicina hipocrática sostiene que del equilibrio entre estos cuatro humores o líquidos depende la salud. Una persona sana debe su buen estado a una adecuada mezcla entre estos humores (eyctasia), que mantendrían un equilibrio dinámico entre su fabricación (la sangre en el corazón, la bilis negra en el bazo, la flema en el cerebro/pulmón y la bilis amarilla en el hígado/vesícula) y su pérdida, cada uno por una fuente diferente: la sangre en las heridas, la bilis negra en las heces, la flema en los mocos y la bilis amarilla en el vómito.
La enfermedad (dyscrasia) se produciría por una alteración del equilibrio de estos cuatro humores, por lo que un problema de salud se debe remediar tratando este desequilibrio. Esta teoría de los cuatro humores tuvo mucha influencia en la medicina occidental hasta prácticamente el siglo XVIII.
Donde se hacen más patentes estos errores anatómicos es en la representación artística durante el medioevo de la figura humana, sobre todo donde más piel queda a la vista, es decir, en crucifixiones, en santos sepulcros y en personajes como san Sebastián o Adán y Eva. Es bastante frecuente que las costillas lleguen hasta la cintura y que las mujeres se representen con una costilla menos que los hombres y con tamaños desproporcionados entre el cuerpo y las extremidades, etcétera. Un buen ejemplo de ello es la Sábana Santa, a la que muchos atribuyen un carácter milagroso, pero curiosamente la imagen presenta varios errores típicos de la Edad Media, como una pierna más larga que la otra y el dedo índice más largo que el corazón. Además, la figura está tumbada con los brazos pegados al cuerpo mientras las manos cubren con pudicia las sagradas partes. Intenta reproducir esta postura en la cama.

Durante la mayor parte de la historia, la medicina fue macroscópica, es decir, teníamos unos síntomas y unos efectos que se podían observar (tumores, heridas, fracturas, etcétera). Pero estaba claro que podía haber algo más. Con el microscopio se vio que existía también un microcosmos en cual podía haber organismos como hongos o bacterias que podrían estar detrás de muchas enfermedades. No obstante, no fue fácil. Gracias al trabajo de Pasteur y Koch, y, posteriormente, al de Chagas, Finlay, Loeffler o Hansen, descubrimos que la causa de muchas enfermedades no era el mal aire, sino los bichos microscópicos, y que éstos podían contagiarse.
Con esta certeza llegó una verdad incómoda. Muchas veces los médicos hacían más mal que bien. Ellos eran los transmisores de la enfermedad. Semmelweis fue el primero que alertó de este hecho al señalar que lavarse las manos reducía la mortalidad debida a las fiebres puerperales (derivadas del parto). En aquella época era frecuente que tal como salía de una autopsia, un médico atendiera un parto sin tomar ninguna medida de higiene. Sin embargo, su descubrimiento no fue recibido de buen grado por la clase médica, y Semmelweis acabó en un manicomio.

Que la investigación esté en manos de las empresas es que éstas suelen hacer públicos los resultados de los ensayos clínicos que son favorables a sus productos y no publican los que no lo son, así que a veces la información publicada puede ser demasiado optimista, ¿deberíamos publicar los resultados negativos? Hay que considerar que el volumen de información científica es brutal y que cada vez resulta más complicado filtrar la que es relevante de la que no lo es. Publicar resultados negativos implica multiplicar la cantidad de datos no relevantes, aunque ayuda a que nadie repita el error. En general, es una buena idea obligar a que las compañías publiquen todos los resultados de sus estudios, y de hecho hay una campaña en marcha con este fin.
Imagina que lo que quieres demostrar es un efecto negativo. Por ejemplo, si una molécula es cancerígena o si consumir un determinado alimento es tóxico. Lo lógico sería coger a unas personas y ponerlas a comer el compuesto sospechoso, mientras que al grupo de control se les haría creer que lo están comiendo. Si después de un tiempo el grupo que ha consumido el compuesto desarrolla más cánceres que el control, ello significa que el compuesto es cancerígeno. Pero está claro que un estudio así nunca se podría llevar a cabo ya que no lo autorizaría ningún comité ético. Puedes hacer ensayos cuya finalidad sea beneficiar la salud del paciente, pero evidentemente nunca perjudicarla. En estos casos se hacen cohort studies o estudios observacionales, en los que se analizan los datos de pacientes reales que sufren una determinada enfermedad. Los médicos recopilan dicha información y anotan si los pacientes han estado en contacto con la sustancia sospechosa o si su dieta tiene que ver con la hipótesis de partida del estudio. Gracias a estudios de este tipo hemos conocido las ventajas de la dieta mediterránea frente a la de otros países, o que fumar o tomar el sol produce cáncer.

Un detalle que olvidan los que abogan por implantar una sanidad privada en España es que los países que cuentan con este sistema tienen una presión fiscal baja y unos sueldos altos. Puedo aportar mi experiencia por haber vivido tres años en Suiza, donde impera un modelo parecido al de Estados Unidos. España tiene uno de los salarios mínimos más bajos de Europa y una presión fiscal muy alta (en Suiza, lo normal es que te descuenten el 2,5 por ciento de la nómina y que no hagas la declaración de la renta si eres asalariado; aquí descuentan el 23 por ciento). Por lo tanto, para imponer un modelo de sanidad privada, que empiecen a subir los sueldos y a bajar los impuestos. Introducir este sistema con impuestos de Estado del bienestar es una estafa.

El cuerpo humano es un sistema muy complejo, y es cierto que a veces se han transmitido mensajes que más tarde se ha visto que estaban equivocados. En una época se dijo que el pescado azul, debido a su alto contenido en grasa, resultaba perjudicial para el corazón, por lo que era lo primero que se prohibía a la gente que había sufrido un infarto o corría el riesgo de sufrirlo. Luego la ciencia siguió investigando y comprobó que no todas las grasas eran iguales y que tampoco se metabolizaban del mismo modo: mientras que las saturadas (presentes en la carne) aumentan el riesgo de infarto, las del pescado lo disminuyen. Durante mucho tiempo, los antioxidantes fueron la panacea para todos los males, e incluso había quien recomendaba ingerirlos en grandes cantidades; en cambio, tener el colesterol alto equivalía a una sentencia de muerte segura. Hoy sabemos que la mayoría de los antioxidantes no sirven para nada y que en grandes cantidades pueden ser perjudiciales, mientras que la relación entre niveles de colesterol en sangre y el riesgo de infarto cada vez es más controvertida.
Los problemas de este mercado tan agresivo y competitivo es que la tentación para vulnerar las normas es muy grande. El Vioxx fue un medicamento antiinflamatorio aprobado por la FDA en 1999 y sobre el que la compañía propietaria (Merck) hizo una agresiva y multimillonaria campaña publicitaria, por lo que en poco tiempo se convirtió en el fármaco para el dolor más recetado del mundo y en el negocio más rentable de la empresa. Sin embargo, Merck ocultó información relevante sobre la toxicidad cardíaca. En el 2004, la FDA lo retiró del mercado después de calcular que había sido el causante de unos 100.000 ataques cardíacos en todo el mundo.
Eso explica que, en la actualidad, la parte del león de las compañías farmacéuticas ya no sea la I+D para crear nuevos medicamentos, sino todo el proceso de autorización y luego de promoción de éstos. Y aquí se pueden jugar miles de millones de euros.
Otra consecuencia no deseada es que en los últimos tiempos muchos laboratorios farmacéuticos están derivando cada vez más recursos hacia campos como el de los cosméticos, las vitaminas y los suplementos nutricionales. Al no tener que superar la evaluación que requiere un medicamento, el desarrollo es rápido (de hecho, importa más el marketing que la evidencia científica) y los beneficios inmediatos, mientras que un fármaco con una aplicación terapéutica requiere una inversión muy costosa, no se tiene la seguridad de que lo van a aprobar y la patente caduca después de cierto tiempo. Sólo has de entrar en cualquier farmacia y ver el espacio y los carteles que le dedican a complementos vitamínicos, champús y cosméticos y el que dedican a temas relevantes para la salud como campañas de vacunación o de prevención de algún hábito poco saludable.
Muchas veces se hace referencia, sobre todo en círculos de pseudomédicos, a la medicina como «medicina científica», «medicina ortodoxa», «medicina oficial» o «medicina alopática», etcétera. A ver, no nos confundamos: medicina sólo hay una, la que tiene una evidencia científica detrás. Si tú ofreces terapia ferroviaria, por ejemplo, eso es otra cosa; ya no es medicina. A lo largo de la historia la medicina ha incorporado fármacos que tenían un uso tradicional, como el curare, empleado por los indios del Amazonas para emponzoñar las flechas y que hoy se utiliza para paralizar músculos, o la quinina, que ya usaban los indios del Perú para tratar la malaria.

El auge de la pseudomedicina no es más que un signo de la opulencia de la civilización occidental y un efecto secundario no deseado del éxito de la medicina. Sólo hay que tener en cuenta un factor. Durante la primera mitad del siglo XX la gente tenía una fe ciega en la medicina. Como es evidente, ésta no era tan efectiva como lo es ahora. Tampoco se habían desarrollado las técnicas que han humanizado la práctica médica, como la anestesia, por lo que someterse a una operación podía ser muy doloroso. Sin embargo, en ese tiempo, pseudomedicinas que ya estaban establecidas como la homeopatía o la naturopatía estuvieron a punto de desaparecer. ¿Era entonces la gente más racional? No necesariamente, pero había una diferencia con la actualidad. En esa época se extendió la vacunación y las medidas de higiene y empezó a bajar la mortalidad infantil. La gente se dio cuenta de que la medicina era efectiva y sus beneficios palpables.
No obstante, la gente que acude a la pseudomedicina para «no hacerle el juego a las multinacionales» siempre obvia un pequeño detalle. La pseudomedicina es mucho más cara.
A veces la gente recurre al pseudomédico por desesperación. La medicina le ha dicho que su caso es irresoluble y, en cambio, alguien de fuera del hospital le ha prometido la curación por un tratamiento que sólo él sabe y sólo él aplica. Éste es uno de los aspectos más indignantes de la pseudomedicina, y a la vez, de los más frecuentes.

Una de las cosas que más sorprenden cuando investigas el mundo de la pseudomedicina es la naturalidad con la que ésta se ha instalado en la sociedad.
Hay que incidir en que ninguna de las especialidades «alternativas» o «complementarias» está reconocida de forma legal como una especialidad oficial a la que se puede acceder desde el MIR como las legalmente reconocidas (pediatría, oncología, hematología…). Por lo tanto, si en una consulta alguien se anuncia como médico naturista o médico homeópata, sólo cuenta la palabra «médico». A efectos prácticos, ello tiene la misma validez que si pusiera médico fallero o médico violinista. Otro cantar es que se anuncien como acupuntor, naturópata, terapeuta, medicina energética o salud natural. ¿Has notado la diferencia? Exacto, aquí el que practica la terapia no dice que es médico, porque lo más seguro es que no lo sea. Al ser campos no reconocidos a nivel académico o colegial, cualquiera puede ponerse una placa en la puerta de casa y ejercer, como de hecho está ocurriendo.

Lo más gracioso del tema es que cualquier médico puede esgrimir ese mismo argumento, pero para decir que la pseudomedicina es una estafa, puesto que están salvando miles de vidas cada día con técnicas que sí que tienen detrás metaanálisis de la Cochrane Collaboration que avalan su uso (banda de música, quizá no).
El placebo es un término conocido desde hace tiempo por la medicina. Aunque hay observaciones anteriores, se considera que John Haygarth, con su libro Of the Imagination as a Cause and as a Cure of Disorders of the Body, publicado en 1800, es el primero que estudia sistemáticamente la capacidad de curación debida a métodos sin efecto terapéutico. En esos años se había puesto de moda el uso de unos punteros de metal, llamados tractors, patentados por el americano Elisha Perkins (de hecho, ésta fue la primera patente que concedió el gobierno estadounidense). Se suponía sacaban las enfermedades del cuerpo. Su utilización era simple. Sólo se tenían que frotar por encima del área que a uno le dolía y la varilla absorbía la corriente eléctrica que producía el dolor. En Estados Unidos fueron un éxito (hasta George Washington las empleaba), tanto que el hijo de Perkins abrió una delegación en Gran Bretaña, donde se vendían a 5 guineas (una fortuna para la época). El precio se justificaba porque estaban hechos con una aleación secreta y muy costosa.
Cualquier enfermedad tiene un importante componente psicológico. El simple hecho de que una persona piense que se está medicando puede ser suficiente para que ésta ya sienta una mejoría, o por el contrario, ese componente psicológico puede inducir a agravar los síntomas.
Uno de los factores determinantes en el arraigo social de estas prácticas es el desparpajo con el que se publicitan en los medios de comunicación. Desde programas de mucha audiencia se hacen afirmaciones alarmistas sobre determinados alimentos o fármacos concretos o bien se promocionan supuestas terapias que no tienen ninguna base científica. A veces se trata de simples consejos para afecciones leves, con el manido título de remedios naturales o remedios de la abuela, que en la mayoría de los casos no dejan de ser placebos, pero por la inexorable ley de la regresión a la media (te vas a poner bien te lo tomes o no) crearán un espejismo de eficacia.
Otras veces la cosa es más seria y desde medios de comunicación que llegan a una gran parte de la población se critica de forma inadecuada terapias que funcionan, como las vacunas o los antibióticos, al tiempo que se promocionan las más variadas terapias chungas amparándose en una libertad de expresión exenta de responsabilidad y con el nulo interés científico por parte de los programadores de contenidos. Así es posible ver que determinados medios de comunicación ceden espacio a iluminados que aseguran que son capaces de curar el cáncer con reiki o el sida con infusiones de hierbas. El problema es que si alguien les cree y abandona un tratamiento eficaz por otro que no lo es, nadie se hace responsable.
En ocasiones, esta situación puede darse incluso de forma indirecta. En la televisión de los años noventa triunfaban personajes que, cuanto más frikis y estrambóticos, mejor. Por ejemplo, Alfonso Arús promocionó en sus programas a Carlos Jesús (Carlos Cabello Rey), un antiguo mecánico de la SEAT de Martorell conocido en círculos flamencos con el nombre del Azuquiqui…

Si hay un campo de la medicina donde abundan las disciplinas sin aval científico y donde resulta más fácil pasar sin darse cuenta de lo que es ciencia y lo que es simple charlatanería, éste no es otro que la psiquiatría y la psicología, que incluye su rama clínica. No es sencillo distinguir una enfermedad mental, un trastorno del comportamiento o simplemente una personalidad peculiar. Otro problema es que durante bastante tiempo muchas de las vertientes de la locura no se consideraron una enfermedad o no se pensó que podían ser debidas a un fallo en el organismo. Generalmente se les dio otras interpretaciones, muchas de carácter religioso o supersticioso, como posesiones diabólicas o castigos divinos.
La pseudociencia nunca sale gratis. Si tú asumes aberraciones, cometerás aberraciones. Asumir que los test de inteligencia dan un resultado objetivo o que hay una base científica para afirmar que unos grupos sociales o raciales son superiores a otros puede servir como justificación para hacer discriminaciones. Si a todo esto le añadimos una excusa darwinista mal entendida o la idea de que tenemos que ayudar a la naturaleza a que seleccione a los más fuertes o mejor preparados, llegaremos al genocidio sin darnos cuenta. El caso paradigmático fue la ideología nazi y su teoría de raza superior, que justificaba el exterminio de judíos…
La mayor contribución del psicoanálisis no ha sido a la medicina, sino a la cultura moderna, ya que ha servido de inspiración para grandes obras de arte (el surrealismo, por ejemplo), novelas, películas como Recuerda y algún que otro momento brillante de las películas de Woody Allen (por cierto, parece que lo está dejando, ya que últimamente este tema apenas aparece en sus obras). Sin embargo, la contribución a la salud mental es más cuestionable. Hay gente que se ha entretenido contando sus problemas, pero se ha dejado una pasta por el camino. Si te apetece probar el psicoanálisis en plan barato, en los años 60 se inventó un programa de ordenador llamado ELIZA que simulaba ser un psicoanalista. Muchos de los que lo probaron no se dieron cuenta de que estaban hablando con un generador de respuestas automáticas.

Otra curiosidad es que muchas de las terapias que se anuncian como naturales o milenarias simplemente se las ha inventado un señor que, a partir de ahí, ha vivido del cuento. Existen diferentes asociaciones de médicos naturistas, y es sorprendente ver cómo entre unas y otras cambian las disciplinas que engloban y los términos que utilizan. En general, sus defensores siempre inciden en el hecho de que la medicina natural resulta efectiva desde hace miles de años, es respetuosa con el paciente, no tiene efectos secundarios y evita todos los perniciosos efectos de la llamada medicina alopática o convencional. Si se distinguen de la medicina, es que no saben qué es la medicina. Medicina sólo hay una.
Sería injusto considerar la fitoterapia como una pseudomedicina más, porque no lo es. El tratamiento de enfermedades por medio de plantas medicinales o remedios herbales se estudia de manera seria en muchas universidades y centros de investigación y tiene publicaciones científicas y ensayos que avalan su eficacia en algunas dolencias, pero hay que ir con cuidado. El uso que hacen de ella muchos terapeutas naturales o fitoterapeutas sí que cae en la pseudomedicina al no hacer caso a los estudios y recetar hierbas para enfermedades que sería mejor abordar con tratamientos convencionales o incluso hierbas que están contraindicadas. En general, la fitoterapia puede servir para afecciones leves o problemas menores, pero pretender valerse de la fitoterapia para una dolencia grave es otra cosa.
El Tamiflu se hace a partir de extractos de anís estrellado, por lo que puede considerarse natural, aunque su eficacia contra la gripe tampoco es que sea para tirar cohetes. Lo más gracioso de esta historia es que siempre se acusa a las empresas farmacéuticas de comprar informes favorables a sus productos. El argumento es que ellas son las que pagan los estudios necesarios para que se autorice el medicamento. Algo que es verdad. Pero esto no es diferente de cuando una empresa de coches saca un modelo al mercado y debe hacer los ensayos de seguridad, o cuando compras un local y tienes que pagar una reforma para que el ayuntamiento te dé la licencia de apertura. En esto, las farmacéuticas funcionan como todas las empresas. El citado estudio sobre la equinácea está financiado y firmado por una empresa de productos ecológicos que vende el preparado a base de equinácea que se ensaya. Este detalle ha pasado inadvertido en todos los foros de información sobre productos naturales. Otro caso similar fue el de uno de los pocos estudios que hablaba a favor de las propiedades del Ginkgo biloba (estudio que no ha sido confirmado posteriormente), que salió de un laboratorio que lo comercializaba

Además el ciripolen, ¿quién no recuerda las camisetas del Rayo Vallecano de la temporada 93/94? El Ciripolen es una bebida a base de hierbas, jalea real, leche y miel inventada por Cirilo Marcos Domínguez en el pueblo de Las Mestas, Badajoz. Se anunciaba como «bebida energética con jalea real» y se vendía como afrodisíaco, energizante y lo que hiciera falta. Durante un tiempo se distribuyó a gran escala y luego volvió a venderse de forma artesanal en el bar del pueblo, en dura competencia con el licor Pichín Real, inventado por el tío Picho y que se vende en el bar de enfrente. En la actualidad se distribuye una versión alcohólica del Ciripolen, y en enero de 2014 se hizo público un acuerdo de esponsorización con el CD Badajoz.

Homeopatía es una de tantas pseudomedicinas. Hoy por hoy, ésta conforma la élite de la pseudomedicina, es la aparentemente más respetable, la que se menciona en muchos reglamentos europeos, la que recetan los médicos y venden en farmacias con aspecto de normalidad. Incluso está cubierta por algunos seguros privados, y en algunos países, por el sistema público. Sin embargo, no sostiene que es algo distinto de la medicina oficial ni reniega de ella, sino que trata de camuflarse dentro de ésta como cualquier terapia válida. Del mismo modo, imita en todos los aspectos a un medicamento normal, a diferencia de los preparados de medicina natural, hermosamente adornados con plantas y flores. Se vende en asépticas cajas de cartón con un diseño espartano; se presenta en forma de pastillas, gránulos o colirios e incluso lleva un prospecto como si fuera un fármaco, pero en el que nunca aparecen contraindicaciones ni efectos secundarios. ¿Cuál es el truco?.
Los principios de la homeopatía. El primero, similia similibus curantor («lo semejante cura a lo semejante»), viene a decir que toda sustancia que es capaz de provocar ciertos síntomas en un hombre sano puede también curarlos. De ahí el nombre de homeopatía, en el que se funden las palabras griegas homoios (semejante) y pathos (padecimiento). En este punto ya podemos aplicar el principio de que si una pseudomedicina parece una gilipollez, realmente lo es. Si su hipótesis es cierta, como los antirretrovirales curan el sida y el herpes, una persona sana que los tome se contagiará del sida y del herpes, ¿no? Pues obviamente, no.
Otro problema que los homeópatas no saben explicar es que el agua es una molécula estable, pero eso no quiere decir que no participe en reacciones químicas. Cuando quemas algo como la madera, se oxida el carbono a dióxido de carbono y el hidrógeno a agua. Es decir, produces nuevas moléculas de agua. ¿Tiene que ir esta agua a la escuela o a la universidad? ¿Es menos agua que la que se ha producido hace millones de años? Cuando un homeópata utiliza la presunta «memoria del agua», ¿considera que toda el agua tiene la misma edad para ser capaz de aprender igual? De la misma manera hay muchas reacciones químicas que producen hidrólisis, es decir, descomposición de una molécula de agua. Es tan fácil como meter una pila en agua. Las burbujas que salen se deben a la descomposición del agua.
Una de las estrategias comerciales de las empresas que venden productos homeopáticos se basa en aparentar que sus productos son tan válidos como los auténticos. Para ello, un camino son los congresos médicos, generosamente subvencionados. Otro son las universidades. Cuando la homeopatía se enseña en las facultades, parece más seria, aunque yo soy profesor de universidad y puedo decir que se oyen bastantes tonterías en las aulas universitarias. Sin embargo, aunque hay universidades que dan títulos de posgrado o de extensión universitaria de homeopatía, éstos no tienen ninguna validez para ejercer como médico.
Un homeópata es alguien que te vende unos preparados que dice que pueden curar todas las enfermedades habidas y por haber, pero que realmente no son más que píldoras de azúcar, y eso es peligroso. Pero es que, además, un homeópata no se preocupa por tu salud, sino por vender homeopatía, y eso son conceptos antagónicos.
Puede ser que honestamente crea que sus remedios funcionan. Si es así, entonces cabe dudar de su capacidad, ya que su espíritu crítico no le hace sospechar de una terapia que en doscientos años no ha superado lo que se le ocurrió a un señor ni ha aportado ningún tratamiento mejor que los convencionales. También es posible que sólo viva de eso. Pero en ambos casos resulta peligroso para tu salud porque su concepción sobre ésta, así como de la enfermedad y la farmacología, está por completo equivocada.

La medicina tradicional (china, india, azteca, la que sea) no es más que un compendio de prácticas asociadas al curanderismo o a la etnología que no difieren demasiado de las que pueden existir en cualquier sociedad pretecnológica. Lo normal es que mezcle elementos religiosos, etnobotánicos, tradicionales y culturales. La china, en concreto, es tan efectiva como lo pueden ser las recetas de los curanderos de los pueblos del Pirineo o de las Alpujarras, o como las terapias que se aplicaban hasta principios del siglo XX en cualquier pueblo.
Cuando uno se pone en manos de un médico chino tradicional (no de los de verdad), ha de tener en cuenta que va a recibir un tratamiento de alguien que piensa que la salud se basa en el equilibrio de unas corrientes de energía vital que circulan por el cuerpo como presos por el patio de una cárcel, por unos meridianos que nadie ha medido o visto, y que además cree en el principio filosófico del yin y el yang. En la práctica y la formación de un médico tradicional chino no aparecen los últimos tres mil años de avances de la medicina, que incluyen virus, bacterias, analgesia, higiene, asepsia y antisepsia, etcétera.
Que la acupuntura sirve como anestesia es una reivindicación que nunca ha podido demostrarse. De hecho, en la cirugía china tradicional se utiliza como anestésico el mencionado opio, que, por cierto, se ha incorporado a la farmacología occidental con mucho éxito, y no sólo por su uso recreativo, sino también por la gran cantidad de fármacos que derivan de él. Hua Tua, un médico de la dinastía Han, ya describía el uso de una mezcla de vino y opio como anestésico, lo que también se recoge en un libro del cirujano japonés Hanaoka Seishu publicado en 1804. Ambos conocían y usaban la acupuntura, pero no le daban ningún valor como anestésico. La creencia se ha perpetuado hasta hoy en día. En un programa de la BBC 2 sobre medicina alternativa emitido en enero de 2006 se hizo una operación a corazón abierto con acupuntura, pero luego se demostró que el paciente estaba sedado con opiáceos…
La base doctrinal de la acupuntura es la misma que la de la MTC, es decir, los famosos doce o catorce canales o meridianos invisibles por los que circula, como si fuera agua, una energía mágica. La diferencia es que para conseguir el equilibrio, en vez de hierbas o infusiones preparadas con restos de cadáveres, deposiciones o animales en peligro de extinción, se utilizan agujas, que introducidas en el lugar preciso hacen como si se regularan las válvulas en una tubería para que el flujo volviese a ser correcto. El número de puntos cambia, pero lo más aceptado son 365. Otra técnica propia de la acupuntura es la de medir el pulso, que no tiene nada que ver con lo que hace un médico, pues utilizan el pulso para medir la energía y diagnosticar enfermedades que tienen poca o ninguna relación con el sistema circulatorio.
Por cierto, los antropólogos culturales le han quitado hierro al asunto de la ciencia milenaria que en apariencia hay detrás de la acupuntura.
Los problemas prácticos que plantea la acupuntura. La primera pregunta que surge es: ¿cómo se las arregla el acupuntor para acertar con la agujita en estos puntos concretos (invisibles, indetectables e imaginarios)? Para empezar, según el libro que consultes variará el número de estos puntos. Luego hay otro problema añadido. Tú puedes ver en un diagrama o en una representación dónde están los puntos, pero ¿cómo lo extrapolas en un cuerpo real, con la diferencia de tamaños existente? Se supone que has de introducir la banderilla (perdón, la aguja de acupuntura) en un punto concreto, pero la gente cambia. No es lo mismo un obeso que un anoréxico, un niño que un adulto. Seguro que ellos te dicen que lo saben y que la ponen en el sitio correcto, pero hacen una trampa muy burda.
Lo que es más surrealista y difícil de explicar es la variante conocida como electroacupuntura, que consiste en hacer circular una corriente eléctrica por las agujas. A ver, si se supone que la gracia de la acupuntura es que se trata de una técnica milenaria, ¿cómo se las arreglaban hace cuatro mil años para producir la corriente eléctrica con las agujitas?.

La quiropráctica es una de las muchas técnicas presuntamente milenarias que se supone que recoge la sabiduría ancestral de los componedores de huesos, pero que en realidad se le ocurrió a un señor (Daniel David Palmer) en una fecha en concreto (1895).
La quiropráctica, al igual que la auriculoterapia y el vudú, tiene su parte de magia representativa. Según Palmer, la representación de todo el cuerpo humano no está ni en la planta de los pies, ni en la oreja (ni en las nalgas, ni en la calva), sino en la columna vertebral. La quiropráctica también cumple una premisa propia de muchas pseudomedicinas: su fundador tuvo un momento de iluminación.
A pesar de tener una base tan poco sólida y un origen tan sospechoso, los quiroprácticos sostienen que tratando la columna se puede curar cualquier tipo de afección. Su especialidad es detectar y curar subluxaciones, una pseudolesión que no encontrarás en ningún libro de traumatología. De hecho, según ellos, esas subluxaciones son causantes de todos los problemas de salud.
La quiropráctica es peligrosa per se. Muchas de sus manipulaciones incluyen violentos giros en el cuello o en la espalda que pueden acarrear consecuencias fatales. Al girar el cuello más allá de su capacidad fisiológica se pueden ocasionar heridas internas en la arteria carótida o en la arteria vertebral superior que deriven en trombos, y todo ello con resultados fatales. En un estudio clásico sobre riesgos y beneficios de la manipulación de la columna vertebral, Richard Di Fabio presenta una estremecedora gráfica en la que se aprecia que, de todos los casos publicados sobre lesiones producidas después de este tratamiento, el 70 por ciento las causan los quiroprácticos, mientras que sólo un 2 por ciento son debidas a fisioterapeutas y un 10 por ciento a médicos.

Aunque parezca increíble, en pleno siglo XXI todavía siguen vendiéndose remedios que no difieren de los de las botellas de las películas de vaqueros. Entre ellos, el que está más de moda es el MMS (abreviatura de Miracle Mineral Solution), un producto prohibido por la Agencia Española del Medicamento desde el año 2010, pero sobre el que sus comercializadores afirman sin ningún rubor que puede curar cualquier enfermedad, da igual que sea el cáncer, el sida, la tuberculosis, el autismo, la malaria o el alzhéimer.
El MMS fue una invención de Jim Humble, presunto exingeniero de la NASA, y lo descubrió buscando oro en Venezuela. Según su relato, realizó ensayos con este fármaco en África, donde alega que curó a más de cien mil personas de malaria (pero no aparece referencia alguna a estos estudios en ninguna revista seria). Luego descubrió que servía para curar todo. Realmente ¿qué es el MMS? Pues nada más y nada menos que una solución al 28 por ciento de clorito de sodio, que debe activarse con zumo de limón. Al ponerse en medio ácido, produce dióxido de cloro, molécula utilizada por diferentes industrias como blanqueador y que, por supuesto, es muy tóxica. Pero no hay problema: si sufres los síntomas de la intoxicación, Humble te dirá que es porque estás curándote.

Decálogo contra pseudo-médicos
1. ¿TE DUELE ALGO? VE AL MÉDICO.
2. SI PARECE DEMASIADO BUENO, NO LO ES
3. SI PARECE UNA TONTERÍA, LO ES
4. QUE NO TE CUENTE SU VIDA. UN MÉDICO APRENDE ESTUDIANDO
5. QUE PAREZCA UNA CONSULTA NO QUIERE DECIR QUE LO SEA
6. QUE PAREZCA UN GENIO NO QUIERE DECIR QUE LO SEA
7. QUE SEA CARA NO SIGNIFICA QUE SEA MEJOR.
8. ¿JUGAMOS AL TABÚ?
9. NO TE FÍES SI PRESUME DE IMPORTANTE O DE PACIENTES IMPORTANTES
10. ME HAN TOMADO EL PELO, ¿Y AHORA QUÉ?

Book highly recommended, necessary I would say to create counterpoints.
Nowadays pseudosciences and absurd beliefs abound. It is not necessary more than to look for «to cure cancer» in Google to realize the enormous quantity of magical-absurd «therapies» that exist. Today science has advanced so much that for a large part of the population it is inaccessible. This makes many people need and look for easy and comforting explanations (although absurd in terms of their rigor and conceptual solidity) for concepts that are, in reality, very complex.
Popular books like this one can help to dismantle many myths, awaken the skeptical spirit of the people and prevent many from falling victim to the thousands of pseudo-medicines that emerge every day.
Good disclosure, with a sometimes slightly acid tone. It makes a reasoned statement of the most relevant aspects of many of the pseudotherapies that swarm there, as well as that which invalidates them in order to remove the prefix ‘pseudo-‘. And this from an explanation not very broad but more than enough about what is medicine and what are the protocols that follow to improve our knowledge about diseases and the operation of their treatments.

The staff of Asclepius, with a coiled serpent, was adopted as a symbol of medicine in 1818 by the United States military health corps, in 1898 by the English army, in 1912 by the American Medical Association and in 1947 by the WHO , which makes it an unofficial universal symbol of medicine. Do not confuse it with the calyx with a coiled serpent, symbol of his daughter Higea that was accepted as distinctive of the pharmacists.
The most relevant figure in Greek medicine was Hippocrates, whose imprint has reached today. It is difficult to separate the historical Hippocrates from the mythological, since much of his work (the aphorisms) was corrected, added or augmented after his death. One of his main legacies was the Hippocratic oath, which establishes the ethical criteria that a doctor must follow and is considered an agreement between him and his disciples, who will be the future doctors. Interestingly, it is one of the first attempts to fight against pseudo-medicine and quackery.
Hippocratic medicine is based on the theory of the four humors. According to this, the body is a balance between blood, black bile, yellow bile and phlegm, which is a medical transposition of the four elements of Empedocles of Agrigento (earth, water, air and fire). According to the Hippocratic school, black bile, cold and dry, is related to the earth and increases in autumn; phlegm, cold and damp, comes from water and predominates in winter; the yellow bile is hot and dry as fire and, therefore, increases in summer, while the warm, moist blood will increase in the spring. Hippocratic medicine maintains that the balance between these four humors or liquids depends on health. A healthy person owes its good state to an adequate mixture between these humors (eyctasia), which would maintain a dynamic balance between its manufacture (blood in the heart, black bile in the spleen, phlegm in the brain / lung and bile). yellow in the liver / gallbladder) and its loss, each from a different source: blood in the wounds, black bile in the stool, phlegm in the mucus and yellow bile in the vomit.
The disease (dyscrasia) would be caused by an alteration of the balance of these four humors, so a health problem must be remedied by treating this imbalance. This theory of the four humors had a great influence on Western medicine until practically the eighteenth century.
Where these anatomical errors are most evident is in the artistic representation during the middle ages of the human figure, especially where more skin is visible, that is, in crucifixions, in holy sepulchers and in personages such as Saint Sebastian or Adam and Eve . It is quite frequent that the ribs reach up to the waist and that women are represented with a rib less than men and with disproportionate sizes between the body and the extremities, et cetera.

A good example of this is the Shroud, to which many attribute a miraculous character, but curiously the image presents several errors typical of the Middle Ages, such as one leg longer than the other and the index finger longer than the heart. In addition, the figure is lying down with arms attached to the body while the hands cover the sacred parts with pudicia. Try to reproduce this position in bed.
For most of history, medicine was macroscopic, that is, we had symptoms and effects that could be observed (tumors, wounds, fractures, etc.). But it was clear that there could be something more. With the microscope it was seen that there was also a microcosm in which there could be organisms such as fungi or bacteria that could be behind many diseases. However, it was not easy. Thanks to the work of Pasteur and Koch, and later to that of Chagas, Finlay, Loeffler or Hansen, we discovered that the cause of many diseases was not the bad air, but the microscopic bugs, and that these could be infected.
With this certainty came an uncomfortable truth. Many times doctors did more harm than good. They were the transmitters of the disease. Semmelweis was the first to warn of this fact by pointing out that washing hands reduced mortality due to puerperal fevers (derived from childbirth). At that time it was common that as it came out of an autopsy, a doctor attended a delivery without taking any measure of hygiene. However, his discovery was not welcomed by the medical class, and Semmelweis ended up in an asylum.

That research is in the hands of companies is that they often make public the results of clinical trials that are favorable to their products and do not publish those that are not, so sometimes the published information may be too optimistic, should we publish the negative results? We must consider that the volume of scientific information is brutal and that it is becoming more and more complicated to filter the one that is relevant from the one that is not. Publishing negative results implies multiplying the amount of non-relevant data, although it helps nobody to repeat the error. In general, it is a good idea to force companies to publish all the results of their studies, and in fact there is an ongoing campaign to this end.
Imagine that what you want to show is a negative effect. For example, if a molecule is carcinogenic or if consuming a certain food is toxic. The logical thing would be to take some people and put them to eat the suspect compound, while the control group would be led to believe that they are eating it. If after a while the group that has consumed the compound develops more cancers than the control, this means that the compound is carcinogenic. But it is clear that such a study could never be carried out since it would not be authorized by any ethical committee. You can do trials whose purpose is to benefit the health of the patient, but obviously never harm it. In these cases, cohort studies or observational studies are done, in which the data of real patients suffering from a certain disease are analyzed. The doctors gather this information and note if the patients have been in contact with the suspect substance or if their diet has to do with the hypothesis of departure of the study. Thanks to studies of this type we have known the advantages of the Mediterranean diet compared to that of other countries, or that smoking or sunbathing causes cancer.

A detail that those who advocate for the implementation of private healthcare in Spain forget is that the countries that have this system have a low tax burden and high salaries. I can contribute my experience for having lived three years in Switzerland, where a model similar to that of the United States prevails. Spain has one of the lowest minimum wages in Europe and a very high tax burden (in Switzerland, it is normal to be deducted 2.5 per cent of the payroll and that you do not make the declaration of the rent if you are a salaried employee; they discount 23 percent). Therefore, to impose a private health model, they begin to raise salaries and lower taxes. Introducing this system with welfare state taxes is a scam.

The human body is a very complex system, and it is true that sometimes messages have been transmitted that were later found to be wrong. At one time it was said that blue fish, due to its high content of fat, was harmful to the heart, so it was the first thing that was forbidden to people who had suffered a heart attack or were at risk of suffering it. Then science continued to investigate and found that not all fats were the same and that they were not metabolized in the same way: while saturated fats (present in meat) increase the risk of infarction, those of fish decrease it. For a long time, antioxidants were the panacea for all evils, and there were even those who recommended eating them in large quantities; On the other hand, having high cholesterol equaled a certain death sentence. Today we know that most antioxidants are useless and that in large quantities can be harmful, while the relationship between blood cholesterol levels and risk of heart attack is increasingly controversial.
Another unintended consequence is that in recent times many pharmaceutical laboratories are deriving more and more resources towards fields such as cosmetics, vitamins and nutritional supplements. By not having to pass the evaluation that requires a medication, the development is quick (in fact, marketing matters more than the scientific evidence) and the immediate benefits, while a drug with a therapeutic application requires a very expensive investment, not he is sure that they will approve it and the patent expires after a certain time. You only have to enter any pharmacy and see the space and the posters that are dedicated to vitamin supplements, shampoos and cosmetics and the ones dedicated to health relevant topics such as vaccination campaigns or prevention of some unhealthy habit.
Many times reference is made, especially in pseudo-medical circles, to medicine as «scientific medicine», «orthodox medicine», «official medicine» or «allopathic medicine», and so on. Let’s see, let’s not confuse ourselves: there is only one medicine, the one with scientific evidence behind it. If you offer railway therapy, for example, that is something else; It is no longer medicine. Throughout history medicine has incorporated drugs that had a traditional use, such as curare, used by the Indians of the Amazon to poison the arrows and that today is used to paralyze muscles, or quinine, which the Indians already used. Peru to treat malaria.
The rise of pseudomedicine is only a sign of the opulence of Western civilization and an unwanted side effect of the success of medicine. You just have to take into account one factor. During the first half of the 20th century people had a blind faith in medicine. Obviously, this was not as effective as it is now. Nor had the techniques that have humanized medical practice, such as anesthesia, been developed, so undergoing an operation could be very painful. However, at that time, pseudomedicines that were already established as homeopathy or naturopathy were about to disappear. Was it then the most rational people? Not necessarily, but there was a difference with today. At that time, vaccination and hygiene measures were extended and infant mortality began to fall. People realized that medicine was effective and its benefits palpable.

Traditional medicine (Chinese, Indian, Aztec, whatever) is no more than a compendium of practices associated with quackery or ethnology that do not differ too much from those that can exist in any pretechnological society. It is normal to mix religious, ethnobotanical, traditional and cultural elements. The Chinese, in particular, is as effective as it can be the recipes of the healers of the Pyrenees or the Alpujarras, or as the therapies that were applied until the early twentieth century in any town.
When you put yourself in the hands of a traditional Chinese doctor (not the real ones), you have to bear in mind that you will receive treatment from someone who thinks that health is based on the balance of vital energy currents that circulate by the body like prisoners by the patio of a jail, by meridians that nobody has measured or seen, and that also believes in the philosophical principle of yin and yang. In the practice and training of a traditional Chinese doctor do not appear the last three thousand years of advances in medicine, which include viruses, bacteria, analgesia, hygiene, asepsis and antisepsis, and so on.
That acupuncture serves as an anesthetic is a claim that has never been proven. In fact, in traditional Chinese surgery is used as an anesthetic the aforementioned opium, which, incidentally, has been incorporated into Western pharmacology with great success, and not only for its recreational use, but also for the large number of drugs that derive of the. Hua Tua, a doctor of the Han dynasty, already described the use of a mixture of wine and opium as an anesthetic, which is also recorded in a book by the Japanese surgeon Hanaoka Seishu published in 1804. Both knew and used acupuncture, but not they gave no value as an anesthetic. The belief has been perpetuated to this day. In a BBC 2 program on alternative medicine issued in January 2006 an open heart operation was performed with acupuncture, but then it was shown that the patient was sedated with opiates …
The doctrinal basis of acupuncture is the same as that of TCM, that is, the famous twelve or fourteen invisible channels or meridians through which it circulates, as if it were water, a magical energy. The difference is that to achieve the balance, instead of herbs or infusions prepared with the remains of cadavers, stools or animals in danger of extinction, needles are used, which introduced in the precise place as if they were regulating the valves in a pipe for that the flow would be correct again. The number of points changes, but the most accepted are 365. Another technique of acupuncture is to measure the pulse, which has nothing to do with what a doctor does, they use the pulse to measure energy and diagnose diseases that have little or no relation to the circulatory system.
By the way, cultural anthropologists have taken iron from the issue of the ancient science that apparently lies behind acupuncture.
The practical problems posed by acupuncture. The first question that arises is: how does the acupuncturist manage to hit the needle in these specific points (invisible, undetectable and imaginary)? To begin with, according to the book you consult, the number of these points will vary. Then there is another problem added. You can see in a diagram or a representation where the points are, but how do you extrapolate it in a real body, with the difference in existing sizes? You are supposed to introduce the flag (sorry, the acupuncture needle) at a specific point, but people change. An obese person is not the same as an anorexic, a child as an adult. Sure they tell you that they know it and they put it in the right place, but they make a very crude trap.
What is more surreal and difficult to explain is the variant known as electroacupuncture, which consists of circulating an electric current through the needles. Let’s see, if the grace of acupuncture is supposed to be a thousand-year-old technique, how did they manage four thousand years ago to produce the electric current with the little needles?.

Chiropractic is one of the many supposedly millenary techniques that are supposed to collect the ancestral wisdom of the bone composers, but that actually occurred to a man (Daniel David Palmer) on a specific date (1895).
Chiropractic, like auriculotherapy and voodoo, has its share of representative magic. According to Palmer, the representation of the entire human body is neither on the soles of the feet, nor on the ear (or on the buttocks, nor on the bald head), but on the spine. Chiropractic also fulfills a premise of many pseudo-medicines: its founder had a moment of enlightenment.
Despite having such a weak base and suspicious origin, chiropractors maintain that treating the spine can cure any type of condition. His specialty is to detect and cure subluxations, a pseudo-lesion that you will not find in any traumatology book. In fact, according to them, these subluxations are the cause of all health problems.
Chiropractic is dangerous per se. Many of his manipulations include violent turns in the neck or back that can have fatal consequences. By turning the neck beyond its physiological capacity can cause internal wounds in the carotid artery or the superior vertebral artery that result in thrombi, and all with fatal results. In a classic study on risks and benefits of manipulation of the spine, Richard Di Fabio presents a shocking graphic in which it is appreciated that, of all the published cases of injuries produced after this treatment, 70 percent are caused by chiropractors, while only 2 percent are due to physiotherapists and 10 percent to physicians.

Although it seems incredible, in the 21st century, remedies that do not differ from the bottles of cowboy movies are still being sold. Among them, which is more fashionable is the MMS (short for Miracle Mineral Solution), a product banned by the Spanish Agency of Medicines since 2010, but on which its marketers claim without any flush that can cure any disease, it does not matter whether it’s cancer, AIDS, tuberculosis, autism, malaria or Alzheimer’s.
The MMS was an invention of Jim Humble, alleged ex-engineer of NASA, and he discovered it looking for gold in Venezuela. According to his account, he carried out tests with this drug in Africa, where he alleges that he cured more than one hundred thousand people of malaria (but no reference to these studies appears in any serious journal). Then he discovered that it served to heal everything. Really, what is MMS? Well nothing more and nothing less than a 28 percent solution of sodium chlorite, which must be activated with lemon juice. When put in an acid medium, it produces chlorine dioxide, a molecule used by different industries as a bleach and which, of course, is very toxic. But there’s no problem: if you suffer from the symptoms of intoxication, Humble will tell you that it’s because you’re healing.

Decalogue against pseudo-doctors
1. DOES SOMETHING HURT YOU? GO TO THE DOCTOR.
2. IF IT SEEMS TOO GOOD, IT IS NOT
3. IF IT SEEMS A TONNERY, IT IS
4. THAT YOU DO NOT TELL YOUR LIFE. A DOCTOR LEARNS STUDYING
5. THAT LOOKS LIKE AN INQUIRY DOES NOT WANT TO SAY THAT IT IS
6. THAT LOOKS LIKE A GENIUS DOES NOT WANT TO SAY THAT IT IS
7. THAT BEING FACE DOES NOT MEAN THAT IT IS BETTER.
8. DO WE PLAY THE TABÚ?
9. DO NOT TRY IF YOU PRESUME OF IMPORTANT OR OF IMPORTANT PATIENTS
10. THEY HAVE TAKEN MY HAIR, AND NOW WHAT?

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