Los Productos Naturales ¡Vaya Timo! — J.M.Mulet / Natural Products A Real Scam! by J.M.Mulet (spanish book edition)

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Pequeño gran libro. El autor comienza dando un somero repaso a los mitos y falacias de «lo natural» en la alimentación (al comprar el libro yo creía que iba de eso) pero poco a poco el autor se viene arriba y se acaba metiendo con un elenco cada vez mayor de pseudociencias, empezando por las relacionadas con la alimentación y el bienestar (herboristerías…) y terminando por todo aquello que cruza por el punto de mira de su rifle de francotirador (feng shui anyone?).
Los fundamentos (perdón, los «fundamentos») de cada pseudociencia están muy bien explicados, al igual que los orígenes históricos de cada una. El autor hace, además, gala de un envidiable sentido del humor, pues en vez de deprimirse por las estupideces en que pueden al llegar a creer sus congéneres, hace de su capa un sayo y derrocha ironía y humor a la hora de repartir estopa a los magufos. Para alguien que ya es escéptico es una lectura muy entretenida. Pero ahí viene el problema: si yo no fuera escéptico, ¿tanta ironía y desprecio (merecidos, of course) hacia las otras pseudociencias me convencerían o me volverían precavido? Hay mucha dialéctica y poca didáctica, lo cual no es un error en sí mismo, pero me deja pensando.
Hay otro libro del autor, Comer sin miedo, que ya parece específicamente dedicado al tema de los alimentos naturales y la tontería que los rodea.
En general, agradable, corto, al grano y certero. También entretenido e instructivo.

• Agricultura orgánica. Término más popular en el mercado anglosajón. En origen hace referencia a que no se utilizan productos de síntesis química sino que se abona con restos de otros organismos, o a que todo lo que se utiliza es de origen natural. No obstante, en ciencia el término orgánico hace referencia a la química del carbono. Esto implica que, siendo rigurosos, este término podría adecuarse a la agricultura convencional.
• Agricultura biológica. Parece que este término pierde peso en España, pero abreviado como bio está presente en muchos países de habla alemana y del norte de Europa. En España, el término bio era de uso libre pero, después de una larga batalla legal, se lo apropiaron los productores ecológicos, obligando al Biomanan a llamarse Bimanan. Por suerte, a los biólogos, biotecnólogos y similares no les afecta la prohibición… todavía.
• Agricultura ecológica (AE). En el momento que alguien quita las malas hierbas, hace surcos en un campo e introduce semillas, se ha cargado todo el ecosistema de ese terreno y ha alterado el equilibrio ecológico de forma irreversible, dañando la biodiversidad que pudiera existir. La única forma de que en un terreno suceda algo ecológico es no interferir en él en ningún aspecto, ni siquiera recolectando semillas o frutos, puesto que esto implica que perturbamos el equilibrio natural. Por tanto, la agricultura nunca puede ser ecológica.
Un caso típico es el cobre, que se utiliza como fungicida en la agricultura ecológica. Su autorización le viene de ser natural, es decir, se utiliza como se obtiene de la mina, aunque no se tiene en cuenta que la minería, y más la de metales pesados, es una actividad muy contaminante. Su efecto se debe a que es un oxidante muy potente, por lo que mata todo lo que pilla, sin importarle si es una plaga o la propia planta; por eso se utiliza básicamente en árboles frutales, que al ser más robustos pueden soportar el efecto tóxico. Por último, el cobre no se degrada, se acumula en el suelo o se filtra a los acuíferos produciendo serios problemas de contaminación, pero todos ecológicos. Frente a esto, un insecticida sintético se puede obtener sin contaminar tanto como la minería, puede ser específico para determinadas plagas e inocuo para el resto de organismos.
A tener en cuenta:
1) cuando no han sido tratadas con un insecticida, las plantas puedan contener moléculas carcinogénicas que ellas mismas han creado para defenderse de los insectos
2) es mucho más probable intoxicarse por coliformes fecales consumiendo productos de la agricultura (mal llamada) ecológica que de la convencional, al usar aquella estiércol como fertilizante
3) proteger las tomateras «ecológicamente» con mallas de plástico, que hay que ir cambiando de cuando en cuando, es mucho peor para el medio ambiente que el uso de insecticida
En fin: todo antídoto contra la palabrería y los delirios ecologistas debe ser bienvenido.

Un problema serio de salud relacionado con la agricultura ecológica lo ocasiona su exaltación enfermiza de la coprofilia. El artículo 12 del reglamento de 2007 prohíbe el uso de fertilizantes nitrogenados a favor del “estiércol animal o materia orgánica, ambos de preferencia compostados, de producción ecológica”. Utilizar únicamente estiércol es también un problema. El estiércol presenta una serie de microorganismos contaminantes, entre ellos la temible cepa de E. coli 0157:H7. La probabilidad de intoxicarse por coliformes fecales es ocho veces mayor en la producción ecológica que en la convencional.
El problema es cuando esas prácticas son subvencionadas con dinero de nuestros impuestos. Una buena política alimentaria a nivel global debe garantizar la mayor producción de alimentos al menor costo.
La producción ecológica está fuertemente subvencionada en países de la UE como Austria o Alemania (y eso que mucha es importada). En nuestro país, los productores ecológicos están demandando un aumento de las numerosas subvenciones existentes. Muchas administraciones locales y autonómicas ya cuentan con canales específicos de subvención para los cultivos ecológicos. La Junta de Andalucía, donde existe una dirección general de agricultura ecológica (con el gasto de personal y administrativo que conlleva, sin contar las subvenciones que concede). Una de las misiones de esta dirección general es fomentar el consumo de productos de agricultura ecológica en organismos públicos como hospitales o escuelas. Mejor sería gastar ese dinero en mejorar los servicios de esos hospitales y esas escuelas. Los productos ecológicos son más caros, pero no son mejores.
En la Unión Europea el panorama es mucho más desolador, y en ocasiones se roza el esperpento. Vaya como ejemplo una anécdota. Para tratar de unificar la disparidad de logotipos de certificación ecológica entre las diferentes autoridades, la Unión Europea acordó en el reglamento 834/2007 la obligatoriedad de que a partir del 1 de enero de 2009 todos los productos debían llevar un logotipo unificado. Para este fin se nombró una comisión. Durante dos años la comisión se estuvo reuniendo, con el consiguiente gasto para el contribuyente en viajes, dietas y sueldos. Finalmente el logotipo fue presentado… y retirado a los pocos días puesto que coincidía con el logotipo que la multinacional alemana Aldi utiliza para sus productos ecológicos.

El DDT no es tóxico para los seres humanos. Bruce Ames, uno de los padres de la toxicología moderna, indignado por la prohibición, empezaba todas sus clases ingiriendo un miligramo de DDT. Se han realizado otros estudios más exhaustivos sobre su toxicidad, incluyendo uno en que los voluntarios ingirieron 35 mg de forma diaria durante dos años, sin que apareciera ningún tipo de problema para la salud. A día de hoy, no hay ningún caso registrado de muerte por ingestión de DDT.
No obstante, el impacto del libro de Rachel Carson fue tal que muchos países empezaron a legislar en contra del DDT hasta que fue completamente prohibido.
El proceso para conseguir una autorización es muy largo y muy caro. Una vez conseguida, los Estados no pueden revocarla, pero queda un resquicio legal, que es aplicar la cláusula de salvaguarda. Si un gobierno tiene sospechas a nivel nacional de que algún cultivo transgénico puede ocasionar algún problema, puede aplicar la cláusula, que no es más que una moratoria de su autorización en el territorio de su Estado.
Algunos países, como Austria, Hungría, Rumanía, Francia o Portugal para la isla de Madeira, la han aplicado.
En algunos casos se ha denegado rápidamente porque los argumentos esgrimidos por el país carecían de cualquier base. La moratoria más publicitada fue la que aplicó Sarkozy en Francia, que se vendió como un triunfo de los grupos ecologistas. No obstante, la moratoria francesa sólo afecta a la siembra de maíz de variedades transgénicas, es decir, no prohíbe la importación, el procesado ni la comercialización de productos derivados de estas variedades.

Si un remedio de herboristería funciona es porque tiene el mismo principio activo que el que te venden en la farmacia, por lo que los efectos secundarios también serán los mismos, aunque pienses que si te lo ha vendido un señor con barba y sandalias es más sano por ser más natural. En la farmacia te medicas con luz y taquígrafos y en el herbolario a ciegas, en plan ruleta rusa, pero si te va el morbo, puede servir, porque en una infusión no conoces ni la concentración del principio activo ni qué otros compuestos se hallan presentes.
Existen remedios tradicionales que tienen realmente base farmacológica. El uso de la corteza del sauce está recogido en el papiro Ebers…
Puedes pensar que, como es natural, no hace falta, pero existe el síndrome de abuso del ginseng: hipertensión, insomnio, agitación, diarrea y erupciones en la piel. Es decir, como quieras animarte mucho y te pases con las pastillitas de ginseng te puede subir la tensión o puedes tener insuficiencia renal. Asimismo, las plantas del género Ephedra se venden para el sobrepeso puesto que suprimen el apetito, efecto que obtienen por contener efedrina y anfetaminas naturales. Su consumo parece relacionado con más de 200 muertes en EE UU, y no se trata de casos aislados.
Y que podemos decir de las antivacunas y el movimiento iniciado por la mujer de Jim Carrey en EE.UU. (McCarthy).

Se ha montado todo un mercado que atribuye a los imanes unas propiedades místico-filosóficas e incluso químicas que no tienen. El agua es un dipolo, no tiene carga, pero tiene lo que se llama densidad de carga, por lo que, cuando está en los alrededores de un imán, nota el efecto y se orienta según se halle colocado éste. Esta orientación dura solamente mientras esté cerca del imán, y luego el agua no se acuerda que ha pasado por el imán ni varía para nada sus propiedades. Con los iones como la cal ocurre que en un campo magnético describen un movimiento circular, pero si están en una corriente de agua, como en una cañería, esto durará los microsegundos que pasen cerca del imán. Luego seguirán con su mala costumbre de depositarse en las paredes y bloquear las cañerías, a pesar de que en muchas radios anuncien que si colocas un imán en la cañería no tendrás más problemas de cal.
Se han popularizado los cosméticos con el sello ecológico. La normativa europea sobre productos cosméticos está recogida en el reglamento 1223/2009, en el que no se hace ninguna referencia al término ecológico. Es decir, no está reglamentado, lo cual lo convierte en un terreno abonado para el marketing verde. Hay una diversidad de sellos y certificaciones de cosmética ecológica: todos sus fabricantes te dirán que el suyo es el bueno, aunque esto no signifique nada, más allá de la inventiva y la capacidad plástica del diseñador. También afirman que no son tóxicos ni irritantes, lo cual es mucho morro, porque cualquier cosmético debe superar esas pruebas para poder salir al mercado.
A efectos prácticos, la composición de un cosmético debe venir explicada en la etiqueta siguiendo la nomenclatura INCI. En cosmética ecológica utilizan una legislación (propia y variable) más restrictiva, en la que sólo se autorizan productos de origen natural (otra patada a la bioquímica), no se utilizan productos de animales sacrificados y no se autoriza la experimentación con animales. Aunque, como no está regulada, no hay ninguna garantía de que cumplan lo que dicen.
Estamos más cerca de la barra libre de la medicina natural (todo vale) que de las restricciones de la alimentación ecológica (sólo vale lo que a mí me apetece). Lo de siempre: asustarte un poco para que pagues más por lo mismo o por algo peor.

Los que se llevan la palma en cuestión de energías verdes son los aerogeneradores. De un tiempo a esta parte es difícil encontrar en España un paisaje sin la silueta de estos molinos de diseño recortándose en el horizonte. Posiblemente sea una energía verde, pero de color verde oscuro. Hay que considerar que, como pasa con las placas fotovoltaicas, las cuentas de la vieja no hay que hacerlas a partir del día que el político corta la cinta de inauguración sino desde el momento de su fabricación, por lo cual un molino eólico será más o menos favorable energéticamente según dónde esté situado. Si el parque eólico se halla cerca de la zona de construcción de los aerogeneradores, quizá en uno o dos años de funcionamiento se hayan compensado las emisiones que ha producido su fabricación. El problema es que este aspecto no se tiene demasiado en cuenta a la hora de promover la creación de un parque eólico. Suelen considerarse otros factores ajenos a la termodinámica como subvenciones, sobornos, recalificación de terrenos…
La Muela, Zaragoza. Un parque eólico en la cima de una montaña requerirá 10 o 20 años de funcionamiento a todo gas para compensar las emisiones de CO2 de todos los camiones que suban los molinos aspa a aspa. Otro aspecto que juega en contra de los parques eólicos es el escasísimo rendimiento de energía por molino, es decir, necesitan muchísima superficie para que la producción energética sea rentable, lo que ocasiona serios problemas de impacto ambiental. Muchas veces se sitúan en parajes de gran valor natural, por lo que pueden bloquear rutas de animales y, sobre todo, se convierten en trampas mortales para aves, muchas de ellas protegidas.

A small great book. The author begins by giving a brief review of the myths and fallacies of «the natural» in food (when buying the book I thought it went from that) but little by little the author comes up and ends up getting with a cast every time greater of pseudosciences, starting with those related to food and welfare (herbalists …) and ending with everything that crosses the point of view of your sniper rifle (feng shui anyone?).
The foundations (forgiveness, the «fundamentals») of each pseudoscience are very well explained, as well as the historical origins of each one. The author also makes an enviable sense of humor, because instead of being depressed by the stupid things that can come to believe their peers, makes his coat a coat and lavishes irony and humor when distributing tow to the magufos. For someone who is already skeptical is a very entertaining reading. But here comes the problem: if I were not skeptical, would such irony and contempt (deserved, of course) towards the other pseudosciences convince me or make me cautious? There is a lot of dialectic and little didactic, which is not an error in itself, but it leaves me thinking.
There is another book by the author, Comer sin miedo, that already seems specifically dedicated to the topic of natural foods and the foolishness that surrounds them.
In general, pleasant, short, to the grain and accurate. Also entertaining and instructive.

• Organic agriculture. Most popular term in the Anglo-Saxon market. Originally, it refers to the fact that chemical synthesis products are not used, but that they are paid with the remains of other organisms, or that everything used is of natural origin. However, in science the term organic refers to the chemistry of carbon. This implies that, being rigorous, this term could be adapted to conventional agriculture.
• Organic agriculture. It seems that this term loses weight in Spain, but abbreviated as bio is present in many German-speaking countries and northern Europe. In Spain, the term bio was of free use but, after a long legal battle, it was appropriated by organic producers, forcing the Biomanan to be called Bimanan. Luckily, biologists, biotechnologists and the like are not affected by the ban … yet.
• Organic farming (AE). The moment someone removes the weeds, makes furrows in a field and introduces seeds, the entire ecosystem of that land has been loaded and has altered the ecological balance in an irreversible way, damaging the biodiversity that may exist. The only way that something ecological happens in a field is not to interfere in it in any way, not even collecting seeds or fruits, since this implies that we disturb the natural balance. Therefore, agriculture can never be ecological.
A typical case is copper, which is used as a fungicide in organic farming. Its authorization comes from being natural, that is, it is used as it is obtained from the mine, although it is not taken into account that mining, and more that of heavy metals, is a very polluting activity. Its effect is because it is a very powerful oxidant, so it kills everything it catches, regardless of whether it is a pest or the plant itself; that is why it is basically used in fruit trees, which, being more robust, can withstand the toxic effect. Finally, copper does not degrade, accumulates in the soil or is filtered to aquifers producing serious pollution problems, but all ecological. Faced with this, a synthetic insecticide can be obtained without contaminating as much as mining, it can be specific for certain pests and innocuous for the rest of organisms.
To consider:
1) when they have not been treated with an insecticide, the plants may contain carcinogenic molecules that they themselves have created to defend against insects
2) it is much more likely to be poisoned by fecal coliforms consuming agricultural products (misnamed) ecological than conventional, using that manure as fertilizer
3) protect the tomatoes «ecologically» with plastic mesh, which must be changed from time to time, is much worse for the environment than the use of insecticide
Anyway, any antidote to the verbiage and environmental delusions should be welcome.

A serious health problem related to organic farming is caused by his sickly exaltation of coprophilia. Article 12 of the regulation of 2007 prohibits the use of nitrogen fertilizers in favor of «animal manure or organic matter, both preferably composted, of organic production». Using only manure is also a problem. The manure presents a series of contaminating microorganisms, among them the feared strain of E. coli 0157: H7. The probability of being poisoned by fecal coliforms is eight times higher in organic production than in conventional production.
The problem is when these practices are subsidized with our tax money. A good food policy at the global level must guarantee the highest food production at the lowest cost.
Organic production is heavily subsidized in EU countries such as Austria or Germany (and that much is imported). In our country, organic producers are demanding an increase in the many existing subsidies. Many local and regional administrations already have specific subsidy channels for organic farming. The Junta de Andalucía, where there is a general directorate of organic agriculture (with the staff and administrative expenses involved, not counting the subsidies it grants). One of the missions of this general direction is to encourage the consumption of organic farming products in public bodies such as hospitals or schools. Better to spend that money on improving the services of those hospitals and those schools. Organic products are more expensive, but they are not better.
In the European Union the outlook is much more devastating, and sometimes the grotesque is touched. Take an anecdote as an example. In order to try to unify the disparity of ecological certification logos between the different authorities, the European Union agreed in regulation 834/2007 the obligatory nature that from January 1, 2009, all products should have a unified logo. For this purpose, a commission was appointed. During two years the commission was meeting, with the consequent expense for the taxpayer in trips, diets and salaries. Finally the logo was presented … and withdrawn a few days after it coincided with the logo that the German multinational Aldi uses for its organic products.

DDT is not toxic to humans. Bruce Ames, one of the fathers of modern toxicology, outraged by the ban, started all his classes by ingesting one milligram of DDT. Other more exhaustive studies on its toxicity have been carried out, including one in which the volunteers ingested 35 mg daily for two years, without any type of health problem. As of today, there is no recorded case of death from ingestion of DDT.
However, the impact of Rachel Carson’s book was such that many countries began to legislate against DDT until it was completely banned.
The process to get an authorization is very long and very expensive. Once obtained, the States can not revoke it, but there is a legal loophole, which is to apply the safeguard clause. If a government has national suspicions that a transgenic crop may cause a problem, it may apply the clause, which is no more than a moratorium on its authorization in the territory of its State.
Some countries, such as Austria, Hungary, Romania, France or Portugal for the island of Madeira, have applied it.
In some cases it has been quickly denied because the arguments put forward by the country lacked any basis. The most publicized moratorium was the one applied by Sarkozy in France, which was sold as a triumph by environmental groups. However, the French moratorium only affects the planting of corn of transgenic varieties, that is, it does not prohibit the importation, processing or commercialization of products derived from these varieties.

Those who take the cake in a matter of green energies are wind turbines. For a while now, it is difficult to find a landscape in Spain without the silhouette of these design mills cutting into the horizon. Possibly a green energy, but dark green. We must bear in mind that, as with photovoltaic panels, the accounts of the old woman do not have to be made from the day the politician cuts the inauguration ribbon, but from the moment of its manufacture, for which a windmill will be more or less energy-efficient depending on where it is located. If the wind farm is close to the construction area of ​​the wind turbines, perhaps in one or two years of operation the emissions produced by it have been compensated. The problem is that this aspect is not taken into account when promoting the creation of a wind farm. Other factors other than thermodynamics, such as subsidies, bribes, land reclassification, are usually considered.
La Muela, Zaragoza. A wind farm on the top of a mountain will require 10 or 20 years of full-blown operation to offset the CO2 emissions of all the trucks that go up the windmills. Another aspect that plays against wind farms is the very low energy yield per mill, that is, they need a lot of surface area for energy production to be profitable, which causes serious problems of environmental impact. Many times they are located in places of great natural value, so they can block animal routes and, above all, they become deadly traps for birds, many of them protected.

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