Tiempos Y Cosas — José Martínez Ruiz “Azorín”

Sin duda estos 30 ensayos perfilan la ironía siempre presente del autor donde siguiendo sus pasos se podría decir “viva la bagatela”, y cerrando el libro el señor Cobos no ha vuelto a pensar más en hacer castillos, es decir, universidades, en España…

Somos dueños absolutos de nuestro vehículo; podemos aumentar la velocidad de su marcha; podemos disminuirla; nos es dable detenernos en pueblo que excita nuestra curiosidad al pasar. Y cuando paramos ante la puerta de nuestra casa —una de estas casas solapadas entre el boscaje—, tal vez al apearnos pensamos un momento en aquellas remotas y absurdas locomotoras que hoy figuran en nuestros museos arqueológicos entre un cañón Krupp y una máquina rotativa…

…Poetas, pintores, cronistas: ¿No percibís el alma de un pueblo, mejor que visitando sus teatros, sus cafés y sus museos, en esta visión instantánea, desde la plataforma de un tranvía, mientras cae la tarde, de estos tejados, estos balcones, estos cipreses, estos interiores, estos campos desnudos, estas mujeres enlutadas que caminan despacio, cruzándose y recruzándose en sus paseos, sin ruido?.

Qué decir de los encuentros del doctor Dekker y sus notas para escribir el libro “the time they lost in Spain” (el tiempo que se pierde en España). Demos fin de una vez a esta farsa; acabo de regresar de Levante, adonde he ido acompañando a mi amigo Azorín. Y bien; es preciso destruir la leyenda de «la serena y clara tierra levantina». Ante todo, el famoso doctor Dekker no existe; los que han afirmado desde el primer momento que era imposible que existiese tal ente, puesto que en inglés no se pueden juntar dos kaes, tienen razón; el doctor Dekker soy yo mismo, que he aprendido en un periquete el idioma británico —cosa muy fácil— y le voy prestando a mi amigo tales o cuales frases para que él haga sus citas estupendas. Y luego, ni el silencio, ni el sosiego, ni la serenidad, ni la discreción aparecen en Levante por parte alguna…
Yo iba engañado; los libros de Azorín fueron falaz señuelo que me impulsaron a emprender el viaje; en estas breves líneas quiero contar todas nuestras desdichas.

España no es un hermoso país. Si un viajero espera hallar allí el suave encanto, la atrayente amabilidad de Italia, para él su paso por España será una constante decepción.» No: el atractivo de España es otro; no tiene esta tierra los rasgos de Suiza, de Italia, de Francia; la característica de su paisaje es la gravedad, la fuerza, la nobleza, la severidad. «Todos aquellos que busquen en España belleza contemplarán tan solo una belleza de cierto género: nada de verdura, ni de delicadeza, ni de color. Y el artista puede ser satisfecho sin todo esto; el artista sentirá una honda, una íntima satisfacción ante las líneas infinitas, ante las anchas llanuras secas, sin árboles; ante las desoladas sierras, ante todo este paisaje en que las quiebras de los más distantes lomazos destacan visibles en la atmósfera transparente y en que las sombras de las nubes caen azules sobre el amarillo tenue de la llanura hosca.» «Tanto en la montaña como en el llano —ha dicho también el maestro Giner en unas páginas maravillosas tituladas Paisaje— se revela una fuerza interior tan robusta, una grandeza tan severa, aun en sus sitios más pintorescos y risueños, una nobleza, una dignidad, un señorío, como los que se advierten en el Greco o en Velázquez, los dos pintores que mejor representan este carácter y modo de ser poético de lo que pudiera llamarse espina dorsal de España.»
Esta es la verdadera, la típica, la distintiva belleza de España. El señor Hare recorre a Cataluña, Valencia, Córdoba, Sevilla, Cádiz, Granada; luego, bordeando el litoral mediterráneo, visitada Andalucía, entra ya en el solar de la vieja nacionalidad española: Toledo, Valladolid, Avila, Salamanca, Burgos. España, dice el autor, permanece ahora como hace tres o cuatro siglos.

…Leopoldo Alas no hubiera podido encontrar una frase que resumiera mejor la ironía, la espiritualidad y el desencanto de la última época de su vida: los fenómenos son una superchería, y nosotros, vanos fantasmas que tal vez cruzamos por el planeta con dirección hacia un mundo mejor.

En Vasconia, la lluvia es la que fecunda la tierra; en Levante, es el hombre quien la fecunda. Y el hombre, siempre inclinado sobre ella, cava, labra, escarda, ahoya, aporca, forma simétricos camellones, terraplena hondonadas, allana desniveles, construye largos y admirables ribazos, que represan las tierras altas; se mueve y se remueve, en fin, presto, ágil y vivaracho, como esos insectos fugaces y fuertes que habitan sus montañas…

Viva la bagatela… Demasiadas cosas siguen sin cambiar.

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2 pensamientos en “Tiempos Y Cosas — José Martínez Ruiz “Azorín”

  1. Tengo un hijo en Barcelona ( año y medio) y vive enamorado de la ciudad y su gente. Leo el blog y es un aliciente para seguir investigando. Tienen unos temas que envuelven la imaginación de un lector ávido de nuevas sensaciones.

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