El Comedido Hidalgo — Juan Eslava Galán / The Cautious Gentleman by Juan Eslava Galán (spanish book edition)

Novela escrita con un idioma parejo al castellano de la época -lo que no es poco mérito en sí mismo- que tiene una visión un tanto ácida sobre la España del siglo de oro y su gobierno, pero endulzada por muchos momentos tiernos, y sobre todo otros momentos hilarantes en los que se muere uno de risa. Eslava Galán sería un escritor divino si encubriera más lo escéptico que es. De momento es un escritor de lo mejor que tenemos. Recomiendo sus libros vivamente, incluidos los que tienen que ver con la política y la religión actuales, donde comprendo que sus opiniones de escepticismo no serán muy compartidas por mucha gente. Me la he releído varías veces y creo que ganó el Premio Ateneo de Sevilla en 1994. Una joya.

Don Alonso de Quesada ha entrado en la historia literaria, don Alonso se acomodó a vivir con estrecheces y a esperar con paciencia, y buscó consuelo en el ejercicio de la literatura. Compuso una novela pastoril, frecuentó los corrillos del teatro y estrenó algunas comedias que le proporcionaron pocos dineros y algo más de nombradla, sin sacarlo de pobre. Tuvo un amor poco dichoso con mujer casada y un matrimonio igualmente infeliz. Además el escudero o amigo fiel Chiquiznaque.
Describe perfectamente lugares de Sevilla y España, la mancebía o casa llana o barrio de las putas (berreadero en la jerga canalla) era un corral cerrado por bardales altos, como convento, dentro del cual se ordenaban hasta dos calles de casitas bajas, de traza humilde como las que no han menester patio ni cuadra ni soberados, sino muchas celdas o boticas abiertas a la calle, puerta con puerta, donde cada ramera tenía su oficina. Las cuales boticas eran propiedad de conventos, de capellanías, de personas principales y de cofradías pías que por ellas percibían muy sustanciosas rentas y emolumentos. Aparte de estas costas por derecho de posada, cada puta mantenía a su rufián o jaque, al que procuraba traer vestido de mil alfileres y luciendo guapeza y señorío más que un marqués, ya que tenían grandes rivalidades sobre si el mío es más valiente y mejor plantao que el tuyo…
La prisión real estaba concurrida como feria todo el día, así de los presos como de las gentes que venían a verlos con permiso de los porteros, a los que daban propina, y en esto el entrar y el salir era continuo como de hormiguero, en perpetua procesión, trayendo unos camas, otros comida, otros ropa y hasta contrabando de toda clase de armas sobre lo cual, con estar tan prohibido, también hacían la vista gorda los porteros si se les untaba la mano con la salva correspondiente. Fuera de este jubileo, la cárcel era más monasterio que cuartel, pues todo se regía por toque de campana y comenzaba y terminaba en oración desde que se abrían las puertas, a la salida del sol, hasta las diez de la noche, que se cerraban después de que los visitantes salieran y los presos se retiraran a sus calabozos y galeras. Delante de la puerta del alcaide, a la caída de la tarde, se formaba la fila de los que querían salir a dormir a sus casas para volver al otro día.

Sobre los lamentables sucesos acaecidos en Sevilla por las honras de Felipe II se instruyó proceso, con juez en comisión, y hubo causa y declaraciones de acusados y testigos e instancias de los presos para que, mientras se fallaba, se les mandara soltar, a lo menos en fiado. Este caso pasó a la Corte con procuradores de las partes.
En cuanto al Túmulo, el Cabildo municipal del 30 de diciembre de 1598 acordó deshacerlo y quitando algunas pinturas y figuras que se conservaron (aunque ninguna hasta hoy, ni la erudición da más cuenta de ellas) todo se subastó en pública almoneda pregonada, así la madera como lo demás.
Los inquisidores contra la herética Parvedad y Apostasía del Arzobispado hubieron de retractarse de sus valentías amonestados por su majestad en cédula fechada en 22 diciembre en la cual les decía que debieron excusar las censuras a la Audiencia pues no tenían jurisdicción sobre ella, por lo cual les mandaba que levantaran y absolvieran ad cautelam a los censurados.

Novel written with a language even to the Castilian of the time -which is not little merit in itself- that has a somewhat acid vision about the Spain of the golden age and its government, but sweetened by many tender moments, and above all other hilarious moments in which one dies of laughter. Eslava Galán would be a divine writer if he concealed more the skeptic that is. For the moment he is a writer of the best we have. I strongly recommend his books, including those that have to do with current politics and religion, where I understand that his opinions of skepticism will not be shared by many people. I have reread it several times and I think he won the Ateneo de Sevilla Prize in 1994. A jewel.

Don Alonso de Quesada has entered literary history, Don Alonso settled down to live with narrowness and wait patiently, and sought solace in the exercise of literature. He composed a pastoral novel, frequented the corridors of the theater and premiered some comedies that gave him little money and something more to name it, without removing it from the poor. He had an unhappy love with a married woman and an equally unhappy marriage. Also the squire or faithful friend Chiquiznaque.
Describes perfectly places of Seville and Spain, the mancebía or flat house or district of the whores (roreadero in the jargon rogue) was a corral closed by high bardales, as a convent, within which were ordered up to two streets of low houses, trace humble as those who do not need a courtyard or stable or sovereigns, but many cells or shops open to the street, door to door, where each harlot had his office. Which boticas were property of convents, of chaplaincies, of main persons and of pious brotherhoods that by them perceived very substantial rents and emoluments. Apart from these costs by right of inn, each whore kept his ruffian or check, which tried to bring a thousand-pin dress and looking handsome and manor more than a marquis, as they had great rivalries over whether mine is braver and better I plant yours …
The royal prison was busy as a fair all day, as well as the prisoners who came to see them with the permission of the porters, to whom they gave a tip, and in this the entering and leaving was continuous as an anthill, in perpetual procession, bringing some beds, other food, other clothing and even smuggling of all kinds of weapons on which, with being so forbidden, the doormen also turned a blind eye if they smeared their hand with the corresponding salvo. Outside of this Jubilee, the prison was more monastery than barracks, because everything was governed by bell ringing and began and ended in prayer from the opening of the doors, at sunrise, until ten o’clock at night, which closed after the visitors left and the prisoners retired to their dungeons and galleys. In front of the warden’s door, at the end of the afternoon, the line was formed of those who wanted to go to sleep at home to return the next day.

Concerning the lamentable events that took place in Seville due to the honors of Felipe II, proceedings were instituted, with a judge in commission, and there were the cause and statements of the accused and witnesses and instances of the prisoners so that, while they failed, they were ordered to let go, less in confidence. This case went to the Court with attorneys for the parties.
As for the Mound, the City Council of December 30, 1598 agreed to undo it and removing some paintings and figures that were preserved (although none until today, nor the erudition gives more account of them) everything was auctioned off in a public auction, so the wood like the rest.
The inquisitors against the heretical Parvedad and Apostasy of the Archbishopric had to retract their bravado admonished by his majesty in a decree dated December 22 in which he told them that they should have excused the censures of the Audiencia because they had no jurisdiction over it, for which reason they ordered that they lift and absolve ad cautelam to the censored.

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