¿Por qué En 2017 Volveremos A Entrar En Recesión? — Juan Ignacio Crespo Carrillo / Why In 2017 Will We Go Into Recession? by Juan Ignacio Crespo Carrillo (spanish book edition)

Es un ejercicio importante se “chartismo”, comparacion de graficos historicos para poder analizar la historia economica. Sorprendente el nivel de detalle al que llega el autor y un libro de nivel informativo alto sobre el pasado, presente y futuro economico.
Explica los entresijos de las finanzas, la economía, las decisiones y sus consecuencias. Es ameno, interesante y útil para meditar para aquellos que crean que no solo tienen derechos sino tmbién obligaciones. Hay tantos condicionantes políticos que nadie sabe lo que puede ocurrir

Tengamos en cuenta que la capacidad, pues, de ver, medir, interpretar y profetizar o pronosticar queda siempre desvirtuada por elementos internos o externos, lo que hace que se ponga en duda de manera continua prácticamente todo. Esto es algo conocido de antiguo.
Uno de los problemas más importantes a los que tienen que hacer frente los países emergentes es la enorme masa de deuda (mucha de ella en divisas y fundamentalmente en dólares) que han contraído a lo largo de los últimos quince años. Era algo que también se señalaba ya en Cómo acabar de una vez por todas con los mercados. A las dificultades para amortizarla con un dólar que se ha apreciado fuertemente, se añade el que el flujo de préstamos a los emergentes se estaba deteniendo en el segundo semestre de 2015 por primera vez desde 2009. Se estima que la fuga neta de capitales en 2015 se acercaba a los 800.000 millones de dólares, algo que sucedía por primera vez desde 1988.

A la espera de la siguiente crisis, al euro, que ya empieza a ser un superviviente nato, no se le ve muy mala cara, a pesar de que en junio de 2015 pareciera inevitable que Grecia tendría que salir de él. Inmediatamente después se inició una nueva crisis, la de los refugiados de Oriente Medio que fortaleció primero y deterioró después la figura política de Angela Merkel y dio a Grecia un arma negociadora impensable pocas semanas antes (a la vez que sometía a sus finanzas y su gobernación a nuevas dificultades y tensiones). Y así es la historia, llena de vuelcos e imprevistos a los que no se puede hacer frente con razonamientos lineales que parecen ser los únicos que, normalmente, estamos capacitados para hacer.
La deuda se sigue renovando: en 2016 vencen 3,5 billones de dólares de deuda de Estados Unidos con cotización en mercado y fácilmente transferible y no parece que vaya a haber dificultades en que se renueve, no solo porque el Tesoro estadounidense emite en su propia moneda sino porque sigue siendo la más fiable de todas (deuda libre de riesgos) y los tenedores de bonos que venzan, en su mayor parte, renovarán su inversión con la deuda nueva que se emita para pagar la que vence. Y así sucesivamente.
Entre esos inversores que renovarán la suscripción en deuda pública de Estados Unidos está la Reserva Federal, a la que le vence en 2016 deuda que tiene en su cartera por un valor superior a los 200.000 millones de dólares. Y el hecho de que el Banco Central de China haya tenido que empezar a liquidar parte de los bonos del Tesoro estadounidense que tenía en su cartera para luchar contra la depreciación del yuan no parece que haya sido obstáculo: contra lo que muchos temían en razonamientos lineales, no solo no ha habido un problema de gran dimensión sino que el Tesoro de Estados Unidos ha salido airoso.

Estos son los países más endeudados en relación con su PIB:
•   Japón 400%
•   Irlanda 390%
•   Singapur 382%
•   Portugal 358%
•   Bélgica 327%
•   Holanda 325%
•   Grecia 317%
•   España 313%
Al contemplar un volumen de deuda tan elevado prácticamente por doquier, es natural sentir inquietud y dudas sobre si serán pagadas en el futuro. Pues bien, la respuesta más probable es fácil: las deudas no se pagarán, no al menos la deuda pública, sino que se renovarán o serán canceladas por los bancos centrales.

Una serie de circunstancias que hacen altamente probable el que se produzca una recesión o un gran susto financiero a caballo de 2016-2017. El único argumento de peso contra esa eventualidad es la intervención masiva que ya han llevado a cabo los bancos centrales, inyectando liquidez en el mercado por un total de 10 billones de dólares (al BCE aún le queda por inyectar uno más) y la voluntad de seguir inyectando, llegado el caso, todo lo que hiciera falta.
Las materias primas son un buen predictor de lo que le va a suceder a la economía mundial pero no siempre están en disposición de poder efectuar ese trabajo de orientación. Lo mismo le sucede a otros muchos indicadores económicos que, en algunas ocasiones, dan pistas muy fiables sobre lo que puede suceder en el futuro mientras que en otras parecen no decir absolutamente nada. Por eso la labor de escudriñar el futuro es una tarea tan complicada.

China tiene ahora dos paquetes de problemas diferentes: unos son arrastrados del pasado y otros nuevos y para encarar el futuro. Naturalmente, todos ellos están íntimamente entrelazados.
Entre los problemas del pasado destacan las tres burbujas acumuladas por la huida hacia delante emprendida por sus autoridades en el año 2008 (no muy distinta de la que iniciaron los demás países) con incremento del gasto y del endeudamiento general así como de los estímulos monetarios para conseguir mantener su ritmo de crecimiento en cotas cercanas a las de los años anteriores. Esas tres burbujas (inmobiliaria, crediticia y bursátil) son facetas de una única burbuja que las subsume, la burbuja inversora, puesto que todo estaba destinado a realizar inversiones que mantuvieran acelerada la maquinaria del crecimiento a la vez que una de ellas, gracias al efecto riqueza de las subidas en bolsa, terminara por animar también el consumo.
El otro paquete de problemas, los referidos al futuro, tienen que ver con la nueva fase en que ha entrado la economía china al tener que pasar (como toda economía que ha madurado) de ser una economía eminentemente industrial a otra en que predomine el sector servicios. En esa nueva fase el crecimiento ya no vendrá por la inversión masiva en infraestructuras y será una etapa de crecimiento más débil que las autoridades monetarias chinas tratarán de compensar con bajadas de tipos de interés y reducción de las reservas obligatorias que deben tener los bancos en el banco central chino. Pero esa combinación de menor crecimiento y bajada de tipos de interés (junto con otros problemas de tipo político) han provocado una fuerte salida de capitales de China, lo que está haciendo que la presión para que el yuan renminbi se deprecie sea muy alta.
La evolución del yuan es pues una señal mucho más importante para los mercados financieros que la propia caída de la bolsa. Pero, más allá del yuan, hay que mirar a un problema que, como ocurrió en Occidente, crece de forma subrepticia: la deuda que acumulan las empresas no financieras y los entes locales. Una deuda que algún día se revelará impagable por empresas que tampoco podrán renovarla porque no tendrán viabilidad. Y ese sí que será otro muro infranqueable.

Normalmente las crisis más o menos largas y las recesiones bien delimitadas se caracterizaban, entre otras cosas, precisamente por eso: se destruía riqueza. Es decir, se achatarraban industrias, se perdía capital acumulado por el cierre de empresas y los patrimonios se veían disminuidos por la caída de precio de las acciones en bolsa o por la quiebra de quienes habían apostado a la subida de precio de las materias primas. Parte de esas pérdidas se veían parcialmente compensadas (en un cómputo general, aunque no siempre individualmente) por la revalorización de los títulos de renta fija de los emisores más solventes, entre ellos los Estados. Pero si la recesión y la crisis iban acompañadas de una revolución o una guerra, probablemente los títulos emitidos por los Estados terminaban por no ser reembolsados; o por serlo, pero solo parcialmente (hasta los bolcheviques lo hicieron así) víctimas de una quita; o por convertirse en deuda perpetua por la que se cobraría periódicamente unos intereses pero nunca se podría rescatar el principal (aunque, como todo cotiza de una u otra forma, hasta la deuda perpetua se podría transferir a cualquier otro que estuviese dispuesto a comprarla).
Cuando la bolsa baja, la pérdida de riqueza financiera puede ser solo transitoria (normalmente lo es salvo para las empresas quebradas y que desaparecen), por lo que la destrucción de riqueza no deja de ser casi un juego de palabras. Un juego que puede tener, sin embargo, una materialización muy real para quien convierte las minusvalías potenciales que la caída de las cotizaciones le provoca en minusvalías reales por haberlas vendido a destiempo. O también para quien hace esas ventas obligado por el banco o bróker de bolsa que le prestó dinero para comprar los títulos y le obligó a dejarlos como garantía de que pagaría el préstamo después. En ese caso, la obligación o de presentar más garantías o de devolver el préstamo se puede materializar también en una venta forzada que lleve aparejada muchas pérdidas.
Hay ganadores (por ejemplo, los Estados que tienen que pagar menos intereses por la deuda pública), pero eso no quiere decir que se lo hayan robado a las familias por el hecho de que estas se hayan quedado prácticamente sin rentas financieras: en el mundo de los economistas suele abundar la metáfora y parece que hubiera habido una transferencia de rentas desde los ahorradores al Estado. Una argumento falaz con el que se iguala «dejar de ganar» con «dejar de ingresar» o, incluso, «perder». Algo que, a su vez, está conectado con el «coste de oportunidad» y el «lucro cesante» y que da para horas de bonitas y escolásticas discusiones.
Esas imágenes vistosas en las que lo que el Estado se ahorra se le ha expropiado a los tenedores de bonos son tentadoras y sirven para la demagogia pero no son realistas. Y menos si se habla en términos reales, pues estas situaciones de tipos de interés nominales muy bajos van asociadas con caída de precios, por lo que a veces las menores rentas son compensadas por la caída de precios.

A lo largo de 2015, muchas figuras del mundo financiero mostraron su temor ante una crisis financiera que podría ser sistémica. Es decir, que podría sacudir de nuevo los cimientos del sistema bancario internacional y de lo que son las instituciones llamadas parabancarias o de banca en la sombra, y que abarcan desde los fondos de inversión convencionales y disponibles en cualquier sucursal bancaria hasta los más sofisticados fondos de inversión libre. Y también desde las compañías de seguros hasta los fondos de pensiones, fondos soberanos e incluso a las cámaras de compensación y liquidación. La abundancia de declaraciones fue tan grande que lo asombroso es que la crisis en los mercados no se hubiera desencadenado antes, dado que todas tienen en común el que ponen en duda la estabilidad del sistema financiero internacional, aunque algunas de ellas, además, señalan a determinadas causas que tienen que ver con la manera en que se legisla, además de con el puro comportamiento de los mercados.
Todos ellos son figuras muy importantes e influyentes en el mercado financiero global.
(J.Daimon /JP Morgan). En la próxima crisis la capacidad de los bancos para actuar como parachoques estará muy mermada a causa de las nuevas normas que les exigen estar mejor capitalizados y mantener una grado de liquidez más elevado.
También decía que el aumento de la demanda de activos seguros cuando llegue una crisis se topará con que habrá una cantidad mucho más baja de bonos del Tesoro disponible, ya que esas exigencias de mayor liquidez fuerzan a mantener esos valores en los balances de los bancos.
¡Esto sí que es ponerse la venda antes de tener la herida! El rechazo de los bancos a la llamada figuradamente Ley Volcker (por ser el antiguo presidente de la Reserva Federal quien la inspiró, y que se convirtió en ley de verdad con el nombre de Ley Dodd-Frank), que limita sus actividades «especulativas» hace que tengan la excusa perfecta para defenderse de cualquier acusación futura para el caso de producirse una nueva crisis financiera.
A las declaraciones de Jamie Daimon se sumaron poco a poco las de muchos más, como si de un ensayo de lobbying y presión en público se tratara, y todos ellos apuntándose al carro de las tesis apocalípticas. Entre ellos, un muy destacado Carl Icahn (conocido por las OPA que ha lanzado sobre compañías enormes) acusa a la Ley Volcker de eliminar una liquidez (no en el sentido de que no haya financiación sino en el de que no habrá manera de ejecutar transacciones importantes sin mover mucho los precios) que vendría muy bien cuando se presenten problemas graves.
También lo han hecho el presidente de HSBC o los consejeros delegados de UBS y Blackrock.
Entre las admoniciones apocalípticas destacan las de los más conocidos públicamente, por su presencia en los medios de comunicación: Bill Gross (para él «el fin se acerca»); Stanley Druckenmiller (antiguo colega de George Soros); el propio Georges Soros, que ha disgustado a las autoridades chinas porque ha señalado a su país como el centro de la crisis que viene (y Soros tiene la reputación de que donde pone el ojo pone la bala: ya dijo algo parecido de Rusia en 1998 y esta terminó suspendiendo pagos); Ray Dalio (que pasa por ser uno de los mejores gestores y dirige el mayor fondo de inversión libre existente); Jeremy Grantham o Stephen Roach, de Morgan Stanley.
También el FMI ha hecho críticas de este tipo y como desencadenante de una posible crisis señalaba la falta de liquidez a la vez que criticaba a la Reserva Federal por la subida de tipos de interés de diciembre de 2015 como una manera de tentar a la suerte.
Es curioso pero este tipo de advertencias se han venido haciendo desde tiempo inmemorial: en los años noventa ya las hacía Henry Kauffman refiriéndose a los fondos de inversión y advirtiendo contra el momento en que todos los partícipes quisieran que se les reembolsase a la vez su dinero, y las hacía diez años después, en 2003, Barton Biggs desde su papel de analista distinguido en Morgan Stanley, referidas a los fondos que invertían en bonos convertibles.
Lo más sorprendente de todo esto es que, sin dudar de las buenas intenciones de quien hace las advertencias, se pone en marcha un mecanismo de defensa preventivo para que, cuando esa crisis finalmente se presente, siempre se puedan decir, quienes así se expresaron, «yo ya lo dije»: 1) que vendría una crisis de enormes proporciones, y 2) que los mercados no estarían preparados para afrontarla a causa de la nueva normativa que entró en vigor tras los sucesos de Lehman Brothers y las consecuencias desastrosas que tuvieron para la economía mundial.
Posibilidades de crisis:
1.  La longevidad de la actual expansión económica de Estados Unidos: para cuando termine el año 2016 habrán transcurrido 90 meses desde que se iniciara el último ciclo expansivo. Será, por tanto, la cuarta expansión más larga de la historia de los 33 ciclos económicos documentados en la historia americana desde 1857 (prácticamente ex aequo con la tercera que tuvo 92 meses de duración).
2.  También cumpliría el criterio de (si alguien algún día aceptara que en el segundo semestre de 2012 se produjo una corta recesión en Estados Unidos) producirse 51 meses promedios después del momento álgido del ciclo anterior.
3.  La subida de tipos de interés en Estados Unidos ya se ha iniciado y, aunque el ritmo de subida parece que va a ser lento, no lo ha sido así para el tipo de interés real de largo plazo durante 2015: en junio llegó a 2,24 % (tras haber pasado en algún momento puntual del año por 2,60 %) y haber bajado previamente a –1,91 % en diciembre de 2011. Es decir, el tipo de interés real a diez años en Estados Unidos ha subido 4,51% en los últimos cuatro años.
4.  La caída del precio de las materias primas, a la que se ha dedicado mucho espacio en capítulos anteriores y que parece que es una condición suficiente para que haya una recesión o un crac de bolsa o una crisis en los países emergentes con entre cero y cinco años de retraso desde que se inició la caída. Y ya han pasado cinco años.
5.  Las dificultades en los países emergentes cuando las materias primas caen tanto de precio. Esto, que es algo trivial, ha tardado mucho en ser reconocido pero ya es una evidencia demasiado grande para que se pueda negar: Rusia y Brasil ya están en recesión desde hace más de un año. Las bolsas y la cotización internacional de las monedas de los países emergentes cayeron de manera estruendosa entre 2014 y 2016.
6.  Países desarrollados productores de materias primas como Canadá, también estaban en recesión al finalizar 2015. Otros coqueteaban con ella, como Japón, o alguno de los europeos como Finlandia (en recesión ligera desde hace tiempo) o Suiza.
7.  Estancamiento del comercio mundial: a lo largo de 2015 el comercio mundial dio signos de debilitamiento e, incluso, hacia el mes de mayo llegó a caer un 4,5% respecto a diciembre de 2014. Posteriormente se recuperó pero para el conjunto del año las cifras apuntaban, con los datos de noviembre, a un estancamiento en el mejor de los casos.
8.  Algo muy inquietante como la caída persistente del Índice Báltico Seco que estaba a comienzos de 2016 en menos de la mitad de lo que había sido su mínimo de 2008 y en la mitad de su mínimo histórico (el índice se creó en 1985).
9.  La subida del coste de financiación para las empresas que emiten de elevada rentabilidad (bonos basura) que refleja cómo ha crecido en los dos últimos años la probabilidad de impago de sus obligaciones financieras por parte de esas empresas. Una forma en la que eso se ha reflejado es con la subida de los índices de CDS (Credit Default Swaps) que miden el coste de asegurarse contra el impago de ese tipo de bonos. Uno de esos índices, el iTraxx Crossover a cinco años, ha subido hasta niveles cercanos a 500, tras haber estado en poco más de 200 hace dos años. En 2007/2008, cuando esto sucedía, la crisis estaba a punto de desatarse con toda su virulencia.
10.  En España, podría ser un riesgo adicional el empeño de la Comisión Europea en hacer cumplir el objetivo de déficit para 2016, acumulando en este año el «no ajuste» del año 2015, año electoral y poco apropiado para corte del gasto.

El peligro que ahora representa China para la economía global ya se ha comentado en capítulos anteriores y será probablemente un elemento importante entre los que desencadenarán la recesión. De hecho, desde 2011 ya está arrastrando a todo el mundo hacia un menor crecimiento.
La correa de transmisión de la desaceleración china al resto del mundo se ha hecho inicialmente por la vía de la caída de precio de las materias primas. Eso ha llevado a la desaceleración económica a todos los países que son exportadores de materia primas.
Tras eso se produce un efecto bumerán: los países emergentes importan menos productos de los países desarrollados (y de China también) con lo que eso retroalimenta y se amplía el parón económico inicial.
Entre los muchos peligros para el futuro de las finanzas internacionales sigue palpitando la banca en la sombra. La dimensión que ha adquirido en China era un riesgo que no existía en 2008. Ahora es un factor negativo añadido.
Por banca en la sombra (shadow banking) se entiende cualquier actividad parabancaria, fuera de balance, y que no esté sometida a los controles del banco central del país de que se trate. El volumen de sus activos ha aumentado mucho en los últimos veinte años y ya tuvo un papel crucial como desencadenante de la crisis financiera de 2007. En aquel caso se trataba de lo que en Estados Unidos y en Europa se llamaron «vehículos de inversión especial» o «conduits» que son los que hicieron quebrar la banca a ambos lados del Atlántico.
Es llamativo el papel tan poco relevante que ha tenido en España, salvo que se quiera incluir la inversión colectiva en el concepto de banca en la sombra (lo que sería una ampliación abusiva). Los bancos españoles sí que intentaron crear antes de 2008 esos vehículos de inversión especial, como sus congéneres de otros países, pero el Banco de España les exigió provisionar lo que estuviera fuera de balance.
Entre los factores que pueden agravar la próxima recesión está el nivel de deuda, que ha crecido 57 billones de dólares desde 2007, lo que representa un 17 % más en relación con el PIB mundial. Según el Instituto Mckinsey Global, en 2007 la deuda total era el equivalente de 142 billones de dólares (269 % del PIB) mientras que a finales de 2014 era de 199 billones (286% del PIB). El incremento de la deuda pública habría sido de 25 billones de dólares.
La deuda de la economía china entretanto se ha multiplicado por cuatro pasando de 7 a 28 billones de dólares en el período mencionado, en parte por la financiación de la burbuja inmobiliaria y en parte por el crecimiento de la banca en la sombra.

En el futuro puede darse la paradoja de que si se llegara a culminar en algún país el proceso que se acaba de describir, podría darse la situación de alguien que: 1) tuviera una renta básica universal; 2) gracias a los tipos de interés negativos, el banco le pagara intereses por su deuda; 3) una compañía de petróleos le pagara al comprar un barril de petróleo (a cambio él les haría el favor de llevárselo y así dejarles libre algo de capacidad de almacenamiento); 4) una compañía naviera de superpetroleros, cuyos precios de transporte hubieran caído a la misma velocidad que el Índice Báltico Seco (suponiendo, claro, que este cayera desde su nivel mínimo de febrero de 2016 hasta cero), le pagara por hacerle el favor de llevarle el barril de petróleo a casa…
Tenemos, pues, adelanto tecnológico e inteligencia artificial a la vista. Recesión y más tarde inicio de un largo período expansivo en el que esos avances darán su fruto. Ello tras haber superado el último coletazo de la crisis por la vía de una intervención del Estado cada vez mayor en la economía y, tan intensa, que al período podría llegar a calificársele como de capitalismo de Estado.
Previamente a esto, ya ha comenzado un período (que se solapará con el del capitalismo de Estado) de expropiación patrimonial en favor de parte de los que menos tienen. El jubileo de las deudas está en marcha con las políticas de los bancos centrales y sus tipos de interés negativos: una transferencia de riqueza de los ahorradores a los deudores. Una quita que no osa decir su nombre o quita «indolora».
Tras todo ello, pero empezando a la vez en pleno desarrollo de lo comentado, se iniciarán esos diecisiete años de abundancia y expansión económica que costará trabajo reconocer al principio, tal es la costumbre de vivir instalados en la crisis perpetua.
Ese será el momento de permitir que se desarrollen contratendencias que rebajen la tensión social generada por los estragos de la crisis: la creación de empleo y la mejora de la calidad de vida que las nuevas tecnologías permiten. Y las políticas de los Gobiernos encaminadas a cerrar la brecha tecnológica lo máximo posible, aunque parece que esta va a seguir amenazando de manera sostenida.

It is an important exercise to be “chartism”, comparison of historical graphs to be able to analyze the economic history. Surprising the level of detail reached by the author and a book of high level of information about the past, present and future economic.
Explains the ins and outs of finance, economics, decisions and their consequences. It is enjoyable, interesting and useful to meditate for those who believe that they not only have rights but also obligations. There are so many political conditions that nobody knows what can happen

Let us bear in mind that the ability, therefore, to see, measure, interpret and prophesy or forecast is always distorted by internal or external elements, which means that virtually everything is continuously questioned. This is something old-fashioned.
One of the most important problems facing the emerging countries is the enormous mass of debt (much of it in foreign currency and mainly in dollars) that have contracted over the last fifteen years. It was something that was also already pointed out in How to end once and for all with the markets. The difficulties to amortize it with a dollar that has appreciated strongly, adds that the flow of loans to emerging markets was halted in the second half of 2015 for the first time since 2009. It is estimated that the net flight of capital in 2015 It was close to 800 billion dollars, something that was happening for the first time since 1988.

Waiting for the next crisis, the euro, which is already beginning to be a born survivor, does not look very bad, despite the fact that in June 2015 it seemed inevitable that Greece would have to leave it. Immediately afterwards, a new crisis began, that of the refugees in the Middle East that first strengthened and deteriorated the political figure of Angela Merkel and gave Greece a negotiating weapon unthinkable a few weeks before (at the same time that it subjected its finances and its governance) to new difficulties and tensions). And this is the story, full of reversals and unforeseen events that can not be faced with linear reasoning that seems to be the only one we are normally capable of doing.
The debt continues to be renewed: in 2016, $ 3.5 trillion of United States debt with market quotation and easily transferable is due and it does not seem that there will be difficulties in renewing it, not only because the US Treasury issues on its own currency, but because it is still the most reliable of all (risk-free debt) and bondholders who mature, for the most part, will renew their investment with the new debt issued to pay the one that is due. And so on.
Among those investors who will renew the subscription in public debt of the United States is the Federal Reserve, which is due in 2016 debt that has in its portfolio for a value exceeding 200,000 million dollars. And the fact that the Central Bank of China had to begin to liquidate part of the US Treasury bonds that it had in its portfolio to fight against the depreciation of the yuan does not seem to have been an obstacle: against what many feared in linear reasoning Not only has there not been a problem of great dimension, but the US Treasury has come out well.

These are the most indebted countries in relation to their GDP:
• Japan 400%
• Ireland 390%
• Singapore 382%
• Portugal 358%
• Belgium 327%
• Netherlands 325%
• Greece 317%
• Spain 313%
When contemplating such a high volume of debt practically everywhere, it is natural to feel restlessness and doubts about whether they will be paid in the future. Well, the most likely answer is easy: the debts will not be paid, not at least the public debt, but will be renewed or canceled by the central banks.

A series of circumstances that make it highly probable that there will be a recession or a great financial scare on horseback from 2016-2017. The only strong argument against this eventuality is the massive intervention that the central banks have already carried out, injecting liquidity into the market for a total of 10 billion dollars (the ECB still has yet to inject one more) and the willingness of Continue injecting, if necessary, all that is necessary.
Raw materials are a good predictor of what is going to happen to the world economy but they are not always in a position to be able to carry out this orientation work. The same thing happens to many other economic indicators that, in some cases, give very reliable clues about what may happen in the future while in others they seem to say absolutely nothing. That is why the task of scrutinizing the future is such a complicated task.

China now has two different problem packages: some are dragged from the past and others new and to face the future. Naturally, all of them are intimately intertwined.
Among the problems of the past, there are three bubbles accumulated by the forward flight undertaken by its authorities in 2008 (not very different from the one initiated by the other countries) with increased spending and general indebtedness as well as monetary stimuli for to maintain its rate of growth in levels close to those of previous years. These three bubbles (real estate, credit and stock market) are facets of a single bubble that subsumes them, the investment bubble, since everything was destined to make investments that would keep the growth machinery accelerated at the same time as one of them, thanks to the effect wealth of the stock market rises, will end up encouraging consumption too.
The other package of problems, those related to the future, have to do with the new phase in which the Chinese economy has entered having to pass (like every economy that has matured) from being an industrial economy to another one in which the sector predominates. services. In this new phase, growth will no longer come from the massive investment in infrastructures and will be a weaker growth stage that the Chinese monetary authorities will try to compensate by lowering interest rates and reducing the mandatory reserves that banks must have in the Chinese central bank. But this combination of lower growth and lower interest rates (along with other political problems) have caused a strong outflow of capital from China, which is causing the pressure for the RMB to depreciate very high.
The evolution of the yuan is therefore a much more important signal for financial markets than the stock market crash. But, beyond the yuan, we have to look at a problem that, as happened in the West, surreptitiously grows: the debt accumulated by non-financial companies and local entities. A debt that will one day prove priceless for companies that will not be able to renew it either because they will not be viable. And that will be another insurmountable wall.
Usually the more or less long crises and well-defined recessions were characterized, among other things, precisely because of that: wealth was destroyed. That is, industries were squashed, accumulated capital was lost due to the closure of companies and assets were diminished by the fall in the price of shares on the stock market or by bankruptcy of those who had bet on the rise in the price of raw materials. Part of these losses were partially offset (in a general calculation, although not always individually) by the revaluation of the fixed income securities of the most solvent issuers, including the States. But if the recession and the crisis were accompanied by a revolution or a war, the titles issued by the States would probably end up not being reimbursed; or for being so, but only partially (until the Bolsheviks did so) victims of a withdrawal; or for becoming a perpetual debt for which interest would be charged periodically but the principal could never be redeemed (although, since everything is listed in one way or another, even the perpetual debt could be transferred to any other that was willing to buy it).
When the stock market falls, the loss of financial wealth may be only transitory (normally it is saved for broken companies and disappear), so the destruction of wealth is almost a play on words. A game that can have, nevertheless, a very real materialization for those who convert the potential handicaps that the fall of the contributions causes in real handicaps for having sold them at the wrong time. Or for those who make those sales forced by the bank or stockbroker who lent him money to buy the securities and forced him to leave them as collateral that he would pay the loan later. In that case, the obligation to present more guarantees or to repay the loan can also materialize in a forced sale that brings with it many losses.
There are winners (for example, states that have to pay less interest on the public debt), but that does not mean that families have been robbed because they have practically no financial income: in the world of the economists the metaphor often abounds and it seems that there had been a transfer of rents from the savers to the State. A fallacious argument that equals “stop winning” with “stop entering” or even “lose.” Something that, in turn, is connected with the “opportunity cost” and the “loss of earnings” and that gives for hours of beautiful and scholastic discussions.
Those colorful images in which what the State saves has been expropriated from the bondholders are tempting and serve for demagogy but are not realistic. And less if it is spoken in real terms, because these situations of very low nominal interest rates are associated with falling prices, so that sometimes lower incomes are compensated by the fall in prices.

Throughout 2015, many figures from the financial world showed their fear of a financial crisis that could be systemic. That is to say, it could shake the foundations of the international banking system and what are the so-called banking or shadow banking institutions, and that range from conventional investment funds available in any bank branch to the most sophisticated funds. of free investment. And also from the insurance companies to the pension funds, sovereign funds and even the clearing and settlement chambers. The abundance of statements was so great that the amazing thing is that the crisis in the markets had not been unleashed before, since they all have in common that they question the stability of the international financial system, although some of them also point to certain causes that have to do with the way in which it is legislated, in addition to the pure behavior of the markets.
All of them are very important and influential figures in the global financial market.
(J.Daimon / JP Morgan). In the next crisis, the ability of banks to act as a buffer will be greatly diminished by the new rules that require them to be better capitalized and maintain a higher degree of liquidity.
He also said that the increase in the demand for safe assets when a crisis comes will find that there will be a much lower amount of available Treasury bonds, since those demands for greater liquidity force to maintain those values ​​in the balance sheets of the banks.
This is what it is to put on the bandage before having the wound! The rejection of the banks to the figuratively called Volcker Law (for being the former president of the Federal Reserve who inspired it, and which became a law of truth with the name of Dodd-Frank Act), which limits its “speculative” activities makes them have the perfect excuse to defend themselves against any future accusation in case of a new financial crisis.
To the statements of Jamie Daimon were added little by little those of many more, as if a test of lobbying and public pressure was involved, and all of them pointing to the car of apocalyptic theses. Among them, a very prominent Carl Icahn (known for the OPA he has launched on huge companies) accuses the Volcker Law of eliminating a liquidity (not in the sense that there is no financing but in that there will be no way to execute transactions important without moving prices very much) that would come in handy when serious problems arise.
So have the president of HSBC or the CEOs of UBS and Blackrock.
Among the apocalyptic admonitions stand out those of the most publicly known, for their presence in the media: Bill Gross (for him “the end approaches”); Stanley Druckenmiller (former colleague of George Soros); Georges Soros himself, who has displeased the Chinese authorities because he has pointed to his country as the center of the coming crisis (and Soros has a reputation that where he sets his eye he puts the bullet: he already said something similar about Russia in 1998 and this ended up suspending payments); Ray Dalio (who happens to be one of the best managers and manages the largest free investment fund); Jeremy Grantham or Stephen Roach, of Morgan Stanley.
The IMF has also made criticisms of this type and as a trigger for a possible crisis pointed to the lack of liquidity while criticizing the Federal Reserve for the rise in interest rates in December 2015 as a way to tempt fate.
It’s funny but this kind of warnings have been made since time immemorial: in the nineties, Henry Kauffman made reference to investment funds and warning against the time when all the participants wanted to be reimbursed at the same time their money , and ten years later, in 2003, Barton Biggs from his role as a distinguished analyst at Morgan Stanley, referring to funds that invested in convertible bonds.
The most surprising thing of all this is that, without doubting the good intentions of whoever makes the warnings, a preventive defense mechanism is set in motion so that, when that crisis finally arises, it can always be said, those who expressed it, “I already said it”: 1) that there would be a crisis of enormous proportions, and 2) that the markets would not be prepared to face it because of the new regulations that came into force after the events of Lehman Brothers and the disastrous consequences they had for the world economy.
Possibilities of crisis:
1. The longevity of the current economic expansion of the United States: by the end of 2016, 90 months have elapsed since the start of the last expansionary cycle. It will be, therefore, the fourth longest expansion in the history of the 33 economic cycles documented in American history since 1857 (practically ex aequo with the third one that lasted 92 months).
2. It would also meet the criterion of (if someone would one day accept that in the second half of 2012 there was a short recession in the United States) there would be 51 average months after the peak of the previous cycle.
3. The rise in interest rates in the United States has already begun and, although the rate of rise seems to be slow, it has not been so for the long-term real interest rate during 2015: in June it reached 2.24% (after having passed at some point of the year by 2.60%) and having previously decreased to -1.91% in December 2011. In other words, the real interest rate at ten years in the United States has up 4.51% in the last four years.
4. The fall in the price of raw materials, to which much space has been devoted in previous chapters and which seems to be a sufficient condition for a recession or a stock market crash or a crisis in emerging countries with between zero and five years of delay since the fall began. And it’s been five years.
5. The difficulties in emerging countries when raw materials fall so much in price. This, which is trivial, has taken a long time to be recognized but it is already too big an evidence to deny: Russia and Brazil have been in recession for more than a year. The stock exchanges and the international quotation of the currencies of the emerging countries fell sharply between 2014 and 2016.
6. Developed countries producing raw materials such as Canada, were also in recession at the end of 2015. Others flirted with it, like Japan, or some of the Europeans like Finland (in a slight recession for some time) or Switzerland.
7. Stagnation in world trade: throughout 2015 world trade showed signs of weakening and, even towards the month of May it fell by 4.5% compared to December 2014. It subsequently recovered but for the whole of year the figures pointed, with the data of November, to a stagnation in the best of cases.
8. Something very disturbing, such as the persistent fall of the Dry Baltic Index, which was at the beginning of 2016 at less than half of what had been its 2008 minimum and at half its historical minimum (the index was created in 1985).
9. The rise in the cost of financing for companies that issue high profitability (junk bonds) that reflects how the probability of non-payment of their financial obligations by these companies has grown in the last two years. One way in which this has been reflected is the rise in the CDS (Credit Default Swaps) indexes that measure the cost of insuring against the non-payment of that type of bonds. One of those indices, the five-year iTraxx Crossover, has risen to levels close to 500, after having been in little more than 200 two years ago. In 2007/2008, when this happened, the crisis was about to unleash with all its virulence.
10. In Spain, the European Commission’s commitment to enforce the deficit target for 2016 could be an additional risk, accumulating in this year the “non-adjustment” of 2015, the electoral year and not very appropriate for cutting spending.

The danger that China now represents for the global economy has already been discussed in previous chapters and will probably be an important element among those that will trigger the recession. In fact, since 2011 it is already dragging the whole world towards lower growth.
The transmission belt of the Chinese slowdown to the rest of the world has been made initially by the fall of the price of raw materials. This has led to the economic slowdown in all the countries that are exporters of raw materials.
After that, there is a boomerang effect: the emerging countries import less products from the developed countries (and from China too), which gives feedback and expands the initial economic slowdown.
Among the many dangers for the future of international finance is the throbbing of shadow banking. The size that it has acquired in China was a risk that did not exist in 2008. Now it is an added negative factor.
Shadow banking is any banking activity, off-balance sheet, that is not subject to the controls of the central bank of the country in question. The volume of its assets has increased greatly in the last twenty years and already played a crucial role as trigger for the financial crisis of 2007. In that case it was about what in the United States and Europe were called “special investment vehicles” or “conduits” that are what broke the bank on both sides of the Atlantic.
It is striking the role so little relevant that has had in Spain, unless you want to include collective investment in the concept of shadow banking (which would be an abusive expansion). Spanish banks did try to create these special investment vehicles before 2008, like their counterparts in other countries, but the Bank of Spain demanded that they provision what was out of balance.
Among the factors that can aggravate the next recession is the level of debt, which has grown 57 trillion dollars since 2007, which represents 17% more in relation to world GDP. According to the Mckinsey Global Institute, in 2007 total debt was the equivalent of 142 trillion dollars (269% of GDP) while at the end of 2014 it was 199 trillion (286% of GDP). The increase in public debt would have been 25 trillion dollars.
The debt of the Chinese economy in the meantime has multiplied by four from 7 to 28 trillion dollars in the period mentioned, partly due to the financing of the real estate bubble and partly due to the growth of shadow banking.

In the future there may be a paradox that if the process just described were to end in some country, the situation could arise for someone who: 1) had a universal basic income; 2) Thanks to negative interest rates, the bank will pay interest on your debt; 3) a petroleum company will pay you to buy a barrel of oil (in exchange he would do them the favor of taking it away and thus letting them free some storage capacity); 4) a supertanker shipping company, whose transport prices would have fallen at the same speed as the Dry Baltic Index (assuming, of course, that it fell from its minimum level of February 2016 to zero), will pay you to do the favor of bring the barrel of oil home …
We have, then, technological advancement and artificial intelligence in sight. Recession and later start of a long expansive period in which these advances will bear fruit. This is after having overcome the last collapse of the crisis through the intervention of the State increasing in the economy and, so intense, that the period could come to be described as state capitalism.
Prior to this, a period (which will overlap with that of state capitalism) of patrimonial expropriation in favor of those who have less has already begun. The debt jubilee is under way with the policies of central banks and their negative interest rates: a transfer of wealth from savers to debtors. A removes that does not dare to say his name or removes «painless».
After all this, but beginning at the same time in full development of what has been said, will begin those seventeen years of abundance and economic expansion that will be hard to recognize at first, such is the habit of living installed in the perpetual crisis.
That will be the moment to allow counter-tendencies to develop that reduce the social tension generated by the ravages of the crisis: the creation of employment and the improvement of the quality of life that new technologies allow. And the policies of the governments aimed at closing the technological gap as much as possible, although it seems that this will continue to threaten in a sustained manner.

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