Anarquismos No Occidentales — Jason Adams / Non-Western Anarchisms: Rethinking the Global Context by Jason Adams

Este breve libro con el subtítulo de “reflexiones sobre el contexto global”, es interesante frente al poder catalizador de Occidente como un todo.
El anarquismo, en el primer cuarto del siglo XX, fue el mayor movimiento antisistema en casi todas las partes del mundo, no solo en Occidente. Si tenemos en cuenta que más de tres cuartas partes de la población mundial se hallan fuera de Occidente, rápidamente queda claro que el anarquismo en realidad puede atribuirse un mayor número de seguidores fuera de Occidente que en su interior. Por lo tanto, es justo decir que el anarquismo no solo ha sido un movimiento mundialmente significativo desde su mismo comienzo, sino que desde sus inicios ha sido también un movimiento principalmente no occidental. Este hecho básico se confirmó con el surgimiento de la segunda ola del anarquismo, que abarca desde finales de la década de 1960 hasta principios de los 70, en India, Argentina, México y Sudáfrica. A su vez, la tercera ola del anarquismo, que ha alcanzado la popularidad desde finales de la década de 1990 hasta el presente.

En muchas partes de Asia, el anarquismo fue el principal movimiento de izquierda radical en el primer cuarto del siglo XX. Esto ha de considerarse muy relevante para el proyecto anarquista, porque, dentro del contexto mundial, China es de lejos el país más poblado, con más de 1200 millones de personas. India es el segundo en población, con algo más de 1000 millones. Los dos países albergan más de una quinta parte de la población mundial, respectivamente, y en cada uno de ellos el pensamiento anarquista ha alcanzado un nivel de importancia política sin parangón en los Estados–nación más pequeños de Asia.
En China, el anarquismo alcanzó la cima de su popularidad durante la ilustración china, también conocida como el Movimiento de la Nueva Cultura. El anarquismo pudo afianzarse sirviéndose de las influyentes ideas occidentales de liberalismo, cientificismo y progreso. Y, paradójicamente, gracias a la nueva percepción de China como Estado–nación en un mundo descentralizado y cosmopolita de Estados–nación en lugar de como centro de toda cultura, dio lugar al surgimiento de una ideología que exigía la abolición del Estado–nación.
La Asociación Republicana Indostánica y la organización juvenil Naujawan Bharat Sabha, en las cuales Singh participó activamente. A pesar de su reticencia inicial, a mediados de los años 1920 Singh comenzó a aceptar la estrategia de armar a la población india en general con el fin de expulsar a los británicos del país. Al servicio de esta misión viajó por todo el país organizando milicias populares, sumando en el proceso un gran número de seguidores. En 1928, esta estrategia de revuelta armada organizada dio paso a apoyar abiertamente actos individuales de martirio y terrorismo en un artículo que Singh publicó en el periódico proindependentista Kirti. En otros números de ese mismo periódico publicó su famoso ensayo «Por qué soy ateo», así como varios artículos sobre anarquismo. En los artículos anarquistas, Singh equiparó la idea india tradicional de hermandad universal con el principio anarquista de sin gobernantes, centrándose sobre todo en la importancia primordial de alcanzar la independencia de cualquier autoridad externa.

El anarquismo africano temprano se desarrolló a lo largo de ambas costas del continente, principalmente en el ámbito de las ciudades portuarias con diversidad étnica del norte y el sur de África. Aparte de una pequeña cantidad de literatura sobre estos movimientos, se ha publicado muy poco sobre el tema. Como en el caso indio, esto cabe atribuirlo en parte a que aquí se trata más de un movimiento coherente basado en ideologías que de una historia del anarquismo. Pero también se debe en parte a la hegemonía de sistemas de Estado–nación de carácter capitalista–imperialista o de sistemas postcoloniales socialistas africanos en toda la región. El mayor movimiento anarquista del continente en el primer cuarto del siglo XX fue el de Sudáfrica.
A finales del siglo XIX, Malatesta buscó refugio aquí después del intento de asesinato del rey Umberto I, al igual que Luigi Galleani en el año 1900. Pronto, las ideas anarquistas de la comunidad italiana se difundirían entre los trabajadores inmigrantes griegos, que pasarían a organizar un sindicato de orientación anarquista para zapateros en Alejandría. Sin embargo, hay pocas pruebas de que las ideas anarquistas se difundiesen de forma significativa fuera de las comunidades inmigrantes y hacia las propias comunidades egipcias nativas (Stiobhard).
Túnez y Argelia fueron los otros dos países en los que se afianzó el anarquismo. La ciudad portuaria de Túnez, en el norte del país, disponía de un movimiento anarquista entre los inmigrantes italianos, que, como en Egipto, se dedicaron a publicar varias revistas, como L’Operaio y La Protesta Umana. La segunda la publicó el conocido panfletista Luigi Fabbri, que entonces vivía en Túnez. Además, en la ciudad portuaria de Argel, en el norte de Argelia, se centraba un cúmulo importante de actividad anarquista, incluyendo varios periódicos anarquistas como L’Action Revolutionnaire, Le Tocsin, Le Libertaire y La Marmite Sociale.

El desarrollo del anarquismo en América Latina fue un proceso moldeado por la naturaleza singular de cada uno de los países de la región, así como por los factores que muchos de ellos tenían en común. Algo que todos tenían en común era su relación subordinada a la Doctrina Monroe de 1823, que mantuvo a las Américas bajo la tutela del país que arrogantemente se refiere a sí mismo como la única América —es decir, Estados Unidos—. De hecho, poco después de conseguir la independencia de España y Portugal, el hemisferio occidental se volvió a colonizar de manera rápida —de forma no oficial— en nombre de los intereses de EE. UU. Fue en este contexto subordinado en el que surgieron los primeros movimientos anarquistas en América Latina, con demasiada frecuencia bajo la mano de hierro de dictadores impuestos desde arriba, en el Norte.
Como en Argentina, el movimiento anarquista de Uruguay estaba principalmente compuesto por trabajadores inmigrantes europeos procedentes de sociedades industrializadas. Por eso el anarquismo en los primeros años fue principalmente un movimiento más de la clase obrera que del campesinado. Aquí también fue el mayor movimiento revolucionario del primer cuarto del siglo XX. El movimiento estaba basado fundamentalmente en Sociedades de Resistencia a partir de grupos de afinidad, afiliadas a la FORU, que se formó en 1905. Malatesta terminó involucrándose pronto en la FORU, inclinándola hacia el comunismo libertario de Kropotkin y alejándola del colectivismo anarquista de Bakunin.
La Revolución mexicana tuvo una fuerte repercusión en el movimiento anarquista cubano, y los hermanos Magón lograron introducirse en Cuba varias veces, tanto a través de las páginas de Regeneración como en persona. Pero el movimiento anarquista cubano cayó finalmente en un periodo de pronunciado declive con el surgimiento de la Revolución de Octubre. Sin embargo, permanece el recuerdo de que fueron los anarquistas quienes allanaron el camino en Cuba para el movimiento sindicalista y la revolución socialista que se produciría más adelante.

Antes de la creación del Estado israelí, en el primer cuarto del siglo XX, ya estaba en marcha un movimiento anarquista, tanto entre los palestinos como entre los judíos, que se opuso a la creación de un Estado judío y trabajó en cambio por una sociedad de judíos y árabes, sin Estado, de democracia directa y pluralista. Sectores anarquistas del movimiento comunitario, inspirados por la colaboración de destacados anarquistas judíos como Gustav Landauer y Rudolf Rocker, establecieron las bases para el primer movimiento de kibutz en Palestina y, según Noam Chomsky, este era el significado original del término «sionista». Los sionistas comunitarios originales se oponían a la creación del Estado, ya que esto «requeriría repartirse el territorio y marginar, por motivos religiosos, a una parte importante de su población pobre y oprimida, en vez de unirla a partir de principios socialistas». De los comunitarios anarquistas de esa época, uno de los más importantes fue Joseph Trumpeldor, que atrajo a miembros del primer kvutzo hacia el pensamiento comunista libertario de Piotr Kropotkin.

Hoy, en Oriente Medio, el anarquismo ha crecido especialmente en aquellos países en los que surgieron movimientos relativamente pequeños a principios del siglo XX, en su mayoría entre inmigrantes. Las comunidades anarquistas italianas en las ciudades portuarias de Turquía y Líbano se han extendido desde la década de 1980 hasta las poblaciones locales, a menudo a través de la cultura punk. Por ejemplo, desde mediados de la década de 1990, un grupo libanés llamado Libertad Alternativa (Al Badil al Thariri) ha estado enviando delegados a los encuentros anarquistas internacionales, así como redactando informes sobre el movimiento anarquista local y traduciendo obras anarquistas al árabe.
Por toda África en general, el capitalismo se está volviendo más y más inviable, un proceso descendente del que el socialismo africano ya ha caído en gran medida como resultado. Más allá de las crisis del capitalismo y del socialismo, el sistema de Estado–nación postcolonial también amenaza con ceder inminentemente bajo el peso de la presión desde abajo: las sociedades sin Estado sobre las que se apuntaló con el fin de facilitar el imperialismo y el capitalismo no pueden funcionar en el contexto de semejante cuerpo extraño. De hecho, Mbah ha afirmado bien claramente que la violencia y los disturbios étnicos que se ven por todo el continente representan «el principio del colapso del sistema de Estado–nación moderno». Continúa diciendo que «el surgimiento de una nueva generación furiosa durante este caos es un factor importante para determinar cómo y en qué dirección se resuelve la crisis actual.

This short book with the subtitle “Reflections on the global context”, is interesting in front of the catalytic power of the West as a whole.
Anarchism, in the first quarter of the 20th century, was the largest anti-system movement in almost every part of the world, not just in the West. If we take into account that more than three quarters of the world’s population are outside the West, it quickly becomes clear that anarchism can actually claim a greater number of followers outside the West than inside it. Therefore, it is fair to say that anarchism has not only been a worldwide significant movement since its very beginning, but since its inception has also been a movement mainly non-Western. This basic fact was confirmed with the emergence of the second wave of anarchism, which spans from the late 1960s to the early 1970s, in India, Argentina, Mexico and South Africa. In turn, the third wave of anarchism, which has reached popularity since the late 1990s to the present.

In many parts of Asia, anarchism was the main radical left movement in the first quarter of the 20th century. This has to be considered very relevant for the anarchist project, because, within the global context, China is by far the most populated country, with more than 1200 million people. India is the second in population, with just over 1000 million. The two countries hold more than a fifth of the world’s population, respectively, and in each of them anarchist thought has reached a level of political importance unparalleled in the smallest nation-states of Asia.
In China, anarchism reached the peak of its popularity during the Chinese Enlightenment, also known as the New Culture Movement. Anarchism was able to take hold using the influential Western ideas of liberalism, scientism and progress. And, paradoxically, thanks to the new perception of China as a nation-state in a decentralized and cosmopolitan world of nation-states instead of as the center of all culture, it gave rise to an ideology that demanded the abolition of the nation-state.
The Hindustani Republican Association and the youth organization Naujawan Bharat Sabha, in which Singh actively participated. Despite its initial reluctance, in the mid-1920s Singh began to accept the strategy of arming the Indian population in general in order to expel the British from the country. At the service of this mission he traveled throughout the country organizing popular militias, adding in the process a large number of followers. In 1928, this strategy of organized armed revolt gave way to openly supporting individual acts of martyrdom and terrorism in an article that Singh published in the proindependentist newspaper Kirti. In other issues of that same newspaper he published his famous essay “Why I Am Atheist”, as well as several articles on anarchism. In the anarchist articles, Singh equated the traditional Indian idea of ​​universal brotherhood with the anarchist principle of no rulers, focusing primarily on the paramount importance of achieving the independence of any external authority.

Early African anarchism developed along both coasts of the continent, mainly in the area of ​​port cities with ethnic diversity in the north and south of Africa. Apart from a small amount of literature on these movements, very little has been published on the subject. As in the Indian case, this can be attributed in part to the fact that here it is more a coherent movement based on ideologies than a history of anarchism. But it is also partly due to the hegemony of nation-state systems of a capitalist-imperialist nature or post-colonial African socialist systems throughout the region. The largest anarchist movement in the continent in the first quarter of the 20th century was that of South Africa.
At the end of the 19th century, Malatesta sought refuge here after the attempted assassination of King Umberto I, as did Luigi Galleani in the early 1900s. Soon, the anarchist ideas of the Italian community would spread among the Greek immigrant workers, who would pass to organize an anarchist oriented union for shoemakers in Alexandria. However, there is little evidence that anarchist ideas were disseminated significantly outside the immigrant communities and towards the native Egyptian communities themselves (Stiobhard).
Tunisia and Algeria were the other two countries in which anarchism took hold. The port city of Tunisia, in the north of the country, had an anarchist movement among Italian immigrants, who, like in Egypt, dedicated themselves to publishing several magazines, such as L’Operaio and La Protesta Umana. The second was published by the well-known pamphleteer Luigi Fabbri, who was then living in Tunisia. In addition, in the port city of Algiers, in the north of Algeria, an important cluster of anarchist activity was centered, including several anarchist newspapers such as L’Action Revolutionnaire, Le Tocsin, Le Libertaire and La Marmite Sociale.

The development of anarchism in Latin America was a process shaped by the unique nature of each of the countries in the region, as well as by the factors that many of them had in common. Something they all had in common was their subordinate relationship to the Monroe Doctrine of 1823, which kept the Americas under the tutelage of the country that arrogantly refers to itself as the only America – that is, the United States. In fact, shortly after gaining independence from Spain and Portugal, the Western Hemisphere quickly colonized again-unofficially-in the name of US interests. UU It was in this subordinate context that the first anarchist movements in Latin America emerged, all too often under the iron hand of dictators imposed from above in the North.
As in Argentina, the anarchist movement in Uruguay was mainly composed of European immigrant workers from industrialized societies. That is why anarchism in the first years was mainly a movement of the working class more than of the peasantry. Here, too, it was the greatest revolutionary movement of the first quarter of the twentieth century. The movement was based mainly on Resistance Societies from affinity groups, affiliated to the FORU, which was formed in 1905. Malatesta soon became involved in the FORU, inclining it towards the libertarian communism of Kropotkin and away from the anarchist collectivism of Bakunin.
The Mexican Revolution had a strong impact on the Cuban anarchist movement, and the Magón brothers managed to enter Cuba several times, both through the pages of Regeneration and in person. But the Cuban anarchist movement finally fell into a period of sharp decline with the emergence of the October Revolution. However, the memory remains that it was the anarchists who paved the way in Cuba for the syndicalist movement and the socialist revolution that would take place later on.

Before the creation of the Israeli State, in the first quarter of the 20th century, an anarchist movement was already underway, both among Palestinians and Jews, which opposed the creation of a Jewish state and worked instead for a society of Jews and Arabs, without State, of direct and pluralist democracy. Anarchist sectors of the community movement, inspired by the collaboration of leading Jewish anarchists such as Gustav Landauer and Rudolf Rocker, laid the groundwork for the first kibbutz movement in Palestine and, according to Noam Chomsky, this was the original meaning of the term “Zionist.” The original community Zionists opposed the creation of the State, since this would “require the division of the territory and the marginalization, for religious reasons, of an important part of its poor and oppressed population, instead of uniting it on the basis of socialist principles.” Of the community anarchists of that time, one of the most important was Joseph Trumpeldor, who attracted members of the first Kvutzo to the libertarian communist thought of Piotr Kropotkin.

Today, in the Middle East, anarchism has grown especially in those countries where relatively small movements emerged at the beginning of the 20th century, mostly among immigrants. Italian anarchist communities in the port cities of Turkey and Lebanon have extended from the 1980s to the local populations, often through punk culture. For example, since the mid-1990s, a Lebanese group called Alternative Freedom (Al Badil al Thariri) has been sending delegates to international anarchist meetings, as well as writing reports on the local anarchist movement and translating anarchist works into Arabic.
Across Africa in general, capitalism is becoming more and more unviable, a process downward from which African socialism has already largely fallen as a result. Beyond the crises of capitalism and socialism, the postcolonial nation-state system also threatens to collapse imminently under the weight of pressure from below: the stateless societies on which it has supported itself in order to facilitate imperialism and the Capitalism can not work in the context of such a foreign body. In fact, Mbah has clearly stated that the violence and ethnic disturbances seen throughout the continent represent “the beginning of the collapse of the modern nation-state system.” He goes on to say that “the emergence of a furious new generation during this chaos is an important factor in determining how and in what direction the current crisis is resolved.

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