Las páginas secretas de la historia: Hechos insólitos e inquietantes enigmas de todas las épocas — José María Zavala / The Secret Pages Of History: Unusual Facts And Disturbing Enigmas Of All Ages by José María Zavala (spanish book edition)

Este es un interesante libro sobre cuestiones no tan conocidas de la historia. Cada una de las 101 «páginas secretas» que Zavala nos brinda en este libro constituye un pasaje de ida y vuelta a los tiempos del mítico gánster Al Capone, del pirata Barbanegra, del primer y único emperador en la historia de Estados Unidos (Norton I), o de Lewis Carroll, el autor de Alicia en el país de las maravillas, el matemático que hacía soñar despiertos a los niños.
¿Quién fue la última víctima de la Inquisición? ¿Por qué el jefe apache Cochise creía en los milagros? ¿Qué escondían los cuatro ataúdes de los nazis? ¿Cómo murió Stalin? ¿Quién fue el Quasimodo español? ¿Qué revelaba el expediente secreto sobre la muerte del Príncipe de Asturias? ¿Cuál fue el increíble caso del carnero embrujado? ¿Por qué Estados Unidos atacó… ¡Pearl Harbor!?, y muchos más.

Sin embargo el pero que podemos poner a este libro sin duda es que por momentos es muy esquemático pero es entretenido, riguroso y ameno. Ha sido un acierto de poder este libro. Muy recomendable para todos los públicos, tanto si te gusta la historia como si no eres muy aficionado.

-La infanta Beatriz de Borbón se enamoró perdidamente del también moreno y apuesto Miguel Primo de Rivera, cinco años mayor que ella. Beatriz y Miguel dieron largos paseos a caballo por los pinares del Puente de los Franceses; se les vio también participar juntos en varias pruebas hípicas en el Real Sitio de El Pardo. Hasta que un día el dictador Primo de Rivera, padre de Miguel, acabó con aquella relación. ¿Qué inconfesable razón le indujo a hacerlo, aun poniendo en riesgo la felicidad de su propio hijo? Bastó con pronunciar una sola palabra maldita: hemofilia, sinónimo de peste sanguínea.
La propia infanta Beatriz fue consciente de haber sido uno de los peores partidos de la realeza europea: «Siempre tuvimos —confesaba ella— la preocupación de si podíamos transmitir la hemofilia y así se lo decíamos a cada uno de los posibles “novios”… y algunos se escapaban y era mejor así».

-Muy pocos saben hoy que dos hermanos del ex jefe del Gobierno, José Canalejas, perecieron también de forma trágica en su infancia. La especie de maldición que asoló a esta conocida saga familiar se cebó primero con Luisa Canalejas Méndez, fallecida con sólo seis años, el 6 de julio de 1863.
A su hermano Alejandro, nacido en agosto de 1866, le sobrevino también la muerte el 2 de octubre de 1867… ¡con tan sólo catorce meses! La aterradora mortalidad infantil, aun en los alcázares, era consecuencia también del discreto progreso de la medicina en aquella época en la que existían enfermedades letales que luego fueron vencidas, como las terribles epidemias de cólera.
«Esta mortalidad infantil —advertía con razón el célebre doctor Manuel Izquierdo en pleno siglo XX— se ha reducido en proporciones tales, que muy otra hubiese sido la historia de España de existir entonces los conocimientos que hoy poseemos.

-(los catalanes de Franco) Hubo otros muchos catalanes que no murieron en el frente, sino en la retaguardia. Como los catedráticos Ramón Casamada y Javier Palomas, quienes junto con el profesor auxiliar Tayá Filella pertenecían a la facultad de Farmacia. Una tarde, hallándose los tres en el domicilio de Casamada, irrumpió en él un grupo de milicianos y se los llevó detenidos a la checa de San Elías, donde poco después fueron asesinados con vileza.
Jueces, magistrados y fiscales tampoco se libraron de las purgas. La primera víctima fue el fiscal catalán José Luis Prat, a quien los milicianos detuvieron en pleno día en la Audiencia, asesinándole horas después en la Rabassada. Antonio Bruyel, magistrado de Primera Instancia del Juzgado número 7, fue sacrificado junto con su hijo; lo mismo que el fiscal Ezequiel Cuevas y que el también magistrado José Márquez Caballero, que ocupaba el Juzgado de Primera Instancia número 6.

-¿Qué escondían en realidad esos cuatro catafalcos? Ni más ni menos que los restos mortales de tres de los militares más laureados de toda Alemania: el rey Federico Guillermo I (1688-1740), padre y organizador del ejército prusiano; el rey Federico el Grande (1712-1786), hijo del anterior, y el mariscal Paul von Hindenburg (1847-1934), ex presidente de la República de Weimar. El cuarto ataúd contenía los restos de frau Von Hindenburg, esposa del mariscal.
Sólo tres semanas antes, los nazis, por expreso deseo de Hitler, habían ocultado aquellos restos para mantenerlos escondidos hasta que tuviesen ocasión de exaltar con ellos una nueva generación alemana dispuesta a nuevas conquistas bélicas.

-el jefe del aparato militar de ETA, Javier Arizkuren Ruiz, alias «Kantauri», apostó de nuevo por el rifle de alta precisión poniendo precio a la cabeza del rey en poco más de once millones de las antiguas pesetas (66.000 euros). Una cantidad irrisoria para un atentado semejante, que me dejó boquiabierto nada más calcularla. ¿Tan poco dinero se necesitaba para matar al mismísimo jefe del Estado?
0,8 Remington, fabricado por Daniel Dekaise en Wavre (Bélgica), con el número de serie 3.782, correspondiente al fusil militar Mauser modelo Kar-98 del que era una réplica. Su valor en el mercado se situaba en 150.000 pesetas. Pero si al precio del rifle se sumaba el de todos sus componentes extra, su cotización alcanzaba entonces las 372.000 pesetas.
De hecho, el fabricante sustituyó la carcasa original de madera por otra sintética de la marca Ram Line, modelo Mauser STM 2198, de la empresa Ram Enterprises Inc., con sede en California, Estados Unidos, valorada en 30.000 pesetas.
Además, Daniel Dekaise acopló a la carcasa del fusil un bípode de la marca Harris, modelo 1A2 Ultralight, fabricado por Harris Corporation Military en Melbourne, Estados Unidos, cuyo precio era de 12.000 pesetas.
El rifle estaba dotado de un visor Zenison, fabricado por Hakko Co. Ltd. en Tokio, valorado en 125.000 pesetas. La mira telescópica iba instalada sobre una montura marca Leupold, modelo ST-1, de la compañía Leupold & Stevens Inc. de Oregón, Estados Unidos, cuyo precio era de 15.000 pesetas.
Para despistar a las fuerzas de seguridad sobre la procedencia del disparo, el arma llevaba incorporado un distorsionador valorado en unas 40.000 pesetas.
Kantauri entregó al jefe del comando, Juan José Rego Vidal, 1.000.000 de pesetas para sus gastos de viaje y alojamiento en Palma de Mallorca, donde debía localizar el piso desde el que Sertucha dispararía contra el monarca.
¿Tenía García Sertucha pericia con el rifle de precisión? En la misiva requisada por la Policía que logré interceptar, él mismo comentaba a su antigua novia Nicolasa tras recoger unas gafas en la óptica: «Ya tengo prismáticos, qué pasada, cuando me los quito no veo ni torta. Me parece que no te he dicho lo que tengo: una en cada ojo y 0,25 de no sé qué ostras, yo pensaba que iba a tener más. Me han dicho que si hubiera ido antes se me hubiera corregido».
¿Por qué entonces él? El general Andrés Cassinelo, ex jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil y de la lucha antiterrorista, con quien me entrevisté el 28 de enero de 1998, me dijo: «En el mundo de ETA no hay tantos tiradores expertos. Tenía que ser uno que estuviera dispuesto a hacer eso… y que estuviera limpio para poder pasar la frontera».

-El filósofo español George Santayana proclamaba esta gran verdad: «La nación que no conoce la historia se ve condenada a repetirla». Y la historia de la Grecia Antigua es un claro paradigma de cómo la auténtica libertad, que conduce al éxito del bien común, puede desvanecerse sin remedio.
Grecia, de hecho, fue un imperio repleto de esplendor hasta que la relajación se apoderó de sus ciudadanos como un brote de peste letal. En la etapa final del imperio, los atenienses renunciaron paulatinamente a la libertad como garante de todas sus conquistas, supliéndola por la seguridad y todo tipo de comodidades. ¿A qué condujo todo eso al final? A la desolación más absoluta. Lo perdieron todo: seguridad, comodidad… y libertad. Los ciudadanos pensaron desde entonces más en ellos y menos en el Estado, buscando mil formas de librarse de sus responsabilidades. El imperio quedó sumido en el egoísmo de sus habitantes.

-Kepler falleció en la ruina. Hasta su misma muerte, la tremenda odisea de este gran científico no obtuvo recompensa. Enfermo y deseoso de asegurar el porvenir de su esposa y de sus hijos, viajó a Ratisbona con la esperanza de que el Parlamento, cuya sede estaba allí, le pagase los casi doce mil florines que le adeudaban desde hacía años. Tan precaria era su salud, que tan sólo trece días después de llegar a Ratisbona aquejado de calenturas, falleció. Era el 15 de noviembre de 1630.
Ni siquiera después de su muerte, el pobre Kepler obtuvo un merecido descanso. Negaron la sepultura de sus restos en el interior del recinto de Ratisbona. A los tres años de su entierro, los soldados arrancaron las lápidas del cementerio para emplearlas en obras de fortificación, y así desapareció todo vestigio de su tumba, fagocitada por esa misma Tierra a la que él tanto observó.

-El general Howard aceptó en nombre del presidente de Estados Unidos todas las condiciones de paz propuestas por Cochise. Algo sin precedentes en la historia del país. Concedió así a los chiricahuas un territorio reservado que comprendía todos los antiguos cazaderos apaches, y reconoció al capitán Jeffords como representante de los indios. También se comprometió a que no hubiese tropas en el territorio reservado, y a que la palabra de honor de Cochise fuese aceptada como única garantía de cumplimiento por parte de los apaches.
En presencia del general Howard y de sus guerreros de confianza, Cochise sentenció: «A partir de ahora, el blanco y el indio beberán de la misma agua, comerán del mismo pan y vivirán en paz». Previamente, la elocuencia de las palabras del general Howard y la espiritualidad que de ellas se desprendía habían logrado impresionar a Cochise, hasta el punto de hacerle firmar la paz.

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This is an interesting book about not so well known issues in history. Each one of the 101 “secret pages” that Zavala gives us in this book constitutes a passage back and forth to the times of the mythical gangster Al Capone, of the pirate Blackbeard, of the first and only emperor in the history of the United States (Norton I ), or Lewis Carroll, the author of Alice in Wonderland, the mathematician who made children daydream.
Who was the last victim of the Inquisition? Why did the Apache chief Cochise believe in miracles? What were the four caskets of the Nazis hiding? How did Stalin die? Who was the Spanish Quasimodo? What revealed the secret file on the death of the Prince of Asturias? What was the incredible case of the haunted ram? Why the United States attacked … Pearl Harbor! ?, and many more.

However, the one that we can put to this book without a doubt is that at times it is very schematic but it is entertaining, rigorous and enjoyable. It has been a success to be able to this book. Highly recommended for all audiences, whether you like history or if you are not very fond.

-The Infanta Beatriz de Borbón fell madly in love with the also dark and handsome Miguel Primo de Rivera, five years older than her. Beatriz and Miguel took long horseback rides through the pine forests of the Bridge of the French; they were also seen participating in several horse trials at the El Pardo Royal Site. Until one day the dictator Primo de Rivera, Miguel’s father, ended that relationship. What shameful reason induced him to do so, even putting the happiness of his own son at risk? It was enough to say a single cursed word: hemophilia, synonymous with blood plague.
The Infanta Beatriz herself was aware of being one of the worst parties of European royalty: “We always had,” she confessed, “the concern of whether we could transmit hemophilia and so we told each of the possible” boyfriends “… and some escaped and it was better that way ».

– Very few know today that two brothers of the ex- head of the Government, Jose Canalejas, perished also of tragic form in his childhood. The kind of curse that ravaged this familiar family saga was first struck with Luisa Canalejas Méndez, who died when she was only six years old, on July 6, 1863.
His brother Alejandro, born in August 1866, also suffered death on October 2, 1867 … with only fourteen months! The frightful infantile mortality, even in the alcazars, was also a consequence of the discreet progress of medicine at that time when there were deadly diseases that were later overcome, such as the terrible epidemics of cholera.
“This infant mortality,” the famous doctor Manuel Izquierdo rightly warned in the twentieth century, “has been reduced in such proportions that it would have been very different for Spain’s history to have the knowledge we have today.

– (Franco’s Catalans) There were many other Catalans who did not die on the front, but in the rear. Like the professors Ramón Casamada and Javier Palomas, who together with the assistant professor Tayá Filella belonged to the Faculty of Pharmacy. One afternoon, when the three of them were in Casamada’s house, a group of militiamen broke into him and took them to the Czech prison of San Elias, where they were murdered with vileness shortly afterwards.
Judges, magistrates and prosecutors also did not get rid of the purges. The first victim was the Catalan prosecutor José Luis Prat, whom the militia detained in broad daylight at the Audiencia, assassinating him hours later in the Rabassada. Antonio Bruyel, magistrate of First Instance of Court number 7, was sacrificed along with his son; the same as the prosecutor Ezequiel Cuevas and the also magistrate José Márquez Caballero, who occupied the Court of First Instance number 6.

– What really hid those four catafalque? Neither more nor less than the mortal remains of three of the most successful military men in Germany: King Frederick William I (1688-1740), father and organizer of the Prussian army; King Frederick the Great (1712-1786), son of the former, and Marshal Paul von Hindenburg (1847-1934), former president of the Weimar Republic. The fourth coffin contained the remains of Frau Von Hindenburg, marshal’s wife.
Only three weeks before, the Nazis, by Hitler’s express wish, had hidden those remains to keep them hidden until they had the opportunity to exalt with them a new German generation ready for new warlike conquests.

-the head of the ETA military apparatus, Javier Arizkuren Ruiz, alias «Kantauri», bet again for the high-precision rifle, putting a price on the king’s head in just over eleven million pesetas (66,000 euros). A ridiculous amount for a similar attack, which left me speechless just calculating it. So little money was needed to kill the very head of the State?
0.8 Remington, manufactured by Daniel Dekaise in Wavre (Belgium), with serial number 3,782, corresponding to the Mauser military rifle model Kar-98 of which it was a replica. Its market value stood at 150,000 pesetas. But if the price of the rifle was added to all of its extra components, its quotation then reached 372,000 pesetas.
In fact, the manufacturer replaced the original wooden housing with another synthetic Ram Line brand, model Mauser STM 2198, Ram Enterprises Inc., based in California, United States, valued at 30,000 pesetas.
In addition, Daniel Dekaise attached to the rifle shell a bipod of the Harris brand, model 1A2 Ultralight, manufactured by Harris Corporation Military in Melbourne, United States, whose price was 12,000 pesetas.
The rifle was equipped with a Zenison visor, manufactured by Hakko Co. Ltd. in Tokyo, valued at 125,000 pesetas. The telescopic sight was installed on a Leupold mount, model ST-1, from the company Leupold & amp; Stevens Inc. of Oregon, United States, whose price was 15,000 pesetas.
To mislead the security forces about the origin of the shot, the weapon had a built-in distortion valued at around 40,000 pesetas.
Kantauri gave the head of the commando, Juan José Rego Vidal, 1,000,000 pesetas for his travel expenses and accommodation in Palma de Mallorca, where he had to locate the apartment from which Sertucha would shoot the monarch.
Did García Sertucha have expertise with the precision rifle? In the missive requisitioned by the police that I managed to intercept, he himself commented to his old girlfriend Nicolasa after picking up some glasses in the optician: “I already have binoculars, what happened, when I take them off I do not see any cake. It seems to me that I have not told you what I have: one in each eye and 0.25 of I do not know what oysters, I thought I would have more. I have been told that if I had gone before it would have been corrected ».
Why then him? General Andres Cassinelo, former chief of the General Staff of the Civil Guard and the fight against terrorism, with whom I interviewed on January 28, 1998, told me: “In the world of ETA there are not so many expert marksmen. It had to be one that was willing to do that … and that was clean to be able to cross the border ».

-The Spanish philosopher George Santayana proclaimed this great truth: “The nation that does not know history is condemned to repeat it”. And the history of Ancient Greece is a clear paradigm of how authentic freedom, which leads to the success of the common good, can vanish beyond repair.
Greece, in fact, was an empire full of splendor until relaxation took hold of its citizens as a deadly outbreak of plague. In the final stage of the empire, the Athenians gradually relinquished freedom as guarantor of all their conquests, supplying it for security and all kinds of comforts. What did all this lead to in the end? To the most absolute desolation. They lost everything: security, comfort … and freedom. Citizens since then thought more about them and less about the State, looking for a thousand ways to get rid of their responsibilities. The empire was engulfed in the selfishness of its inhabitants.

-Kepler died in the ruin. Until his death, the tremendous odyssey of this great scientist did not get a reward. Sick and anxious to secure the future of his wife and children, he traveled to Regensburg with the hope that the Parliament, whose seat was there, would pay him the almost twelve thousand florins owed him for years. So precarious was his health, that only thirteen days after arriving in Regensburg, suffering from fever, he died. It was November 15, 1630.
Not even after his death did poor Kepler get a well-earned rest. They denied the burial of their remains inside the Regensburg compound. Three years after his burial, the soldiers tore the tombstones from the cemetery for use in fortification works, and thus all vestige of his tomb disappeared, phagocytized by the same Earth to which he observed so much.

-General Howard accepted on behalf of the president of the United States all the conditions of peace proposed by Cochise. Something unprecedented in the history of the country. He granted the Chiricahuas a reserved territory that included all the ancient Apache hunts, and recognized Captain Jeffords as representative of the Indians. He also promised that there would be no troops in the reserved territory, and that Cochise’s word of honor would be accepted as the only guarantee of compliance by the Apaches.
In the presence of General Howard and his trusted warriors, Cochise said: “From now on, the white and the Indian will drink the same water, eat the same bread and live in peace.” Previously, the eloquence of General Howard’s words and the spirituality that came from them had managed to impress Cochise, to the point of making him sign peace.

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