Spanish Neocon, la revuelta neoconservadora en la derecha española / Spanish Neocon, The Neoconservative Revolt In The Spanish Right (spanish book edition) — Pablo Carmona & Beatriz García

E9509B55-C5B1-43A8-8A2F-337876647195
Este es un magnífico libro para entender la derecha española y donde se nos comenta que el guión está perfectamente estudiado y diseñado.
Esperanza Aguirre ha declarado a menudo «yo soy liberal no conservadora». A su entender ambos términos son opuestos. Sin embargo, esta afirmación solo puede partir del desconocimiento de su propia tradición, del oportunismo político o de la ocultación de un debate central dentro de la tradición liberal en la España contemporánea. Desde el siglo XIX, la tradición política liberal ha cultivado un poderoso sentimiento conservador. Se trata de ideas que todavía hoy mantienen una sorprendente similitud con la filosofía política desplegada por el sector aznariano y neocon del Partido Popular.
Tal y como afirma Carlos Dardé: «Los dirigentes del PP han intentado pasar por nietos de Cánovas antes que por hijos de Franco».

Cánovas ha sido la máxima figura política del liberalismo conservador español. Esta tradición se remonta al menos hasta 1847. En ese año, los llamados puritanos, pues así se conocía al ala doctrinaria del liberalismo español, acuñaron —en boca de su líder Francisco Pacheco— el concepto liberal-conservador. Con este término se quería nombrar al pensamiento político sostenido por algunos sectores liberales que sentían la necesidad de vincular el liberalismo con ciertos valores morales. Se trataba de los mismos liberales que se opusieron a las olas revolucionarias que sacudieron Europa entre 1830 y 1848 y cuyo propósito era llevar hasta sus últimas consecuencias los principios de la Revolución Francesa.
En consecuencia, toda institución de gobierno debe respetar este modelo de soberanía, en el que un sector de la sociedad representa al conjunto de la nación. Pero incluso el gobierno de los propietarios y los inteligentes debe ser acompañado de un poder moderador, la monarquía. Para Cánovas estos eran los fundamentos del principio de soberanía compartida (Cortes y Rey) que defendió durante casi toda su vida política.

La historia del liberalismo español durante el Franquismo supera ampliamente los propósitos de este trabajo. En cualquier caso, los profundos cambios que se produjeron en España en la década de los setenta, y que se reflejaron en el proceso de la Transición, despertaron de nuevo la tradición liberal-conservadora. La nueva ola cabalgó en paralelo a la contrarrevolución neoliberal-conservadora que protagonizaron Thatcher y Reagan en la década de los ochenta. Fue en estos años, en definitiva, en los que se empezó a gestar el primer intento serio de reinvención de la derecha española a partir de una clave liberal-conservadora.
La renovación ideológica de la derecha española no acaba, de todos modos, en la trayectoria de la corriente liberal-conservadora. Durante los años noventa, la gran mayoría de sectores liberales se incluyeron dentro del Partido Popular. En la renovada formación de centro-derecha encontraron una opción política acabada y favorable a sus ideas. El Partido Popular se convirtió así en la casa común de los liberales, desde los más puros, hasta los de ascendencia más conservadora. De hecho, esta nueva alianza liberal, que en teoría política se definiría como contra natura, ha estado en el origen de las principales disputas internas en el Partido Popular. Las contradicciones se hicieron manifiestamente visibles a partir del segundo mandato de Aznar, cuando la influencia de la renovada corriente neoconservadora que provenía de Estados Unidos fue ganando presencia.
Lo más importante de esta reconquista de los valores conservadores era pues que no podía ser privada, encerrada en la reflexión introspectiva, esto es, sin proyección sobre la esfera pública, sino que debía armarse para ser capaz de tomar el espacio mediático y lanzarse a la movilización de una manera ágil y seductora. Tal y como más adelante se verá, en España, y en concreto en Madrid, esta operación fue desarrollada por distintos movimientos civiles conservadores, una larga colección de think tanks (fundaciones, revistas, editoriales y grupos de opinión) y un nuevo fenómeno mediático que tiene como principal protagonista a Libertad Digital. La importancia de este último portal digital, y en general de todo el conglomerado mediático que crece en esos años, reside en su capacidad para reescribir el vademécum político para una salida conservadora del liberalismo à la española. En la construcción de este discurso, siempre ofensivo, la derecha española salva su acorralamiento y su retirada; se embarca en una suerte de agitación pública permanente, en la que la iniciativa política y la capacidad de generar realidad (actualidad) van de la mano.
Los aparatos mediáticos han jugado, pues, un papel central en la reinvención de la derecha. A fin de ejemplificar las conexiones, el estilo y los discursos ensayados por esta nueva trama mediática.

Se reconocen cuatro ejes sobre los que se vertebra su estrategia a medio plazo, y que han sido traducidos, parcial o totalmente, de fuentes estadounidenses. Se trata de: (1) el contraataque a la hegemonía cultural de la izquierda, (2) la afirmación de los valores morales frente a una concepción de la realidad como un espacio agonístico y amenazante, (3) la persuasión y la movilización social como forma y estrategia de crecimiento y (4) el neoliberalismo (con matices) como política económica.

Así, la gobernanza se relaciona con todas las instituciones, redes, directivas, regulaciones, normas, usos políticos y sociales, actores públicos y privados que contribuyen a la estabilidad de una sociedad y de un régimen político, a su ordenación, a su capacidad de dirigir y a su capacidad de proporcionar servicios y garantizar su propia legitimidad […].
En cierto modo, el concepto de gobernanza define un nuevo paradigma político, en el que se presupone cierta intención participativa por medio de la coordinación de distintos actores. El presupuesto implícito es que la mejor manera de gobernar es aquella donde se implica al mayor número de agentes sociales presentes en un determinado orden de gobierno. A esta idea algunos autores la han llamado gobernanza multinivel.

Para el pensamiento neocon el conflicto es la esencia de la política. El conflicto se presenta como una realidad externa y malvada que asalta unos valores esenciales, injustamente minusvalorados y minorizados. De este modo, la política neocon apuesta por sustituir los conceptos clásicos de economía y justicia (o injusticia) como nudos fuertes de ordenación política por los de moral y realidad. Por este motivo, el buenismo, como concepto que encarna la política del gobierno de Zapatero, sería el receptáculo donde se encuentran las políticas irreales que practica el PSOE, a través de las cuales se obvia, cuando no se promueve, la crisis de la moral y de los valores.
La política exterior se transforma en política doméstica, otro medio más para emitir discursos —como el de la islamofobia— capaces de movilizar ciertos sentimientos a pie de calle. En lugar de promover análisis complejos, se lanzan consignas claras y reconocibles que exalten los ánimos, y que en su apelación a lo sensible definan el campo del enemigo. El enemigo, por supuesto, no presenta demasiados matices. Las más de las veces es ahistórico e inamovible, es la encarnación de la «realidad como conflicto». Este tipo de construcciones ideológicas se reflejan, por ejemplo, en la utilización de términos como «fanatismo» y «terrorismo», elementos claves del análisis internacional dentro de la derecha neocon.
En definitiva, el movimiento neocon es descarado en sus objetivos, pero extremadamente refinado en sus formas. Su apuesta por la acción y el fundamento moral, prescinde del análisis y de la verdad empíricamente fundada, para atacar a la izquierda y a la herencia de la contracultura por su relativismo postmoderno y su falta de anclaje en la realidad. Paradójicamente, los neocon, en tanto especialistas en la performatividad del lenguaje (los discursos capaces de realizar aquello que se nombra), son también a su modo extremadamente postmodernos.

En el caso de Reino Unido, es célebre la declaración de Thatcher: «¿La sociedad? No sé quién es esa señora». El mundo era para Margaret Thatcher una colección de agentes individuales con intereses particulares. Donde hay hombres y mujeres individuales con sus familias no hay sociedad alguna. Se trata de la misma afirmación ultraindividualista que guio las políticas económicas de Estados Unidos y que ocultó sistemáticamente algo tan evidente como el hecho de que los humanos son siempre sujetos sociales, sujetos de lenguaje, insertos en una compleja trama de relaciones sociales. Curiosamente, es en esta línea de demarcación entre lo social y lo económico, donde se reconoce la brecha que diferencia y distancia a los neoconservadores del neoliberalismo más clásico. Una brecha que impuso no pocas contradicciones a los gobiernos de Thatcher y, sobre todo, de Reagan.
Dicho de otro modo, la respuesta de los neoliberales a la cuestión social se divide en dos grandes corrientes. Por un lado, los clásicos, que apelan a la libertad del mercado y a la contraposición de los intereses individuales por medio de los mecanismos de la competencia como el instrumento de regulación social más eficaz, y también más equitativo. De otro, los neoliberal-conservadores, que consideran imprescindible el recurso al Estado para reconducir determinadas situaciones sociales incorregibles por mecanismos meramente económicos.
En definitiva, los neoconservadores han acabado por reencontrarse con la política de Estado. Para una corriente que no requiere de un aparato centralizado, sino de cierto respaldo social y altas dosis de innovación, el objetivo es levantar una compleja operación de ingeniería social, que justifique un modelo político y económico dirigido a enriquecer a las clases poderosas. Se trata, en definitiva, de una operación de seducción, de persuasión y de reencuentro con las pasiones y los deseos de la gente corriente por parte de las propias élites neocon.

El 11-M supuso un punto de inflexión en las políticas del PP. No solo perdió el gobierno del país, sino que además se fragmentó en dos tendencias, aquella que entendía que era necesario revisar las líneas políticas abiertas por José María Aznar y la que quería dar continuidad al estilo político que marcó la segunda legislatura del Partido Popular. Para los primeros, buena parte del partido, se abrió una fase de reflexión sobre las razones de la derrota. Este proceso llevó a Mariano Rajoy a la presidencia, a todas luces un candidato apocado. Para los segundos, la pérdida de las elecciones solo constataba la necesidad de dar un giro radical y más agresivo de cara a ganar mayor visibilidad, presencia pública y poder. La movilización, la agitación y la generación de un discurso móvil y oportunista desplazaron, desde ese momento, el tono moderado de una oposición «responsable».
La nueva ofensiva abierta por esta parte del partido se puede analizar a partir de tres momentos lógicos. El primero es el de la organización; en ese tiempo se arma una tupida malla de asociaciones, blogs, webs, think tanks, grupos organizados y medios de comunicación, algunos nuevos, otros muchos creados hacía ya mucho tiempo.
La segunda, la movilización de la iglesia más fundamentalista en torno a cuestiones morales; la tercera camina de la mano de lo que podríamos llamar el «nuevo» nacionalismo español; la cuarta proviene de la supuesta amenaza que se cierne sobre «Occidente» y que se comprende como el gran eje de explicación de las relaciones internacionales; y la quinta es la discusión en torno al modelo de Estado de bienestar liberal. Los argumentos que se venían desarrollando en este último punto han servido para atacar, como se demuestra en la actual fase de crisis, los servicios públicos y promover una contrarreforma fiscal.

La socialización de la duda como método, el cuestionamiento de la autoría islamista —o exclusivamente islamista— de los infames atentados, ocupó el centro de esta estrategia. Al fin y al cabo, si el PP había perdido su legitimidad por su insistencia en la responsabilidad de ETA, combatir las hipótesis oficiales del atentado, independientemente de lo que la investigación fuera avanzando, suponía recuperar tanto la credibilidad perdida, como devolver al PSOE su «propia medicina». Para ello, se lanzaron toda clase de hipótesis, desde las posibles vinculaciones de Al Qaeda con ETA, hasta el supuesto conocimiento de la oposición de algunos datos, pasando por toda clase de rumores en los que aparecían servicios secretos de terceros países y ocultación sistemática de información por parte de inspectores de policía socialistas.
La espectacular ofensiva política en torno al 11-M, que logró capturar buena parte de la atención mediática durante al menos los dos o tres años siguientes, hubiera sido impensable sin un poderoso músculo comunicativo. El Mundo y Libertad Digital fueron las cabezas de puente de todas las teorías conspirativas, así como los principales vehículos para vertebrar interpretaciones y campañas muchas veces incongruentes y contradictorias entre sí, pero que sin embargo produjeron una acumulación positiva al alargar la sombra de la sospecha a un número siempre mayor de ángulos sobre la interpretación gubernamental de los atentados. En este sentido, es preciso insistir, de nuevo, en que el estilo mediático de la nueva derecha no se basa tanto en la articulación de una verdad fáctica, y por ende verificable, como de una verdad moral, que identifica la investigación oficial con una mentira y el 13-M con una mascarada.

Un año después del 11-M, y en paralelo a las movilizaciones que acabamos de describir, se pone en marcha otra confrontación cuyas líneas principales son la familia y otras cuestiones centrales en los discursos católicos más conservadores: el aborto, la homosexualidad y la eutanasia. También aparecen nuevos elementos como la asignatura de Educación para la Ciudadanía.
La capacidad ofensiva de aquellos «rebeldes con causa», la generación de un ambiente de hostilidad y conflicto y la creación de una figura inequívoca del enemigo, encarnada en el «laicista» ZP, abrieron una ventana de oportunidad que no fue desperdiciada por ciertos sectores de la Iglesia.
Resulta imposible comprender esta segunda ola de movilizaciones neocon liderada por el episcopado, sin entender el proceso de radicalización que se ha venido produciendo en el seno de la Iglesia católica. La secularización de la sociedad española desde el Franquismo es un hecho conocido. La Iglesia católica, considerada en relación con la obediencia social a la jerarquía eclesiástica, la práctica confesional cotidiana o incluso con su capacidad para certificar prácticas sociales como el matrimonio, ha ido perdiendo la mayor parte de su influencia. Valga como ejemplo que de los 194 084 matrimonios celebrados en 1996, el 76,7% fueron todavía a través del rito católico, mientras que de los 175 952 matrimonios celebrados en 2009, solo pasaron por el altar el 45,6%, por primera vez el rito civil era mayoritario.
El Opus Dei, los Legionarios de Cristo y Comunión y Liberación se dedican más a las élites; los Neocatecumenales y los Focolares, a las clases medias; y los carismáticos, a las clases más populares.
Estos movimientos cuentan, además, con un amplio aparato de comunicación, con colegios y universidades, así como con importantes acólitos en altos cargos políticos, principalmente durante la legislatura de Aznar.
HazteOír participa también en el Foro Español por la Familia, uno de los principales dinamizadores de las movilizaciones. El Foro es una coordinadora de asociaciones cívicas, supuestamente de carácter aconfesional, si bien la práctica totalidad de sus componentes son declaradamente católicas, como la Asociación Católica de Propagandistas, la Confederación Católica de Padres de Alumnos (Concapa) o la Federación de APAs de Colegios de Fomento así como los Antiguos Alumnos de Colegios de Fomento, ambos vinculados al Opus Dei.

La exageración y la hipérbole se convirtieron en el recurso retórico por excelencia de los políticos ultras del PP: «En poco más de un año el actual Gobierno ha llevado a España al borde del abismo. España corre riesgos serios de desintegración, de balcanización y de volver históricamente a las andadas». Y Ana Botella lo comparaba con los setenta: «Nunca, desde la Transición, habíamos estado en una situación tan peligrosa como la que estamos en la actualidad».
También la FAES aportaba su granito de arena, oscilando entre el rigor jurídico y el chascarrillo, como veremos a continuación. La FAES fue constituida en Madrid en 2002, a partir de la integración de cinco fundaciones vinculadas al Partido Popular (Fundación Cánovas del Castillo, Popular Iberoamericana, Popular Iberoamericana de Análisis y Estudios Sociales —antigua FAES—, Popular Iberoamericana de Estudios Europeos e Instituto de Formación Política). Aznar promovió la nueva Fundación, con la idea de constituir un think tank de alto nivel, al modo de los centros de estudios norteamericanos.
Debajo de las paranoias y los insultos, de la demagogia y las amenazas, encontramos, sin embargo, dos elementos que merece la pena analizar: los malestares que recogen y redireccionan los neocon y la cuestión de la igualdad en el liberalismo. ¿Qué es lo que los neocon rescatan por debajo de la crítica al Estatut y permite que estos discursos, ciertamente delirantes, resuenen en una parte de la sociedad? Sin duda, múltiples cuestiones. Para empezar, el cierre en falso de la Transición, con el llamado «café para todos» en lo que a las autonomías se refiere. La cuestión de clase y orígenes que encierra lo catalán o lo vasco frente a la migración andaluza, extremeña o internacional. La no-proporcionalidad de escaños que da la llave de gobierno del Estado a partidos nacionalistas. Los costes de mantener una doble o triple administración. Una realidad socio-económica que hace difícil de entender la opresión «española» a Cataluña y Euskadi y hace dudar de la necesidad de tantas «ventajas» institucionales.
La aportación de los neocon a la cuestión lingüística pasa, sobre todo, por generar una atmósfera de alarma. Repetir tantas veces las palabras «falta de libertad» que parezca que estamos en una dictadura. El método se repite también en relación con los toros y el tabaco. Prohibir los toros es una intromisión inaceptable por parte del Estado. Prohibir fumar en establecimientos públicos es propio de la URSS. Hacer que los chicos que nacen en una zona con dos lenguas aprendan las dos lenguas es una medida maoísta. Con independencia de que se esté de acuerdo o con estas medidas, el hecho de tener que aprender dos lenguas en el colegio o de rotular un cartel en el idioma cooficial de la zona, no es una tortura y tampoco parece una medida dictatorial. Se trata de una política pública de compensación de lenguas minoritarias.

Una de las figuras más tramposas de la retórica política es la de la «generalización». Bajo el habitual epígrafe de «los madrileños y las madrileñas» se quiere remarcar cierta intención de inclusión y de igualdad en las políticas públicas y en la redistribución de la riqueza que estas generan. Sobra decir que esta presunta «igualdad» (democrática, de oportunidades, de derechos) es imposible sin considerar las desigualdades de posición social y económica que normalmente relegan a las instituciones y a las políticas de gobierno a un simple ejercicio de arbitraje, en el que dejar hacer significa normalmente un refuerzo de las desigualdades preexistentes.
Esperanza Aguirre ha sido extremadamente hábil en el uso de este tipo de retórica política, utilizando alternativamente sus dos máscaras favoritas. Una, la de ultraliberal que aboga por una intervención mínima del Estado sobre una sociedad que se puede regular con justicia sobre el principio de «la igualdad de oportunidades». La otra, quizás más ajustada a sus verdaderas intenciones, que entiende esa igualdad de oportunidades en un sentido moral. Igualdad de oportunidades para aquellos que estudian, se esfuerzan, trabajan, tienen papeles, no tienen cargas familiares o están sanos.

El fondo de capital riesgo CVC Capital Partners se disponía a entrar en el mercado hospitalario español con una inversión de 900 millones de euros: 25 hospitales estaban en su punto de mira. Una parte de esos hospitales están gestionados por Capio, una de las entidades que se ha quedado con una de las muchas porciones del sistema sanitario madrileño privatizado. En el caso de la Comunidad de Madrid, los hospitales en liza eran la Fundación Jiménez Díaz (Moncloa) y el Hospital Infanta Elena (Valdemoro). Lo más sorprendente de esta noticia no es tanto que dos grandes multinacionales, una de los servicios sanitarios y otra de la «industria» financiera negocien la compra-venta de sus activos. Lo llamativo es que el objeto de su negociación fueran algunas de las piezas más importantes de la red sanitaria de la Comunidad de Madrid. ¿Cómo se ha hecho posible que el sistema público madrileño haya caído en manos ya no del sector privado, sino de grandes conglomerados financieros?
Todo comenzó en 2004. Fue entonces cuando Esperanza Aguirre lanzó su Plan de Infraestructuras Sanitarias 2004-2007.
Como en la educación, la libertad de elección es esgrimida como pretexto político para garantizar y legitimar que cientos de millones de euros procedentes de las arcas públicas vayan a financiar un sistema privatizado, que se demuestra tan ineficaz en términos económicos como médicos. Prueba de ello es que en fecha tan temprana como 2007 la Comunidad tuviera que emitir bonos de deuda pública para pagar las nóminas de los trabajadores del Servicio Madrileño de Salud, y que poco después saliera a la luz que los créditos necesarios para construir los nuevos hospitales habían sido entre seis y siete veces más caros que en caso de haberse adoptado una fórmula 100% pública. Evidentemente la posterior irrupción de la crisis no ha hecho sino disminuir, aún más, el número de camas, profesionales y dotaciones.
El deterioro provocado por la doble pinza de los recortes presupuestarios y los nuevos gastos derivados de la gestión privada ha llevado ya a situaciones desastrosas como el cierre o la drástica disminución de áreas enteras de especialidades.
En definitiva, la justificación social de la privatización de la sanidad no tiene, ni puede tener a la luz de los hechos, una base económica, así como tampoco técnica: el resultado es, y lo será cada vez más, el encarecimiento del servicio y la degradación de las prestaciones. A pesar de ello, la propaganda gubernamental ha intentado esconder con bonitos eslóganes lo que no puede justificar con sus propios datos. Es el caso, ya referido, de la presunta libertad de elección. Una idea que por otra parte no responde al deseo de los madrileños, que en más del 90% sigue utilizando los servicios sanitarios más cercanos a su domicilio. De hecho, los políticos que han pasado por la dirección de la Consejería de Sanidad en los últimos años (Lamela, Güemes y Lasquetty) no han sido capaces de articular una justificación ideológica.

La Comunidad de Madrid ha sido también un importante campo de pruebas de nuevas políticas sociales, especialmente en el área de inmigración. En el ámbito de los servicios sociales, salvo en lo que se refiere a las políticas de dependencia, legisladas a nivel estatal, hay cada vez menos referentes globales de gestión. Encerradas en programas parcelados, la mayoría de ellos subcontratados por tiempo limitado, cada ayuntamiento o comunidad autónoma ha seguido criterios propios en todos los ámbitos de su competencia: juventud, vivienda, vejez, cuidados, inmigración, trabajo social, etc.
Los servicios sociales vienen caracterizados, por lo tanto, por una constante indefinición política. Y esto es así, porque este tipo de políticas intervienen sobre situaciones que, en la mayor parte de los casos, están fuertemente determinadas bien por otra legislación de rango mayor, bien por el propio mercado. Es el caso, por ejemplo, de los migrantes que se encuentran en una situación de «desigualdad legislada» frente al resto de la sociedad, especialmente para ese 18% que no tiene residencia legal. Y es también el caso, de lo que podríamos llamar «derechos mercantilizados» como la vivienda, convertida en mercancía y bien de inversión.
Una decena de los 17 centros de participación e integración para inmigrantes de la Comunidad de Madrid (CEPI) está en manos de fundaciones ultracatólicas o muy cercanas al PP. Entre las primeras, Comunión y Liberación (Cesal) (1) y Legionarios de Cristo (Altius) (4). Entre las segundas, Humanismo y Democracia (1), Cipie (2) o Alianza Hispano-Ecuatoriana (2). Los centros son públicos pero de gestión privada. El contrato, adjudicado mediante concurso público, supone una subvención cercana a los 400 000 euros por local y año. Todas ellas también participan en los proyectos de cooperación internacional de la Consejería de Inmigración y perciben subvenciones por ello, las últimas el pasado octubre. «Eran los mejor preparados», dicen desde la Consejería, aunque apostillan: «Son concesiones antiguas», hechas antes de 2007, cuando llegó a la Consejería Javier Fernández-Lasquetty, en sustitución de Lucía Figar.
Ecuatorianos, colombianos y rumanos son de hecho las principales poblaciones objetivo del Partido Popular de Madrid. Para el caso de la población rumana, que se concentra especialmente en el Corredor del Henares, los aznarianos CIPIE cuentan allí con dos CEPIs Hispano-Rumano, el de Coslada y el de Alcalá de Henares. El PP de Madrid está así intentando proyectar una imagen multicultural hecha a su medida. En este proyecto juega un papel importante la cuestión religiosa, que resulta central en muchos CEPIs. Esta relación es patente con los católicos latinoamericanos, pero también con los ortodoxos rumanos. El acercamiento a la Iglesia Ortodoxa se escenificó en marzo de 2010 con la colocación de la primera piedra de la futura catedral ortodoxa de Madrid y en diciembre de 2010 con la inauguración, a cargo del patriarca de la iglesia ortodoxa rumana y de Esperanza Aguirre, de la primera iglesia ortodoxa rumana de España, precisamente en Alcalá de Henares. Desde 2008, el Comité Ejecutivo del PP de Madrid cuenta también con una ciudadana rumana y antigua trabajadora del CEPI Hispano-Rumano, Anka Moldovan.

A través de políticas sociales, aparentemente erráticas, el Partido Popular ha conseguido, en definitiva, promover desde arriba un modelo de sociedad civil ajustado a sus necesidades. El resultado es que los neocon madrileños no solo son capaces de promover un estado de opinión favorable a sus políticas, sino propiamente un nuevo liderazgo social que se construye en forma de hegemonías concretas, incluso en sectores de población completamente castigados por esas mismas políticas. Más allá por lo tanto de los recortes, la construcción de una sociedad civil propia se ha convertido en el verdadero motor de los servicios sociales y en uno de los principales instrumentos del gobierno madrileño para hacer política en una sociedad compleja.

Muchos han querido ver en el 15M un movimiento de izquierdas en sentido clásico, que podría entenderse como el antónimo de los movimientos neocon, si bien al margen del espectro político. Y lo cierto es que el 15M ha conquistado algunas de las características que se arrogan los movimientos neocon para sí mismos, la de ser movimientos transversales, sin más ideología que el sentido común. Es así como algunas verdades sobre las que se apoyaban los discursos neoconservadores han sido dadas la vuelta y puestas a disposición de una nueva batería de propuestas políticas. Pero ¿en qué medida el 15M ha sido capaz de revertir, amplificar y desviar estas presuposiciones de verdad que soportaron, en cierta forma, la ofensiva neocon? Naturalmente, no queremos decir que ambos movimientos sean las dos caras de la misma moneda. Antes bien, se parte de la siguiente hipótesis: que los movimientos neocon y el 15M trabajan sobre un mismo malestar social, si bien ofrecen respuestas diametralmente distintas; esa, y no otra, es la clave de su éxito.

El hecho de que Don Mariano haya llegado al poder es consecuencia directa del mimetismo de la gran mayoría del arco parlamentario, de los poderes públicos y de las cúpulas sindicales con las estrategias de los mercados financieros. El valedor original de semejante mímesis ha desplazado a sus copias. Se ha abierto así un futuro demoledor de reformas laborales, recortes y privatizaciones en los servicios públicos y de endurecimiento de las políticas de extranjería. En definitiva, tiempos difíciles. Es previsible que este escenario se prolongue durante años: la propia estructura de la crisis demanda el saqueo de los presupuestos públicos para mantener tonificadas las cuentas de resultados.
El Partido Popular, de acuerdo con su programa y sus discursos, va a llevar a cabo políticas que objetivamente dañarán los intereses de la mayoría. Tendrá así la difícil tarea de gobernar una sociedad que va a seguir siendo duramente golpeada. Algunos sectores de las élites despechadas por su desplazamiento del poder y de las clases medias empobrecidas y temerosas pueden llegar a acompañar a amplios sectores de la sociedad que han sido golpeados por el paro, los desahucios y el deterioro de los servicios públicos. Se dibuja así un escenario social explosivo y difícil de gestionar a través de las líneas políticas convencionales.
Los neocon no sostienen un discurso novedoso: tratan de explicar con propiedad las políticas públicas de recortes y austeridad; defienden un relato que —esquivando las disculpas— las justifica hasta sus últimas consecuencias. Viejas élites locales, grupos caciquiles venidos a menos, clases medias en retroceso (autónomos, pequeños empresarios) o trabajadores empobrecidos pueden acoger con gusto una nueva ética de la crisis donde encuentren hueco discursos racistas de «aquí no hay sitio para todos» o proclamas a favor de los «emprendedores» frente a los vagos que viven de los subsidios. Su apuesta es la de sustituir la mentira de una sociedad donde los recortes son el peaje a pagar para mantener los beneficios y privilegios de unos pocos, por los análisis que culpan a los pobres de su pobreza al tiempo que criminalizan la propia supervivencia —economía informal, pequeña criminalidad, etc. Cuando los recortes sociales y el paro se manifiesten en formas de pobreza, pura y dura, los nuevos escenarios de exclusión se acompañarán de discursos y retóricas extremadamente cínicas y crueles capaces de justificar estas políticas y de convertir la propia pobreza en un problema de seguridad. Será la oportunidad de los discursos morales acerca de la sociedad enferma y de un mundo sin valores que camina a la deriva. Será el momento de los movimientos neoconservadores.

This is a magnificent book to understand the Spanish right and where we are told that the script is perfectly studied and designed.
Esperanza Aguirre has often declared «I am a non-conservative liberal.» In your opinion both terms are opposite. However, this statement can only start from the ignorance of its own tradition, political opportunism or the concealment of a central debate within the liberal tradition in contemporary Spain. Since the nineteenth century, the liberal political tradition has cultivated a powerful conservative sentiment. These are ideas that still today maintain a surprising similarity with the political philosophy displayed by the Aznar and neocon sector of the Popular Party.
As Carlos Dardé says: «The leaders of the PP have tried to pass through the grandsons of Cánovas rather than Franco’s children.»

Cánovas has been the maximum political figure of Spanish conservative liberalism. This tradition dates back at least to 1847. In that year, the so-called Puritans, as the doctrinal wing of Spanish liberalism was known, coined – in the mouth of its leader Francisco Pacheco – the liberal-conservative concept. With this term we wanted to name the political thought sustained by some liberal sectors that felt the need to link liberalism with certain moral values. These were the same liberals who opposed the revolutionary waves that shook Europe between 1830 and 1848 and whose purpose was to bring to its ultimate consequences the principles of the French Revolution.
Consequently, every government institution must respect this model of sovereignty, in which a sector of society represents the whole of the nation. But even the government of the owners and the intelligent must be accompanied by a moderating power, the monarchy. For Cánovas these were the foundations of the principle of shared sovereignty (Cortes y Rey) that he defended during almost all his political life.

The history of Spanish liberalism during the Francoism far exceeds the purposes of this work. In any case, the profound changes that occurred in Spain in the seventies, and that were reflected in the process of the Transition, awoke again the liberal-conservative tradition. The new wave rode in parallel to the neoliberal-conservative counterrevolution that Thatcher and Reagan carried out in the 1980s. It was in these years, in short, that the first serious attempt to reinvent the Spanish right began to take shape from a liberal-conservative key.
The ideological renewal of the Spanish right does not end, however, in the path of the liberal-conservative trend. During the 1990s, the vast majority of liberal sectors were included within the Popular Party. In the renewed formation of center-right they found a political option finished and favorable to their ideas. The Popular Party thus became the common home of the liberals, from the purest, to those of more conservative descent. In fact, this new liberal alliance, which in political theory would be defined as against nature, has been at the origin of the main internal disputes in the Popular Party. The contradictions became manifestly visible from the second mandate of Aznar, when the influence of the renewed neoconservative current that came from the United States was gaining presence.
The most important thing about this reconquest of conservative values ​​was that it could not be private, enclosed in introspective reflection, that is, without projection on the public sphere, but that it had to arm itself to be able to take the media space and launch itself into the mobilization in an agile and seductive way. As will be seen later, in Spain, and specifically in Madrid, this operation was developed by different conservative civil movements, a long collection of think tanks (foundations, magazines, editorials and opinion groups) and a new media phenomenon that Its main protagonist is Digital Freedom. The importance of this last digital portal, and in general of all the media conglomerate that grows in those years, resides in its capacity to rewrite the political vademecum for a conservative departure from liberalism à la española. In the construction of this discourse, always offensive, the Spanish right saves its encirclement and its withdrawal; it embarks on a kind of permanent public agitation, in which the political initiative and the capacity to generate reality (current affairs) go hand in hand.
The media apparatuses have played, then, a central role in the reinvention of the right. In order to exemplify the connections, the style and the speeches rehearsed by this new media plot.

Four axes are recognized on which its strategy is structured in the medium term, and which have been translated, partially or totally, from US sources. These are: (1) the counterattack to the cultural hegemony of the left, (2) the affirmation of moral values ​​in the face of a conception of reality as an agonistic and threatening space, (3) persuasion and social mobilization as form and strategy of growth and (4) neoliberalism (with nuances) as economic policy.

Thus, governance is related to all institutions, networks, directives, regulations, norms, political and social uses, public and private actors that contribute to the stability of a society and a political regime, to its organization, to its capacity of direct its ability to provide services and guarantee its own legitimacy […].
In a way, the concept of governance defines a new political paradigm, in which a certain participatory intention is presupposed through the coordination of different actors. The implicit assumption is that the best way to govern is one in which the greatest number of social agents present in a given order of government is involved. To this idea, some authors have called it multilevel governance.

For neocon thinking, conflict is the essence of politics. The conflict is presented as an external and evil reality that assaults essential values, unfairly undervalued and minorized. In this way, the neocon policy is committed to replacing the classic concepts of economy and justice (or injustice) as strong knots of political organization by those of morality and reality. For this reason, the good, as a concept that embodies the policy of Zapatero’s government, would be the receptacle where the unrealistic policies practiced by the PSOE are, through which it is obvious, when it is not promoted, the crisis of morality and of the values.
Foreign policy is transformed into domestic politics, another means to issue speeches, such as that of Islamophobia, capable of mobilizing certain feelings on the street. Instead of promoting complex analyzes, clear and recognizable slogans are issued that exalt the spirits, and that in their appeal to the sensible define the enemy’s field. The enemy, of course, does not present many nuances. Most of the time it is unhistorical and immovable, it is the embodiment of «reality as conflict». This type of ideological constructions are reflected, for example, in the use of terms such as «fanaticism» and «terrorism», key elements of international analysis within the neocon right.
In short, the neocon movement is brazen in its objectives, but extremely refined in its forms. Its commitment to action and moral foundation, dispenses with the analysis and empirically founded truth, to attack the left and the legacy of the counterculture for its postmodern relativism and its lack of anchorage in reality. Paradoxically, the neocons, as specialists in the performativity of language (the discourses capable of performing what is named), are also in their extremely postmodern way.

In the case of the United Kingdom, Thatcher’s statement is famous: «Society? I do not know who that lady is ». The world was for Margaret Thatcher a collection of individual agents with particular interests. Where there are individual men and women with their families, there is no society. It is the same ultraindividualist affirmation that guided the economic policies of the United States and that systematically concealed something as evident as the fact that humans are always social subjects, subjects of language, inserted in a complex web of social relations. Curiously, it is in this line of demarcation between the social and the economic, where the gap that differentiates and distances the neoconservatives from the most classic neoliberalism is recognized. A breach that imposed not a few contradictions on the Thatcher governments and, above all, on Reagan.
In other words, the response of the neoliberals to the social question is divided into two main currents. On the one hand, the classics, which appeal to the freedom of the market and the contrast of individual interests through the mechanisms of competition as the most effective instrument of social regulation, and also more equitable. On the other, the neoliberal-conservatives, who consider it essential to resort to the State to redirect certain incorrigible social situations by purely economic mechanisms.
In short, the neoconservatives have ended up getting reacquainted with State policy. For a current that does not require a centralized apparatus, but of certain social support and high doses of innovation, the objective is to build a complex social engineering operation that justifies a political and economic model aimed at enriching the powerful classes. It is, in short, an operation of seduction, persuasion and reencounter with the passions and desires of ordinary people by the neocon elites themselves.

The 11-M marked a turning point in the policies of the PP. Not only lost the government of the country, but also fragmented into two trends, which understood that it was necessary to review the political lines opened by José María Aznar and who wanted to continue the political style that marked the second term of the Popular Party. For the former, a good part of the game, a phase of reflection on the reasons for the defeat was opened. This process led Mariano Rajoy to the presidency, evidently a short-sighted candidate. For the latter, the loss of the elections only confirmed the need to take a radical and more aggressive turn in order to gain greater visibility, public presence and power. The mobilization, the agitation and the generation of a mobile and opportunist discourse displaced, from that moment, the moderate tone of a «responsible» opposition.
The new offensive opened by this part of the party can be analyzed from three logical moments. The first is that of the organization; In that time a dense mesh of associations, blogs, websites, think tanks, organized groups and media, some new, many others created a long time ago.
The second, the mobilization of the most fundamentalist church around moral issues; the third walks hand in hand with what we might call the «new» Spanish nationalism; the fourth comes from the supposed threat that looms over «the West» and that is understood as the great axis of explanation of international relations; and the fifth is the discussion around the liberal welfare state model. The arguments that were developed in this last point have served to attack, as shown in the current crisis phase, public services and promote a fiscal counter-reform.

The socialization of doubt as a method, the questioning of the Islamist-or exclusively Islamist-authorship of the infamous attacks, occupied the center of this strategy. After all, if the PP had lost its legitimacy due to its insistence on the responsibility of ETA, to combat the official hypothesis of the attack, regardless of what the investigation was progressing, supposed to recover both the lost credibility, and return to the PSOE its «Own medicine». For this, all kinds of hypotheses were launched, from the possible links of Al Qaeda with ETA, to the supposed knowledge of the opposition of some data, going through all kinds of rumors in which secret services appeared from third countries and systematic concealment of information by socialist police inspectors.
The spectacular political offensive around 11-M, which managed to capture much of the media attention for at least the next two or three years, would have been unthinkable without a powerful communicative muscle. The World and Digital Freedom were the bridgeheads of all the conspiracy theories, as well as the main vehicles for structuring interpretations and campaigns often incongruent and contradictory to each other, but which nonetheless produced a positive accumulation by extending the shadow of suspicion to an ever greater number of angles on the governmental interpretation of the attacks. In this sense, it is necessary to insist, again, that the media style of the new right is based not so much on the articulation of a factual truth, and therefore verifiable, as on a moral truth, which identifies the official investigation with a lie and 13-M with a masquerade.

A year after 11-M, and in parallel with the mobilizations that we have just described, another confrontation is set in motion, whose main lines are the family and other central issues in the most conservative Catholic discourses: abortion, homosexuality and euthanasia. . New elements also appear, such as the subject of Education for Citizenship.
The offensive capacity of those «rebels with cause», the generation of an atmosphere of hostility and conflict and the creation of an unequivocal figure of the enemy, embodied in the «laicist» ZP, opened a window of opportunity that was not wasted by certain sectors of the church.
It is impossible to understand this second wave of neocon mobilizations led by the episcopate, without understanding the process of radicalization that has been taking place within the Catholic Church. The secularization of Spanish society since the Franco era is a known fact. The Catholic Church, considered in relation to social obedience to the ecclesiastical hierarchy, the daily confessional practice or even its capacity to certify social practices such as marriage, has been losing most of its influence. Take as an example that of the 194 084 marriages celebrated in 1996, 76.7% were still through the Catholic rite, while of the 175 952 marriages celebrated in 2009, only 45.6% passed through the altar, for the first time Once the civil rite was the majority.
Opus Dei, the Legionaries of Christ and Communion and Liberation are more dedicated to the elites; the Neocatechumenals and the Focolare, to the middle classes; and the charismatics, to the most popular classes.
These movements also have a broad communication apparatus, with colleges and universities, as well as important acolytes in high political positions, mainly during the Aznar legislature.
HazteOír also participates in the Spanish Forum for the Family, one of the main facilitators of the mobilizations. The Forum is a coordinator of civic associations, supposedly of non-denominational character, although practically all of its components are avowedly Catholic, such as the Catholic Association of Propagandists, the Catholic Confederation of Parents of Students (Concapa) or the Federation of APAs of Schools of Promotion as well as the Alumni of Promotion Schools, both linked to Opus Dei.

The exaggeration and hyperbole became the rhetorical resource par excellence of the ultras politicians of the PP: «In little more than a year the current Government has taken Spain to the edge of the abyss. Spain runs serious risks of disintegration, of balkanization and of returning historically to the old ones ». And Ana Botella compared it to the seventies: «Never since the Transition, have we been in a situation as dangerous as we are today.»
FAES also contributed its bit, ranging between legal rigor and chascarrillo, as we will see below. The FAES was incorporated in Madrid in 2002, from the integration of five foundations linked to the Popular Party (Cánovas del Castillo Foundation, Popular Iberoamericana, Popular Iberoamericana of Analysis and Social Studies – former FAES-, Popular Iberoamericana de Estudios Europeoos and Instituto de Political Training). Aznar promoted the new Foundation, with the idea of ​​forming a high-level think tank, in the manner of the North American study centers.
Under paranoia and insults, demagoguery and threats, we find, however, two elements that are worth analyzing: the discomforts that the neocon collect and redirect and the question of equality in liberalism. What is it that the neocons rescue below the critique of the Statute and allow these speeches, certainly delirious, to resonate in one part of society? Without a doubt, multiple issues. To begin with, the false closing of the Transition, with the so-called «coffee for all» as far as the autonomies are concerned. The question of class and origins that surrounds the Catalan or the Basque in front of the Andalusian, Extremaduran or international migration. The non-proportionality of seats that gives the key of government of the State to nationalist parties. The costs of maintaining a double or triple administration. A socio-economic reality that makes it difficult to understand the «Spanish» oppression of Catalonia and Euskadi and casts doubt on the need for so many institutional «advantages».
The contribution of the neocon to the linguistic issue happens, above all, to generate an atmosphere of alarm. Repeat the words «lack of freedom» so many times that we seem to be in a dictatorship. The method is also repeated in relation to bulls and tobacco. Prohibiting bulls is an unacceptable interference by the State. Prohibiting smoking in public establishments is typical of the USSR. Making children who are born in an area with two languages ​​learn both languages ​​is a Maoist measure. Regardless of whether one agrees or with these measures, the fact of having to learn two languages ​​at school or of labeling a poster in the co-official language of the area is not torture and does not seem like a dictatorial measure either. It is a public policy of compensation of minority languages.

One of the most tricky figures of political rhetoric is that of «generalization.» Under the usual heading of «Madrid and Madrid» we want to emphasize a certain intention of inclusion and equality in public policies and in the redistribution of the wealth they generate. It goes without saying that this alleged «equality» (democratic, of opportunities, of rights) is impossible without considering the inequalities of social and economic position that normally relegate institutions and government policies to a simple arbitration exercise, in which to leave Doing normally means reinforcing preexisting inequalities.
Esperanza Aguirre has been extremely adept at using this type of political rhetoric, alternatively using her two favorite masks. One, the ultraliberal one that advocates a minimal State intervention on a society that can be regulated with justice on the principle of «equal opportunities». The other, perhaps more adjusted to their true intentions, which understands that equality of opportunities in a moral sense. Equal opportunities for those who study, strive, work, have papers, have no family responsibilities or are healthy.

The venture capital fund CVC Capital Partners was preparing to enter the Spanish hospital market with an investment of 900 million euros: 25 hospitals were in their sights. A portion of these hospitals are managed by Capio, one of the entities that has been left with one of the many portions of the privatized health system in Madrid. In the case of the Community of Madrid, the hospitals in question were the Jiménez Díaz Foundation (Moncloa) and the Infanta Elena Hospital (Valdemoro). The most surprising thing about this news is not so much that two large multinationals, one of the health services and the other of the financial «industry» negotiate the purchase and sale of their assets. The striking thing is that the object of their negotiation were some of the most important pieces of the health network of the Community of Madrid. How has it been possible that the Madrid public system has fallen into the hands of the private sector, not of the large financial conglomerates?
It all began in 2004. It was then that Esperanza Aguirre launched its Health Infrastructure Plan 2004-2007.
As in education, freedom of choice is used as a political pretext to guarantee and legitimize that hundreds of millions of euros from public coffers will finance a privatized system, which is shown to be as inefficient in economic as in medical terms. Proof of this is that as early as 2007 the Community had to issue public debt bonds to pay the payroll of the workers of the Madrid Health Service, and that shortly after it came to light that the necessary credits to build new hospitals they had been six to seven times more expensive than if a 100% public formula had been adopted. Evidently, the subsequent irruption of the crisis has only diminished the number of beds, professionals and endowments.
The deterioration caused by the double clamp of budget cuts and the new expenses derived from private management has already led to disastrous situations such as the closure or drastic reduction of entire areas of specialties.
In short, the social justification of the privatization of health does not have, nor can it have in the light of the facts, an economic basis, as well as a technical one: the result is, and will increasingly be, the increase in the service and the degradation of benefits. In spite of this, the government propaganda has tried to hide with nice slogans what it can not justify with its own data. This is the case, already referred to, of the presumed freedom of choice. An idea that on the other hand does not respond to the desire of the people of Madrid, who in more than 90% still use the health services closest to their home. In fact, the politicians who have gone through the direction of the Ministry of Health in recent years (Lamela, Güemes and Lasquetty) have not been able to articulate an ideological justification.

The Community of Madrid has also been an important testing ground for new social policies, especially in the area of ​​immigration. In the field of social services, except for the policies of dependency, legislated at the state level, there are fewer and fewer global management referents. Enclosed in parceled programs, most of them outsourced for a limited time, each municipality or autonomous community has followed its own criteria in all areas of its competence: youth, housing, old age, care, immigration, social work, etc.
Social services are characterized, therefore, by a constant political lack of definition. And this is so, because this type of policy intervenes in situations that, in most cases, are strongly determined either by other legislation of greater rank, or by the market itself. This is the case, for example, of migrants who find themselves in a situation of «legislated inequality» with the rest of society, especially for that 18% who do not have legal residence. And it is also the case, of what we could call «commodified rights» such as housing, turned into merchandise and investment good.
Social services are characterized, therefore, by a constant political lack of definition. And this is so, because this type of policy intervenes in situations that, in most cases, are strongly determined either by other legislation of greater rank, or by the market itself. This is the case, for example, of migrants who find themselves in a situation of «legislated inequality» with the rest of society, especially for that 18% who do not have legal residence. And it is also the case, of what we could call «commodified rights» such as housing, turned into merchandise and investment good.
A dozen of the 17 centers of participation and integration for immigrants of the Community of Madrid (CEPI) is in the hands of ultra-Catholic foundations or very close to the PP. Among the first, Communion and Liberation (Cesal) (1) and Legionaries of Christ (Altius) (4). Among the second, Humanism and Democracy (1), Cipie (2) or Hispano-Ecuadorian Alliance (2). The centers are public but privately managed. The contract, awarded through a public tender, involves a subsidy of close to 400,000 euros per location per year. All of them also participate in the international cooperation projects of the Ministry of Immigration and receive subsidies for it, the last last October. «They were the best prepared,» they say from the Ministry, although they say: «They are old concessions», made before 2007, when Javier Fernández-Lasquetty came to the Ministry, replacing Lucia Figar.
Ecuadorians, Colombians and Romanians are in fact the main target populations of the Popular Party of Madrid. In the case of the Romanian population, which is especially concentrated in the Corredor del Henares, the CIPIE Aznarians have there with two Spanish-Romanian CEPIs, that of Coslada and that of Alcalá de Henares. The PP of Madrid is thus trying to project a multicultural image made to measure. The religious question plays an important role in this project, which is central to many CEPIs. This relationship is clear with Latin American Catholics, but also with Romanian Orthodox. The approach to the Orthodox Church was staged in March 2010 with the laying of the first stone of the future Orthodox cathedral in Madrid and in December 2010 with the inauguration, under the patriarch of the Romanian Orthodox Church and of Esperanza Aguirre, the first Romanian Orthodox church in Spain, precisely in Alcalá de Henares. Since 2008, the Executive Committee of the PP in Madrid also has a Romanian citizen and former employee of the CEPI Hispano-Romanian, Anka Moldovan.

Through social policies, apparently erratic, the Popular Party has managed, in short, to promote from above a model of civil society adjusted to their needs. The result is that the neocons with Madrid are not only able to promote a favorable state of opinion to their policies, but properly a new social leadership that is built in the form of concrete hegemonies, even in sectors of population completely punished by those same policies. Beyond therefore the cuts, the construction of a civil society has become the true engine of social services and one of the main instruments of the Madrid government to make politics in a complex society.

Many have wanted to see in the 15M a movement of lefts in the classical sense, which could be understood as the antonym of neocon movements, albeit on the fringes of the political spectrum. And the truth is that 15M has conquered some of the characteristics that neocon movements arrogate to themselves, that of being transversal movements, with no ideology other than common sense. This is how some truths on which neoconservative discourses were based have been turned over and put at the disposal of a new battery of political proposals. But to what extent has the 15M been able to reverse, amplify and divert these presuppositions of truth that endured, in a certain way, the neocon offensive? Naturally, we do not mean that both movements are the two sides of the same coin. Rather, it is based on the following hypothesis: that neocon and 15M movements work on the same social malaise, although they offer diametrically different answers; that, and not another, is the key to its success.

The fact that Don Mariano (Spaniard Prime Minister) has come to power is a direct consequence of the mimicry of the great majority of the parliamentary arch, of the public powers and of the union leaders with the strategies of the financial markets. The original defender of such mimesis has displaced his copies. This has opened a devastating future of labor reforms, cuts and privatizations in public services and toughening of immigration policies. In short, difficult times. It is foreseeable that this scenario will continue for years: the very structure of the crisis demands the looting of public budgets in order to keep the results accounts toned.
The Popular Party, in accordance with its program and its speeches, will carry out policies that objectively will damage the interests of the majority. He will thus have the difficult task of governing a society that will continue to be hard hit. Some sectors of the elites, disgusted by their displacement of power and the impoverished and fearful middle classes, can go so far as to accompany large sectors of society that have been hit by unemployment, evictions and the deterioration of public services. This draws an explosive social scenario and difficult to manage through the conventional political lines.
The neocons do not support a novel discourse: they try to explain properly the public policies of cuts and austerity; they defend a story that – by shunning excuses – justifies them to their ultimate consequences. Old local elites, cacique groups come to less, backward middle classes (self-employed workers, small entrepreneurs) or impoverished workers can welcome a new ethic of crisis where they find hollow racist discourses of «there is no room for everyone here» or proclamations to favor of «entrepreneurs» versus the vagrants who live on subsidies. Their bet is to replace the lie of a society where the cuts are the toll to pay to maintain the benefits and privileges of a few, for the analyzes that blame the poor for their poverty while criminalizing their own survival – informal economy , small crime, etc. When social cuts and unemployment manifest themselves in forms of poverty, pure and harsh, the new exclusion scenarios will be accompanied by extremely cynical and cruel discourses and rhetoric capable of justifying these policies and turning poverty itself into a security problem. It will be the opportunity of moral discourses about the sick society and a world without values ​​that drift away. It will be the moment of neoconservative movements.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.