Pacto de Silencio — Andreas Faber-Kaiser / Silence Pact by Andreas Faber-Kaiser (spanish book edition)

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Me parece un más que interesante libro sobre uno de los bochornos más espectaculares en nuestro país en democracia, los envenenamientos por aceite de colza.
El envenenamiento masivo de la primavera de 1981 en España, se convirtió en un tabú nacional e incluso internacional. Para el silenciamiento de lo realmente ocurrido se han puesto de acuerdo el centro, la izquierda, la derecha la ultraizquierda y la ultraderecha. Todos cuantos aspiran a lamer la miel del poder. Y mientras tanto el pueblo, los mismos afectados —a excepción de una minoría pensante—, con la venda fácil (y en opinión de algunos monetaria) en los ojos: «¡Y a los que digan que no fue el aceite los vamos a matar!» fue una voz en grito que yo y muchos otros pudimos escuchar el 30 de marzo de 1987 en el pabellón de descanso habilitado para las asociaciones de afectados junto a la sala del juicio en la madrileña Casa de Campo.
Es notorio el desprestigio, la ridiculización y el descrédito que han venido salpicando a prácticamente todos cuantos han intentado acercarse al verdadero núcleo de la matanza masiva de que habla este libro. «Todo el que toca este tema se quema y le cortan la cabeza», me diría el doctor Antonio Muro, hijo, al tiempo que el doctor Javier Martínez me daba la receta para evitar que me la cortaran: «En la medida en que te callas o desapareces, no pierdes el cargo». Un científico de prestigio internacional optó por poner la marcha atrás, después de lo cual —me estoy refiriendo a Gastón Vettorazzi, responsable de la División de Pesticidas de la Organización Mundial de la Salud— le confesó en Ginebra a la periodista alemana Gudrun Greunke que, pensándolo bien, el haber seguido este consejo que le habían dado, no había dejado de ser bueno para él y para su familia.
El jefe del CESID puntualizaba que nunca habían estudiado la etiología del síndrome tóxico, y que por otra parte el destinatario de sus evaluaciones de inteligencia era, en exclusiva el gobierno de la nación.

Lo que envenenó a miles de españoles es un aceite de colza desnaturalizado con anilinas. Las anilinas serían lo que causó la epidemia. Más adelante volveremos a ellas. Aquí solamente quiero remarcar algo relacionado con ellas que ya no cuadra en las conclusiones formuladas por el fiscal Fungairiño a la Sala. Resulta que las anilinas, cuando se toman a grandes dosis, provocan que la hemoglobina de la sangre que es la que transporta el oxígeno, se convierta en metahemoglobina, no permitiendo entonces que se transporte el oxígeno. Al no transportar el oxígeno, se produce una situación de ahogo del intoxicado. De lo que resulta que la metahemoglobina es una característica de la intoxicación por anilinas. Como en el caso que nos ocupa el aceite de colza está desnaturalizado con anilinas, se pensó inmediatamente en este proceso, efectuándose estudios exhaustivos para determinar esta metahemoglobina, pero nunca fue detectada en los afectados por el síndrome tóxico. Lo que sorprende es que de todas formas el fiscal hable de este proceso de metahemoglobinización en sus mencionadas conclusiones.
A principios de mayo de 1981 se detecta una enfermedad nueva en España, que afecta a un creciente número de individuos. En los primeros días surgen diversas hipótesis de urgencia sobre el origen que desencadenó la epidemia hasta que el gobierno anuncia por televisión que la culpa de todo lo tiene una partida de aceite de colza desnaturalizado, distribuido en venta ambulante. Los industriales y comerciantes que han intervenido en el proceso de importación, manipulación y distribución de este aceite son quienes hoy se sientan en el banquillo de los acusados. Pero a lo largo de estos siete años ha habido una serie de científicos que han ido evidenciando que el aceite presuntamente tóxico no pudo haber sido el causante de la tragedia. Por lo cual el juicio que actualmente se está celebrando, no responde en modo alguno a un espíritu de aclarar el origen del síndrome tóxico y por consiguiente de impartir justicia y delimitar responsabilidades por la enfermedad aparecida en la primavera de 1981, sino que se reduce a un juicio que a lo sumo podrá clarificar si hubo o no fraude en la importación, manipulación y distribución de determinada partida de aceite de colza.
En 1981, el Ministerio de Sanidad queda ampliamente informado de la posibilidad de que determinado insecticida organotiofosforado podría haber desencadenado la nueva enfermedad. Pero no actúa en consecuencia.
Y a mi entender la cosa se agrava cuando 8 meses después de aparecer el primer caso de síndrome tóxico, un médico militar, el teniente coronel Dr. Luis Sánchez-Monge Montero, envía al Gobierno, al INSALUD, «para que lo leyera Valenciano», me diría, refiriéndose con ello al Dr. Luis Valenciano, a la sazón Director General de la Salud Pública, un informe en el que afirmaba que el origen de la grave enfermedad radicaba en un veneno que bloqueaba la colinesterasa, y en el que explicaba cómo había que curar a los enfermos. Más adelante definiría este veneno como un compuesto organofosforado.

Todavía hoy los máximos organismos internacionales en el ámbito sanitario no han sabido o no han querido ver claro el origen del síndrome tóxico. Ambas posibilidades son lamentables.
Pero el que aún hoy declaren con decisión y sin rubor que la culpa de lo sucedido la tuvo el aceite de colza, es algo que solamente se explica mediante la reflexión de que jamás han profundizado en el tema hasta sus últimas consecuencias —lo cual es imperdonable tratándose de instituciones en las que la población mundial deposita su confianza para aumentar su nivel de salud—, o de que han apostado, también ellos, por el silencio del pacto. Y esto ya no es imperdonable, sino que es de juzgado de guardia: ¿en quién va a poder confiar el ciudadano?.
En lo que sí están todos de acuerdo, ya sean los defensores de la hipótesis oficial como los disidentes de la misma, ya sean españoles o extranjeros, americanos del CDC o europeos de la OMS, es en el hecho de que se trata de una enfermedad única en el mundo, de nueva aparición y absolutamente desconocida con anterioridad. Es importante tenerlo en cuenta al considerar el síndrome tóxico como efecto trágico en el marco de un ensayo de una nueva combinación de productos, aplicable, en caso satisfactorio, a la guerra química. Como muy delicadamente lo insinuó el presidente de la Federación Provincial de Asociaciones de Consumidores y Afectados por el Síndrome Tóxico, de Madrid, Pedro César Sanz Orozco, en un informe que con fecha 20 de junio de 1984 remitió a los componentes del grupo de trabajo de la Organización Mundial de la Salud reunidos en aquel mes y año en el Ministerio de Sanidad y Consumo en Madrid:
«Es un hecho que la sintomatología presentada por las víctimas no corresponde a ninguna enfermedad conocida, aunque esto no deba de significar que no esté producida por un agente tóxico conocido, ya que bien pudiera darse el caso de que lo que no sea conocido sean sus efectos en el ser humano o sus diferentes efectos en función de la vía de contaminación: contacto, respiratoria, digestiva, etc.»
La aludida OMS, por su parte, y en las conclusiones a que llegó un año antes tras su reunión también en Madrid en marzo de 1983, señalaba que «el SAT (Síndrome del Aceite Tóxico, denominación y siglas que por sí solas ya hablan del prejuicio y por tanto escaso espíritu científico que animaba a los investigadores oficiales que debían buscar el origen del síndrome) tiene una fase aguda y una fase crónica que presentan rasgos semejantes a los de entidades morbosas bien conocidas, pero la combinación del cuadro clínico y los hallazgos anatomopatológicos es singular y sugiere que este síndrome es nuevo».

Tanto el síndrome tóxico español de 1981, como las intoxicaciones por organofosforados, tienen en común el desarrollo de lesiones en el sistema nervioso, y más concretamente la manifestación de una neuropatía retardada.
Mención especial merece el insomnio que padecen los afectados del síndrome tóxico. Es un síntoma de aparición precoz (ya en la primera semana del proceso), y su hallazgo es constante —podemos decir que se observa en el 100% de los casos— si bien su intensidad es variable de unos a otros: va desde los enfermos que pasan dos semanas sin poder dormir, hasta los que tardan 6 meses en poder conciliar la primera hora de sueño.
Este largo período de insomnio contribuye en parte a agravar el síntoma de la alteración de la cronobiología, que modifica el ritmo horario habitual del individuo, que no se sujeta a reglas: los horarios de toma de alimentos se modifican en el sentido de alargar las pausas, con aparición de apetito en momentos extraños, como por ejemplo durante la madrugada, y se modifican los horarios en los que el paciente realizaba las necesidades fisiológicas o el aseo personal.
Adicionalmente, la conclusión clínica del análisis anatomopatológico probó que se trataba de una enfermedad que provocaba edema en cerebro, pericardio, aparato digestivo y pulmón, de donde se concluye que es una enfermedad sistémica y no respiratoria. Pero en aquella fecha nadie quiere darse cuenta aún de esta conclusión excepto el Dr. Muro: ¿Por qué? Porque a alguien no le interesaba que la investigación se encauzara correctamente.
El 26 de junio, el Ministerio de Sanidad anuncia que el aceite tóxico sospechoso sería sustituido por aceite de oliva puro a partir del 30 de junio a más tardar.
El 30 de junio de 1981 comienza efectivamente la «operación canje» del aceite presuntamente tóxico que los españoles tenían en sus casas, por aceite puro de oliva.
El mismo día fue abierto el sumario del síndrome tóxico, con un escueto certificado del Dr. Antonio Borregón Martínez, director del laboratorio del Centro Nacional de Alimentación y Nutrición de Majadahonda, en el que se culpaba al aceite de colza desnaturalizado con anilina, como causante de la tragedia.

Uno de los pilares en los que basan su acusación quienes argumentan que el origen del síndrome tóxico radica en el aceite de colza desnaturalizado, es el hecho —dicen ellos— de que la enfermedad comienza a decaer desde el momento en que deja de ser consumido el aceite sospechoso.
Así lo declara por ejemplo —pondré solamente tres ejemplos— la Comisión Clínica (integrada por los doctores J. Villamor López, E. Rodríguez Illera, F. Pozo Rodríguez, B. Taracena del Piñal, J. Romero Olabarrieta, J. L. Montero y G. Marín Hernández), que el 11 de junio de 1982 firma la «Introducción» al Informe sobre el Simposium Nacional del Síndrome Tóxico, informe publicado por el Ministerio de Sanidad y Consumo.
(Dicho sea al vuelo y sin que tenga relación directa con el análisis, me ha sorprendido vivamente el que los citados doctores hayan empleado el término «dramáticamente» para decirnos que la incidencia está cayendo, lo cual significa que la enfermedad está remitiendo, o sea que está desapareciendo: que no aparecen nuevos casos, en definitiva. ¿Es eso dramático? Para cualquiera, pero más aún para un médico —aquí son siete— tal circunstancia debería de ser «feliz» y no «dramática».

¿No será que nos encontramos ante uno más de los fraudes existentes en los alimentos, pero que no tiene nada que ver con la causa de esta epidemia?
¿Qué estudios se han realizado sobre la excreción o eliminación de metabolitos o productos de desintegración que permitan detectar la biotransformación del tóxico y quizás hasta inferirle en lágrimas, moco nasal, orina, heces, exudado vaginal, leche materna o sangre?
¿Qué estudios de detección del tóxico se realizan en los enfermos y cadáveres, por qué personas, dónde y en qué establecimientos y sobre que grupo de enfermos, y qué resultados se han obtenido hasta ahora?.
Nadie tiene elementos que clara y decididamente acusen al aceite de colza de ser el producto causante de la epidemia. Y sin embargo nadie investiga a nivel oficial en otra dirección que no sea el aceite. ¿No constituye esto una gravísima negligencia? Máxime, cuando informe tras informe se lee y se relee una y otra vez que el aceite supuestamente tóxico una vez analizado, resulta ser inocuo.
El 12 de noviembre de 1982, el Dr. Frank Cordle, jefe de la división de Epidemiología y de Toxicología Clínica de la Food and Drug Administration norteamericana, en carta que le envía al Dr. Eduardo Sanz Ortega, coordinador general del Plan Nacional para el Síndrome Tóxico, le manifiesta: «Lamentablemente, hemos sido incapaces de identificar sustancia alguna en las muestras de aceite que han sido analizadas hasta el momento».

1.- IMPORTANTES IRREGULARIDADES EN EL PLANTEAMIENTO DE LA HIPÓTESIS
Se pretendió dar como hecho científico la inculpación de cierto «aceite», pero ninguna Institución Científica ni ninguna Comisión Ministerial de Seguimiento de la Epidemia fue consultada, ni se pronunció antes de oficializarse la inculpación.
Se inculpó ministerial y judicialmente a cierto tipo de «aceite», y solamente después se busca afanosa y valdíamente pruebas epidemiológicas y toxicológicas de tal inculpación.
Existen serias dudas de que el estudio epidemiológico realizado por el Dr. Tabuenca antes del 10 de Junio de 1981 y presentado como única prueba para la inculpación oficial contra el «aceite» haya sido efectuado realmente antes (e incluso después) de dicha inculpación.
El primer e ineludible paso del método científico se incumplió: La hipótesis oficial nunca ha sido definida ni fijada. Esto permitirá a lo largo de 4 años no considerarla nunca refutada. NO se puede tirar abajo algo que no existe.
2.- INCOHERENCIA DE LA HIPÓTESIS: GRANDES CONTRADICCIONES ESPACIO-TEMPORALES Y POBLACIONALES.
Se han detectado importantes contradicciones a nivel de gran agregado (nacionales, provinciales, comarcales, etc…) consistentes en importantes no correspondencias entre las cantidades, lugares y momentos de aparición de la enfermedad y los de la distribución de los «aceites».
También a nivel de pequeño agregado (municipios, edificios, familias, etc…) se detectan grandes contradicciones aún más inexplicables por cuanto estos agregados compartían las mismas partidas de «aceite».
Estas contradicciones son inexplicables con la teoría oficial del «aceite», pero son muy explicables con la hipótesis alternativa que considera las hortalizas como vehículo del tóxico.
3.- GRAVES SESGOS EN LA CONTRASTACIÓN EPIDEMIOLÓGICA DE LA HIPÓTESIS
Los estadios para investigar la relación del «aceite» con la enfermedad desconsideran las más de 20 marcas comerciales (consumidas por los afectados) inculpadas, así como la presencia (o no) de colza y anilidas sobre las que de facto se ha basado toda la inculpación.
Se han ignorado las diversas procedencias (distintas composiciones) de los aceites sin marca, considerándose estos aceites como provenientes de un mismo origen y por tanto potencialmente causantes de un mismo mal. Tal forma de proceder hubiera bastado para apoyar la inculpación de agua, pan, verduras, o cualquier otro alimento sin marca.
4.- IRREGULARIDADES EN LA EVALUACIÓN Y DEDUCCIÓN DE CONCLUSIONES EN LA HIPÓTESIS OFICIAL
Los equipos científicos «oficiales» que se han pronunciado apoyando la tesis oficial y descartando las tesis disidentes han sido JUEZ y PARTE y no podían pronunciarse, en realidad, en contra de las posturas del Gobierno Español.
Los expertos internacionales que han intervenido para evaluar la teoría del «aceite» se ha desvelado posteriormente que no eran (excepto 1) expertos en el tema a tratar grasas, anilinas… Sino por el contrario eran expertos en pesticidas (tesis disidentes), algunos de ellos en pesticidas organofosforados e investigadores pioneros en Neuropatía retardada producida por dichos pesticidas, ¿por qué?
El único experto en grasas, representaba los intereses de una multinacional en grasas (UNILEVER), que domina el mercado de colza en Europa y que estuvo interesada en comprar la empresa española «Aceites Carbonell» (en 1980 y en 1984) que como resultado del S.T. pasó de empresa en quiebra a líder del sector. La O.M.S. no ha ratificado en realidad la tesis oficial del aceite ni ha descartado las tesis causales disidentes, lo que no se ajusta a lo que viene afirmando el Gobierno Español (La O.M.S. depende a su vez de los distintos Gobiernos que la mantienen).
Todas y cada una de las pruebas indiciarías que en la reunión organizada por el P.N.S.T. y oficina regional de Copenhague de la O.M.S. se adujeron para fundamentar la inculpación del «aceite», (curva de incidencia de la enfermedad, circuitos de distribución de «aceites» correlacionado con distribución de enfermedad y estudios de caso-control), han resultado ser irreales o manipuladas, pese a lo cual se sigue afirmando oficialmente que la hipótesis oficial es científica y seria (y ademas la única).
Sin embargo, ninguna persona o Institución Científica ha afirmado jamás por escrito (judicialmente, en publicaciones científicas, etc…) que existan pruebas de que algún tipo de “aceite1 sea la causa, ni aún parcial o indirecta, de los casos de síndrome tóxico. SI han sido numerosos los científicos que han rechazado, por escrito, incluso ante Juez o Notario, tal posibilidad.

En la última entrevista al Doctor Muro:
– La Organización Mundial de la Salud es una institución: no tiene voz. Cuando se habla de la Organización Mundial de la Salud, siempre se refieren a algunas personas. Me gustaría saber qué persona dice eso, y en qué estudio se apoya. Porque los estudios con los que engañaron a la Organización Mundial de la Salud, que han estado ocultos hasta abril de este año, son lo que se llaman los estudios de los casos-control. Y los casos-control, precisamente, todos ellos, indican que ningún aceite ha podido ser el vehículo de esta enfermedad, como ya sabía yo desde el año 81. Yo quisiera saber en qué estudios —que serán nuevos, porque los antiguos desde luego no lo dicen— se han basado para afirmar eso. Aparte, me gustaría también saber qué intereses hay debajo, porque todo el mundo sabe que a mí no me ha movido más interés que el descubrir la verdad, y sólo estaba detrás de la verdad y por la verdad en sí.

– Ha sido la metabolización de un nematicida de acción sistémica. La planta ha creado un tóxico más tóxico que el pesticida que se añadió, y esa ha sido la causa del síndrome tóxico.
– La patogenia de la enfermedad. Sobre cómo está actuando ahora mismo en los enfermos el cuadro clínico. Es decir, la fisiopatología íntima de lo que se está produciendo en los organismos afectados. Y en efecto, como usted sabrá porque se ha dicho siempre y además yo me he encargado —nunca he ocultado ninguna de mis investigaciones—, eso me permitió predecir con uno y dos años de anticipación lo que iba a pasar. Porque yo sabía qué estaba pasando en la fisiopatología de la enfermedad, al ver —porque esto lo ha visto todo el mundo— que era una intoxicación típica por organofosforados. Pero no solo —como se puede creer— por cualquier organofosforado, sino por uno determinado por ejemplo, es un organofosforado que ademas contiene una amina capa: de provocar un insomnio prolongado. Es el único organofosforado que reúne esta condición.
– Por último, ¿qué opinión le merecen a usted las declaraciones del ministro de Sanidad, Ernest Lluch, que ha dicho que el Nemacur fue retirado del mercado hace meses, por su toxicidad, y no porque tuvieran conciencia de que fuera el causante del síndrome tóxico?
Dr. Muro: El Nemacur está a la venta libre ahora mismo en Barcelona. SÍ quieren comprarlo ustedes, vayan y lo compran. La semana pasada hemos comprado un saco tranquilamente en el mercado sin decir quién éramos, pagando al contado, y ya está.

Rafael Cid escribe en Cambio 16 del 6 de abril de 1987: «También el Centro Superior de Información de la Defensa (CESID), que había realizado su propia investigación con ayuda de expertos de diferentes ramas, dio carpetazo al asunto. Hoy el resumen de ese informe de los servicios secretos militares duerme el sueño de los justos en los archivos de la nueva sede de los servicios en la carretera de la Coruña. En las conclusiones del CESID, apenas una docena de folios, se descarta prácticamente la intoxicación por el aceite y sé sugieren otras causas, por ejemplo, que se hubiera tratado de un ensayo de guerra química».

La multinacional Bayer comienza a inquietarse principalmente en las siguientes ocasiones:
—A partir de enero de 1982 al aparecer en la prensa española la opinión del Dr. Muro de que el envenenamiento masivo fue debido a un organofosforado.
—A raíz del espacio televisivo La Clave del 18 de febrero de 1983, en que también afloró la opinión citada.
Y comienza a estar en demasiadas bocas públicas a raíz de las siguientes publicaciones:
—La publicación Lib publica abiertamente en noviembre de 1984 el nombre del producto de la Bayer como causante de la epidemia.
—Los diarios Avui, Ya e Ideal publican igualmente en noviembre de 1984 el nombre del Nemacur en relación con los experimentos que está realizando en Sevilla el Dr. Frontela.
—El semanario Cambio 16 aparece el 13 de diciembre con el siguiente titular en portada: «Un producto Bayer envenenó a España».
El semanario Lecturas informa el 31 de enero de 1985 sobre los experimentos del Dr. Frontela bajo el siguiente titular: «Dr. Frontela: sustancias insecticidas fueron la causa del síndrome tóxico».
—El 10 de febrero de 1985, la serie Globus de la televisión alemana (ARD, primer programa) informa ampliamente sobre las tesis del Dr. Muro, implicando a la casa Bayer.
—La televisión de la RAI italiana emite un programa en la misma línea del de la televisión alemana.

El industrial del aceite Enric Salomó y muchos afectados por el síndrome tóxico están dispuestos a ingerir el aceite supuestamente tóxico, para demostrar que eso no fue lo que los envenenó. ¿Está dispuesto el Sr. Calvo-Sotelo, los responsables de Sanidad en la primavera de 1981, y los dirigentes máximos de la multinacional Bayer a ingerir tomates prematuramente recolectados, previamente tratados con determinado combinado organotiofosforado?
Sintetizando al máximo el problema planteado por el síndrome tóxico, me atrevo a aventurar que nos hallamos ante una enfermedad sistémica, producida por un tóxico sistémico, cuyo desvelamiento público causaría un gravísimo perjuicio al sistema. Mas no hay prisa. El tiempo suele depurar las situaciones.

According to me a more than interesting book about one of the most spectacular hot flashes in our country in democracy, the rapeseed poisonings.
The massive poisoning of the spring of 1981 in Spain, became a national and even international taboo. For the silencing of what has actually happened, the center, the left, the right, the ultra-left and the far right have agreed. All those who aspire to lick the honey of power. And meanwhile the people, the same affected -with the exception of a thinking minority-, with the easy (and in the opinion of some monetary) bandage in their eyes: «And those who say that it was not oil are going to kill them ! «Was a shouting voice that I and many others could hear on March 30, 1987 in the rest pavilion enabled for the affected associations next to the trial room in Madrid’s Casa de Campo.
It is notorious the loss of prestige, the ridicule and the discredit that have been spreading to practically all those who have tried to approach the true nucleus of the massive massacre that this book talks about. «Everyone who touches this issue burns and they cut off his head,» Dr. Antonio Muro, Jr. would tell me, while Dr. Javier Martinez gave me the prescription to avoid being cut off: «As long as you shut up or disappear, do not lose your position ». A scientist of international prestige chose to put the reverse gear, after which – I am referring to Gastón Vettorazzi, head of the Division of Pesticides of the World Health Organization – he confessed in Geneva to the German journalist Gudrun Greunke that, On second thought, having followed this advice they had given him, had not ceased to be good for him and his family.
The head of CESID pointed out that they had never studied the etiology of the toxic syndrome, and that on the other hand the recipient of their intelligence assessments was exclusively the government of the nation.

What poisoned thousands of Spaniards is a rapeseed oil denatured with anilines. The anilines would be what caused the epidemic. Later we will return to them. Here I just want to highlight something related to them that no longer fits in the conclusions made by the prosecutor Fungairiño to the Chamber. It turns out that anilines, when taken at high doses, cause the hemoglobin in the blood that carries oxygen to turn into methaemoglobin, thus not allowing oxygen to be transported. By not transporting oxygen, a situation of suffocation of the intoxicated occurs. As a result, methemoglobin is a characteristic of aniline poisoning. As in the case we are dealing with, rapeseed oil is denatured with anilines, this process was immediately thought of, carrying out exhaustive studies to determine this methemoglobin, but it was never detected in those affected by the toxic syndrome. What is surprising is that, in any case, the prosecutor talks about this process of methemoglobinization in his aforementioned conclusions.
At the beginning of May 1981, a new disease was detected in Spain, which affects an increasing number of individuals. In the first days emerge various hypotheses of urgency on the origin that triggered the epidemic until the government announced on television that the fault of everything is a departure of denatured rapeseed oil, distributed by street vendors. The industrialists and merchants who have intervened in the process of importing, handling and distributing this oil are those who today sit in the dock of the accused. But throughout these seven years there has been a series of scientists who have been demonstrating that the allegedly toxic oil could not have been the cause of the tragedy. Therefore, the trial that is currently being held does not respond in any way to a spirit of clarifying the origin of the toxic syndrome and therefore of imparting justice and limiting responsibilities for the disease that appeared in the spring of 1981, but it is reduced to a trial that at most may clarify whether there was fraud or not in the import, handling and distribution of a certain item of rapeseed oil.
In 1981, the Ministry of Health was fully informed of the possibility that a certain organophosphorus insecticide could have triggered the new disease. But it does not act accordingly.
And to my understanding the thing gets worse when 8 months after the first case of toxic syndrome appears, a military doctor, Lieutenant Colonel Dr. Luis Sánchez-Monge Montero, sends to the Government, to INSALUD, «so that Valencian read it» , I would say, referring to Dr. Luis Valenciano, at that time General Director of Public Health, a report in which he stated that the origin of the serious disease was in a poison that blocked cholinesterase, and in which he explained how to heal the sick. Later I would define this poison as an organophosphorus compound.

Even today the highest international organizations in the field of health have not known or have not wanted to see clearly the origin of the toxic syndrome. Both possibilities are regrettable.
But the one that even today they declare with decision and without blush that the fault of the happened it had the rapeseed oil, is something that only is explained by the reflection of which never they have deepened in the subject until its last consequences – which is unforgivable in the case of institutions in which the world population places its trust in order to increase their level of health-, or that they have bet, also they, for the silence of the pact. And this is no longer unforgivable, but is judged on guard: who can trust the citizen ?.
In which yes they are all in agreement, already they are the defenders of the official hypothesis like the dissidents of the same one, already they are Spanish or foreign, American of the CDC or European of the WHO, is in the fact that it is a disease unique in the world, new appearance and absolutely unknown before. It is important to take it into account when considering the toxic syndrome as a tragic effect in the framework of a trial of a new combination of products, applicable, if satisfactory, to chemical warfare. As it was very delicately suggested by the president of the Provincial Federation of Associations of Consumers and Affected by the Toxic Syndrome, in Madrid, Pedro César Sanz Orozco, in a report that dated June 20, 1984, he referred the members of the working group of the World Health Organization meeting in that month and year at the Ministry of Health and Consumption in Madrid:
«It is a fact that the symptomatology presented by the victims does not correspond to any known disease, although this should not mean that it is not produced by a known toxic agent, since it may well be that what is not known are its Effects on the human being or its different effects depending on the route of contamination: contact, respiratory, digestive, etc. »
The aforementioned WHO, meanwhile, and in the conclusions reached a year earlier after its meeting also in Madrid in March 1983, noted that «the SAT (Toxic Oil Syndrome, name and acronyms that by themselves already speak of the prejudice and therefore low scientific spirit that encouraged official researchers who had to look for the origin of the syndrome) has an acute phase and a chronic phase that have features similar to those of well-known morbid entities, but the combination of the clinical picture and the findings Histopathology is unique and suggests that this syndrome is new ».

Both the Spanish toxic syndrome of 1981 and organophosphate poisonings have in common the development of lesions in the nervous system, and more specifically the manifestation of a delayed neuropathy.
Special mention deserves the insomnia suffered by those affected by the toxic syndrome. It is a symptom of early onset (already in the first week of the process), and its finding is constant – we can say that it is observed in 100% of cases – although its intensity varies from one to another: it goes from the sick that they spend two weeks without being able to sleep, even those that take 6 months to be able to reconcile the first hour of sleep.
This long period of insomnia contributes in part to aggravate the symptom of the alteration of chronobiology, which modifies the habitual hourly rhythm of the individual, which is not subject to rules: the hours of food intake are modified in the sense of lengthening the pauses , with appearance of appetite in strange moments, as for example during the dawn, and the schedules in which the patient realized the physiological needs or the personal cleanliness are modified.
Additionally, the clinical conclusion of the anatomopathological analysis proved that it was a disease that caused edema in the brain, pericardium, digestive system and lung, from which it is concluded that it is a systemic and non-respiratory disease. But at that time nobody wants to realize this conclusion except Dr. Muro: Why? Because someone was not interested in the investigation being correctly channeled.
On June 26, the Ministry of Health announced that the suspected toxic oil would be replaced by pure olive oil from June 30 at the latest.
On June 30, 1981, the «exchange operation» of the supposedly toxic oil that the Spaniards had in their homes, by pure olive oil, began.
On the same day, the summary of the toxic syndrome was opened, with a brief certificate from Dr. Antonio Borregón Martínez, director of the laboratory of the National Food and Nutrition Center of Majadahonda, in which rapeseed oil denatured with aniline was blamed. of the tragedy.

One of the pillars on which they base their accusation, who argue that the origin of the toxic syndrome lies in the denatured rapeseed oil, is the fact -they say- that the disease begins to decay from the moment it ceases to be consumed. suspect oil.
For example, I will state only three examples – the Clinical Commission (composed of J. Villamor López, E. Rodríguez Illera, F. Pozo Rodríguez, B. Taracena del Piñal, J. Romero Olabarrieta, JL Montero and G. Marín Hernández), who on June 11, 1982 signed the «Introduction» to the Report on the National Symposium on Toxic Syndrome, report published by the Ministry of Health and Consumer Affairs.
(Said on the fly and without having a direct relation to the analysis, I was very surprised that the aforementioned doctors have used the term «dramatically» to tell us that the incidence is falling, which means that the disease is remitting, that is, that is disappearing: that no new cases appear, in short, is that dramatic? For anyone, but even more so for a doctor – here are seven – this circumstance should be «happy» and not «dramatic».

Could it be that we are facing one more fraud in food, but that has nothing to do with the cause of this epidemic?
What studies have been carried out on the excretion or elimination of metabolites or disintegration products that allow the biotransformation of the toxin to be detected and perhaps even to infer in tears, nasal mucus, urine, feces, vaginal exudate, breast milk or blood?
What toxicity detection studies are carried out on patients and cadavers, why people, where and in what establishments and on what group of patients, and what results have been obtained so far?
No one has elements that clearly and decidedly accuse rapeseed oil of being the product that causes the epidemic. And yet nobody investigates at the official level in a different direction than oil. Is not this a gross negligence? Especially when report after report is read and reread again and again that the supposedly toxic oil, once analyzed, turns out to be innocuous.
On November 12, 1982, Dr. Frank Cordle, Chief of the Division of Epidemiology and Clinical Toxicology of the American Food and Drug Administration, in a letter sent to Dr. Eduardo Sanz Ortega, General Coordinator of the National Plan for the Toxic Syndrome, says: «Unfortunately, we have been unable to identify any substance in the oil samples that have been analyzed so far.»

1.- IMPORTANT IRREGULARITIES IN THE APPROACH OF THE HYPOTHESIS
It was intended to give as a scientific fact the indictment of a certain «oil», but no Scientific Institution or any Ministerial Commission to Monitor the Epidemic was consulted, nor was it pronounced before the indictment became official.
A certain type of «oil» was incriminated ministerially and judicially, and only afterwards is epidemiological and toxicological evidence of such inculpation sought eagerly and validly.
There are serious doubts that the epidemiological study carried out by Dr. Tabuenca before June 10, 1981 and presented as the only evidence for the official indictment against the «oil» was actually carried out before (and even after) the indictment.
The first and unavoidable step of the scientific method was breached: The official hypothesis has never been defined or fixed. This will allow for 4 years to never consider it refuted. You can NOT throw down something that does not exist.
2.- INCOHERENCE OF THE HYPOTHESIS: GREAT SPACE-TEMPORARY AND POPULATION CONTRADICTIONS.
Important contradictions have been detected at the level of large aggregates (national, provincial, regional, etc …) consisting of important mismatches between the quantities, places and times of occurrence of the disease and those of the distribution of «oils».
Also at the level of small aggregate (municipalities, buildings, families, etc …) great contradictions are even more inexplicable because these aggregates shared the same «oil» items.
These contradictions are inexplicable with the official theory of «oil», but they are very explicable with the alternative hypothesis that considers vegetables as a vehicle of the toxic.
3.- SERIOUS SESSIONS IN THE EPIDEMIOLOGICAL CONTRASTATION OF THE HYPOTHESIS
The stages to investigate the relationship of the «oil» with the disease disregard the more than 20 trademarks (consumed by the affected) accused, as well as the presence (or not) of rapeseed and anilides on which de facto has based all the indictment.
The different origins (different compositions) of unbranded oils have been ignored, considering these oils as coming from the same origin and therefore potentially causing the same evil. Such a procedure would have sufficed to support the indictment of water, bread, vegetables, or any other unmarked food.
4.- IRREGULARITIES IN THE EVALUATION AND DEDUCTION OF CONCLUSIONS IN THE OFFICIAL HYPOTHESIS
The «official» scientific teams that have supported the official thesis and discarded the dissenting theses have been JUDGE and PART and could not pronounce, in fact, against the positions of the Spanish Government.
The international experts who have intervened to evaluate the theory of «oil» have been revealed later that they were not (except 1) experts in the subject to treat fats, anilines … But on the contrary they were experts in pesticides (dissenting theses), some of them they in organophosphorus pesticides and pioneering researchers in delayed neuropathy produced by these pesticides, why?
The only expert in fats, represented the interests of a multinational fat company (UNILEVER), which dominates the rapeseed market in Europe and was interested in buying the Spanish company «Aceites Carbonell» (in 1980 and in 1984) that as a result of the ST He went from bankrupt company to leader of the sector. The OMS. It has not ratified the official thesis of the oil nor has it discarded the dissenting causal theses, which is not in accordance with what the Spanish Government has been saying (the O.M.S. depends in turn on the different governments that maintain it).
Each and every one of the evidence would indicate that in the meeting organized by P.N.S.T. and the regional office of the O.M.S. they were adduced to support the indictment of the «oil», (disease incidence curve, distribution circuits of «oils» correlated with disease distribution and case-control studies), have turned out to be unreal or manipulated, in spite of which it is still officially affirmed that the official hypothesis is scientific and serious (and also the only one).
However, no person or scientific institution has ever stated in writing (judicially, in scientific publications, etc …) that there is evidence that some type of «oil1 is the cause, even partial or indirect, of the cases of toxic syndrome. If there have been numerous scientists who have rejected, in writing, even before Judge or Notary, such a possibility.

In the last interview with Doctor Muro:
– The World Health Organization is an institution: it has no voice. When talking about the World Health Organization, they always refer to some people. I would like to know which person says that, and which study is supported. Because the studies with which they deceived the World Health Organization, which have been hidden until April of this year, are what are called case-control studies. And the control cases, precisely, all of them, indicate that no oil could have been the vehicle of this disease, as I already knew from the year 81. I would like to know in which studies -which will be new, because the old ones certainly do not they say it-they have relied to affirm that. Besides, I would also like to know what interests are below, because everyone knows that I have not moved more interest than discovering the truth, and I was only behind the truth and the truth itself.

– It has been the metabolization of a nematicide with systemic action. The plant has created a toxic more toxic than the pesticide that was added, and that has been the cause of the toxic syndrome.
– The pathogenesis of the disease. On how the clinical picture is acting right now in patients. That is, the intimate pathophysiology of what is occurring in the affected organisms. And indeed, as you will know because it has always been said and I have also taken care of it – I have never hidden any of my research – that allowed me to predict one and two years in advance what was going to happen. Because I knew what was happening in the pathophysiology of the disease, seeing – because this has been seen by everyone – that it was a typical poisoning by organophosphates. But not only – as can be believed – by any organophosphate, but by a certain one for example, it is an organophosphate that also contains an amine layer: to cause prolonged insomnia. It is the only organophosphate that meets this condition.
– Finally, what opinion do you deserve the statements of the Minister of Health, Ernest Lluch, who said that the Nemacur was removed from the market for months, for its toxicity, and not because they were aware that it was the cause of the syndrome toxic?
Dr. Muro: The Nemacur is for sale now in Barcelona. IF you want to buy it, go and buy it. Last week we bought a sack quietly in the market without saying who we were, paying cash, and that’s it.

Rafael Cid writes in Cambio 16 of April 6, 1987: «Also the Higher Information Center of Defense (CESID), which had carried out its own investigation with the help of experts from different branches, shelved the matter. Today the summary of that report of the military secret services sleeps the dream of the just in the archives of the new headquarters of the services on the highway of La Coruña. In the CESID conclusions, barely a dozen folios, oil poisoning is practically ruled out and other causes are suggested,for example, that it was a chemical warfare trial.»

The multinational Bayer begins to worry mainly on the following occasions:
-From January 1982, when Dr. Muro’s opinion appeared in the Spanish press that the massive poisoning was due to an organophosphate.
-In the wake of the television channel La Clave on February 18, 1983, in which the aforementioned opinion also surfaced.
And begins to be in too many public mouths following the following publications:
-The Lib publication openly published in November 1984 the name of the Bayer product as the cause of the epidemic.
-The Avui, Ya and Ideal newspapers also publish in November 1984 the name of the Nemacur in relation to the experiments being carried out in Seville by Dr. Frontela.
-The weekly Cambio 16 appears on December 13 with the following headline on the cover: «A Bayer product poisoned Spain.»
The weekly Lecturas reports on January 31, 1985 about Dr. Frontela’s experiments under the following headline: «Dr. Frontage: insecticide substances were the cause of the toxic syndrome ».
-On February 10, 1985, the Globus series of German television (ARD, first program) reports extensively on the theses of Dr. Muro, involving the Bayer house.
-The Italian RAI television broadcasts a program in the same vein as that of German television.

The industrial oil Enric Salomó and many affected by the toxic syndrome are willing to ingest the supposedly toxic oil, to show that that was not what poisoned them. Is Mr. Calvo-Sotelo willing, those responsible for Health in the spring of 1981, and the top leaders of the multinational Bayer to ingest tomatoes that are prematurely harvested, previously treated with a certain organophosphorus compound?
Synthesizing to the maximum the problem posed by the toxic syndrome, I venture to venture that we are facing a systemic disease, produced by a systemic toxic, whose public disclosure would cause a very serious damage to the system. But there is no hurry. Time usually debug situations.

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