Las alcantarillas del poder — Fernando Rueda / Sewers Of Power by Fernando Rueda (spanish book edition)

Muy indicado para personas que se sientan interesadas en temas de espionaje. Proporciona al lector una idea de cómo ha actuado el servicio secreto español en la democracia mediante 100 breves historias. A pesar de lo que en un primer momento podría parecer, ninguna de ellas me ha parecido aburrida o sobrante y la lectura me ha resultado entretenida y fácil. Recomendable.
El Estado de derecho también se defiende en las alcantarillas». La frase pertenece al que fuera presidente del Gobierno, Felipe González, acusado —o alabado— reiteradamente durante sus catorce años de mandato de mover de forma sinuosa y con destreza a los fontaneros que arreglaban las cañerías del sistema. Alcantarillas y fontaneros, las dos palabras clave para definir a toda una pléyade de funcionarios gubernamentales de cuyo trabajo casi nada se conocía —ni se conoce— y entre los que destacaban los agentes secretos.

El más importante y enorme de los archivos montados durante la Transición no sólo está guardado a buen recaudo en la sede central del servicio de inteligencia —una copia está archivada en otro edificio seguro lejos de Madrid—, sino que fue actualizado al menos durante los años ochenta y hoy existen sospechas de que se mantiene la alimentación de información.
Su nombre refleja claramente sus intenciones: Jano es el dios de la mitología romana, que con sus dos caras mira al futuro y al pasado. En la época del SECED, sus agentes dedicaron un ingente trabajo a plasmar en informes personales la vida pública y privada de ocho mil personajes que en ese momento tenían o podían tener una proyección pública en el futuro. Eran personas jóvenes o maduras con aptitudes para desempeñar a lo largo de su vida destacados cargos en la Administración pública o privada.
Jano fue actualizado durante la etapa de Felipe González en el Gobierno, siendo Manglano director. En aquel momento se pretendió bucear nuevamente en los dos aspectos de la vida de políticos, empresarios, jueces y periodistas que criticaron con dureza la época de corrupción y guerra sucia.
En 1996, tras su designación como director del Cesid, Javier Calderón solicitó de nuevo el archivo, en lo que fue una de sus primeras decisiones. Otra vez el secreto y la constatación de que nadie podría saber si había diferencias entre los documentos entregados por el departamento de documentación y los recibidos posteriormente.
Desde aquellos años, muchas han sido las denuncias que han acreditado que el Archivo Jano está siendo actualizado de forma continua con las personas que adquieren proyección pública. La justificación es que la sociedad necesita saber que sus dirigentes son leales a España y no a intereses espurios.
Para obtener datos de esas personalidades relevantes, se han utilizado tácticas de lo más sorprendentes. Como cuando los medios tecnológicos más modernos entraron secretamente en los restaurantes de lujo. (Operación Tenedor en el Restaurante El Bodegón de Serrano).

Las ilegalidades son imprescindibles en el trabajo operativo de los servicios de inteligencia, aunque los propios directivos del espionaje lo nieguen. Sin ese comportamiento, no habrían podido evitar el golpe de Estado del 27-O, preparado para el día anterior en el que Felipe González ganó por primera vez unas elecciones generales.
El 1 de octubre de 1982 el Cesid había sufrido una profunda renovación. El director Manglano, demócrata y monárquico, había depurado a la mayor parte de los sospechosos de mantener simpatías con los golpistas y había aupado a puestos vitales como la lucha contra el golpismo a Santiago Bastos y a la unidad operativa a Alberto Perote, dos hombres cuyas simpatías por el nuevo régimen estaban fuera de toda duda.
Ese día, como todos los de la nueva etapa, los agentes operativos de la AOME dedicaron la mayor parte de su tiempo a perseguir a los militares sospechosos de querer repetir la intentona golpista del 23-F Uno de los grupos llevaba varias semanas controlando los movimientos del sospechoso coronel Luis Muñoz, que ese día fue a visitar al teniente general Jaime Milans del Bosch, encarcelado en el acuartelamiento de Fuencarral.

Francisco Lerena fue captado como colaborador del Cesid en 1983. Le pusieron el nombre de Alejandro y le encargaron infiltrarse en los grupos de extrema derecha militar que todavía estaban activos. Era amigo de Ricardo Sáenz de Ynestrillas, lo cual le daba acomodo en esos sectores, y había sido guardia civil, por lo que tenía un gran manejo de armas de fuego, técnicas de seguimiento y aparatos electrónicos de escuchas.
Le pusieron un sueldo y le dieron tiempo para granjearse nuevas amistades, lo que consiguió gracias a su enorme habilidad y simpatía. En unos meses, comenzó a participar en la preparación de atentados. Su prueba de fuego fue la colocación de una bomba contra un autocar de familiares de ETA, en la que se ofreció a ser el máximo responsable para demostrar su lealtad a la causa terrorista. Gracias a los manejos de agentes del Cesid, a los que previamente había informado, cuando Lerena accionó el mando a distancia, la bomba no estalló y salvaron la vida cincuenta familiares de presos de la banda.

Cuando se desvela una historia así, siempre hay detrás un espía que se salta la ley del silencio. Los motivos que les mueven son de lo más dispares: hacer justicia, quitarse remordimientos de encima, venganza… Se desconoce lo que indujo a este espía a relatar la penetración clandestina, pero tiene un valor especial porque fue confirmada, años después de llevarse a cabo, por el que era vicepresidente del Gobierno, Francisco Álvarez Cascos, y por el ministro de Administraciones Públicas, Mariano Rajoy.
El agente contó que, en diciembre de 1988, le citaron en la cafetería Santander, en la plaza de Alonso Martínez de Madrid, para llevar a cabo una misión: el asalto a la sede nacional de Alianza Popular —ahora PP—, en la cercana calle de Génova. En contra de la costumbre habitual de la Casa, el trabajo no se lo encargaron a los operativos del DAO, sino a un grupo de ocho agentes, que se desconocían entre sí. Una planificación que primaba la estrategia del silencio.

Perote se llevó a su casa, antes de abandonar el despacho oficial, mil doscientas cuarenta y cinco microfichas con muchas de las operaciones que demostraban la participación de la Casa en la guerra sucia contra ETA y algunas otras de extrema gravedad. Él afirmó que no se dio cuenta, pero pocos le creyeron. El hecho fue que esos documentos fueron publicándose poco a poco en los medios de comunicación, y el abogado de Mario Conde, Jesús Santaella, mostró una lista de las mismas a diversos altos cargos del Gobierno, con el aviso de que verían la luz si no restituían a su defendido el daño producido cuando le quitaron Banesto.
Chantaje o negociación, el hecho fue que Felipe González se negó a aceptar las condiciones de Conde y los papeles fueron publicados. Perote fue detenido de forma fulminante, pero el director Manglano, el ministro Julián García Vargas y el vicepresidente Narcís Serra tuvieron que dimitir.
La pelea no terminó ahí y duró varios años. En julio de 1997, el dossier sobre Perote bautizado como «Somosierra-Cilindro-Perellón» fue filtrado a la revista Tiempo. Era el último paso para desacreditar al antiguo espía y una muestra de lo que era capaz de hacer —y manipular— el servicio secreto para defenderse de un traidor: se le acusaba de connivencia con la CIA, de colaborar con ETA y de todo tipo de negocios sucios. Para acabar con Perote, no tuvieron escrúpulos en reconocer que usaban «procedimientos no válidos legalmente». Pero dentro de esta operación, también intentaron comprar a periodistas.

El 25 de julio de 1992 se inauguraron de forma oficial los juegos Olímpicos de Barcelona, uno de los acontecimientos internacionales más importantes que se han celebrado en nuestro país. En los años anteriores, el Gobierno estuvo muy preocupado por los tenias de seguridad. El punto de mira no estaba dirigido especialmente a ETA, sino a la organización terrorista Terra Lliure, que luchaba por conseguir la independencia para Cataluña.
La orden prioritaria a todos los cuerpos de seguridad y a los servicios de inteligencia era tajante: hay que acabar con ellos antes de que se inicien los juegos, porque, de lo contrario, intentarán cometer algún atentado para que su causa adquiera renombre internacional. Todos dedicaron sus mayores esfuerzos a ese objetivo, pero fueron el Cesid y la Guardia Civil los que consiguieron el éxito. Eso sí, gracias a la labor inapagable de Mikel Lejarza, el Lobo, el topo que había desarticulado casi en su totalidad a ETA en los años setenta y que después de un complicado periplo había regresado a España para seguir a las órdenes del servicio secreto.
El Lobo estaba trabajando en Barcelona con una tapadera en una empresa de seguridad, cuando, desde Madrid, su controlador el jefe de Antiterrorismo, Julio Leal, le pidió que buscara a alguien para infiltrarle en la banda catalana. Lejarza estuvo durante meses dándole vueltas hasta que encontró a C., una persona de su máxima confianza, que cumplía todos los requisitos para la misión.
Como es habitual en estos casos, eligieron a la Guardia Civil, a quien pasaron los datos para que procedieran a las detenciones y a las incautaciones de pisos y material. El mazazo fue tremendo. Terra Lliure se había acabado.
La Policía se quedó muy molesta al sentir que no había participado en el trabajo y que la Guardia Civil se había apuntado un tanto gracias al trabajo discreto del Cesid. Mikel Lejarza intentó pasar desapercibido, como siempre, y dejar los méritos para otros. Al fin y al cabo, él estaba desaparecido y así debía seguir el resto de su vida.

El Gobierno de José María Aznar encargó un estudio para la creación de un sistema que acabara con las interferencias y demás dificultades. La solución fue el Sistema de Interceptación Telefónica (SITEL), que incorporaba la tecnología más avanzada. Consta de tres servidores centrales (Policía, Guardia Civil y CNI) conectados al ordenador central de la Dirección General de Telecomunicaciones, que almacena la información que facilitan las compañías telefónicas y que al mismo tiempo la distribuyen a los ordenadores, fijos o portátiles, de las unidades que investigan a los sospechosos. Obviamente, ya no graban en analógico en una cinta, sino en digital en la memoria de un disco duro, con la misma calidad con la que se han escuchado los participantes en la charla. Además, el sistema permite conocer en el mismo momento de la llamada, la identidad y algunos datos de la persona con la que está hablando.
Con el sistema estudiado, el Gobierno popular decidió no ponerlo en marcha por los problemas legales que sus asesores les plantearon, pese a las presiones de los cuerpos de seguridad, que lo consideraban una herramienta imprescindible para hacer frente a los delitos.
La llegada de los socialistas, con José Luis Rodríguez Zapatero cuyo patrón fue primar los derechos frente a estas actuaciones que privaron hasta el 2006.

José María de Areilza, mucho más monárquico que franquista, recogió en su libro autobiográfico Diario de un ministro de la monarquía algo que escribió el 27 de abril de 1975: «Viene Pérez de Bricio y me cuenta (…) que la única baza que tiene Arias Navarro para mantenerse y amenazar al Rey es la posesión de cintas magnetofónicas en que se registran conversaciones del monarca. Parece que hay comentarios y juicios tremendos. Sería un Watergate dinástico. Habrá que deshacer un día los servicios (secretos) si no queremos que nos desborden a todos en una absurda guerra de chantajes, denuncias y rivalidades».
Areilza, como el Rey, conocía sus métodos por propia experiencia. El conde de Motrico fue víctima del chantaje de los servicios de inteligencia, lo que le costó su sueño de llegar a la presidencia del Gobierno. El pódium lo alcanzó Adolfo Suárez que, sin mancharse las manos, consiguió apartar de la carrera a su más fuerte competidor.
No está claro quién fue el instigador. Algunos opinan que el Rey soltó en determinados círculos, como quien no quería la cosa, que no confiaba en Areilza y que era conveniente retirarle de la lista de candidatos al puesto de jefe del Gobierno. Pero no faltan los que, conociendo el funcionamiento del espionaje en la época, defienden que fue un trabajo por iniciativa de los espías que luego vendieron ladinamente al círculo de poder que apoyaban a Adolfo Suárez.

Very suitable for people who feel interested in espionage issues. It provides the reader with an idea of ​​how the Spanish secret service has acted in democracy through 100 brief stories. Despite what at first might seem, none of them seemed boring or leftover and reading has been entertaining and easy. Recommendable.
The rule of law is also defended in the sewers ». The phrase belongs to the former president of the Government, Felipe González, accused – or praised – repeatedly during his fourteen year mandate to move sinuously and skillfully to the plumbers who fixed the plumbing of the system. Sewers and plumbers, the two key words to define a whole plethora of government officials whose work almost nothing was known, and is known, and among those who highlighted the secret agents.

The most important and huge of the files assembled during the Transition is not only kept safely in the headquarters of the intelligence service-a copy is stored in another safe building away from Madrid-but it was updated at least over the years eighty and today there are suspicions that information feeding is maintained.
His name clearly reflects his intentions: Janus is the god of Roman mythology, who with his two faces looks to the future and the past. During the SECED period, its agents devoted a huge amount of work to capturing in personal reports the public and private life of eight thousand characters that at that time had or could have a public projection in the future. They were young or mature people with aptitudes to carry out throughout their life outstanding positions in the public or private Administration.
Jano was updated during the Felipe González stage in the Government, being Manglano director. At that time it was intended to dive again in the two aspects of the life of politicians, businessmen, judges and journalists who criticized with harshness the era of corruption and dirty war.
Jano was updated during the Felipe González stage in the Government, being Manglano director. At that time it was intended to dive again in the two aspects of the life of politicians, businessmen, judges and journalists who criticized with harshness the era of corruption and dirty war.
In 1996, after his appointment as Cesid director, Javier Calderón requested the file again, in what was one of his first decisions. Again the secret and the confirmation that nobody could know if there were differences between the documents delivered by the documentation department and those received later.
Since those years, many have been the complaints that have proven that the Jano Archive is being updated continuously with people who acquire public projection. The justification is that society needs to know that its leaders are loyal to Spain and not to spurious interests.
To obtain data of those relevant personalities, the most surprising tactics have been used. As when the most modern technological means secretly entered the luxury restaurants. (Operation Fork in El Bodegón de Serrano Restaurant).

Illegality is essential in the operative work of the intelligence services, even if the espionage directors themselves deny it. Without that behavior, they would not have been able to avoid the coup d’etat of 27-O, prepared for the day before when Felipe González won a general election for the first time.
On October 1, 1982 Cesid had undergone a profound renovation. Director Manglano, Democrat and monarchist, had purged most of the suspects of maintaining sympathy with the coup and had raised vital posts such as the fight against the coup to Santiago Bastos and the operating unit to Alberto Perote, two men whose sympathies by the new regime they were beyond doubt.
That day, like all those in the new phase, the AOME operatives spent most of their time chasing the military suspected of wanting to repeat the coup attempt of 23-F One of the groups had been controlling the movements for several weeks. of the suspicious colonel Luis Muñoz, that day he went to visit Lieutenant General Jaime Milans del Bosch, imprisoned in the barracks of Fuencarral.

Francisco Lerena was captured as a collaborator of Cesid in 1983. They named him Alejandro and they commissioned him to infiltrate the far-right military groups that were still active. He was a friend of Ricardo Sáenz de Ynestrillas, which gave him accommodation in those sectors, and he had been a civil guard, so he had a great handling of firearms, tracking techniques and electronic listening devices.
They gave him a salary and gave him time to make new friends, which he achieved thanks to his great ability and sympathy. In a few months, he began to participate in the preparation of attacks. His test of fire was the placement of a bomb against a coach of relatives of ETA, in which he offered to be the maximum responsible to demonstrate his loyalty to the terrorist cause. Thanks to the handling of agents of the Cesid, who had previously reported, when Lerena operated the remote control, the bomb did not explode and saved the lives of fifty relatives of prisoners of the band.

When a story like this is revealed, there is always a spy behind who skips the law of silence. The motives that move them are the most disparate: to do justice, to remove remorse, revenge … It is unknown what led this spy to relate the clandestine penetration, but it has a special value because it was confirmed, years after being carried out , for which he was Vice President of the Government, Francisco Álvarez Cascos, and by the Minister of Public Administration, Mariano Rajoy.
The agent said that, in December 1988, he was summoned in Santander cafeteria, in the Plaza de Alonso Martínez in Madrid, to carry out a mission: the assault on the national headquarters of Popular Alliance – now PP – in the nearby street of Genoa. Contrary to the usual custom of the House, the work was not entrusted to DAO operatives, but to a group of eight agents, who did not know each other. A plan that prioritized the strategy of silence.

Perote took home, before leaving the official office, one thousand two hundred and forty five microfiche with many of the operations that demonstrated the participation of the House in the dirty war against ETA and some others of extreme gravity. He claimed that he did not notice, but few believed him. The fact was that these documents were published little by little in the media, and Mario Conde’s lawyer, Jesus Santaella, showed a list of them to various high officials of the Government, with the warning that they would see the light if not They restored to their defendant the damage produced when Banesto was taken from him.
Blackmail or negotiation, the fact was that Felipe González refused to accept the conditions of Conde and the papers were published. Perote was arrested in a sudden manner, but the director Manglano, the minister Julián García Vargas and the vice-president Narcís Serra had to resign.
The fight did not end there and lasted several years. In July of 1997, the dossier on Perote baptized as “Somosierra-Cilindro-Perellón” was leaked to Tiempo magazine. It was the last step to discredit the old spy and a sample of what he was able to do – and manipulate – the secret service to defend himself against a traitor: he was accused of collusion with the CIA, of collaborating with ETA and of all kinds of dirty business. To put an end to Perote, they did not scruple to admit that they used “legally invalid procedures”. But within this operation, they also tried to buy journalists.

On July 25, 1992, the Olympic Games of Barcelona were officially inaugurated, one of the most important international events that have taken place in our country. In previous years, the Government was very concerned about security tape. The point of view was not directed especially at ETA, but at the terrorist organization Terra Lliure, which was fighting for independence for Catalonia.
The priority order to all the security forces and the intelligence services was blunt: we must finish them before the games begin, because otherwise they will try to commit an attack so that their cause acquires international renown. All devoted their greatest efforts to that goal, but it was the Cesid and the Civil Guard that achieved success. Yes, thanks to the unappealable work of Mikel Lejarza, the Wolf, the mole that had almost completely dismantled ETA in the seventies and that after a complicated journey had returned to Spain to follow the orders of the secret service.
El Lobo was working in Barcelona with a cover in a security company, when, from Madrid, his controller the head of Antiterrorism, Julio Leal, asked him to look for someone to infiltrate the Catalan band. Lejarza spent months thinking about it until he found C., a person of his maximum confidence, who fulfilled all the requirements for the mission.
As is usual in these cases, they chose the Civil Guard, to whom they passed the data so that they proceeded to the arrests and to the seizures of floors and material. The blow was tremendous. Terra Lliure was over.
The police were very upset to feel that they had not participated in the work and that the Civil Guard had signed up a bit thanks to Cesid’s discreet work. Mikel Lejarza tried to go unnoticed, as always, and leave the merits for others. After all, he was missing and so he must continue the rest of his life.

The Government of José María Aznar commissioned a study to create a system that would eliminate interference and other difficulties. The solution was the Telephone Interception System (SITEL), which incorporated the most advanced technology. It consists of three central servers (Police, Civil Guard and CNI) connected to the central computer of the Directorate General of Telecommunications, which stores the information provided by the telephone companies and at the same time distributes it to the computers, fixed or portable, of the units that investigate the suspects. Obviously, they no longer record in analogue in a tape, but in digital in the memory of a hard disk, with the same quality with which the participants in the talk have listened. In addition, the system allows you to know at the same moment of the call, the identity and some data of the person with whom you are speaking.
With the system studied, the popular government decided not to implement it due to the legal problems that its advisors raised, despite the pressure from the security forces, which considered it an essential tool to deal with crimes.
The arrival of the Socialists, with José Luis Rodríguez Zapatero whose employer was to prioritize the rights in front of these actions that they deprived until 2006.

José María de Areilza, much more monarchist than Francoist, picked up in his autobiographical book Diario de un minister de la monarquía something he wrote on April 27, 1975: “Pérez de Bricio is coming and he tells me (…) that the only trick he has Arias Navarro to stay and threaten the King is the possession of tapes recording conversations of the monarch. It seems that there are tremendous comments and judgments. It would be a dynastic Watergate. We will have to undo the services (secrets) one day if we do not want them to overwhelm us all in an absurd war of blackmail, denunciations and rivalries ».
Areilza, like the King, knew his methods from his own experience. The Count of Motrico was the victim of blackmail by the intelligence services, which cost him his dream of reaching the presidency of the Government. The podium was reached by Adolfo Suárez who, without staining his hands, managed to get his strongest competitor out of the race.
It is not clear who was the instigator. Some think that the King released in certain circles, as if he did not want the thing, that he did not trust Areilza and that it was convenient to remove him from the list of candidates for the post of head of the Government. But there is no shortage of those who, knowing the operation of espionage at the time, defend that it was a job on the initiative of the spies who then sold ladinamente to the circle of power that supported Adolfo Suárez.

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