Las Cárceles Elegidas — Doris Lessing / Prisons We Choose To Live Inside by Doris Lessing

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Este breve libro se compone de una serie de conferencias de la autora en 1985 y de vigente actualidad además de muy interesante.
¿Por qué la humanidad parece ser incapaz de eludir la barbarie?, ¿por qué si ahora sabemos tanto sobre la conducta humana no podemos aprovechar lo que nos enseñan la historia y la sociología?, ¿por qué no somos capaces de ejercer el pensamiento independiente ante la presión de la colectividad? Con soltura, de una plática en otra, Lessing va abordando la mayoría de sus temas predilectos, todos ellos tan actuales hoy como lo fueron en el momento en que dictó estas conferencias.
La frecuencia con la que nos dejamos dominar por nuestro pasado salvaje, lo mismo como individuos que como grupo. Aunque a veces parece que estamos inermes, en realidad estamos recabando, y muy rápidamente (demasiado rápidamente para asimilarlo), conocimientos acerca de nosotros mismos, no sólo como individuos sino como grupo, como naciones y como miembros de la sociedad.
Vivimos tiempos en que resulta aterrador estar vivo: hoy es difícil pensar en los seres humanos como seres racionales.

La polarización puede verse no sólo en la política. Se percibe también, sólo por poner un ejemplo, en las universidades. Una amiga mía decidió estudiar antropología; descubrió que no tenía opción: debía asistir a conferencias marxistas, conferencias basadas en actitudes marxistas. Si me dicen ustedes que el marxismo ya no es una unidad de creencia sino una serie de capillitas, cada una con sus propios dogmas, estaré de acuerdo; pero sí hay ciertas actitudes en común. Éstas, asimismo, son en gran parte inconscientes, algunas cosas no se discuten o casi ni se mencionan; es posible estar sentado durante horas o días enteros de discusión tratando el tema de la guerra, sin oír nunca mencionar que una de las causas de la guerra es que a la gente le gusta, o le gusta la idea de la guerra. De igual manera, podemos oír o leer interminablemente acerca de los problemas de la izquierda…
El legado más evidente del cristianismo al pensamiento y la conducta socialistas es, desde luego, su sectarismo. Todos sabemos que las sectas socialistas se odian unas a otras más que al enemigo, o que se atacan unas a otras como si fueran enemigos; todos sabemos que cuanto más extremo es un dogma, más extremo será el ataque. Así como los cristianos pasaron siglos matándose unos a otros por la interpretación correcta de una palabra, de una frase, de una sentencia de la Biblia, así hoy las sectas socialistas se vilipendian unas a otras, se juzgan continuamente unas a otras: descubrir y extirpar la herejía es su primera preocupación.
Lo que debemos estudiar en realidad es la herencia de la estructura del pensamiento cristiano que pervive en nosotros.
El cristiano cree que se encuentra en un valle de lágrimas, situación de la que necesita ser rescatado o «redimido»; esta «redención» se hará mediante el sacrificio voluntario de un ser superior que se eche a cuestas los pecados del mundo. Habrá un futuro estado de perfección absoluta en que no existirá sufrimiento ni pesar, pero antes de alcanzar ese estado habrá una época intermedia de preparación y sufrimiento.

A todos nosotros, en un grado u otro, nos ha lavado el cerebro la sociedad en que vivimos; podemos percibir esto cuando vamos a otro país y echamos una ojeada a nuestro propio país con los ojos del extranjero. No hay mucho que podamos hacer al respecto, excepto recordar que así es. Cada uno de nosotros es parte de las grandes ilusiones reconfortantes, parte de las ilusiones que cada sociedad utiliza para mantener su confianza en sí misma. Éstas son difíciles de examinar y lo mejor que podemos esperar es que un amigo bondadoso, llegado de otra cultura, nos permita mirar nuestra propia cultura con ojos desapasionados.
Es difícil examinar estos grandes procesos semiconscientes o inconscientes; en cambio, es fácil estudiar el lavado de cerebro y el adoctrinamiento.
El lavado de cerebro tiene tres pilares o procesos principales, hoy bien comprendidos. El primero es la tensión, seguida por el relajamiento. Este primer proceso se utiliza, por ejemplo, en el interrogatorio de prisioneros de guerra, cuando el interrogador se muestra alternativamente brutal y benévolo: en cierto momento es un verdugo sádico, al siguiente momento es un amigo comprensivo. El segundo es la repetición: decir o cantar la misma cosa, una y otra vez. El tercero es el empleo de ciertos lemas: la reducción de ideas complejas a simples conjuntos de palabras. Los tres son utilizados todo el tiempo por gobiernos, ejércitos, partidos políticos, grupos religiosos, religiones… y siempre se han empleado.

El hecho es que todos vivimos nuestras vidas en grupo: la familia, el grupo de trabajo, el grupo social, el religioso y el político. En realidad, muy pocas personas son felices solas, y cuando lo son, sus vecinos suelen considerarlas excéntricas, egoístas o algo peor. La mayoría de los individuos no puede soportar la soledad durante mucho tiempo; siempre están buscando grupos a los cuales pertenecer, y si un grupo se disuelve buscan otro. Somos todavía, pues, animales de grupo y esto no tiene nada de malo pero, como lo sugerí en mi plática anterior, lo peligroso no es pertenecer a un grupo o a una serie de grupos, sino no comprender las leyes sociales que gobiernan a los grupos y, por ende, también a nosotros.
Por una parte hay gobiernos que manipulan, utilizando conocimientos y habilidades de expertos; por la otra hay personas que hablan de democracia, de libertad y de todo lo demás, como si estos valores fuesen creados y mantenidos simplemente hablando de ellos, repitiéndolos suficientes veces. ¿Cómo es posible que estos movimientos llamados democráticos no se hayan propuesto instruir a sus miembros en las leyes de la psicología de la multitud, de la psicología de grupo?.
Si miramos en cualquier lugar del mundo a nuestro alrededor, la paradoja es que constatamos que esta nueva información se estudia ávidamente por los gobiernos, por los poseedores y los usuarios del poder… se estudia y se pone en práctica, mientras que la gente que dice oponerse a la tiranía literalmente no quiere saber nada al respecto.

Grandes cantidades de jóvenes, al llegar a la edad de la actividad política, adoptan una actitud que es, en buena medida, consecuencia de nuestros tiempos y que consiste en decir que la democracia sólo es un engaño y una farsa, la pura máscara de la explotación, y entonces optan por no querer saber nada de ella. Casi hemos llegado a un punto en que, si alguien valora la democracia, de inmediato se le denuncia como reaccionario. Creo que ésta es una de las actitudes que resultarán más fascinantes para los historiadores del futuro. Una cosa es cierta: los jóvenes que cultivan esta actitud hacia la democracia son, habitualmente, los que nunca han conocido su opuesto; quienes han vivido bajo una tiranía saben apreciar la democracia.
Hay países que se da por sentado que son democracias pero que están perdiendo de vista la democracia, pues vivimos en una época en que son muy poderosos los grandes simplificadores: el comunismo, el Islam, fundamentalista; las malas economías engendran tiranías.
Sin embargo, las buenas ideas no se pierden, aunque puedan quedar ocultas durante un tiempo. Un ejemplo: he estado hablando de lo que llamamos las «ciencias blandas», psicología social y antropología social y las demás, y su aportación para comprendernos a nosotros mismos como animales sociales; también he hablado de cómo estas jóvenes ciencias son denigradas, menospreciadas, vistas con desdeñosa condescendencia.
Vivimos en una sociedad abierta. Nos enorgullecemos de ello y así debe ser. Una sociedad abierta se distingue por el hecho de que el gobierno no ocultará información a sus ciudadanos, que permitirá la circulación de ideas, pero no sabemos apreciar lo que tenemos; dejamos de apreciar aquello a lo que estamos acostumbrados. Generaciones de nuestros antepasados lucharon por la libertad de las ideas para que nosotros pudiésemos tener lo que tenemos; basta conocer personas del otro lado de la cortina de hierro o del mundo. Creo que debiéramos dar a estas libertades mayor uso del que les damos.

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This short book is composed of a series of lectures by the author in 1985 and of current relevance as well as very interesting.
Why does humanity seem to be incapable of avoiding barbarism? Why, if we now know so much about human behavior, can we not take advantage of what history and sociology teach us? Why can not we exercise independent thinking? before the pressure of the community? With ease, from one talk to another, Lessing is addressing most of his favorite topics, all of them as current today as they were at the time he dictated these lectures.
The frequency with which we let ourselves be dominated by our wild past, the same as individuals and as a group. Although sometimes we seem to be unarmed, we are actually gathering, and very quickly (too quickly to assimilate it), knowledge about ourselves, not only as individuals but as a group, as nations and as members of society.
We live in times when it is frightening to be alive: today it is difficult to think of human beings as rational beings.

Polarization can be seen not only in politics. It is also perceived, just to give an example, in the universities. A friend of mine decided to study anthropology; he discovered that he had no choice: he should attend Marxist conferences, lectures based on Marxist attitudes. If you tell me that Marxism is no longer a unit of belief but a series of chapels, each with its own dogmas, I will agree; but there are certain attitudes in common. These, too, are largely unconscious, some things are not discussed or almost not mentioned; It is possible to sit for hours or days of discussion about the war, without ever mentioning that one of the causes of the war is that people like it, or like the idea of ​​war. In the same way, we can hear or read endlessly about the problems of the left …
The most obvious legacy of Christianity to socialist thought and behavior is, of course, its sectarianism. We all know that socialist sects hate each other more than the enemy, or that they attack each other as if they were enemies; We all know that the more extreme a dogma is, the more extreme the attack will be. Just as Christians spent centuries killing each other for the correct interpretation of a word, a sentence, a sentence of the Bible, so today the socialist sects vilify each other, judge each other continuously: discover and extirpate Heresy is your first concern.
What we must study in reality is the inheritance of the structure of Christian thought that survives in us.
The Christian believes that he is in a valley of tears, situation from which he needs to be rescued or «redeemed»; this «redemption» will be done through the voluntary sacrifice of a superior being who takes on the sins of the world. There will be a future state of absolute perfection in which there will be no suffering or sorrow, but before reaching that state there will be an intermediate period of preparation and suffering.

All of us, to one degree or another, have been brainwashed by the society in which we live; We can perceive this when we go to another country and take a look at our own country with the eyes of the foreigner. There is not much we can do about it, except to remember that it is. Each of us is part of the great comforting illusions, part of the illusions that each society uses to maintain its self-confidence. These are difficult to examine and the best we can hope for is that a kind friend, arrived from another culture, allows us to look at our own culture with dispassionate eyes.
It is difficult to examine these great semiconscious or unconscious processes; On the other hand, it is easy to study brainwashing and indoctrination.
Brainwashing has three main pillars or processes, today well understood. The first is tension, followed by relaxation. This first process is used, for example, in the interrogation of prisoners of war, when the interrogator is alternately brutal and benevolent: at a certain moment he is a sadistic executioner, at the next moment he is a sympathetic friend. The second is repetition: saying or singing the same thing, over and over again. The third is the use of certain slogans: the reduction of complex ideas to simple sets of words. All three are used all the time by governments, armies, political parties, religious groups, religions … and they have always been used.

The fact is that we all live our lives in groups: the family, the work group, the social group, the religious and the politician. In reality, very few people are happy alone, and when they are, their neighbors often consider them eccentric, selfish or worse. Most individuals can not endure loneliness for a long time; they are always looking for groups to belong to, and if one group dissolves they look for another. We are still, then, group animals and this is not bad but, as I suggested in my previous talk, the dangerous thing is not to belong to a group or a series of groups, but not to understand the social laws that govern the groups and, therefore, also to us.
On the one hand there are governments that manipulate, using knowledge and skills of experts; on the other hand there are people who talk about democracy, freedom and everything else, as if these values ​​were created and kept simply by talking about them, repeating them enough times. How is it possible that these so-called democratic movements have not proposed to instruct their members in the laws of crowd psychology, group psychology?
If we look anywhere in the world around us, the paradox is that we find that this new information is studied avidly by governments, by the owners and users of power … it is studied and put into practice, while the people who say Opposing tyranny literally does not want to know anything about it.

Large numbers of young people, when they reach the age of political activity, adopt an attitude that is largely a consequence of our times and that is to say that democracy is only a hoax and a farce, the pure mask of exploitation, and then choose not to want to know anything about it. We have almost reached the point where, if someone values ​​democracy, he is immediately denounced as a reactionary. I believe that this is one of the attitudes that will be most fascinating to the historians of the future. One thing is certain: young people who cultivate this attitude toward democracy are usually those who have never known their opposite; those who have lived under a tyranny know how to appreciate democracy.
There are countries that take for granted that they are democracies but that they are losing sight of democracy, because we live in a time when the great simplifiers are very powerful: communism, Islam, fundamentalism; bad economies breed tyrannies.
However, good ideas are not lost, although they may be hidden for a while. An example: I have been talking about what we call the «soft sciences», social psychology and social anthropology and the others, and their contribution to understand ourselves as social animals; I have also talked about how these young sciences are denigrated, scorned, viewed with disdainful condescension.
We live in an open society. We take pride in it and that’s the way it should be. An open society is distinguished by the fact that the government will not hide information from its citizens, which will allow the circulation of ideas, but we do not know how to appreciate what we have; We stop appreciating what we are used to. Generations of our ancestors fought for the freedom of ideas so that we could have what we have; It is enough to meet people from the other side of the iron curtain or the world. I think we should give these liberties more use than we give them.

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