Historia del veneno — Adela Muñoz Páez / Poison History by Adela Muñoz Páez (spanish book edition)

Otro muy interesante libro de esta gran divulgadora donde todo lo relacionado con el veneno nos atrae. Hay tres periodos relevantes en la historia en lo que a envenenamientos se refiere: el mundo grecorromano, la Europa de los siglos XVI y XVII, y los siglos XX y XXI. Este libro cuenta historias que tuvieron como eje envenenamientos en esas épocas. Algunas de estas historias, como la del suicidio de Cleopatra, son muy conocidas; en cambio otras, como el uso de venenos en la corte del Rey Sol, lo son mucho menos. No obstante, todas siguen apasionando a profanos y expertos y todas esconden todavía muchos secretos.

Corría el año 399 a. C. y Sócrates había tomado el «veneno de estado», la copa de cicuta, tras ser condenado a muerte por impiedad y por corromper a los jóvenes. En la Atenas posterior a Pericles, el empleo de veneno como modo de ejecución era algo habitual.
Esta planta contiene como principio activo un alcaloide que es un veneno paralizante de los nervios periféricos y los músculos, empezando por los miembros inferiores. La muerte se produce en último extremo por un paro respiratorio, pero antes tienen lugar violentos episodios de vómitos y convulsiones. De hecho, los primeros síntomas del envenenamiento son un intenso dolor de cabeza, vértigos, náuseas y diarrea, acompañados de fuerte dolor abdominal. A continuación tienen lugar la dilatación de las pupilas, la pérdida de coordinación, los estertores y el enfriamiento de las extremidades. A estas alturas el intoxicado no puede hablar debido a una parálisis de la faringe y de la lengua, aunque sigue consciente. Se desencadena un violento cuadro convulsivo al que sigue la muerte por parálisis respiratoria entre tres y seis horas después de haber ingerido la dosis letal. A pesar de la terrible agonía que provoca, la muerte por envenenamiento con cicuta se consideraba en la época de los griegos «la muerte dulce», un privilegio caro al cual no todos los reos podían aspirar. Horroriza pensar cómo serían las otras.
El primero que recogió una información exhaustiva sobre el curare y sus efectos no fue ninguno de estos intrépidos exploradores anglosajones y franceses, sino Nicolás Estaban Monardes (1493-1588). Este médico sevillano se dedicó a coleccionar y describir las plantas que llegaban al puerto de su ciudad, de la que no salió en toda su vida, procedentes de América. En 1554 fundó un museo en Sevilla donde se expusieron los más variados productos americanos. Monardes fue el autor de la Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales que sirven de Medicina, publicada por primera vez en 1574, reeditada varias veces y traducida a diversos idiomas. Este médico escribió un fervoroso panegírico de otra de las plantas que trajeron de las Indias Occidentales, el tabaco, con el que contribuyó a la difusión de su consumo entre españoles y europeos.

Mitrídates VI, rey del Ponto Euxino, también llamado «Eupátor» (el Grande), pasó a la historia por su incesante búsqueda de un antídoto capaz de contrarrestar todos los venenos conocidos en la época. Para ello, él mismo se convirtió en un investigador incansable y realizó muchos experimentos con esclavos y prisioneros de guerra. Incluso llegó a poner en práctica sus descubrimientos en su propio cuerpo, no dudando en tomar pequeñas cantidades de tóxicos a diario para hacerse resistente a los mismos.
Mitrídates no es su genio como estratega militar o su fortaleza física, sino su búsqueda incesante del antídoto universal, que en su honor se llamaría mitridatum. ¿Por qué esa búsqueda incesante? Obviamente porque tenía pánico a ser envenenado. No le faltaban motivos para ello, porque él mató a su propia madre, a su hermano, a cuatro de sus hijos y a muchas otras personas allegadas, y el veneno era una de sus armas favoritas. Un equipo de chamanes escitas, los agari, famosos por sus pociones curativas, lo acompañaba constantemente, y lograron curarlo de varias heridas graves de flechas y espadas sufridas en el campo de batalla. En su delirio, el rey dormía custodiado por un toro, un ciervo y un caballo que lo alertaban con una alarma cacofónica de mugidos y relinchos cuando alguien se aproximaba al lecho real.

En cuanto a Cleopatra, ¿acaso es tan fulminante el efecto de la mordedura de la cobra egipcia? Lo es; tanto, que en la actualidad los guías egipcios siguen contando a los turistas españoles que los campesinos no salen al campo sin su cuchillo, porque «si cobra pica dedo, tú cortar dedo; si cobra pica pie, tú cortar pie; si no, tú morir». Veamos qué nos dice Andrés Laguna sobre la picadura del áspid:
Hay tres mortíferas especies de áspides, a saber: la chersea, la chelidonia y la ptyada. Se llamó a la primera chersea, que quiere decir «terrestre», porque la mayor parte del año está bajo tierra y también porque tiene color de limo inclinante a lo ceniciento. La segunda se llamó chelidonia, que significa «golondrinera», por cuanto por los lomos es negra y por el vientre es blanca. Tiene la chelidonia sus cavernas junto a la orilla de los ríos y se halla muy frecuente por las riberas del Nilo. La ptyada se llama así de su natural costumbre, porque, a veces cuando quiere ofender, alzando el cuello y acompasando la interyacente distancia, desde lejos escupe el veneno, con el cual de improviso inficiona y corrompe al hombre que toca. La color de esta es verde clara participante de amarillo. Mordiendo, hace dos heridas el macho y cuatro la hembra, por tener los dientes doblados a imitación de las víboras. Sienten los mordidos del áspid gran estupor y entorpecimiento de miembros, frialdad notable y pesadumbre de todo el cuerpo, y, finalmente, un profundo sueño tras el cual siguen el espasmo universal y la muerte. De la chelidonia se escribe que en mordiendo despacha, y, así, es opinión de algunos que con ella se mató la reina Cleopatra; otros autores porfían que con la ptyada perpetró aquella hazaña.

¿Fue realmente el papado Borgia mucho peor que otros de la misma época? La «leyenda negra» de los Borgia se alimentó del sentimiento antiespañol generalizado en la época y del nacionalismo italiano del Risorgimento, según el cual la presencia extranjera era la causa de todos los males de la nación. A esa leyenda no fueron ajenos los escritores franceses Alejandro Dumas, Guillermo Apollinaire y Victor Hugo, quien decía en su drama Lucrecia Borgia:
Sí, los Borgias tienen venenos que matan en un día, un mes o un año, como ellos quieran. Son infames venenos que mejoran el vino y hacen vaciar el frasco. Os creéis ebrios y estáis muertos, bien un hombre cae de golpe en un estado de languidez, se arruga su piel, se hunden sus ojos, se ponen blancos sus cabellos, se rompen sus dientes como el cristal al morder el pan; no camina sino que se arrastra; no respira sino que está como el sarrillo del que agoniza; ni ríe, ni duerme y tirita de frío al sol en pleno mediodía; es joven y parece un anciano; agoniza así por un tiempo y, al fin, muere. Muere y entonces alguien se acuerda que hace un mes o un año bebió un vaso de vino de Chipre en casa de un Borgia.

¿Cómo era el veneno de los Borgia? ¿Cuáles eran sus efectos? La cantarella era un polvo blanco insípido, de efectos mortíferos.
Cuando se ingieren dosis masivas, se absorben rápidamente y pueden producir la muerte en pocas horas por fallos vasculares. Los síntomas se deben a las alteraciones circulatorias con una disminución drástica de la presión arterial, que conduce al colapso. En la intoxicación aguda, al cabo de doce horas de ingerir la dosis de arsénico, se presenta un cuadro gastrointestinal caracterizado por vómitos violentos, fuertes diarreas, lesión en el corazón por deshidratación y caída gradual de la presión arterial. Al continuar la pérdida de líquidos aparecen los síntomas de colapso, convulsiones, coma y muerte. En la intoxicación crónica se pueden producir vómitos, náuseas y diarrea, problemas respiratorios y de la sangre, debilidad y fatiga, alteraciones cutáneas como hiperpigmentación y cáncer. Además, hay riesgo de vejez prematura.
¿Qué hay del famoso anillo inseparablemente unido a la imagen de Lucrecia Borgia? En las investigaciones históricas no hay información sobre una joya de ese tipo entre los efectos de Lucrecia.

Jacobo I
– Realgar
– Aqua fortis
– Arsénico blanco
– Sublimado corrosivo
– Polvo de diamante
– Lapis causticus
– Gran araña
– Cantáridas
Estas sustancias corresponden a sulfuro de arsénico, ácido nítrico, trióxido de arsénico, cloruro de mercurio, diamante en polvo, hidróxido potásico, polvo de arañas disecadas (no está claro a qué veneno se refiere con este nombre) y mosca española o Lytta vesicatoria, afrodisíaco usado en pequeñas dosis que podía llegar a ser mortal a dosis altas.
Frances y la cómplice que se buscó, la señora Turner, consiguieron varios de estos venenos con la ayuda de un farmacéutico de Londres, Franklin, sospechoso de haber envenenado a su mujer, y los probaron con gatos. El polvo de diamante no surtió efecto y el Aqua fortis tuvo al gato maullando dos días antes de morir, así es que se decidieron por el realgar y el arsénico blanco, que habían matado a los gatos silenciosa y rápidamente.
Una vez elegido el veneno tenían que hallar el modo de introducirlo en la prisión. Entonces, providencialmente para sus planes, el puesto de comandante de la Torre de Londres quedó vacante. La persona que lo reemplazó, sir Gervase Elwes, que había pagado dos mil libras a Carr para que convenciera al rey de que le concediera el cargo, aceptó dejarse comprar por no preguntar. Entonces Frances, con la ayuda de Watson, un antiguo sirviente de la señora Turner que entró en la prisión al servicio de Overbury, le administró a este ambos venenos sucesivamente.

El mercurio debe su nombre al dios del comercio de la mitología romana, portador de casco y sandalias aladas, mensajero de los dioses. Sus nombres en latín, hydrargyrium («plata líquida»), en inglés, quicksilver («plata rápida») y en alemán, Quecsilber («plata viviente»), hacen referencia a su similitud con la plata y a la movilidad que tiene por ser un metal líquido a temperatura ambiente. En español también tiene un precioso nombre de raíz árabe hoy prácticamente en desuso, azogue. Su símbolo químico, Hg, procede de su nombre latino.
El mercurio es uno de los metales conocidos desde la más remota Antigüedad, ya que solo se conocían antes que él el oro, la plata, el hierro y el cobre.
El uso medicional del mercurio se generalizó cuando, tras el descubrimiento de América, se propagó por Europa una nueva enfermedad de origen vergonzoso que pronto se denominó «el mal francés». El origen de este nombre viene de la desbandada de las tropas del rey francés Carlos VIII a causa de un virulento ataque de la nueva enfermedad, que tuvo lugar en 1494, durante el asedio de la ciudad de Nápoles. A su vuelta a Francia, los soldados la propagaron por todo el país, de donde se extendería luego al resto de Europa. El nombre de sífilis llegaría más tarde, tras la publicación en 1530 de la obra del poeta y médico Girolamo Fracastoro titulada Syphilis sive de morbo gallico, en la que el pastor Syphilo ofendía a Apolo y el dios, para vengarse, lo castigaba con la terrible enfermedad.
El primer tratamiento que se dio a los afectados por la epidemia fue el «ungüento napolitano», preparado a base de grasa de cerdo y mercurio.
Dependiendo del tipo del que se trate, el mercurio puede entrar por varias vías. Hay tres tipos principales de mercurio: el metálico o nativo, que es el mercurio puro (el de los termómetros); el orgánico, que son los compuestos de mercurio que tienen enlaces mercuriocarbono, Hg-C, y el inorgánico, los compuestos que no tienen estos enlaces, entre los cuales se incluye el sublimado corrosivo. El mercurio metálico y el orgánico no se disuelven en agua, mientras que el inorgánico sí, por eso es más fácil de suministrar como veneno añadiéndolo a la comida o a la bebida. El mercurio inorgánico entra en el cuerpo humano a través de las paredes del estómago y de los intestinos; así es como mataron a Overbury. No obstante, el más peligroso es el mercurio orgánico, porque puede entrar en el cuerpo humano a través de la piel, los pulmones y los intestinos.

El arsénico puro es uno de los elementos menos tóxicos, pero varios de sus compuestos se encuentran entre los más tóxicos y, sobre todo, tienen un largo historial en los envenenamientos criminales. Por ello, con todo merecimiento el arsénico se conoce como el «rey de los venenos». No obstante, los compuestos de arsénico tienen otras muchas caras, a cual más fascinante y desconocida.
Los primeros indicios de su relación con el hombre datan de la Edad del Bronce, cuando se descubrió que la dureza de este y otros metales aumentaba si se fundían con arsénico. A partir del año 2500 a. C. el arsénico fue reemplazado por el estaño, a pesar de que la dureza de la aleación obtenida era menor, posiblemente debido a la gran toxicidad de los vapores de característico olor a ajo del arsénico blanco (trióxido de arsénico, As2O3) que se desprendían durante el proceso de fundición de los metales. La inhalación continuada de tales vapores debió de hacer a los herreros proclives a desarrollar cáncer de pulmón y a que sus sistemas nervioso y muscular resultaran seriamente dañados. No por casualidad, entre los dioses descritos por Homero solo Hefesto, el dios del fuego y de la fragua, era deforme.
El nombre de arsenikon, que se dio al elemento en la Edad Media, es de raíz griega y significa «potente, viril». Los griegos empleaban este nombre para el mineral amarillo brillante cuyo nombre vulgar es «oropimente», de raíz latina auri pigmentum («pigmento dorado»). A su vez, arsenikon puede derivar del persa az-zarnikh, que significa «amarillo» u «oro». Los primeros alquimistas sabían de otro mineral del arsénico, el rejalgar, nombre de raíz árabe (rehj al-ghar), que significa «polvo de la mina.
El arsénico puede entrar en el organismo a través de la piel, los pulmones o el aparato digestivo, aunque solo a través de la última vía puede entrar en cantidades suficientemente grandes como para causar un envenenamiento agudo. En este caso, el organismo reacciona de forma repentina vaciando el intestino mediante diarreas y vómitos, que pueden resultar extraordinariamente violentos y pueden comenzar quince minutos o varias horas después de haberlo tomado, dependiendo de la persona, la cantidad ingerida y la cantidad de comida en el estómago. La diarrea comienza unas doce horas después de ingerirlo. No obstante, ninguna de estas formas de eliminación es eficaz, porque la asimilación del arsénico comienza casi inmediatamente después de su ingesta. El arsénico pasa del aparato digestivo al torrente sanguíneo, desde donde se reparte por el cuerpo y se acumula en todos los órganos, aunque se concentra en la piel, el pelo, las uñas, las arterias y el hígado. En envenenamientos agudos la víctima puede morir entre doce y treinta y seis horas después de la ingestión, aunque se han dado casos de pacientes que fallecieron tras cuatro días de agonía. El arsénico se elimina lentamente a través de los riñones.

Adolf Hitler y Eva Braun, según las normas del nacionalsocialismo, el día 28 de abril de 1945, que fue el preludio de la muerte de ambos. En efecto, Eva llevaría su nombre de casada escasamente durante dos días, pues el día 30 ingirió en compañía de Hitler una cápsula de ácido cianhídrico. Antes se había probado la eficacia del veneno en Blondi, el perro favorito de Hitler, que lo había acompañado al búnker y que más tarde sería enterrado con él. El veneno fue lo que mató a Eva, pero Hitler, aunque aún tenía la cápsula de cianuro partida en la boca cuando encontraron su cadáver, murió de un tiro que se disparó en la sien. Antes de morir, Hitler había ordenado que su cadáver y el de Eva fueran quemados para evitar terminar colgados cabeza abajo como Benito Mussolini y Clara Pettaci.
El ácido cianhídrico o cianuro de hidrógeno (HCN) es un líquido muy volátil, porque hierve a 26 ºC, y tiene un olor característico a almendras amargas. Es la molécula formada por la combinación más simple entre los átomos de carbono, nitrógeno e hidrógeno, y una de las sustancias más antiguas que se conocen, porque estuvo presente en la Tierra mucho antes de que apareciera la vida en ella. Tuvo un papel fundamental en este proceso, ya que cuenta con los átomos necesarios para la formación de moléculas imprescindibles para el desarrollo de seres vivos de orden superior, los aminoácidos.
Aunque la molécula no fue descubierta hasta el año 1782 por Carl Wilhem Scheele, mientras investigaba la composición del colorante azul de Prusia, sus efectos tóxicos eran conocidos desde la Antigüedad.

Rasputín, el cianuro. La forma de administrárselo consistió en envenenar la comida y el vino de una cena que le fue ofrecida en casa del conde Yusupov el 29 de diciembre de 1916. Pero una vez montado el decorado y preparadas las viandas, la víctima se negó a probar bocado, pues al parecer debió de parecerle sospechoso que en la cena nadie más comiera ni bebiera. Por fin, mientras bromeaba con el conde sobre las innumerables veces que habían intentado envenenarlo, comenzó a beber vino. Supuestamente, también comió los dulces envenenados, pero eso no está comprobado, dado que, según su hija, nunca los comía. Como el cianuro que ingirió no parecía hacerle efecto, Yusupov, desesperado, le disparó por la espalda y Rasputín cayó fulminado, pero al poco tiempo, para consternación de los conjurados, el monje se levantó sangrando por el pecho e intentó escapar. Otro de los nobles lo siguió con una pistola y efectuó cuatro tiros más cuando Rasputín ya había llegado al patio. Ahí volvió a caer fulminado, esta vez parecía que definitivamente. Luego lo apalearon y ataron, envolvieron su cuerpo en una alfombra y lo tiraron al río Neva. Una bota que quedó fuera sirvió para encontrar el cadáver y descubrir que había muerto no a causa del veneno o de los disparos, sino ahogado, y eso porque el río Neva estaba helado, pues el monje consiguió desatarse e intentó salir a la superficie.
Hay varias hipótesis para explicar la supervivencia del monje al veneno: que la gastritis alcohólica que padecía impidió que asimilara el veneno; que suministrarle el veneno mezclado con dulces y con alcohol favoreció una reacción de descomposición del mismo; que, recelando de las intenciones de su anfitrión, el monje se las ingenió para no ingerir los manjares que le ofrecían… El caso es que en la autopsia no se encontró resto de veneno, pero por esa época los métodos de detección de cianuro no estaban muy desarrollados. El hecho probado es que, a pesar del veneno que según Yusupov llenaba el vino y la comida que le ofreció, además de los cinco disparos y la paliza, no hay duda de que Rasputín murió ahogado, pues encontraron agua en sus pulmones.

De todos los venenos estudiados hasta ahora es difícil que alguno pueda llegar a superar el escalofriante récord de maldad en su uso que alcanzó el cianuro durante la Segunda Guerra Mundial. En efecto, cuando las cámaras de gas estaban trabajando a pleno rendimiento para cumplir el objetivo de exterminar a los judíos, con ayuda de esta pequeña molécula se llegaron a asesinar a ¡dos mil quinientas personas a la hora en un solo campo!.
Los nazis utilizaron por primera vez gas venenoso para el asesinato en masa en diciembre de 1939 cuando, a instancias de Heinrich Himmler, una unidad de las SS empleó monóxido de carbono (CO) en Ponzan para eliminar a enfermos mentales. Un mes después, el jefe del «Programa de Eutanasia» decidió utilizar CO de forma generalizada para eliminar a los discapacitados. En agosto de 1941, más de setenta mil alemanes habían sido asesinados en cinco centros de dicho programa, que estaban equipados con cámaras de gas fijas o con furgones de gas móviles, en los cuales, a través de un tubo especial, se inyectaban los gases del tubo de escape del motor en la cabina cerrada del vehículo. Las cuarenta o sesenta víctimas apiñadas dentro del furgón morían asfixiadas en pocos minutos.
El Zyklon B fue el compuesto utilizado en las cámaras de gas de todos los campos. Lo suministraban las compañías alemanas Degesch y Tesch bajo licencia del dueño de la patente, la empresa IG Farben (Bayer). Tesch proporcionaba 2.000 kilos al mes, y Degesch, 750 kilos. Los nazis pidieron a Degesch que produjese Zyklon B sin el odorante de advertencia, pero estos se negaron ya que no querían perder la licencia industrial. Después de la guerra, una corte militar británica juzgó y ejecutó a dos directores de Tesch por proporcionar el producto químico. Irónicamente, el Zyklon B había sido desarrollado en la década de 1920 por Fritz Haber, un judío alemán que fue forzado a emigrar en 1934. A comienzos del siglo XXI, el uso de la palabra Zyklon («ciclón», en alemán) continúa provocando reacciones airadas entre los grupos judíos. No es para menos, pues en 2002, las empresas Bosch, Siemens, Hausgeräte y Umbro intentaron utilizar o registrar la marca para sus productos. Solo la presión de las comunidades judías lo impidió. El Zyklon B todavía se produce y comercializa en la República Checa bajo la marca registrada Uragan D2 para exterminar insectos y roedores.
Los revisionistas del Holocausto afirman que no se usó Zyklon B en las cámaras de gas, por la carencia de residuo de azul de Prusia. Ello a pesar de los centenares de envases vacíos de Zyklon B encontrados por los soldados del ejército aliado al entrar en los campos de concentración al final de la Segunda Guerra Mundial.

En 1861 se descubrió un nuevo elemento químico, el talio, que desarrolló una fulgurante carrera a lo largo del siglo XX, hasta tal punto que se le ha llamado «el veneno de los envenenadores». En efecto, en tan breve lapso de tiempo pocos venenos tienen un palmarés que incluya a personajes tan relevantes como Nelson Mandela, Fidel Castro, contra los cuales se planeó usarlo, o Sadam Husein, que lo empleó profusamente durante su mandato en Irak.
El talio es un metal blanco de tinte azulado, parecido al estaño, tan blando que deja marca al frotarlo sobre el papel. Su nombre procede del griego thallos, que significa «rama verde», ya que al arder sus sales dan un color verde característico, que sirvió para identificarlo como un nuevo elemento químico. El talio estuvo envuelto en la polémica desde su descubrimiento, inicialmente adjudicado al químico francés de Lille Claude-Auguste Lamy, y más tarde, tras sus airadas protestas, a William Crookes, químico del Royal College of Science de Londres, que fue declarado finalmente su descubridor oficial.
No hay ningún otro veneno que tenga efectos similares y todavía hay muchos aspectos de la bioquímica del talio que no se conocen del todo. No obstante, hay un antídoto muy eficaz: el ferrocianuro de potasio, o azul de Prusia, pigmento de la tinta azul, que funciona como agente «secuestrador», en un ejemplo típico de «terapia de quelación» a la que nos referimos en el capítulo dedicado a Mitrídates. De forma parecida a su actuación en el organismo, tras ingerir azul de Prusia, el Tl+ sustituye al K+ en este compuesto, porque forma un compuesto más estable. Posteriormente, el nuevo compuesto es eliminado del cuerpo humano.

(Litvinenko / Polonio) Cuanta más información se revisa respecto a los culpables de la muerte de Litvinenko, menos claro está qué es lo que realmente pasó. Resulta que las historias de espías de verdad son mucho más complicadas que las novelas de John Le Carré. Nada es lo que parece a primera vista. Tendremos que esperar a que los norteamericanos estrenen la película que proyectan hacer, y que a finales de 2007 se decía que iba a protagonizar Johnny Depp, para poder enterarnos de quiénes eran los buenos y quiénes los malos. De momento, Litvinenko está definitivamente muerto y su «radiante» cadáver, enterrado en un ataúd sellado. Mientras tanto, Lugovoi, el principal sospechoso según Scotland Yard, prosigue su carrera ascendente en la política rusa. Así, a finales de 2008 era diputado, vicepresidente del comité de seguridad del Parlamento y tutelaba la región de Extremo Oriente, la península de Kamchatka y Siberia Oriental, aunque no se atrevía a salir de estos territorios.
¿Fue Lugovoi el brazo ejecutor de la sentencia del gobierno ruso? ¿O Litvinenko fue víctima de otras oscuras organizaciones criminales? Es difícil saberlo y aún más difícil decidir qué es más escalofriante, que un estado soberano sea responsable de la muerte atroz de uno de sus súbditos fuera de sus fronteras, o que esa poderosa y terrible arma esté en manos de mafias o grupos incontrolados.

Inmaculada Echevarría, que solicitó una interrupción del tratamiento —necesitaba respirador artificial desde 1996 a causa de una distrofia muscular progresiva— que le fue concedida, y murió de forma legal al ser desconectada en 2007. La italiana Eluana Englaro, en coma irreversible durante diecisiete años tras un accidente de tráfico, se mantenía viva al serle suministrada comida y agua de forma artificial. Aunque la situación médica era en cierto modo similar a la de Inmaculada, no lo eran los aspectos legales en España e Italia, por lo que su padre, Beppino Englaro, tardó once años en conseguir la autorización para interrumpir el tratamiento. En efecto, seis años después del accidente, cuando se convenció de que la recuperación era imposible, Beppino inició su particular peregrinación a través de las instituciones italianas para conseguir un final digno para su hija. Cuando todos los tribunales le dieron la razón, el Vaticano lanzó feroces ataques contra él y el gobierno de Silvio Berlusconi comenzó los trámites acelerados para promulgar una ley que impidiera la desconexión. Eluana finalmente murió en febrero de 2009 y su padre, cuya vida había quedado truncada el día del accidente de su única hija, tuvo que oír cómo lo llamaban asesino. Como él dijo: «La condena a vivir sin límites es peor que la condena a muerte.
El fin que persiguen los miembros de otra sociedad, la australiana Exit, dista mucho de ser tan comercial. A raíz de la prohibición en Australia en 1998 de la venta del narcótico más común, el fenobarbital, cuyo nombre comercial más conocido es Nembutal, que llegado el caso les ayudaría a pasar a mejor vida de forma plácida, un grupo de octogenarios llenos de vida se lanzaron a sintetizarlo. Estos ancianos se consideraban los dueños de sus vidas y querían tener la posibilidad decidir sobre ellas en caso de que su salud se deteriorara mucho. Para ello, no dudaron en ponerlas en peligro en el laboratorio, manejando reactivos químicos peligrosos sin tener formación alguna. Lo que estaba en juego para ellos era un derecho fundamental: el de decidir sobre su propio fin. No querían que nadie (ni estado, ni iglesia) les arrebatara ese derecho.
Sin embargo, llegado el momento probablemente solo un pequeño porcentaje dará el paso definitivo. De hecho, en los países en los que se ha legalizado la eutanasia activa no es algo masivo, ni mucho menos. Incluso en países como Suiza, al que ciudadanos de otros países centroeuropeos viajan para morir, los casos de eutanasia activa se contabilizan en unos cuantos cientos al año. Y es que a pesar de la existencia de tantos y tan variados venenos, e independientemente del mandato de iglesias y estados, el ser humano se aferra a la vida mientras le queda aliento.

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Another very interesting book by this great discloser where everything related to poison attracts us. There are three relevant periods in history in terms of poisoning: the Greco-Roman world, the Europe of the sixteenth and seventeenth centuries, and the twentieth and twenty-first centuries. This book tells stories that had axis poisoning in those times. Some of these stories, such as Cleopatra’s suicide, are well known; others, such as the use of poisons in the court of the Sun King, are much less so. However, all continue to passionate profane and experts and all still hide many secrets.

It was the year 399 a. C. and Socrates had taken the “poison of state”, the cup of hemlock, after being condemned to death for impiety and for corrupting the young. In Athens after Pericles, the use of poison as a mode of execution was commonplace.
This plant contains as an active ingredient an alkaloid that is a paralyzing venom of the peripheral nerves and muscles, starting with the lower limbs. Death occurs in the last resort due to respiratory arrest, but violent episodes of vomiting and convulsions take place before. In fact, the first symptoms of poisoning are an intense headache, dizziness, nausea and diarrhea, accompanied by severe abdominal pain. Then the dilation of the pupils, the loss of coordination, the rales and the cooling of the extremities take place. At this point the intoxicated can not speak due to paralysis of the pharynx and the tongue, although he remains conscious. A violent convulsive episode is triggered followed by death due to respiratory paralysis between three and six hours after ingesting the lethal dose. In spite of the terrible agony that it provokes, the death by poisoning with hemlock was considered in the time of the Greeks “the sweet death”, an expensive privilege to which not all the prisoners could aspire. It horrifies to think what the others would be like.
The first one to gather exhaustive information about curare and its effects was none of these intrepid Anglo-Saxon and French explorers, but Nicolás Estaban Monardes (1493-1588). This Sevillian doctor devoted himself to collecting and describing the plants that arrived at the port of his city, from which he did not leave in all his life, coming from America. In 1554 he founded a museum in Seville where the most varied American products were exhibited. Monardes was the author of the medical History of the things that are brought from our West Indies that serve as Medicine, published for the first time in 1574, reissued several times and translated into different languages. This doctor wrote a fervent panegyric of another of the plants that brought from the West Indies, tobacco, with which he contributed to the spread of its consumption between Spaniards and Europeans.

Mithridates VI, king of Pontus Euxine, also called “Eupátor” (the Great), went down in history for his incessant search for an antidote capable of counteracting all the poisons known at the time. For this, he himself became a tireless researcher and conducted many experiments with slaves and prisoners of war. He even put his discoveries into practice in his own body, not hesitating to take small amounts of toxics daily to become resistant to them.
Mithridates is not his genius as a military strategist or his physical strength, but his incessant search for the universal antidote, which in his honor would be called mitridatum. Why this incessant search? Obviously because he had panic to be poisoned. He did not lack reasons for it, because he killed his own mother, his brother, four of his children and many other close friends, and poison was one of his favorite weapons. A team of Scythian shamans, the Agari, famous for their healing potions, accompanied him constantly, and managed to cure him of several serious wounds of arrows and swords suffered in the battlefield. In his delirium, the king slept guarded by a bull, a deer and a horse that alerted him with a cacophonous alarm of bellowing and neighing when someone approached the royal bed.

As for Cleopatra, is the effect of the bite of the Egyptian cobra so striking? It is; so much so, that at present the Egyptian guides continue telling the Spanish tourists that the peasants do not go out into the field without their knife, because «if you take a finger, you cut your finger; if it charges, it stings the foot, you cut the foot; if not, you die ». Let’s see what Andrés Laguna tells us about the asp sting:
There are three deadly species of asps, namely, the chersea, the chelidonia and the ptyada. It was called the first chersea, which means “terrestrial”, because most of the year it is underground and also because it has a silty tint to the ashen. The second was called chelidonia, which means “swallows”, because the back is black and the belly is white. The chelidonia has its caverns next to the banks of the rivers and is very frequent along the banks of the Nile. The ptyada is so called of its natural habit, because, sometimes when it wants to offend, raising its neck and accompanying the interjacent distance, From afar, he spits out the poison, with which he suddenly inficiona and corrupts the man who touches. The color of this is light green yellow participant. Biting, he makes two wounds the male and four the female, for having teeth bent in imitation of vipers. The asp’s bites feel great stupor and dullness of limbs, noticeable coldness and sorrow of the whole body, and, finally, a deep sleep behind which follow the universal spasm and death. From the chelidonia it is written that in biting it dispatches, and, thus, it is the opinion of some that with it Queen Cleopatra was killed; other authors argue that with the ptyada perpetrated that feat.

Was the Borgia papacy really much worse than others of the same era? The “black legend” of the Borgias was fueled by the widespread anti-Spanish feeling of the time and the Italian nationalism of the Risorgimento, according to which the foreign presence was the cause of all the nation’s ills. The French writers Alexander Dumas, Guillermo Apollinaire and Victor Hugo, who said in his drama Lucrecia Borgia, were not alien to this legend:
Yes, the Borgias have poisons that kill in a day, a month or a year, as they wish. They are infamous poisons that improve the wine and make the bottle empty. You think you are drunk and you are dead, well a man falls suddenly into a state of languor, his skin wrinkles, his eyes sink, his hair turns white, his teeth break like glass when he bites bread; it does not walk but it crawls; it does not breathe, but it is like the sarrillo of the one who is dying; he neither laughs nor sleeps and shivers of cold in the sun at midday; he is young and he looks like an old man; he agonizes like this for a while and, finally, dies. He dies and then someone remembers that a month or a year ago he drank a glass of wine from Cyprus in the house of a Borgia.

How was the Borgia poison? What were its effects? The cantarella was an insipid white powder, with deadly effects.
When massive doses are ingested, they are absorbed quickly and can produce death in a few hours due to vascular failures. The symptoms are due to circulatory alterations with a drastic decrease in blood pressure, which leads to collapse. In acute poisoning, after twelve hours of ingesting the dose of arsenic, there is a gastrointestinal picture characterized by violent vomiting, severe diarrhea, heart injury due to dehydration and gradual drop in blood pressure. As the fluid loss continues, symptoms of collapse, convulsions, coma and death appear. Chronic intoxication can cause vomiting, nausea and diarrhea, respiratory and blood problems, weakness and fatigue, skin changes such as hyperpigmentation and cancer. In addition, there is a risk of premature aging.
What about the famous ring inseparably linked to the image of Lucrezia Borgia? In historical investigations there is no information about such a jewel among the effects of Lucrecia.

Jacobo I
– Realize
– Aqua fortis
– White arsenic
– Corrosive sublimate
– Diamond dust
– Lapis causticus
– Great spider
– Cantáridas
These substances correspond to arsenic sulfide, nitric acid, arsenic trioxide, mercury chloride, diamond powder, potassium hydroxide, powder of dissected spiders (it is not clear to which poison this name refers) and Spanish fly or Lytta vesicatoria, aphrodisiac used in small doses that could become deadly at high doses.
Frances and the wanted accomplice, Mrs. Turner, got several of these poisons with the help of a London pharmacist, Franklin, suspected of poisoning his wife, and tested them with cats. The diamond powder did not work and Aqua fortis had the cat meowing two days before dying, so they decided on the realgar and white arsenic, which had killed the cats silently and quickly.
Once the poison was chosen they had to find a way to introduce it into the prison. Then, providentially for his plans, the post of commander of the Tower of London became vacant. The person who replaced him, Sir Gervase Elwes, who had paid two thousand pounds to Carr to convince the king to grant him the position, agreed to let himself be bought for not asking. Then Frances, with the help of Watson, a former servant of Mrs. Turner who entered the prison in the service of Overbury, administered to him both poisons successively.

Mercury owes its name to the god of commerce in Roman mythology, bearer of helmets and winged sandals, messenger of the gods. Their names in Latin, hydrargyrium (“liquid silver”), in English, quicksilver (“fast silver”) and in German, Quecsilber (“living silver”), make reference to their similarity with silver and the mobility that has to be a liquid metal at room temperature. In Spanish it also has a beautiful Arabic root name that is practically in disuse, quicksilver. Its chemical symbol, Hg, comes from its Latin name.
Mercury is one of the known metals from the most remote Antiquity, since only gold, silver, iron and copper were known before him.
The medical use of mercury was generalized when, after the discovery of America, a new disease of shameful origin spread throughout Europe, which was soon called “French disease”. The origin of this name comes from the disbanding of the troops of the French king Charles VIII because of a virulent attack of the new disease, which took place in 1494, during the siege of the city of Naples. Upon his return to France, the soldiers spread it throughout the country, from where it would later spread to the rest of Europe. The name of syphilis would come later, after the publication in 1530 of the work of the poet and doctor Girolamo Fracastoro entitled Syphilis sive de morbo gallico, in which Pastor Syphilo offended Apollo and the god, to take revenge, punished him with the terrible disease.
The first treatment given to those affected by the epidemic was “Neapolitan ointment”, prepared from pork fat and mercury.
Depending on the type, mercury can enter through several routes. There are three main types of mercury: the metallic or native, which is pure mercury (that of thermometers); the organic, which are the mercury compounds that have mercurycarbon, Hg-C, and inorganic bonds, the compounds that do not have these bonds, among which the corrosive sublimate is included. Metallic and organic mercury do not dissolve in water, while inorganic mercury does, so it is easier to supply as a poison by adding it to food or drink. Inorganic mercury enters the human body through the walls of the stomach and intestines; That’s how they killed Overbury. However, the most dangerous is organic mercury, because it can enter the human body through the skin, lungs and intestines.

Pure arsenic is one of the least toxic elements, but several of its compounds are among the most toxic and, above all, have a long history in criminal poisoning. Therefore, with all merit arsenic is known as the “king of poisons.” However, arsenic compounds have many other faces, to which more fascinating and unknown.
The first indications of his relationship with man date from the Bronze Age, when it was discovered that the hardness of this and other metals increased if they were fused with arsenic. From the year 2500 a. C. the arsenic was replaced by tin, although the hardness of the alloy obtained was lower, possibly due to the high toxicity of the vapors of characteristic garlic odor of the white arsenic (arsenic trioxide, As2O3) that came off during the process of melting metals. The continued inhalation of such vapors must have made blacksmiths prone to develop lung cancer and to have their nervous and muscular systems seriously damaged. Not by chance, among the gods described by Homer, only Hephaestus, the god of fire and forge, was deformed.
The name of arsenikon, which was given to the element in the Middle Ages, is of Greek origin and means “powerful, virile.” The Greeks used this name for the bright yellow mineral whose vulgar name is “orpiment”, of Latin root auri pigmentum (“golden pigment”). In turn, arsenikon may derive from Persian az-zarnikh, meaning “yellow” or “gold.” The first alchemists knew of another arsenic mineral, the realgar, an Arabic root name (rehj al-ghar), which means “mine dust.
Arsenic can enter the body through the skin, lungs or digestive system, although only through the last route can it enter large enough to cause acute poisoning. In this case, the body reacts suddenly by emptying the bowel through diarrhea and vomiting, which can be extraordinarily violent and can begin fifteen minutes or several hours after taking it, depending on the person, the amount ingested and the amount of food in the body. stomach. The diarrhea begins about twelve hours after ingesting it. However, none of these forms of elimination is effective, because the assimilation of arsenic begins almost immediately after its ingestion. Arsenic passes from the digestive system to the bloodstream, from where it is distributed throughout the body and accumulates in all organs, although it is concentrated in the skin, hair, nails, arteries and liver. In acute poisonings the victim may die between twelve and thirty-six hours after ingestion, although there have been cases of patients who died after four days of agony. Arsenic is slowly eliminated through the kidneys.

Adolf Hitler and Eva Braun, according to the norms of National Socialism, on April 28, 1945, which was the prelude to the death of both. In effect, Eva would take her married name scarcely for two days, because on the 30th she ingested a capsule of hydrocyanic acid in Hitler’s company. The effectiveness of poison had been proven in Blondi, Hitler’s favorite dog, who had accompanied him to the bunker and would later be buried with him. The poison was what killed Eva, but Hitler, although he still had the cyanide capsule split in his mouth when they found his corpse, died of a shot that shot in the temple. Before dying, Hitler had ordered that his body and that of Eva be burned to avoid hanging upside down like Benito Mussolini and Clara Pettaci.
Hydrogen cyanide or hydrogen cyanide (HCN) is a very volatile liquid, because it boils at 26 ºC, and has a characteristic smell of bitter almonds. It is the molecule formed by the simplest combination between carbon, nitrogen and hydrogen atoms, and one of the oldest known substances, because it was present on Earth long before life appeared in it. It had a fundamental role in this process, since it has the necessary atoms for the formation of molecules essential for the development of higher order living beings, amino acids.
Although the molecule was not discovered until the year 1782 by Carl Wilhem Scheele, while investigating the composition of Prussian blue dye, its toxic effects were known since antiquity.

Rasputin, cyanide. The way to administer it consisted of poisoning the food and wine of a dinner that was offered to him at the home of Count Yusupov on December 29, 1916. But once the set was set up and the food was prepared, the victim refused to taste a bite, for apparently it must have seemed suspicious to him that no one else ate or drank at dinner. Finally, while joking with the count about the countless times they had tried to poison him, he began to drink wine. Supposedly, he also ate the poisoned sweets, but that is not proven, since, according to his daughter, he never ate them. As the cyanide he ingested did not seem to be working, Yusupov, desperate, shot him in the back and Rasputin fell dead, but soon, to the consternation of the conspirators, the monk rose bleeding from his chest and tried to escape. Another of the nobles followed him with a pistol and fired four more shots when Rasputin had already reached the courtyard. There he fell down again, this time it seemed definitely. Then they beat him and tied him, wrapped his body in a carpet and threw him into the Neva river. A boot that was left was used to find the corpse and discover that it had died not because of the poison or the shots, but drowned, and that because the Neva river was frozen, because the monk was able to untie and tried to come to the surface.
There are several hypotheses to explain the survival of the monk to the poison: that the alcoholic gastritis that he suffered prevented him from assimilating the poison; that supplying the poison mixed with sweets and alcohol favored a decomposition reaction; that, suspicious of the intentions of his host, the monk managed to avoid eating the delicacies offered … The fact is that at the autopsy, no poison was found, but at that time the cyanide detection methods They were not very developed. The proven fact is that, despite the poison that according to Yusupov filled the wine and the food he offered, in addition to the five shots and the beating, there is no doubt that Rasputin drowned, they found water in his lungs.

Of all the poisons studied so far it is difficult for anyone to overcome the chilling record of evil in its use that reached the cyanide during World War II. In effect, when the gas chambers were working at full capacity to fulfill the objective of exterminating the Jews, with the help of this small molecule they were able to assassinate two thousand five hundred people per hour in a single field!
The Nazis used poison gas for the first time for mass murder in December 1939 when, at the request of Heinrich Himmler, an SS unit used carbon monoxide (CO) in Ponzan to eliminate the mentally ill. A month later, the head of the “Euthanasia Program” decided to use CO in a generalized way to eliminate the disabled. In August 1941, more than seventy thousand Germans had been killed in five centers of this program, which were equipped with fixed gas chambers or mobile gas vans, in which, through a special tube, gases were injected of the engine exhaust pipe in the closed cab of the vehicle. The forty or sixty victims huddled inside the van died asphyxiated in a few minutes.
The Zyklon B was the compound used in the gas chambers of all fields. It was supplied by the German companies Degesch and Tesch under the license of the owner of the patent, the company IG Farben (Bayer). Tesch provided 2,000 kilos per month, and Degesch, 750 kilos. The Nazis asked Degesch to produce Zyklon B without the warning odorant, but they refused because they did not want to lose the industrial license. After the war, a British military court tried and executed two Tesch directors for providing the chemical. Ironically, the Zyklon B had been developed in the 1920s by Fritz Haber, a German Jew who was forced to emigrate in 1934. At the beginning of the 21st century, the use of the word Zyklon (“cyclone” in German) continues to provoke angry reactions among Jewish groups. It is not for less, because in 2002, Bosch, Siemens, Hausgeräte and Umbro companies tried to use or register the brand for their products. Only the pressure of the Jewish communities prevented it. Zyklon B is still produced and marketed in the Czech Republic under the trademark Uragan D2 to exterminate insects and rodents.
The Holocaust revisionists claim that Zyklon B was not used in the gas chambers, due to the lack of Prussian blue residue. This despite the hundreds of empty containers of Zyklon B found by the soldiers of the Allied army when entering the concentration camps at the end of the Second World War.

In 1861, a new chemical element, thallium, was discovered, which developed a brilliant career throughout the 20th century, to such an extent that it has been called “the poison of poisoners”. In fact, in such a short period of time few poisons have a list of names that include such important figures as Nelson Mandela, Fidel Castro, against whom it was planned to use it, or Saddam Hussein, who used it profusely during his term in Iraq.
Thallium is a white metal with a bluish tinge, similar to tin, so soft that it leaves a mark when rubbed on paper. Its name comes from the Greek thallos, meaning “green branch”, since its salts burn a characteristic green color, which served to identify it as a new chemical element. Thallium was involved in the controversy since its discovery, initially awarded to the French chemist at Lille Claude-Auguste Lamy, and later, after his angry protests, William Crookes, chemist at the Royal College of Science in London, which was finally declared his official discoverer.
There is no other poison that has similar effects and there are still many aspects of thallium biochemistry that are not fully understood. However, there is a very effective antidote: potassium ferrocyanide, or Prussian blue, blue ink pigment, which functions as a “sequestering” agent, in a typical example of “chelation therapy” referred to in the chapter dedicated to Mithridates. Similar to its performance in the organism, after ingesting Prussian blue, the Tl + replaces the K + in this compound, because it forms a more stable compound. Subsequently, the new compound is eliminated from the human body.

(Litvinenko / Polonius) The more information reviewed regarding the culprits of Litvinenko’s death, the less clear is what really happened. It turns out that the stories of real spies are much more complicated than the novels of John Le Carré. Nothing is what it seems at first sight. We will have to wait for the Americans to premiere the film they plan to do, and that at the end of 2007 it was said that Johnny Depp was going to star, to be able to find out who the good guys were and who the bad guys were. For the moment, Litvinenko is definitely dead and his “radiant” corpse, buried in a sealed coffin. Meanwhile, Lugovoi, the main suspect according to Scotland Yard, continues his ascendant career in Russian politics. Thus, at the end of 2008 he was a deputy, vice chairman of the Parliament’s security committee and supervised the Far East region, the Kamchatka peninsula and Eastern Siberia, although he did not dare to leave these territories.
Was Lugovoi the executor of the sentence of the Russian government? Or Litvinenko was the victim of other obscure criminal organizations? It is difficult to know and even more difficult to decide what is more chilling, that a sovereign state is responsible for the atrocious death of one of its subjects outside its borders, or that this powerful and terrible weapon is in the hands of mafias or uncontrolled groups.

Inmaculada Echevarría, who requested an interruption of treatment – she needed a respirator since 1996 due to progressive muscular dystrophy – that was granted, and died legally when she was disconnected in 2007. The Italian Eluana Englaro, in an irreversible coma for seventeen years after a traffic accident, it was kept alive when food and water were artificially supplied. Although the medical situation was somewhat similar to that of Inmaculada, the legal aspects in Spain and Italy were not so, so his father, Beppino Englaro, took eleven years to get authorization to stop the treatment. Indeed, six years after the accident, when he was convinced that recovery was impossible, Beppino began his particular pilgrimage through the Italian institutions to achieve a dignified end for his daughter. When all the courts agreed with him, the Vatican launched fierce attacks against him and the government of Silvio Berlusconi began the accelerated procedures to enact a law that would prevent the disconnection. Eluana finally died in February 2009 and his father, whose life had been cut short the day of the accident of his only daughter, had to hear how they called him a murderer. As he said: “The sentence to live without limits is worse than the sentence to death.
The aim pursued by the members of another society, the Australian Exit, is far from being so commercial. Following the ban in 1998 in Australia of the sale of the most common narcotic, phenobarbital, whose best-known trade name is Nembutal, which eventually would help them to live a placid life, a group of octogenarians full of life They launched to synthesize it. These elders considered themselves the owners of their lives and wanted to be able to decide on them in case their health deteriorated a lot. For this, they did not hesitate to put them in danger in the laboratory, handling hazardous chemical reagents without having any training. What was at stake for them was a fundamental right: to decide on their own end. They did not want anyone (neither state nor church) to take away that right.
However, when the time comes, probably only a small percentage will take the final step. In fact, in countries where active euthanasia has been legalized, it is not massive, far from it. Even in countries like Switzerland, where citizens of other Central European countries travel to die, cases of active euthanasia are counted in a few hundred a year. And is that despite the existence of so many and varied poisons, and regardless of the mandate of churches and states, the human being clings to life while you have breath.

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