El oficio del mal — Robert Galbraith (Cormy III)

Esta es la tercera entrega de nuestro querido detective privado Cormoran Strike como de su guapa secretaria Robin, bajo dicho autor se esconde la escocesa J.K.Rowling para llevar a cabo la novela negra.
Sin duda estamos en un momento donde las relaciones personales y el amor platónico entre los dos pone en entredicho el amor de Robin con Matthew con quien se iba a casar y la relación es de contantes altibajos más allá de un lío de faldas que pasa factura en la familia.
Mientras tanto empezamos a conocer cosas de la familia de Cormoran, además de soldado profesional, estaba muy vinculado con la música y parece ser que un individuo llamado “la cosa” quiere tomarse la revancha por su cuenta, todo empieza a cobrar sentido cuando Robin recibe en la oficina un paquete que es una pierna, a partir de ese momento el pasado familiar cobra sentido y nuestros dos protagonistas empezarán a investigar por su cuenta haciendo una relación más estrecha que los lleva a ir por Escocia además de Londres, a partir de entonces Robin, una experta en conducción cuan si fuese Fernando Alonso, adquiere el papel de una abogada pija de Londres Venetia y desde ese momento nos adentramos en la boca del lobo con Brockbank, Laing y Whittaker, hermanos de personajes que no se sabe que fue de ellos.
Mientras el sujeto llamado “la cosa” sigue matando, o intentando prostitutas y enviando recaditos como dedos, pero todo esto tiene una intención. A todo ello la relación de Cormoran y Robin pasa por momentos difíciles llegando a buscar una nueva secretaria pero en las relaciones los altibajos son frecuentes.
Sin duda esta entrega de una serie que debo decir me gusta bastante y donde destaca por sus diálogos rápidos, mordaces. Una trama muy bien trabada. Los personajes están muy bien perfilados y tratados. Una novela inteligente y una calidad literaria muy difícil de encontrar en este género. Sin duda se oyen las campañas de boda y si os invitan a una cuidado con los jarrones florales que dan sorpresas y siempre admirar los cardos marinos que son preciosos…
Todo regado con una banda sonora al estilo de los grandes escritores anglosajones como Ian Rankin y que está vez pone la banda sonora de Blue Öyster Club.

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