Yo, Julio Verne — J.J.Benítez / Me, Jules Verne by J.J.Benítez

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Nace en Nantes y esta enterrado en la Madeleine, Nantes, sin embargo quien no se ha dejado conquistar por sus narraciones. Un auténtico visionario.
¡Qué prehistórica y ciega sociedad la que me ha tocado en suerte! No ve más allá de sus bolsillos. Y yo he sido un cobarde al someterme al balido de ese rebaño que jamás levanta los ojos hacia el sol que hace crecer su alimento. La ciencia y las religiones, mal entendidas, están amordazando al hombre.
“Julio Verne ama la libertad y el progreso…”.
He amado la libertad, pero no supe conquistarla. Los hombres como yo deberían vivir independientes de toda atadura que no fuera su propia obra. La libertad es privilegio de los fuertes y de los audaces. Y yo, lo sabes bien, seré juzgado algún día como un cobarde, que tuvo la libertad en sus manos y la dejó escapar.

Se definió como oso viejo, pero su mejor descripción en su obra Livonia (novela publicada en 1904), es el vivo autorretrato —físico y moral— del propio Julio Verne. ¿Cómo era el genial escritor a la edad de sesenta años? Él mismo nos hace el siguiente cuadro: «De estatura por encima de lo normal, la barba grisácea, la fisonomía bastante dura, la frente cruzada por arrugas como surcos donde no se puede sembrar más que ideas tristes y preocupaciones punzantes, de una constitución vigorosa, así es como se presentaba. Pero de su juventud había conservado una mirada penetrante, una voz llena y mordiente…».

¿No debería dedicar unas líneas al azar? Hace tiempo que sé que la casualidad no existe. Mi vida, como todas, está repleta de increíbles casualidades. Para muchos de mis semejantes, quizá para la mayoría, el “acaso” y el azar son obligados e inevitables compañeros de viaje. Lo bueno, lo malo y lo mediocre lo atribuyen a esa casualidad, sin intuir que el Orden Superior jamás descuida el Orden Inferior. Si el azar existiese como tal, Dios sería cojo o tuerto… ¡Ciegos y engreídos! ¿Acaso podéis pensar que Julio Verne escogió la pluma por azar? ¿Creéis que renuncié a mi vocación marinera por culpa de la casualidad? ¿Estimáis acaso que nací en esa familia porque sí? No, todo está escrito en el Libro de las Estrellas. El gran Mazzini lo ha expresado antes y mejor que yo: “La palabra azar no encierra sentido alguno, y no fue hallada más que para expresar la ignorancia de los hombres sobre ciertas cosas. La vida, en su desarrollo progresivo, revela un designio inteligente”.
Mi padre no fue una casualidad. Mi primera maestra y sus relatos no son atribuibles al azar. Mi pasión por la mar tampoco fue gratuita. Aquel encuentro con un Superior Desconocido, muchísimo menos… Y que alguien, quién sabe cuándo, pueda tener acceso a estas “confesiones”, tampoco es consecuencia del azar.

He aquí algo que mucha gente ignora. El público lee tus libros y te señala con el dedo: “Verne, el gran profeta de la ciencia”. ¡Necios! Por lo visto desconocen que han nacido, como yo, en un momento histórico. Yo jamás inventé nada. A lo sumo, basándome siempre en lo ya existente e inventado, me adelanté en el tiempo. Pero eso podría hacerlo cualquiera, con un mínimo de información.

Educado en un ambiente rigurosamente católico, me lo creí. Y aquello mortificó aún más mi dolorido espíritu, sumando a las penas humanas una tortura religiosa. El suceso, de lo más inocuo, dejaría en aquel adolescente temeroso e inseguro una estela de duda. ¿Dios se preocupaba de esas cosas? ¿Podía el Padre Eterno, todo bondad y misericordia, ejercer su divina cólera contra un infeliz muchacho que acababa de descubrir el sexo? Una idea tan humana no era propia de un Dios. Así que, lentamente, los férreos principios religiosos fueron enmoheciendo y la conciencia de divinidad se transmutó en un sentimiento más difuso, pero más racional y limpio. El tiempo, creo, me daría la razón. La providencia es mucho más que una Iglesia… Mis hermanos en la iniciación, años después, me ayudarían a descubrir un Dios Padre infinitamente más liberal que sus propios ministros en la Tierra. Viejo oso, ¿te atreverás a escribir sobre Dios?.

El éxtasis de Alan Poe duraría meses. Lo leí todo. ¡Lástima no haber aprendido la lengua inglesa! La temática de sus relatos, su concepción de la realidad, su interpretación de los sueños y hasta la mecánica y estructura de sus libros era similar a lo que yo había ido concibiendo durante años. “Todo lo que vemos o creemos ver no es más que un sueño dentro de otro sueño”, escribió en «A Dream within a Dream». ¿Y qué fueron mis “viajes extraordinarios”?
Sólo encontré una objeción. Poe construía su fantasía sobre la fantasía. Grave error, en mi opinión. Jamás acepté esa flagrante violación de las leyes físicas y de lo verosímil. Cada dato, cada párrafo, cada paisaje, cada idea de mis novelas han sido minuciosamente verificados. Mas ¿qué puede importar esto al lado de su genialidad y de lo que significó su lectura? ¿Cómo es posible que dos hombres, separados por el tiempo, puedan coincidir tan exacta y escrupulosamente en sus planteamientos, concepciones e incluso en el procedimiento de composición y redacción? “Un buen autor —leí con asombro— tiene ya su última línea a la vista cuando escribe la primera”. Este axioma era de Poe, sí, y mío. Así han sido escritas todas y cada una de mis novelas. ¿Debo creer en una transmisión de ideas o pensamientos, a través del tiempo? Por supuesto que sí. Entonces, poco o nada iniciado en el universo mágico de las “otras realidades” invisibles que pueblan este mundo, me costó comprender tan singular y mágico fenómeno. Hoy es otra cosa…

La firma de aquel acuerdo de octubre de 1862 establecía que la primera tirada de «Cinco semanas en globo» sería de dos mil ejemplares. Julio Verne percibiría quinientos francos, pagaderos a los cuatro meses de su publicación. En otras palabras, el “genial novelista” cobró sus primeros quinientos francos entrado el mes de junio de 1863.
Ciertamente, el éxito fue redondo y el editor se apresuró a lanzar cuatro nuevas ediciones, a razón de mil ejemplares cada una, a lo largo de ese año. Traducido a dineros: mil francos más. Es decir, entre el verano de 1863 y principios de 1864, la primera novela de Verne representó para su autor un montante global de mil quinientos francos. Los “supuestos” seis mil ejemplares vendidos, en cambio, llenarían las arcas de Hetzel con una cantidad ocho veces superior. Jamás me lamenté. Hetzel era mi amigo. Hetzel me estaba ofreciendo la posibilidad, aunque sólo fuera remota, de vivir de la pluma; de vivir de lo que me gustaba.
Hetzel descubrió a Julio Verne novelista. Él lo lanzó a la gloria. Él lo arropó. ¿Por qué grabar los errores e injusticias en diamante y los aciertos en el aire? Soy de la opinión contraria. Y trato de aprender del Supremo Padre. Él escribe nuestros éxitos en la roca; los desaciertos, ni siquiera los escribe…
Hetzel, por último, ocupó el puesto del padre que nunca tuve. Su bondad y paciencia no conocieron límites para con este fogoso y atolondrado joven, que sólo conoció a un Pierre Verne brutal, intransigente y lejano. ¿A qué negarlo? Julio Verne se refugió en Hetzel. Él fue mi segundo y verdadero progenitor. Padre en consejos, en amistad y en la disciplina del trabajo. La mejor prueba de cuanto digo está en mis cartas, numerosas cartas, cruzadas con Hetzel durante veinticuatro largos e intensos años. Jamás me atreví a protestar o reclamar, aun sabiendo que, en ciertos aspectos de nuestra relación, no era justo.
Hetzel, ¡mi querido padre!, ¿sabes que Moliere tenía razón?: “Cuanto más se quiere a una persona, menos preciso es adularla”».

ÉXITO = FRACASO.
Éstos son los fantasmas gemelos que escoltan, a perpetuidad, la existencia de Verne. Brillantes éxitos = negros fracasos… No busquéis otra razón para justificar el remate de estas “confesiones”. Así pues, lo contaré. “Nadie” y el Polifemo, que llevo dentro, me escuchan…
«Cinco semanas en globo, Hatteras, Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna…», un piso en el barrio residencial en Auteuil…, algo más de dinero…, vida social intensa…, invitaciones mil a los más prestigiosos salones y fiestas de moda…, cartas…, adulación…, éxito en suma.
Pero conforme avanzaba esa década de los años sesenta, el soplo del fracaso, azotando lo más íntimo de un ser humano: su propia sangre.
Creo no mentir al afirmar que amé y he amado a mi hijo. Eso está fuera de toda duda. Pero… fracasé con él.
Está claro que, a pesar de las apariencias, Verne fue un fracaso. ¿Éxito en la literatura? Sí… ¿Éxito en el dinero? Sí… ¿Éxito en el teatro? Sí… ¿Éxito social? Sí… ¿Éxito en mis viajes? Sí… Pero ¿y debajo de esa gloriosa aureola externa? Fracaso… Fracaso en mi vocación marinera. Fracaso como hijo. Fracaso como esposo. Fracaso con mi hijo. Fracaso como hombre. Y todo a causa de mi debilidad.
No pienso eludir mi “gran secreto”. En realidad debería hablar de “secretos”, en plural. Mis “confesiones” es uno de ellos… Empezaré por el más doloroso. Un secreto nacido del fracaso y muerto por el fracaso.
Anne amaneció en mi vida recién cumplidos los cuarenta y dos años. Todo ocurrió vertiginosamente. Meses antes, hacia febrero de 1870, mi buen amigo Ferdinand de Lesseps, triunfante constructor del canal de Suez, llevado de su habitual entusiasmo, había propuesto a este vanidoso para la Legión de Honor. El estallido de la guerra demoró el asunto. Pero tres días antes de su caída, el gabinete de Ollivier pasó la propuesta a la emperatriz Eugenia, la española que decía gobernarnos, y que, en aquellos momentos de caos y fuego, ostentaba la regencia del Imperio. Julio Verne obtuvo su condecoración de caballero de la Legión de Honor, el más grande privilegio de Francia. Las fiestas y agasajos se triplicaron y, en uno de aquellos salones de moda, alguien se acercó, preguntándome si creía en el poder y en la influencia de los astros. «Amadine», sobrenombre de Anne, era una bella danesa,era un amor imposible.
Ella tenía su hogar, sus hijos… Yo, a Honorine. Verne era un hombre público, un ídolo de las masas, un ejemplo para la juventud…

¿Es Verne un plagiador?
Esas injuriosas acusaciones han nacido de la mala fe y de la ignorancia, a partes iguales. El torpe Delmas me acusó en 1875 de haber plagiado en «Viaje al centro de la Tierra» su “excelsa obra” «La cabeza de Minerva». También es curioso que los plagiados sólo aireen la “ofensa” cuando la obra requerida se ha convertido en un triunfo… ¿Cuántos ejemplares ha vendido «La cabeza de Minerva»? La envidia, como el orín, sólo corroe a los que viven a la intemperie, más pendientes de los demás que de sí mismos. Pero este Verne es de madera… Jamás he plagiado. Y si en alguna ocasión me he inspirado en otras obras, caso de Poe, no he tenido reparo en reconocerlo. ¿O es que las ideas, como el viento, no son libres de despeinar las cabelleras que crean oportuno?.
Siempre lo dije. Una de las posibles claves del éxito de mis libros se asienta en la verosimilitud de cuanto escribo. Todo ha sido escrupulosamente verificado de la mano de la ciencia. Ello explica la confianza y, en ocasiones, la extrema e ingenua credulidad de los lectores, que no atinan a distinguir la realidad de la ficción.

En la tumba de La Madeleine, en Amiens, aparece como fallecido el 24 de marzo, viernes. A sus funerales asistieron más de cinco mil personas. Le fueron rendidos honores militares. Numerosos embajadores y delegaciones de todo el mundo tomaron parte en las exequias. Al parecer fue enterrado con los brazos a lo largo del cuerpo y no sobre el plexo solar, puesto que, según decía Verne, esta postura «obstaculizaba la salida del astral». En 1907, dos años después de su muerte, Albert Roze levantaría en la tumba el monumento funerario que puede contemplarse en la actualidad.

Relación de sus obras.
1863 Cinco semanas en globo.
1864 Viaje al centro de la Tierra.
1865 De la Tierra a la Luna.
1866 Viajes y aventuras del capitán Hatteras.
1867-1868 Los hijos del capitán Grant.
1870 Veinte mil leguas de viaje submarino.
1870 Alrededor de la Luna.
1871 Una ciudad flotante.
1872 Aventuras de tres rusos y de tres ingleses en el África austral.
1873 El país de las pieles.
1873 La vuelta al mundo en ochenta días.
1874 El doctor Ox.
1874-1875 La isla misteriosa.
1875 El Chancellor.
1876 Miguel Strogoff.
1877 Hector Servadac.
1877 Las Indias negras.
1878 Un capitán de quince años.
1879 Las tribulaciones de un chino en China.
1879 Los quinientos millones de la Begún.
1880 La casa de vapor.
1881 La jangada (Ochocientas leguas por el Amazonas).
1882 La isla de los Robinsones.
1882 El rayo verde.
1883 Kéraban el testarudo.
1884 La estrella del Sur.
1884 El archipiélago en llamas.
1885 Mathias Sandorf.
1886 Robur el Conquistador.
1886 Un billete de lotería.
1887 El camino de Francia.
1887 Norte contra Sur.
1888 Dos años de vacaciones.
1889 Sin pies ni cabeza.
1889 Familia sin nombre.
1890 César Cascabel.
1891 La señorita Branican.
1892 El castillo de los Cárpatos.
1892 Claudius Bombarnac.
1893 Petit Bonhomme.
1894 Maestro Antifer.
1895 La isla con hélice.
1896 Clovis Dardentor.
1896 Frente a la bandera.
1897 La esfinge de los espejos.
1898 El soberbio Orinoco.
1899 El testamento de un excéntrico.
1900 Segunda patria.
1901 La ciudad aérea.
1901 Las historias de Jean-Marie Cabidoulin.
1902 Los hermanos Kip.
1903 Bolsas de viajes.
1904 Dueño del mundo.
1904 Un drama en Livonia. (Ésta sería la última novela impresa que vería Julio Verne).
1905 En marzo, muerte de Verne. La invasión del mar aparece en agosto.
1905 El faro del fin del mundo.
1906 El volcán de oro.
1907 La agencia Thompson y Cia.
1908 La caza del meteoro.
1908 El piloto del Danubio.
1909 Los náufragos del Jonathan.
1910 El secreto de Wilhem Storiz.
1910 Ayer y mañana.
1910 El eterno Adán.
1914 Extraordinaria aventura de la misión Barsac.

Born in Nantes and is buried in the Madeleine, Nantes, however who has not been conquered by his stories. A true visionary.
What a prehistoric and blind society that has touched me in luck! He does not see beyond his pockets. And I have been a coward when I submitted to the bleating of that flock that never raises its eyes towards the sun that makes its food grow. Science and religions, misunderstood, are gagging man.
«Jules Verne loves freedom and progress …»
I have loved freedom, but I did not know how to conquer it. Men like me should live independently of all ties other than their own work. Freedom is the privilege of the strong and the bold. And I, you know it well, will be judged someday as a coward, who had the freedom in his hands and let it escape.

It was defined as an old bear, but its best description in his work Livonia (novel published in 1904), is the vivid self-portrait – physical and moral – of Jules Verne himself. How was the great writer at the age of sixty? He himself gives us the following picture: «Of stature above normal, the grayish beard, the physiognomy quite hard, the forehead crossed by wrinkles as grooves where you can not sow but sad ideas and sharp preoccupations, of a vigorous constitution This is how it was presented. But from his youth he had kept a penetrating look, a full and biting voice … ».

Should not I dedicate a few lines at random? I’ve known for a long time that chance does not exist. My life, like all of them, is full of incredible coincidences. For many of my peers, perhaps for most, «perhaps» and chance are bound and inevitable travel companions. The good, the bad and the mediocre attribute it to that chance, without intuiting that the Higher Order never neglects the Lower Order. If chance existed as such, God would be lame or one-eyed … Blind and conceited! Can you think that Jules Verne chose the pen by chance? Do you think I gave up my marine vocation because of chance? Do you estimate that I was born in that family just because? No, everything is written in the Book of the Stars. The great Mazzini has expressed it before and better than me: «The word chance has no meaning, and was found only to express the ignorance of men about certain things. Life, in its progressive development, reveals an intelligent design «.
My father was not a coincidence. My first teacher and her stories are not attributable to chance. My passion for the sea was not free either. That encounter with an Unknown Superior, much less … And that someone, who knows when, can have access to these «confessions», is not a consequence of chance either.

Here is something that many people ignore. The public reads your books and points your finger: «Verne, the great prophet of science.» You fools! Apparently they do not know that they were born, like me, in a historical moment. I never invented anything. At the most, based always on what already existed and invented, I went ahead in time. But that could do anyone, with a minimum of information.

Educated in a rigorously Catholic environment, I believed it. And that mortified my aching spirit even more, adding to the human pains a religious torture. The event, the most innocuous, would leave in that fearful and insecure adolescent a wake of doubt. Did God care about those things? Could the Eternal Father, all goodness and mercy, exercise his divine anger against an unhappy boy who had just discovered sex? Such a human idea was not proper to a God. So, slowly, the iron religious principles were mouldering and the consciousness of divinity was transmuted into a more diffuse, but more rational and clean feeling. Time, I think, would prove me right. Providence is much more than a Church … My brothers in the initiation, years later, would help me discover a Father God infinitely more liberal than his own ministers on Earth. Old bear, will you dare to write about God?.

The ecstasy of Alan Poe would last for months. I read everything. It’s a pity not having learned the English language! The theme of his stories, his conception of reality, his interpretation of dreams and even the mechanics and structure of his books was similar to what I had been conceiving for years. «Everything we see or believe we see is just a dream inside another dream,» he wrote in «A Dream within a Dream.» And what were my «extraordinary trips»?
I only found one objection. Poe built his fantasy about fantasy. Serious error, in my opinion. I never accepted that flagrant violation of the physical laws and the plausible. Every piece of information, every paragraph, every landscape, every idea of ​​my novels has been meticulously verified. But what can this matter next to his genius and what his reading meant? How is it possible that two men, separated by time, can coincide so exactly and scrupulously in their approaches, conceptions and even in the composition and writing procedure? «A good author,» I said with amazement, «already has his last line in sight when he writes the first one.» This axiom was from Poe, yes, and mine. That is how each and every one of my novels has been written. Should I believe in a transmission of ideas or thoughts, over time? Of course yes. Then, little or nothing initiated in the magical universe of the invisible «other realities» that populate this world, it cost me to understand such a singular and magical phenomenon. Today is something else …

The signing of that agreement of October 1862 established that the first «Five weeks in balloon» would be 2,000 copies. Jules Verne would receive five hundred francs, payable four months after its publication. In other words, the «great novelist» collected his first five hundred francs in June of 1863.
Certainly, the success was round and the editor hastened to launch four new editions, at a rate of 1,000 copies each, throughout that year. Translated into money: a thousand francs more. That is to say, between the summer of 1863 and the beginning of 1864, Verne’s first novel represented for its author a global sum of fifteen hundred francs. The «supposed» six thousand copies sold, however, would fill the Hetzel coffers with an amount eight times higher. I never regretted it. Hetzel was my friend. Hetzel was offering me the possibility, if only remotely, of living off the pen; to live from what I liked.
Hetzel discovered Jules Verne novelist. He threw it to glory. He wrapped him up. Why record the errors and injustices in diamond and the successes in the air? I am of the opposite opinion. And I try to learn from the Supreme Father. He writes our successes in the rock; the mistakes, he does not even write them …
Hetzel, finally, took the place of the father I never had. His kindness and patience knew no limits to this fiery and reckless young man, who only met a brutal, intransigent and distant Pierre Verne. Why deny it? Jules Verne took refuge in Hetzel. He was my second and true parent. Father in councils, in friendship and in the discipline of work. The best proof of what I say is in my letters, numerous letters, crossed with Hetzel for twenty-four long and intense years. I never dared to protest or complain, even knowing that, in certain aspects of our relationship, it was not fair.
Hetzel, my dear father! Do you know that Moliere was right? «The more you love a person, the less precise it is to flatter him».

SUCCESS = FAILURE.
These are the twin ghosts that escort, in perpetuity, the existence of Verne. Brilliant successes = black failures … Do not look for another reason to justify the auction of these «confessions». So, I’ll tell you. «Nobody» and the Polyphemus, that I have inside, they listen to me …
«Five weeks in a balloon, Hatteras, Journey to the center of the Earth, From Earth to the Moon …», a flat in the residential district in Auteuil …, some more money …, intense social life …, thousand invitations to the most prestigious salons and fashion parties …, letters …, adulation …, success in sum.
But as that decade of the sixties progressed, the blow of failure, lashing the most intimate of a human being: his own blood.
I believe not to lie when affirming that I loved and I loved my son. That is beyond doubt. But … I failed with him.
It is clear that, despite appearances, Verne was a failure. Success in literature? Yes … Success in the money? Yes … Success in the theater? Yes … Social success? Yes … Success in my travels? Yes … But under that glorious external halo? Failure … Failure in my marine vocation. Failure as a son. Failure as husband Failure with my son. Failure as a man. And all because of my weakness.
I’m not going to shirk my «big secret». Actually I should talk about «secrets», in the plural. My «confessions» is one of them … I’ll start with the most painful one. A secret born of failure and killed by failure.
Anne woke up in my life just turned forty-two. Everything happened vertiginously. Months before, towards February of 1870, my good friend Ferdinand de Lesseps, triumphant constructor of the channel of Suez, taken of his habitual enthusiasm, had proposed to this vain one for the Legion of Honor. The outbreak of the war delayed the matter. But three days before his fall, the cabinet of Ollivier passed the proposal to the Empress Eugenia, the Spanish who said to govern us, and who, in those moments of chaos and fire, held the regency of the Empire. Jules Verne obtained his decoration of knight of the Legion of Honor, the greatest privilege of France. The parties and entertainment tripled and, in one of those fashionable salons, someone approached, asking me if I believed in the power and influence of the stars. «Amadine», nickname of Anne, was a beautiful Danish, it was an impossible love.
She had her home, her children … Me, Honorine. Verne was a public man, an idol of the masses, an example for the youth …

Is Verne a plagiarist?
Those insulting accusations have been born of bad faith and ignorance, in equal parts. The clumsy Delmas accused me in 1875 of having plagiarized in «Journey to the center of the Earth» his «excellent work» «The head of Minerva.» It is also curious that the plagiarized only air the «offense» when the required work has become a triumph … How many copies has sold «The head of Minerva»? Envy, like rust, only corrodes those who live in the open, more aware of others than of themselves. But this Verne is made of wood … I’ve never plagiarized. And if on any occasion I have been inspired by other works, in Poe’s case, I have not been shy about recognizing it. Or is it that ideas, like the wind, are not free to ruffle the scalps that they think appropriate ?.
I always said it. One of the possible keys to the success of my books is based on the verisimilitude of what I write. Everything has been scrupulously verified by the hand of science. This explains the trust and, at times, the extreme and naive credulity of the readers, who can not distinguish reality from fiction.

In the tomb of La Madeleine, in Amiens, he appears as deceased on March 24, Friday. More than five thousand people attended his funerals. They were given military honors. Numerous ambassadors and delegations from all over the world took part in the funeral. Apparently he was buried with his arms along the body and not on the solar plexus, since, according to Verne, this posture «hindered the exit of the astral.» In 1907, two years after his death, Albert Roze would raise in the tomb the funerary monument that can be seen today.

Relation of his works.
1863 Five weeks in a balloon.
1864 Journey to the center of the Earth.
1865 From Earth to the Moon.
1866 Travels and adventures of Captain Hatteras.
1867-1868 The children of Captain Grant.
1870 Twenty thousand leagues of submarine voyage.
1870 Around the Moon.
1871 A floating city.
1872 Adventures of three Russians and three Englishmen in southern Africa.
1873 The country of the skins.
1873 Around the world in eighty days.
1874 Doctor Ox.
1874-1875 The mysterious island.
1875 The Chancellor.
1876 ​​Miguel Strogoff.
1877 Hector Servadac.
1877 The black Indies.
1878 A captain of fifteen years.
1879 The tribulations of a Chinese in China.
1879 The five hundred million of the Begún.
1880 The steam house.
1881 The jangada (Eight hundred leagues through the Amazon).
1882 The Robinsons Island.
1882 The green ray.
1883 Kéraban the stubborn.
1884 The star of the South.
1884 The archipelago in flames.
1885 Mathias Sandorf.
1886 Robur the Conqueror.
1886 A lottery ticket.
1887 The road of France.
1887 North against South.
1888 Two years of vacation.
1889 Without feet or head.
1889 Family without a name.
1890 César Cascabel.
1891 Miss Branican.
1892 The castle of the Carpathians.
1892 Claudius Bombarnac.
1893 Petit Bonhomme.
1894 Master Antifer.
1895 The island with propeller.
1896 Clovis Dardentor.
1896 Facing the flag.
1897 The sphinx of the mirrors.
1898 The magnificent Orinoco.
1899 The testament of an eccentric.
1900 Second country.
1901 The aerial city.
1901 The stories of Jean-Marie Cabidoulin.
1902 The Kip brothers.
1903 Travel bags.
1904 Owner of the world.
1904 A drama in Livonia. (This would be the last printed novel that Jules Verne would see).
1905 In March, death of Verne. The invasion of the sea appears in August.
1905 The lighthouse of the end of the world.
1906 The golden volcano.
1907 The agency Thompson y Cia.
1908 The hunting of the meteor.
1908 The pilot of the Danube.
1909 The castaways of Jonathan.
1910 The secret of Wilhem Storiz.
1910 Yesterday and tomorrow.
1910 The eternal Adam.
1914 Extraordinary adventure of the Barsac mission.

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